BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

GASTO PÚBLICO Y SECTOR PARAESTATAL EN MÉXICO

Hilario Barcelata Chávez




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5.2.3. El sector paraestatal y la producción nacional.

Como resultado del mayor número entidades paraestatales que se crearon y el fortalecimiento de las ya existentes, el sector público, mostró un crecimiento sin precedente, según puede verse en el cuadro y gráfica 66,donde se observa el ascenso acelerado de su PIB, que en 1983 representó un valor superior en un 163.8% al observado en 1975. A partir de entonces su producción inicia un descenso como resultado del proceso de reformas económicas, que coloca a su PIB en un valor apenas superior al que había alcanzado en 1979. Este crecimiento estuvo impulsado por la vigorosa expansión productiva de las empresas públicas, cuyo ritmo de crecimiento superó ampliamente el del sector público. Según se observa en el mismo cuadro, el PIB de estas empresas creció a un ritmo acelerado, alcanzado en 1983 un valor más de tres veces superior al observado en 1975, pero a partir de ese año, inicia un descenso que lo lleva a alcanzar en 1998 a un nivel inferior incluso al observado en 1978.

Como resultado de esa expansión productiva del Estado, su participación en la dinámica de crecimiento nacional se vuelve más importante. En el cuadro y gráfica 67 es posible observar como el sector público participa de una manera cada vez más amplia dentro del PIB nacional. En 1975 su contribución fue de 14.6%, para 1982 crece hasta un 23.7% y en 1983 alcanza su máxima participación con un 26.5% A partir de ese año, estos valores se reducen cayendo de manera muy pronunciada, a partir de 1985, año en que ya se encuentra en plena operación el proceso de privatización. Hacia 1996, cuando ya está casi concluido este proceso, la participación del sector público es del 13.6%, como se ve, menor a la que tuvo en 1975.

Como es posible observar en el mismo cuadro de referencia, el sector paraestatal estuvo sujeto a un comportamiento similar como resultado del proceso de reforma económica, lo cual se puede observar en la evolución de su PIB, cuya expansión en el pasado propició, precisamente, la mayor presencia del sector público en la actividad económica nacional ya que constituía el eje de la acumulación de capital y, por lo mismo, su desaparición provocó la disminución de la importancia del Estado en los procesos económicos y en su dinámica.

En 1975 el sector paraestatal contribuía con un 44.8% al PIB público, en cambio en 1983 creció llegó hasta el 72.9%. A partir de ese año, su participación se reduce, hasta llegar, en 1996, al valor que tenía en 1975 que fue de 44%. Con relación al PIB nacional, el sector paraestatal contribuyó en 1975, con un 6.5%, valor que fue creciendo hasta un 14.9% en 1982, alcanzando su máximo nivel de participación en 1983, con un 19.3% del PIB total. Su participación se reduce a partir de ese año y de modo más intenso desde 1985, para llegar al año de 1996 con una participación del 6%, que fue menor a la que tenía en 1975.

Los sectores productivos que representaban una mayor importancia para el sector público, eran aquellos en donde la participación del sector paraestatal era más alta. En el cuadro 68 es posible observar la evolución que presenta la estructura del PIB del sector público por actividad económica, lo que permite ver cuales son los sectores de mayor peso y como se desenvuelven. Es notorio que en 1975 su actividad se concentra primordialmente en cinco actividades productivas: en primer lugar servicios comunales sociales y personales que contribuye con un 55.4%; en segundo lugar la industria petrolera con un 18%. En tercer término, otros tres sectores con una participación más o menos similar: industria manufacturera que contribuye con un 6.2% al PIB del sector público; la electricidad, gas y agua con un 6.1% y transporte, almacenamiento y comunicaciones con 8.5%. Estas actividades productivas constituyen el núcleo del PIB del sector público, ya que en ellas se concentra el 94.2% del total del PIB estatal. Sobresale el hecho de que la mayor participación se concentre en los servicios, pero ello se debe a que ahí se incluye lo que es la administración pública, por lo que su peso es mayor. El resto son actividades productivas propiamente dichas y ahí la mayor presencia es de la industria petrolera. Para 1993 de acuerdo con la información del mismo cuadro, la estructura productiva del sector público se modifica a partir de la disminución de la importancia de algunas actividades como la industria paraestatal que prácticamente desaparece, pues su contribución al PIB se reduce al 0.01% Lo mismo sucede con el sector de transportes, almacenamiento y comunicaciones, cuya participación se reduce al 4.1%, en cambio se fortalece la participación de electricidad, gas y agua, que pasa a contribuir con un 9.2% y la industria petrolera que en 1993 llega a representar el 29.1% del PIB del sector público. De este modo el núcleo del PIB lo conforman, ahora, sólo tres de los cinco sectores que lo constituían en 1975, estos son: electricidad gas y agua con un 9.2% del total, servicios comunales, personales y profesionales con un 53.9% y la industria petrolera con un 29.1%, contribuyendo tan sólo esas tres actividades con un 92.3% del total del PIB estatal.

