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UNA CONTRIBUCIÓN A LA SEXUALIDAD RESPONSABLE EN ADOLESCENTES DE SECUNDARIA BÁSICA

Carmen Salazar Díaz




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1.2- Fundamentos teóricos para el trabajo de la sexualidad en la adolescencia.

En el trabajo es donde se expresa con mayor claridad la fuerza de las propiedades físicas y espirituales del hombre, el papel activo y creador de su conciencia. Según palabras de Carlos Marx “…la conciencia de los hombres más primitivos era una conciencia animal o un instinto consciente… “

La conciencia del hombre se diferencia cualitativamente de los animales irracionales, porque es ante todo el producto de su actividad social, en cuyo proceso el hombre modifica y transforma a la naturaleza circundante y al mismo tiempo a si mismo, por otra parte; se puede establecer además una diferencia cualitativa entre el pensamiento del hombre y las formas elementales del pensamiento animal, que se relaciona con la evolución de su cerebro, capaz de razonar y de tener conciencia de sus actos.

El pensamiento del hombre deviene como reflejo generalizador de la realidad, ligado a la palabra y al concepto que son a su vez productos de la labor de abstracción y generalización del cerebro.

El desarrollo del pensamiento humano, estuvo unido indisolublemente con el lenguaje, que es el instrumento que sirve como medio para comunicarse y establecer las relaciones entre los hombres agrupados en sociedad, lo que incidió progresivamente en la evolución gradual y sucesiva de la actividad nerviosa superior.

Es por esto que se considera que el trabajo ha sido el fundamento sobre el cual se ha formado y desarrollado la conciencia, mientras que el lenguaje constituye la base para exteriorizar el pensamiento, el cual no puede existir fuera de éste. Por esta razón; el pensamiento más abstracto no se puede ejecutar sin utilizar palabras, si no se revisten las ideas con la envoltura lingüística, que además facilita la comunicación, como fenómeno social necesario para el desarrollo.

La autora considera oportuno abordar algunos criterios sobre la comunicación, por la estrecha relación que guarda esta con la actividad que tiene que desempeñar el profesor para el trabajo de la sexualidad con los adolescentes.

La comunicación ha sido definida por sociólogos y filósofos, en su sentido más amplio, como el conjunto de relaciones sociales entre los hombres y que junto al trabajo, han determinado la evolución de la sociedad y contribuido a la formación del hombre mismo.

L. S. Vigotski y S. L. Rubinstein analizaron la comunicación como intercambio de ideas, sentimientos y vivencias. Otros autores como A. N. Leontiev y A. A. Leontiev ven la comunicación como actividad, es decir, para ellos la actividad entre sujetos es un caso particular de la relación sujeto – objeto.

V. N. Kulikov, en su libro sobre la psicología social marxista, aborda la comunicación como aspecto importante para desarrollar cualquier actividad y la plantea como una forma específica y contenido propio y constituido por las relaciones personales, por la interacción de la psíquis en las diferentes actividades, tanto en su aspecto racional como emocional.

Siguiendo esta línea, Victoria Ojalvo y otros autores precisan que la comunicación es un proceso de interacción, de contacto entre personas, de interrelación entre personalidades. Desde esta posición enfatizan el carácter interrelacionador e interactuante de la comunicación.

Complementan este criterio, los aportes de las autoras C. Reinoso y V. Piñeiro, quienes reconocen la comunicación como un proceso de interacción entre sujetos, durante el cual se contribuye al desarrollo recíproco de personalidades respectivas. No se trata de la acción de un sujeto sobre otro, sino de intercambio de influencias, ideas, pensamientos, actitudes, sentimientos, experiencias, conflictos, necesidades, entre otros aspectos.

Se reconoce la significación e influencia de la comunicación en la educación. En las relaciones personales que se producen entre profesor – alumno, entre alumno – alumno, durante la práctica pedagógica, una adecuada comunicación y su consecuente influencia en la dinámica grupal de los interactuantes, generan patrones de conductas (positivos o negativos), que actúan en la formación del estudiante y en su educación general.

L. S. Vigotski, esclareció el papel de la actividad y de la comunicación en el proceso de socialización del sujeto. Este eminente psicólogo expresa que la esencia de cada individuo, su personalidad, es el sistema de relaciones que establece con los que lo rodean, por tanto, el aprendizaje es una actividad, no solo individual, sino también social, que implica la comunicación con otras personas.

