BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

ECONOMÍA Y TERRITORIO EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE. DESIGUALDADES Y POLÍTICAS

ILPES-CEPAL




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D. Desintegración económica y territorial, Causa y consecuencia

Los fenómenos de estratificación, polarización y primacía territorial son expresiones de un estado de fragmentación económica territorial que opera, a la vez, como causa y consecuencia de las disparidades económicas territoriales. Como causa, en la medida en que hace más difícil el encadenamiento económico territorial de difusión y arrastre, neutralizando, e incluso disminuyendo, las disparidades. Como consecuencia, en tanto las características propias de las nuevas actividades económicas refuerzan este panorama por estar diseñadas para integrarse muy poco al resto del territorio nacional.

En México aparece un nítido contraste entre los extremos norte (ganadores) y sur (estancados) del país. Aroca, Bosch y Maloney (2005:362-364) destacan diversas agrupaciones: “de estados pobres alrededor de Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Puebla. (…) los estados fronterizos como un polo con niveles de altos ingresos que se ha fortalecido a lo largo del tiempo (…) [que] no han irrigado su dinamismo sobre los que le siguen hacia el sur. (…) Para el centro [del país] hay poca evidencia de clubes de convergencia”53.

En Chile “se detectan dos grupos (clusters) de regiones con alta interdependencia espacial. El primero está conformado por regiones que tienen un producto per cápita por debajo del promedio nacional y sus vecinos tienen condiciones similares. Las regiones de este grupo son [Bío-Bío, Araucanía y Los Lagos] (grupo rezagado o recesivo). El segundo grupo está formado por regiones con un nivel de producto per cápita por sobre el promedio del país, con vecinos con características similares (zona caliente o hot spot) y lo conforman [Tarapacá, Antofagasta, Atacama] (…) el primer grupo se detecta desde la década de los 60s, mientras que el segundo grupo parece haber surgido sólo en la década de los 90s” (Aroca y Bosch, 2000, pág. 222). Las estimaciones realizadas por el ILPES apoyan estas conclusiones y permiten determinar que las regiones ganadoras se aglomeran hacia el norte mientras las perdedoras se agrupan hacia el centro del país.

En el Perú, la fragmentación se da alrededor de grandes regiones: “cada uno de estos grupos de departamentos converge a su propio estado estacionario, lo que resulta un indicador de la fragmentación [sin] convergencia ni polarización en el sentido de Quah (convivencia de dos grupos de economías: ricas y pobres). Por el contrario, se presenta “estratificación” y se encuentran hasta ocho ‘regiones económicas’ distintas” (Odar, 2002, pág. 62). En este caso, los cálculos del ILPES no apoyan integralmente estas conclusiones, aunque sí muestran la fragmentación económica territorial. Se presenta un país dividido en tres grandes franjas: el norte interior que reúne a los perdedores, la costa sur que agrupa a los ganadores y una extensa franja central con una combinación de regiones costeras y serranas donde confluyen regiones convergentes y declinantes.

En el Brasil se observan agrupaciones espaciales de estados ricos y pobres. “Los estados ricos (pobres) se localizan cerca de otros estados ricos (pobres). La situación parece ser muy estable, con un incremento en el nivel de agrupación espacial durante el final de los 80s y los 90s. [Estas agrupaciones tienen expresiones regionales muy claras] la asociación espacial (…) es debida principalmente a la consolidación de agrupaciones regionales en el noreste y en el sureste. La influencia de estas agrupaciones es persuasiva y estructural y, en el tiempo, han atraído estados periféricos que hasta entonces no estaban agrupados” (Bosch y otros, 2003, págs. 5-13).

Si bien la Argentina, Bolivia y Colombia no cuentan con estudios de naturaleza semejante, los mapas de desempeño económico sugieren que el primero posee grandes agrupaciones geográficas de territorios con similar desempeño, con un patrón de agrupamiento espacial que señala un norte de lento crecimiento (territorios estancados) en contraste con un sur de altos niveles de ingreso y crecimiento superior al promedio (territorios ganadores). En Bolivia y Colombia hay mayor dispersión y estos rasgos de agrupamiento espacial no son evidentes. Estos procesos se pueden observar en el mapa IV.1 (página 105).

