BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

GASTO PÚBLICO Y SECTOR PARAESTATAL EN MÉXICO

Hilario Barcelata Chávez




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3.3. El sector paraestatal en el desarrollo estabilizador.

Entre 1955 y 1970 se crearon 166 nuevas entidades paraestatales para sumar un total de 272. Esta expansión fue posible gracias al crecimiento permanente que tuvo la inversión pública en organismos de este tipo a lo largo del período y cuyo volumen creció un 400%, con lo que, además, se amplió su participación en el total de la inversión pública total, al pasar de un 56.5% en 1955 a un 63.8 en 1970, según se observa en el cuadro 24.

En esta etapa, la expansión del sector paraestatal adoptó la forma de mexicanización y nacionalización de empresas ya existentes, tal es el caso de Comisión Federal de Electricidad. Esta expansión dejó claramente delineada su política industrial, cuya base fue la configuración de dos campos de intervención estatal: el primero caracterizado por una participación directa y exclusiva en actividades como la minería, petróleo, petroquímica y electricidad y el segundo con una participación principalmente de regulación y apoyo a empresarios privados en las actividades manufactureras.

El papel del sector paraestatal fue, básicamente, de proveedor de bienes e insumos de bajo costo al resto de la industria, a través de una política de precios para productos que consumían las empresas industriales privadas, lo que permitió que esos precios crecieran menos que la inflación, con el consecuente beneficio para quienes los compraban.

En particular de 1965 a 1970, los precios de la industria estatal crecieron el equivalente a la mitad del incremento de los precios manufactureros, primordialmente por la reducción de los precios de los derivados del petróleo, tal como puede observarse en el cuadro y gráfica 25. De hecho puede decirse que la industria paraestatal permitió ganancias por la vía de la inflación al resto de la industria nacional hasta por un 100%, pues según se observa, la tasa de crecimiento de los precios de ésta, fue hasta tres veces superior a la de aquella.

De igual modo, la participación productiva se llevó a cabo siguiendo objetivos de apoyo a la substitución de importaciones y de progreso técnico para apoyar la industrialización, aunque, como dije antes, muchas empresas públicas aparecieron sin ser parte de un plan y más bien obedeciendo a factores coyunturales de rescate para proteger el empleo, el abasto de productos o las cadenas productivas.

Los objetivos buscados por el Estado en materia económica propiciaron la conformación de una estructura del sector paraestatal, con una marcada concentración en el sector industrial, el cual concentraba el 33% del total de entidades paraestatales existentes en ese período, según puede verse en el cuadro y gráfica 26. Enseguida encontramos a las del sector primario que, a su vez concentran el 26% del total de dichas entidades.

Por lo que hace al sector industrial, esta es una etapa en que se lleva a cabo un proceso de diversificación y ampliación de la participación estatal, sobre todo en la industria no petrolera, ya que se crearon empresas dedicadas a la producción de insumos estratégicos como petroquímica, siderurgia, química y combustibles. Pero también en las ramas textil, alimentaria (incluso refrescos embotellados), envases, papel, bicicletas y equipo de autotransporte . Pero, de hecho, su mayor participación se dio en las ramas de insumos intermedios, mientras que mostró una menor presencia en bienes de consumo durable.

Esta estructura significa un cambio en cuanto a la forma en que había venido participando el Estado en la industria de la transformación, pues pone mayor énfasis en las ramas relacionadas con la modernización industrial (química, insumos intermedios, equipo mecánico y bienes de capital) que se perfilan como las de mayor dinamismo, mientras que pierden relevancia relativa las actividades tradicionales (alimentos y textiles)

El peso de la industria paraestatal puede observarse en el cuadro 26.1 en el que se recogen datos referidos a su presencia en las diferentes ramas industriales. Destaca su participación en la industria eléctrica, en que el 90% del total de los establecimientos son estatales. Situación única, pues, en la industria de la transformación, pese al gran número e importancia de las empresas públicas y el carácter monopólico de algunas (como PEMEX) éstas sólo representan el 0.22% del total de establecimientos, en tanto que en la industria extractiva sólo participa con el 3.3% de los establecimientos totales. De hecho, en total, la industria paraestatal sólo contribuye con el 0.3% del total de establecimientos de la industria nacional. Sin embargo, la importancia de estas empresas se muestra, de modo más amplio con otros indicadores en el mismo cuadro. Así se observa que en la industria extractiva, el Estado aporta el 40% del empleo de toda la rama, en la eléctrica el 99.7% y en la de transformación el 5.2%. En correspondencia con su capacidad para generar empleo, se observa una presencia muy importante en materia de salarios, sueldos y prestaciones sociales. En la industria extractiva genera el 83.6% de estos pagos, en la eléctrica el 99.9% y en la de transformación un 20%, con ello, el total de la industria paraestatal contribuye con el 41% del total de este rubro de salarios, lo cual significa un papel muy significativo en la economía nacional.