Desde esta posición se confirma que el lenguaje, cuya función primaria es la comunicación, se adquiere en el intercambio social y está muy unido al desarrollo de la capacidad de abstracción, conceptuación y generalización que caracteriza la actividad del pensamiento.

J Piaget afirmaba: ¨ …El lenguaje es indispensable para la producción del pensamiento entre ambos existe un círculo genético tal, que uno de los términos se apoya necesariamente en el otro, en una formación solidaria y en una perpetua acción recíproca…¨ (Piaget, J., 1992).

Uno de los autores que más ha contribuido en este sentido lo fue el insigne latinoamericano Paulo Freire, quien en su práctica y sus obras, demostró la validez del diálogo como fundamento de un nuevo tipo de educación. La obra de este autor demuestra y avala la necesidad imprescindible de partir, en el proceso de enseñanza aprendizaje, de las experiencias, vivencias e intereses de los educandos, de su saber propio, y afirma que:

¨ Para el educador – educando dialógico, problematizador, el contenido programático de la educación no es una donación o imposición (…), sino una devolución organizada, sistemática y acrecentada al pueblo, de aquellos elementos que este le entregó de forma inestructurada…¨ (Montoya, M. Elena., 1994).

Para Freire, la educación crítica y transformadora de la realidad, ocurre a partir de la praxis, de la reflexión y la acción de las personas sobre el mundo, para lograr un ciudadano crítico y transformador. Insiste en el establecimiento de relaciones horizontales entre el profesor y el alumno, de respeto mutuo, sin que este renuncie a su papel de guía y orientador de los educandos. No se trata de una relación ¨ igualitarista ¨ entre docentes y alumnos, sino de que el primero asuma su rol de una forma profundamente humana, renovadora, y de respeto hacia la personalidad del alumno, sin manipularlo.

No escapó a Freire lo peligroso que puede resultar para el profesor, estimular la participación de sus alumnos en el proceso, no obstante, considera que es necesario asumir el riesgo, porque ¨ sin correr riesgo es imposible crear, innovar, renovar, revivir y vivir ¨.

Y agrega:”(...) por ello el diálogo es arriesgado, porque la posición dialógica que se asume frente al alumnado, descubre los flancos, abre el espacio del profesor. Puede que el profesor resulte investigado por el alumno y puede que no sepa y hay que tener la valentía de decir simplemente: aunque yo sea diferente a ti como profesor, yo no sé esto. Y es reconociendo que no sabe que se puede empezar a saber.” (Ojalvo, M. Victoria, 1995).

Desde el siglo XIX, los pedagogos criollos tuvieron un sentido crítico y autocrítico del fenómeno educativo y lo infundieron a sus alumnos en todos los órdenes de la vida social y política de la época. Su mayor expresión se sintetiza en la concepción martiana de la enseñanza, basada en la confianza y posibilidades del alumno para descubrir el conocimiento por si mismo.

Para el Apóstol no existían diferencias abismales entre maestro y alumno, concebía la educación como un hecho profundamente humano y entendía la enseñanza como una conversación entre iguales. Así decía Martí: “Es más la cátedra que una tribuna de peroraciones: es una fusión sencilla, un mutuo afecto dulce, una íntima comunicación muy provechosa, una identificación fructífera entre la inteligencia cultivada y las que se abren a la esperanza (…) – unión bella de afectos, nunca olvidada cuando se ha gozado, nunca bien sentida cuando se ha perdido ya.” (Martí José, 1964).

El proceso de comunicación estudiante – profesor, encierra una fuerza y una riqueza extraordinarias, pues a partir de ahí no sólo se aprenden los contenidos de determinadas asignaturas, sino que también se desarrollan concepciones y valoraciones en el joven que orientan su educación y desarrollo moral. Cuando el maestro se convierte en un ideal a seguir por el joven, se transforma en el motor impulsor, básico de su desarrollo moral, al convertirse la valoración del maestro en un fuerte estímulo moral para el joven. (González, F., 1983)

En la literatura revisada, se han encontrado puntos de contacto en cuanto a la función del maestro como comunicador, y como orientador profesional por excelencia. A. V. Petrovsky (1979), T. Mujina (1981), N. Kúzmina (1987), E. Ortiz (1996) y M. Gómez (1999). Algunos de estos autores han señalado las características necesarias para la comunicación del profesor con el estudiante, que comprende:

1.-Personales: representan los rasgos característicos, las cualidades del sujeto. Amor por el trabajo, por los niños y jóvenes, ecuánime, alegre, dispuesto y optimista, confiado, preocupado, valiente, atento, constante, entre otros.

