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ECONOMÍA Y TERRITORIO EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE. DESIGUALDADES Y POLÍTICAS

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2. Distribución espacial de la población y la riqueza

La distribución de los territorios por niveles de riqueza (dtr) muestra que, aunque no es de esperar que exista una coincidencia entre los grados de primacía y las características de esta distribución, la concordancia entre ambos es muy alta. La Argentina y el Perú son países con configuraciones económicas territoriales primaciales que presentan de forma sistemática y consistente los valores más altos de dispersión, asimetría, amplitud y curtosis (véase el cuadro II.5). Chile es un caso excepcional pues presenta distribuciones más compactas a pesar de su alta primacía. Bolivia, el Brasil, Colombia y México son países de configuración multipolar que presentan cifras más bajas para los mismos valores estadísticos.

El análisis se hace sobre la base del cálculo y la observación de dos distribuciones de frecuencias como DTR y DPR (ecuaciones 2 y 3), de características y usos muy complementarios a los de las distribuciones rango-tamaño. En vez de utilizar el PIB territorial total, estas distribuciones se concentran en el PIB territorial per cápita y en lugar de enfocarse en las características de la cabeza económica territorial, permiten analizar el conjunto de la configuración.

Para el análisis se tomaron como base las sugerencias de quah (1995) aunque, dado el corto período analizado, se consideró innecesario el cálculo de las distribuciones de Kernel por él propuestas y se utilizó una herramienta estadística menos sofisticada y más intuitiva.

La distribución de los territorios por niveles de riqueza y la distribución de la población de los territorios por niveles de riqueza se observarán en varias instancias a lo largo del período: en el año inicial (1990), en un año intermedio y en el año final y más cercano a 2005. El intermedio solo se observará en caso de que surja un quiebre en la tendencia de crecimiento económico nacional, cuando se haya pasado de un marcado aumento del PIB per cápita a uno más lento o del aumento a la disminución.

Como criterio general, se espera que las distribuciones se aproximen a la forma de una función normal, es decir con una alta concentración de casos en el promedio, que vaya disminuyendo a medida que se toma distancia de dicho promedio (véase el gráfico II.1, distribución en el punto t). Sobre la base de este criterio, se calcularán algunos indicadores estadísticos que permiten hacer un seguimiento general de la evolución de ambas distribuciones. Su expresión gráfica se tomará como fuente de información y de análisis. De acuerdo con quah (1997), las desviaciones de la forma normal de la distribución se clasificarán en tres grandes tipos: normal, polarizada, cuando el universo confluye hacia dos grupos (véase el gráfico II.1, punto t+s), y estratificada, cuando esta confluencia se hace alrededor de tres o más grupos. Además del valor absoluto de cada una de las estadísticas calculadas (véase el cuadro II.4), se tendrá en cuenta la posición relativa del país para cada una de ellas mediante su rango o número de orden.

(Continúa)

Resulta importante destacar la gran estabilidad en el comportamiento de estos valores ya que no se observan cambios significativos en las cifras absolutas ni en las posiciones de orden. Las únicas excepciones son la Argentina y Chile en la asimetría y la curtosis, aunque con un sentido totalmente opuesto (disminución en la Argentina y aumento en Chile).

Al contrario de lo que ocurre con las distribuciones rango-tamaño, donde se observa una tendencia a la desconcentración económica espacial, en la distribución de los territorios por niveles de riqueza no es posible encontrar una tendencia determinada al cambio. Las variaciones socioeconómicas se reflejan principalmente en transformaciones puntuales, significativas en algunos casos, pero no de carácter estructural. Las distribuciones de los territorios por niveles de riqueza muestran una configuración estratificada predominante, tanto al inicio como al final del período. En términos de cambio, la tendencia más fuerte es a universalizar la condición de estratificación mediante diversas vías: la consolidación (el Brasil y México), la combinación con la polarización (Colombia) o la transición hacia ella (Chile), o su surgimiento ante una configuración normal (el Perú). La Argentina y Bolivia escapan a esta tendencia mediante la consolidación de una configuración normal el primero y la atenuación de la estratificación el segundo. En el cuadro II.6 se muestra una síntesis gráfica de los cambios y la evolución de estas distribuciones y en el cuadro II.7 se observa la interpretación que se utiliza como referencia en las categorías propuestas por Quah (1997).