Más reveladores resultan los datos referidos a capital invertido y producción bruta total. En la industria extractiva, las empresas públicas participan con el 75.5% y el 50% respectivamente, en la eléctrica con el 100% en ambos renglones y en la de transformación con el 11.68 y el 12.42%. Esto significa que la industria paraestatal está constituída por pocas empresas, pero muy poderosas ya que representan fuertes volúmenes de inversión y concentran una muy alta proporción de la producción. En total, con el 0.3% del total de los establecimientos industriales, el Estado concentra el 33.7% del total de la inversión industrial y contribuye con el 17.8% del total de la producción industrial nacional.

Estos datos revelan el peso relativo del sector paraestatal en cada rama y dejan claro que el dinamismo económico, al menos en el sector industrial está determinado por la presencia del Estado. De hecho, es notable la expansión de la presencia del Estado en la industria durante el período, tal como puede verse en el cuadro 26.2 en el que se observa un crecimiento en la participación de las empresas industriales estatales en la producción y el empleo tanto en la industria de transformación como en la manufacturera. En la primera, la participación crece de un 12.4% en 1965, a un 17.1% en 1975, mientras que en la segunda, el incremento es del 6.6% a un 9.4%. De igual modo se incrementa su participación en el empleo. Para la industria de transformación el incremento es de poco menos del 100% al pasar del 4.6% a 8.4% del total, mientras que la participación en la industria manufacturera crece de un 3.7% a un 7.1%.

La presencia del Estado en la producción industrial se da de manera predominante en la industria de la transformación, medida por su importancia en la conformación del producto industrial estatal. Así, podemos ver en el cuadro y gráfica 27, que en 1965 el 63.9% de la producción industrial paraestatal pertenecía a ésta industria y crece hasta un 74.6% en 1975. Esto significa que la mayor presencia del Estado en la industria nacional en esta etapa, se basa en su mayor presencia en esta industria, en tanto que se reduce la importancia que representan la eléctrica y la minería, las cuales reducen su participación, en el mismo período, de 16.3 a 10% y de 19.8 a 15.4% respectivamente.

El papel que desempeña la industria paraestatal en la economía mexicana puede establecerse al observar el claro predominio de la producción de bienes intermedios e insumos dentro de aquella. De acuerdo con el cuadro y la gráfica 28, dichos bienes representan más del 89.2% de la producción industrial estatal en 1965 y el 78.8% en 1970.

Dentro de este rubro de intermedios, es notorio que los bienes intermedios petroleros son los de mayor significación pues representan, por sí solos, el 50% del total de la contribución estatal a la industria, mientras que los no petroleros, tiene una participación del 38.9% que va disminuyendo hasta llegar a un 28.8% en 1975. Participación que, a pesar de ir decreciendo sigue siendo mayor que la de los bienes de consumo final y duradero.

De hecho los bienes de consumo final y duradero constituyen los de menor contribución en el total de la industria estatal, aunque muestran un incremento considerable pasando de un 8.3% en 1965 a un 17.6% en 1970 y a un 18.2% en 1975. Porcentajes que, de todos modos, siguen siendo menores a los de los bienes intermedios. En cambio los bienes de capital representan una muy reducida parte del valor total de la producción estatal en la industria, como puede verse en el mismo cuadro de referencia.

De acuerdo a la importancia que el producto de la industria paraestatal representa en cada clase industrial en la que participa el Estado y de acuerdo a la relevancia que representa cada una de estas en el total de la producción de la industria paraestatal, es posible observar la existencia de un Núcleo de la industria paraestatal, constituido por las actividades industriales que tienen un mayor peso en el producto total de la industrial paraestatal y cuya presencia es, al mismo tiempo, muy elevada considerada en el ámbito de la industria nacional.

De acuerdo a la información del cuadro y gráfica 29, se observa que este núcleo se compone por doce clases industriales, las cuales generan el 83% del total de la producción industrial paraestatal en 1965 y el 82.8% en 1975. En dos de las doce clases industriales la

participación estatal es de 100%, estas son: gasolina, aceites pesados y petroquímica básica. En tres, que son: beneficio de tabaco, tejido de henequén y equipo ferroviario, su participación es de aproximadamente el 87% y en una, los fertilizantes, es del 57%. En otras tres clases, que son, azúcar, pescados y mariscos y hierro de primera fusión, su participación es superior al 40%. Y sólo en las 3 restantes: Laminación secundaria, cobre y aleaciones y automóviles, autobuses y camiones, su participación es menor al 40%.