2.-Didácticas: relacionadas con la transmisión de la información al estudiante. Desarrollo de la atención y de la observación; memoria profesional; pensamiento y cultura amplia; crítico de sus ideas; activista político; innovador; alta capacidad académica; expresivo; perceptivo, creativo y con una autoridad ganada por el ejemplo.

3.-Organizativas – comunicativa: relacionadas con la función organizadora y de comunicación. Capacidad para organizar el proceso pedagógico y su trabajo; maestría para dirigir el proceso comunicativo.

Por estas razones, se le confiere una gran importancia a la comunicación, no solamente en el contexto escolar, sino además, el familiar y el comunitario, en función de establecer acciones conjuntas para ejercer una mejor influencia en el proceso de formación de los rasgos estables de su personalidad.

La escuela centra las influencias educativas como institución, pero además es la responsable de caracterizar las relaciones que se establecen con el resto de los grupos que conforman la comunidad, coordinar las relaciones sociales, que se generan en los grupos que se conforman en su entorno y para ello es necesario, que disponga de un diagnóstico pormenorizado del resto de los entes socializadores.

La familia constituye la célula básica de la sociedad y por tanto, es donde se inicia el proceso de socialización, de aquí la importancia de que sus acciones armonicen con el resto de los entes socializadores, pues de ello depende en gran medida la estructura base de la salud física y psíquica de las personas.

A nivel de la comunidad, cada individuo recibe de manera singular y simultánea las influencias sociales y además le permite actuar de manera individual o colectiva, reflejando los aspectos sociales más generales, pues en este entorno se concreta la relación sociedad - individuo.

La asimilación de los conocimientos no es un proceso al margen de las necesidades del estudiante, este posee sentimientos, voluntad, necesidades e intereses, que condicionan su propio aprendizaje. Esta demostrada la influencia de los estados anímicos en la conducta del hombre y en particular en la atención, concentración y comportamiento en general, lo que influye en los resultados del aprendizaje.

Es por ello que la autora considera necesaria una aproximación al desarrollo psicológico, biológico y social, pues en la adolescencia se reúnen una serie de factores que ejercen una marcada influencia en el posterior comportamiento sexual del estudiante.

Varios autores coinciden en afirmar que la adolescencia transcurre, de manera flexible, de acuerdo a las particularidades individuales y contextuales, entre los diez y veinte años. El primer período de la adolescencia abarca hasta alrededor de los quince años y recibe el nombre de adolescencia temprana, y el siguiente, cuyo límite se enmarca cerca de los veinte años o en el momento de la inserción en la actividad laboral, se denomina adolescencia tardía o juventud. Ambos períodos están interconectados sistémicamente sin que puedan ser disociados entre sí.

La adolescencia es, según criterio de la autora, la fase de la vida de transformaciones mas rápidas, profundas y radicales en todas las esferas (psicológico, biológica y social), solo comparable con la infancia temprana, donde, desde el nacimiento hasta los 36 a 40 meses el infante se convierte, de un ser completamente desvalido, en un niño capaz de realizar por si solo, aunque naturalmente con la ayuda y apoyo del adulto, la mayoría de sus fusiones vitales.

Mientras el adolescente aprende a conducir y manejar sus diferentes posiciones es muy posible que se enfrente a choques, confrontaciones, cambios comportamentales, sumado a esto las pocas oportunidades otorgadas, por esta razón pueden ser censurados y sancionados socialmente y calificados de improductivos, dependientes y desadaptados al medio.

Por tanto, su nueva situación social, el tránsito a través del conjunto de transformaciones internas y externas radicales a los que esta sometido el adolescente, suele encontrarse sembrado de retos, desafíos y también obstáculos y escollos, generados muchas veces por los propios mayores, obstáculos que debe vencer para arribar a una adultez responsable y feliz.