De la distribución de los territorios por niveles de riqueza se concluye que existe una concordancia entre sus características y las de la distribución rango-tamaño; las configuraciones primaciales tienen índices más elevados (dispersión, amplitud, asimetría y curtosis), es decir, aparecen menos integradas y cohesionadas, con la excepción de Chile. También se observa que, si bien estas distribuciones no muestran una clara tendencia de cambio a lo largo del período, existe una evolución del tipo de estructura hacia la consolidación del estado o situación (estratificada, polarizada o una combinación de ambas) que se presentaba desde el principio del período.

Cuando se comparan los valores estadísticos (véase el cuadro II.5), la distribución de la población de los territorios por niveles de riqueza muestra que las disparidades económicas territoriales se acentúan significativamente cuando la unidad de comparación deja de ser el territorio y pasa a ser el porcentaje de la población nacional que cada uno de ellos aloja. El valor de todas las medidas aumenta de manera considerable, sobre todo el de la amplitud. Las características de estas distribuciones coinciden además con las de rango-tamaño y distribución de los territorios por niveles de riqueza. Sin embargo, Chile (primacial) y el Brasil (multipolar) poseen comportamientos excepcionales: el primero por la disminución y el segundo por el aumento de las disparidades esperadas. Durante el período analizado no hay transformaciones significativas en los valores estadísticos, lo que sugiere una gran estabilidad de las distribuciones, aun mayor que la hallada para las distribuciones de rango-tamaño y la distribución de los territorios por niveles de riqueza. Como es de esperar, esta estabilidad va acompañada de la inexistencia de una tendencia significativa de cambio, aumento o disminución de las disparidades. Este resultado, semejante al de la distribución de los territorios por niveles de riqueza, contrasta con el de rango-tamaño, donde sí se identificó un cambio hacia la desconcentración.

El análisis gráfico de las distribuciones (véanse los cuadros II.6 y II.7) deja al descubierto notorias diferencias entre la distribución de la población de los territorios por niveles de riqueza y la distribución de los territorios por niveles de riqueza. La brecha entre los territorios más ricos y poblados y el resto es más marcada y estable. La diferencia entre los países con primacía y multipolares es nítida: mientras que los primeros tienen una estructura claramente polarizada y se organizan alrededor de dos grandes grupos de territorios, los segundos son del tipo estratificado. Al tiempo que en los primeros se mantiene la estructura polarizada durante el período, en los segundos los cambios apuntan a incrementar las disparidades: de estratificado se pasa a polarizado en el Brasil, de cuatro estratos se pasa a tres en México y las distancias entre el estrato superior y el siguiente se incrementan en Colombia. Además, vale notar que ningún país tiene una estructura semejante a la normal.

La distribución de la población de los territorios por niveles de riqueza permite llegar a dos conclusiones. La primera es que se prolonga la concordancia entre las distribuciones rango-tamaño y las distribuciones de los territorios por niveles de riqueza con las distribuciones de la población de los territorios por niveles de riqueza: las configuraciones primaciales tienen estructuras polarizadas, mientras que las multipolares tienden a tener estructuras estratificadas, con la excepción del Brasil, donde pasa de estratificada a polarizada. La segunda conclusión es que a lo largo del período se observa una tendencia clara de cambio en las distribuciones de la población de los territorios por niveles de riqueza: las estructuras polarizadas preservan su carácter, la del Brasil pasa de estratificada a polarizada y en dos de las estratificadas (Colombia y México) se incrementan las disparidades.


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