Esta tendencia a la agrupación regional se acompaña de un fenómeno de persistencia especialmente marcado en las regiones más pobres. En el Perú se constata una fuerte persistencia de los grupos de departamentos pobres: “una persistencia muy fuerte de los departamentos más pobres a seguir siéndolo, con una probabilidad de 0.81. En el caso de los departamentos más ricos esa persistencia se reduce ostensiblemente” (Odar, 2002, pág. 56). En México también se han encontrado contundentes expresiones de esta persistencia y de su empeoramiento: “Los estados en el quintil 1 y 2 podían moverse hacia arriba en la distribución con una probabilidad del 7 y del 5 por ciento en la época posterior a la liberalización, comparado con el 20 y el 29 por ciento en el período previo a la liberalización” (Aroca, Bosch y Maloney, 2005, pág. 358). En el caso brasileño, la persistencia parecería concentrarse más bien en el extremo de los más ricos: “La persistencia es mucho más alta en las clases extremas (pobres y altas) que en las medias. (…) Los estados con un ingreso per cápita relativamente lejano de la media, tienden a permanecer en esa situación. Este fenómeno está especialmente presente en la clase de ingresos más altos para la cual la probabilidad de permanecer en el club de los más ricos es del 95 y del 89 por ciento respectivamente, dependiendo del período considerado” (Bosch y otros, 2003, pág. 14).

E. Conclusiones

La década de 1990 marcó en la región la concomitancia de las reformas de apertura y liberalización con la contención de procesos previos de convergencia. Las relaciones sugieren posibles causas como la introducción de nuevos paquetes tecnológicos e institucionales y el surgimiento de un modo distinto de crecimiento económico con nuevos focos de innovación, formas y medios de difusión y efectos de arrastre y exclusión.

A mediano plazo (1970-2000), el advenimiento de los años noventa no representó para Chile, Colombia y el Perú la aparición de tendencias de cambio sectorial radicalmente nuevas sino, más bien, la continuación de procesos de largo plazo. El período más reciente, que va desde 1990 hasta hoy, ha sido propicio para la maduración y la aceleración de procesos estructurales que ya se venían produciendo, sin una ruptura tan marcada como suele pensarse. Este parece ser el caso de la consolidación del carácter dinámico de los sectores primarios (minería y agricultura) en Chile y el Perú y de los servicios del gobierno en Colombia. El desempeño económico territorial en los subperíodos a lo largo de casi 30 años permite establecer una de las peculiaridades de la estructura económica territorial: la persistencia del carácter ganador (rico) o perdedor (pobre) de los territorios con muy poca movilidad, sobre todo ascendente. El desempeño territorial asociado con la evolución sectorial evidencia los rasgos más propios del período: el cambio estructural en los años noventa marca la pérdida del papel dinámico de la industria manufacturera y de los territorios donde esta actividad es más importante y el surgimiento de una estrecha asociación entre minería y territorios ganadores.

Para un grupo más amplio de países, y en un período más breve (1990-2003), la mayor transformación estructural se expresa mediante una tercerización, acompañada del resurgimiento de algunas actividades primarias. La tercerización no es un proceso homogéneo ya que en algunos casos se asocia con los servicios públicos y sociales, mientras que en otros se vincula con los servicios privados (finanzas, comercio, transporte, comunicaciones). En la dimensión territorial, en cuatro de seis países los territorios ganadores se orientan a la producción minera y tienen estructuras productivas altamente especializadas. Las excepciones son la Argentina, con una expansión principalmente terciaria, y México, con una combinación de industria y terciario. Por el lado de los territorios estancados, es necesario resaltar su magnitud económica y demográfica: la población oscila entre el 15% en Colombia y el 37% en la Argentina y el crecimiento del PIB per cápita es próximo a cero en todos los casos (con excepción de Chile), lo que evidencia que se trata de territorios en estado de alerta económica.

Esta particular mezcla de tendencias sugiere que la contención de la convergencia surge de la combinación de polos regionales exportadores, ricos, dinámicos, de alta especialización y estrechamente vinculados a las economías de las grandes ciudades y las regiones más desarrolladas, proveedoras de servicios (económicos, públicos y financieros) e insumos y muy poco generadoras de encadenamientos de difusión y arrastre intrarregionales e interregionales. Por otra parte, la contribución de los centros económicos mayores sería menos clara e intensa puesto que habrían transitado por un período de reconversión determinado por el debilitamiento del papel de la industria y la necesaria búsqueda de actividades económicas de reemplazo. Estas actividades habrían estado relacionadas, principalmente, con servicios modernos con características económicas y tecnológicas novedosas e innovadoras que las habrían vuelto espacialmente autodependientes de estos medios urbanos de mayor desarrollo, también con pocos encadenamientos de difusión y arrastre territorial.

A estas tendencias se suma la secular persistencia de los territorios pobres, con una asociación muy alta a actividades primarias poco dinámicas. De igual modo, aparece un grupo de nuevos territorios pobres, regiones de industrialización tradicional que no habrían conseguido generar nuevas actividades económicas dinámicas.


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