Estos cambios se deben, como he afirmado antes, a la recomposición de las tareas del Estado que renuncia a seguir participando productivamente en la economía a través de la industria manufacturera y en cambio refuerza su participación en la producción de energéticos: electricidad y petróleo, que son las dos áreas que aún conserva el Estado, por ser las más redituables, incluso fiscalmente y porque su privatización entraña problemas políticos muy serios debido a la falta de consenso a este respecto. El resto, que llegó a constituir una parte fundamental de su intervencionismo en términos de su contribución al PIB nacional y al empleo, fue sujeto de venta, fusión o liquidación en un proceso de privatización que hizo desaparecer al Estado productor.

El avance de este proceso privatizador se evidencia en el desempeño del sector paraestatal en general y en las actividades que predominan en su interior. Como muestra el cuadro y gráfica 69, hacia 1988 la industria manufacturera paraestatal había reducido ampliamente su participación en el PIB paraestatal llegando a un 9.9%, sin embargo, ésta todavía era considerable. A partir de ese año desciende su importancia a un ritmo muy acelerado de modo que en 1998 apenas contribuye con el 1.1%, lo que indica la insignificante presencia del Estado como productor industrial, a excepción de la industria petrolera y eléctrica. El descenso es de tal magnitud que el PIB manufacturero estatal de 1998 representa apenas el 7.5% del valor que tuvo en 1988, según consigna la información del mismo cuadro. Lo mismo sucede con las empresas de transporte, almacenamiento y comunicaciones cuya participación en el PIB paraestatal se reduce del 17.5% en 1988 a un 9% en 1998. Valor que, siendo todavía significativo, representa tan sólo el 34% del obtenido en el primer año. El mismo comportamiento se repite para las empresas de comercio, restaurantes y hoteles cuya participación se reduce de un 2% a un 1.5% y cuyo valor de la producción cae un 49%. Lo mismo sucede con la minería que cae del 2.1 al 0.3% con una producción cuyo valor representa apenas el 8.3% del que tenía en 1988.

Como se vio en el análisis del sector público en su conjunto y más específicamente en el del sector paraestatal, el Estado se limita, en lo económico, a participar en la producción de energéticos y los servicios básicos, retomando la dimensión liberalmente aceptable , que una vez tuvo, y que implica mucho menor participación e influencia en la conformación de las formas y ritmos de la actividad económica. Por ello, como puede observarse en el mismo cuadro 69 la participación en electricidad, gas, agua y petróleo, ocupa, en 1998, casi el 50% del PIB paraestatal. El otro 50%, se refiere a actividades económicas con escasa influencia o efectos multiplicadores en los procesos de acumulación y desarrollo como es el caso de los servicios financieros, seguros y bienes muebles, particularmente después de la privatización de los bancos. Actividades que concentraron en 1998 el 30.8% del total del PIB paraestatal.

Otra forma de ver el comportamiento de la estructura interna del sector público y confirmar el cambio trascendental que presenta, es mediante la observación de la tendencia del PIB de las empresas públicas por actividad económica, información que se ofrece en el cuadro y gráfica 70. Es notoria la disminución de la producción en la minería, cuyo valor en 1998 representa un 8% del que tenía en 1988, el de la industria manufacturera que representa tan sólo el 7.5% con respecto al que tenía en ese mismo año, el del sector comercio con un valor de poco menos de la mitad con respecto al del primer año, los transportes, almacenamiento y comunicaciones con un valor que equivale al 34.2%, el de los servicios financieros que equivale a un 78% y el de la industria petrolera que equivale a un 64.2%. En cambio se observa un incremento de 21.8% en el PIB en electricidad, gas y agua, en el mismo período y de un 310% en el de los servicios comunales sociales y personales.

De los datos anteriores y del análisis del comportamiento del gasto público y paraestatal, es posible observar que el proceso de privatización adquiere realmente importancia a partir del subperíodo 1985-1988, en que se intensifica como resultado de un planteamiento que lo organiza como un proceso planeado, continuo, ordenado e irreversible y culmina en los últimos años de la década de los noventas, por lo que se refiere al retiro del Estado de aquellas áreas consideradas propias de los agentes económicos privados, restando aquellas de muy difícil transformación, que, sin embargo, siguen estando en la agenda estatal de la privatización: electricidad, petróleo, petroquímica, educación y salud.

Efectivamente, el proceso de privatización y desincorporación de empresas públicas y organismos públicos fue mucho más intenso desde 1985, si se observa el número de empresas que se separan del Estado. Como se ve en el cuadro y gráfica 71 en 1982 existían 1155 entidades paraestatales y para 1985 se habían reducido a 879, es decir un 23% menos (276 entidades) En cambio de este año al 2000, se desincorporan un total de 676 entidades, lo que significa una reducción del 77%. Incluso si se hace la comparación de 1987 al 2000 se observa una reducción de un 60%, valor que es mayor al 39% que se observa de 1982 a 1986, lo cual confirma el hecho de una desincorporación diferenciada, que adquirió un énfasis particular a partir del gobierno de Carlos Salinas de Gortari.


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