Este núcleo industrial paraestatal constituye realmente el instrumento mediante el cual el Estado lleva a cabo la intervención económica productiva para impulsar el desarrollo industrial y el de la economía en su conjunto.

Al interior del núcleo se reproduce la misma situación que prevalece para toda la industria paraestatal, como puede verse en el cuadro 29.1. La producción se concentra en bienes intermedios, entre los cuales destaca para 1965, de manera fundamental la producción de gasolina y aceites pesados, que concentra la mitad de la producción de la industria paraestatal y el 60% de la producción del núcleo y la laminación secundaria que representa el 14.7% y el 19% respectivamente. Vemos que en estas dos clases industriales se concentran el 79% de la producción total del núcleo y el 65% del total de la industria paraestatal, por lo que vale decir que constituyen el subnúcleo industrial del núcleo industrial paraestatal.

Para 1975 se observa una modificación sustancial ya que, aunque la gasolina y los aceites pesados siguen siendo el principal renglón productivo, su participación se reduce a un 41.6% del total industrial paraestatal y a un 50% del total del núcleo. En cambio otros productos adquieren mayor importancia como la petroquímica básica que contribuye con un 7.9% del total y un 10% del núcleo, los automóviles, autobuses y camiones con un 6.7% y 8% respectivamente y la laminación secundaria, que a pesar de reducir su participación a un 8.6% y 10% respectivamente, aun sigue siendo la segunda en importancia al interior del núcleo. En total estas cuatro clases industriales concentran el 65% del total de la producción industrial paraestatal y el 78% de la producción del núcleo. Por lo anterior podemos decir que el subnúcleo del núcleo sigue estando representado por el mismo volumen de producción (65% del total y 78% del núcleo) sólo que ahora se ha diversificado dando entrada a dos tipos de productos más.

La importancia del subnúcleo resulta más grande cuando se observa el peso que tienen en la producción nacional las clases industriales que lo componen. Así, la producción de gasolinas y aceites pesados en manos del Estado representa el 100% del total de la producción nacional, lo cual permite afirmar que esta clase industrial es la más importante no sólo a nivel del núcleo sino en el ámbito de toda la industria estatal y de toda la actividad económica del Estado. El resto de los componentes del subnúcleo tienen también una participación importante. Destaca el caso de la petroquímica básica que a pesar de que su contribución a la producción industrial estatal no es tan grande como la anterior, también muestra que el Estado concentra el total de la producción nacional de esos bienes y, con ello, ejerce un control monopólico necesario para alcanzar sus fines de promoción industrial.

Es necesario señalar que desde la perspectiva de la importancia de la participación de la industria paraestatal en la producción nacional, se observa que otras clases industriales expresan un papel muy importante, a pesar de que su peso dentro de la estructura de la producción industrial estatal no es relevante. Tal es el caso del beneficio del café que contribuye apenas con el 1.1% del total del producto paraestatal, pero ese volumen representa el 86.8% del total nacional. En el mismo caso se encuentra el tejido de henequén cuya contribución es del 1.5% y su participación del 87.3%. De igual modo, el equipo ferroviario con un 1.6% y 87.7% respectivamente y los fertilizantes con valores del 3.2% y 57.3% respectivamente. Estos datos expresan el hecho de que la influencia que el Estado ejerce sobre la producción industrial está en función a la magnitud del valor de su producto en términos absolutos y en función al grado de monopolización de la producción, en términos relativos. Pero, aún más, también está en función al tipo de producto en que se ejerce el control, por lo que es significativo que este fenómeno se dé en los bienes intermedios.

Las clases industriales que componen el núcleo, muestran un comportamiento muy dinámico en materia de producción, empleo y productividad, según se desprende de la información del Cuadro 29.2. Sus tasas de crecimiento de la producción durante el período 1965-1975 fueron muy elevadas sobre todo comparadas con el comportamiento que tuvo la industria nacional en su conjunto que creció un 7.3%, e incluso con relación al comportamiento de la misma industria estatal cuya tasa fue del 11.9%. El crecimiento correspondiente a algunas clases del núcleo fue del doble, como la producción de automóviles, autobuses y camiones que creció a una tasa del 22.6% en ese período. En otros casos el crecimiento fue todavía mayor, como el rubro de pescados y mariscos que creció al 35%. Del mismo modo es notorio el avance en materia de empleo y productividad, rubros en los que los componentes del núcleo crecen también muy por encima de la industria nacional cuya tasa de crecimiento del empleo fue del 2.7%, la que muy fácilmente fue rebasada por cualquiera de los componentes del núcleo.