La adolescencia, por todo lo expuesto constituye una fase indudablemente difícil, de gran vulnerabilidad, que requiere atención especial. Sin embargo, de manera alguna no debe ser considerada una etapa de crisis, rebeldía y rompimiento social.

Para los adultos se hace muy difícil comprender el salto cualitativo que en todas las esferas de su existencia deben dar los adolescentes en tan breve espacio de tiempo, pero tradicionalmente les resulta más difícil asimilar y propiciar las adquisiciones inherentes al área psicosexual de su personalidad.

Son innumerables los mitos, tabúes, prejuicios y estereotipos sexuales que albergan y trasmiten a los adolescentes las personas que les rodean, a continuación se Ilustran algunos de estos detectados en estudios realizados:

• Los adolescentes son niños con cuerpo e ínfulas de adulto.

• Son promiscuos sexuales.

• Los intercambios sexuales entre adolescentes son prematuros y afectan su desarrollo.

• La masturbación y el autoerotismo son dañinos para su salud.

• Las relaciones coitales están bien para el varón pero no para la muchacha.

• Los juegos sexuales entre adolescentes de igual sexo expresan tendencias homosexuales permanentes e insuperables.

• Los adolescentes son incapaces de auto regular de manera responsable su vida sexual.

• El que los adolescentes se reúnan en grupos solo sirven para despertarles ideas y comportamientos conflictivos e inapropiados.

• Los padres deben controlar y dirigir de forma rigurosa las conductas sexuales de los adolescentes, especialmente de las muchachas.

Estos son solo unos pocos ejemplos de la inmensa lista de de preconceptos erróneos que tienen los adultos con respecto a la sexualidad de los adolescentes, y sobre la base de estos suelen organizar sus influencias educativas. De esta forma se convierten aún sin propósito y a pesar de sus mejores intenciones, en la fuente de muchos conflictos y dificultades, de los trastornos que ellos y ellas pueden padecer en estas edades.

Para los adultos, que desde muy pequeños experimentaron el rigor de los mitos, prejuicios y estereotipos sexuales, estos de manera inconsciente llegan a formar parte de la cosmovisión de muchos de ellos. En esta situación les resulta en extremo difícil discernir que es lo natural, apropiado e incluso necesario, que en materia de sexualidad desarrollen y vivan los hijos o alumnos adolescentes.

Los adolescentes ávidos de la independencia y de la autodeterminación de tomar las riendas de su vida sexual y general, de asumir posturas, se ven imposibilitados de alcanzar estos objetivos por sí solos, por tanto, recurren al apoyo y seguridad del grupo de sus iguales, primero de un grupo compuesto por chicas o chicos de su mismo sexo, con los cuales se sienten más cómodos que con los del otro sexo. Estos últimos, por lo general, son el objeto de su atracción pero aún carecen de las habilidades y las vías efectivas de interacción y convivencia que faciliten una buena comunicación entre ellos/ ellas.

En estas etapas primarias, en que los adolescentes experimentan física y psicológicamente la necesidad de experiencias sexuales y no están aptos aún para el inicio de los juegos intersexuales, solo pueden encontrar su satisfacción por medio del autoerotismo y la masturbación.

En las etapas incipientes de la pubertad en que los impulsos sexuales suelen ser muy vehementes, y no puede aún acceder a los juegos sexuales de parejas, encuentra en estas prácticas solitarias una vía de descarga de tensiones físicas y psicológicas acumuladas, que le permite alcanzar la necesaria catarsis y relajación indispensable para su concentración en la gran diversidad de actividades escolares, sociales y de otra índole.

Por otra parte, el autoerotismo es una fase inicial, fundamental, mediante la cual el ser humano aprende a conocer más profundamente las capacidades erógenas de su cuerpo, ejercita y desarrolla la función del orgasmo y se prepara para el próximo paso de esta fase experimental, que son los vínculos de pareja.

El tránsito desde el autoerotismo, los enamoramientos platónicos hasta las uniones coitales debe ser un proceso paulatino, lento, gradual, que puede ser comparado con el ascenso por una escalera, donde el adolescente debe subir peldaño a peldaño, sin apresuramientos o saltos innecesarios y arribar con seguridad y satisfacción a cada nuevo nivel más pleno y mejor preparado, para que cuando alcance su destino, de la mano de su pareja, ambos puedan vivenciar todo el placer y la felicidad que una vida sexual madura y responsable les puede ofrecer.

Las experiencias sexuales progresivas en la adolescencia, no solo son típicas, necesarias e inocuas en estas edades; cuando están debidamente orientadas, sino, que tienen una función fundamental en el desarrollo y consolidación de los componentes psicológicos de la sexualidad: la identidad, el rol de géneros, la orientación sexoerótica y con ellos el proceso de autoformación como seres sexuales.

El proceso de autoafirmación del adolescente, que favorece y refuerza su autoestima se produce cuando:

• Toma conciencia de los logros que alcanza en la vida sexual de parejas, familiar y social.

• Se sienta más reconocido, respetado por su padre y su madre, por los mayores en general y por sus coetáneos.

• Se sabe objeto de atracción física y de afectos.

• Disfruta de los intercambios sexoeróticos.

• Descubre que puede, si se lo propone, penetrar en el mundo de los adultos y moverse cada vez con mayor soltura y seguridad entre ellos.

Es imposible disfrutar de una sexualidad gratificante, responsable, constructiva, autónoma y libre si no se adquieren desde la niñez las habilidades sociales necesarias para afirmarnos a nosotros mismos y si no nos estructuramos desde una temprana edad una sólida y fuerte autoestima. La adolescencia, en tales condiciones no se convierte en una etapa de crisis y riesgo con muchas posibilidades de ser vulnerables a los peligros de la vida sexual.

La adolescencia, al contrario de la opinión de muchos, está llena de coherencias, de construcciones frente a la vida de movimientos, de argumentos, de intereses y compromisos; por esta razón es considerada como un período privilegiado en el cual se adquieren y fomentan valores sociales y normas que le permitirán al joven un adecuado desenvolvimiento en todos los espacios de su vida cotidiana.

Es importante, entonces, abrir espacios a los adolescentes en los cuales puedan empezar a reconocerse independientes, autónomos, sujetos reales; esto permitirá que se encuentren con los adultos sin rivalizar, evitando así los conflictos generacionales, provocados en la mayoría de los casos precisamente por esta causa.

Es por esto que los profesores, deben de convertirse en guías espirituales de los estudiantes adolescentes, en la fuente donde podrán siempre que lo necesiten de nuestras experiencias, sin obligarlos a dejar de ser lo que son para reproducir mecánicamente nuestros modelos no siempre acordes a nuestras tendencias y relaciones personales y a la época que les ha tocado vivir.

La máxima aspiración de los entes socializadores debe ser; potenciar en los adolescentes una vida placentera, plena y responsable, que les permita enfrentar la sexualidad como un fenómeno natural de la vida, expresión de la actividad racional del ser humano.

En la actualidad, los criterios educativos se han flexibilizado, pero aún la educación de la sexualidad continúa adoleciendo de graves deficiencias al mantener un carácter sexista estandarizada, despersonalizada y cargada de mitos, tabúes que niega al adolescente la posibilidad de madurar en esta y otras esferas con un lenguaje y modo de expresión, propio, particular, atendiendo a sus potencialidades, necesidades y aspiraciones individuales.

Los adultos niegan a los adolescentes, en especial a las del sexo femenino, las vías de información, los valores, los modos de conductas, alternativas, así como el afecto y comprensión que necesitan. Con frecuencia, lejos de ponerse en su lugar, de tratar de comprender sus transformaciones y las angustias, incertidumbre e inseguridades de ellas derivadas, consciente o inconscientemente se trata de que sean el espejo en el cual se reflejen sus propios tabúes, prejuicios y conflictos.

El criterio educativo fundamental que asumen los adultos; a partir del cual se conduce por el buen camino la sexualidad, es mediante una combinación del silencio con las sanciones y prohibiciones moralizantes, que supuestamente los preservará de los problemas y trastorno de la sexualidad.

Los adultos, son los artesanos que esculpen la materia prima, que aporta cada adolescente de forma individual, según sus propios espacios vitales, esa importante y hermosa manifestación de su personalidad, que es la sexualidad.

La sexualidad como toda manifestación vital tiene un conjunto de expresiones biológicas espontáneas, pero estas por sí solas no determinan las transformaciones psicosexuales y sociales del ser humano en cada etapa, tienen un fundamento esencial en los procesos de aprendizaje que impulsan el crecimiento, desarrollo y maduración de la sexualidad y la personalidad en su totalidad.

La responsabilidad de los profesores los encamina a nutrirse de los más amplios conocimientos, experiencias, valores y representaciones, así como las problemáticas, relativas a las formas de vida y expresión sexual de los adolescentes para, ante todo, bajar nuestro pedestal de expertos, que todo lo sabe y puede, aprender a ubicarse en sus espacios, en su lugar, y saber desde su propio nivel comprender sus inquietudes, necesidades, motivaciones y problemas en esta y otras esferas de la vida.

La educación sexual en los adolescentes, debe garantizar altos niveles de salud sexual y reproductiva y por ende de la calidad de su vida, lo cual se logra mediante un proceso educativo formador de deberes, normas, valores, actitudes, modos de comportamientos, que le permitan aprender a decidir y autodeterminar por si mismos los límites de su sexualidad.

Las formas particulares de vivencia y expresarla, de autodefinir lo que es factible, positivo, que le permita crecer de manera plena, feliz y responsable y hacer crecer a los que les rodean se logra mediante una educación sexual que potencia aquellas manifestaciones, que los enriquezcan en todas las esferas de su vida personal y social, sin dañar la ajena.

La educación de la sexualidad de la joven generación y en particular de los adolescentes, comienza con la sensibilización de los propios profesores, interiorizando la necesidad de prepararlos con efectividad para enfrentar de manera independiente esta trascendental área de su vida.

Por otra parte, es fundamental, ante todo, que cada profesor se haga un proceso de autorreflexión profundo, que le permita penetrar en las intimidades de su propia sexualidad, acceder y comprender sus necesidades y tendencias, tanto positivas como negativas, controlar sus debilidades, rompiendo estereotipos, mitos, tabúes y prejuicios y potenciar sus cualidades y virtudes, que serán las riquezas que deberán transmitir con sus mejores ejemplos al estudiante en cuestión.

En la pubertad ocurren transformaciones biológicas y psicosexuales de mucha importancia, la misma proviene del latín pubertad cuya significación es edad fértil, por tanto es la etapa caracterizada por transformaciones anatómicas y fisiológicas, que culminan con la madurez biológica y reproductiva. Comúnmente es el fenómeno biológico que da inicio a la adolescencia.

El adolescente se convierte físicamente, en unos pocos años, en un adulto de apariencia, capaz de engendrar hijos e hijas y de disfrutar de la vida erótica en solitario y en pareja. De tales cambios y de su nueva situación social se derivan las primeras y trascendentales adquisiciones psicosexuales.

Los estudiantes en la pubertad observan y son conscientes de que su cuerpo se transforma y adquiere capacidades adultas en dos sentidos fundamentales:

• Como vía de procreación.

• Como vía de disfrute sexual y de atracción física.

Los adolescentes comprenden que la casi totalidad de las zonas de su cuerpo y en especial los genitales, responden a estímulos, erógenos, somáticos o psicógenos y entran en una fase de experimentación sexual caracterizada por el deseo intenso de disfrutar de la mas amplia variedad de vivencias eróticas y espirituales, lo que desencadena una búsqueda activa de experiencias eróticas que motivan al ejercicio de su sexualidad.

El proceso de dirección del desarrollo sexual en niños y adolescentes comienza solo cuando se está listo para crecer uno mismos, en este sentido, cuando se pueda penetrar, controlar y superar deficiencias y limitaciones, conflictos y contradicciones, solo entonces estarán creadas las condiciones de ser verdaderos educadores y orientadores sexuales de los estudiantes adolescentes y jóvenes.

Como se ha planteado, la comunidad, la casa escuela, el aula y la clase, son escenarios para el trabajo para contribuir a la responsabilidad sexual, sin embargo los programas, orientaciones metodológicas y los libros de texto de biología de la Secundaria Básica en este grado, no están potencialidades diseñados para el desarrollo del programa de Educación Sexual.


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