Esta situación muestra la importancia que adquirió este llamado núcleo en la producción industrial nacional en el desarrollo de la industria mexicana y en su ritmo de crecimiento. Pero también su papel en el impulso al crecimiento económico de la economía en su conjunto, lo mismo que a su modernización.

El período 1965-1975 es trascendental para la intervención estatal en la economía. El Estado profundiza y consolida su participación en la actividad productiva y perfecciona su capacidad para influir sobre el proceso de acumulación de capital y sobre el desarrollo nacional. Su presencia se amplió en la producción de todo tipo de bienes industriales, lo cual se expresa en el incremento de su participación en la industria nacional, la que pasa del 12.4% en 1965 a 17.1% en 1975, tal como se observa en el cuadro 29.3., mientras que en la industria no petrolera pasa del 6.6 al 9.4%. En los bienes de consumo final pasa del 2% al 4.5% y en los de consumo duradero de 3.2% a 12.9%, lo que significa el mayor incremento de su participación en algún tipo de industria.

Este incremento de su presencia en la industria nacional se debe a la velocidad con que crece cada una de sus ramas. Como es posible observar en el cuadro 29.4, la tasa de crecimiento de industria paraestatal en conjunto fue de 9.2% en el período 1965-1970 y de 14.5% en 1970-1975, tasas mucho mayores a las que presentó la industria nacional en su conjunto. En un análisis por tipo de bien resalta el hecho de que el crecimiento de la producción de algunos bienes es mucho más alta, como es el caso de los bienes de consumo final que crece a una tasa de 17.6% y 14% en los períodos mencionados y los bienes de consumo duradero que crecen al 32.5% y 19.6% respectivamente. El resto de los bienes, si bien mostraron incrementos menores a estos, de todos modos, crecieron más que el resto de la industria, lo que consolidó la posición estratégica de la industria paraestatal.

La presencia del Estado en la industria tiene un impacto muy importante en el sector y en toda la economía mexicana, debido al tamaño que adquirieron las empresas paraestatales. Como puede verse en el cuadro 29.5 en 1965 la industria estatal estaba formada por establecimientos que ocupaban, en promedio 329 personas, número que se incrementa hasta 584 personas para 1975. Esta situación contrasta con el tamaño de los establecimientos del resto de la industria mexicana que, para el caso de la no petrolera, es de 14 personas para 1975 y de 63 para 1975. Es decir, se trata de establecimientos mucho más pequeños, lo que confirma la presencia monopólica del Estado en cada una de las clases industriales en las que participa y el grado de control sobre la producción que alcanza. Pero también, evidencia el grado de centralización y concentración estatal que se llega a ejercer, por este medio, en todo el sector industrial y en la economía nacional.

Sin embargo, al comparar la participación del Estado con la del capital extranjero y nacional privado, se observa que, medida la participación por el número de empresas, estos últimos superan la participación estatal en casi todas las clases industriales. Según se observa en el cuadro 29.6 son las empresas trasnacionales las que, por su número, muestran un alto grado de monopolización en áreas industriales específicas, mientras que el Estado, sólo muestra una participación relevante en cuatro de ellas: la refinación de petróleo y derivados en la cual participa con el 93% del total de empresas existentes en ese rubro en 1975. También es amplia su participación en tabaco con un 32.9% de las empresas, en metálicas básicas con un 28.6% y en equipo de transporte con un 20.3%. En el resto, su participación es menor al 20% En la mayoría de esos casos por debajo del 10%. Todo esto implica, dada la información referente a su participación en la producción, que las empresas estatales tienen una muy alta productividad, comparadas con las empresas que participan en las mismas ramas industriales, puesto que con pocas empresas participan con una gran parte del producto industrial nacional y monopolizan ramas industriales enteras.

Por lo que hace al financiamiento del sector paraestatal se puede observar que el gasto del Estado en empresas públicas se concentra en aquellas que se ubican en los sectores industriales de mayor participación en la producción, es decir en el llamado núcleo y subnúcleo de la industria paraestatal. De acuerdo con el Cuadro 30 y gráficas 30 y 30.1. las empresas con mayor volumen de inversión en 1955 eran: PEMEX, cuya inversión representa el 42.7% del total invertido por el Estado en ese año en empresas públicas. Le sigue en importancia, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) con un 14.6%, Ferrocarriles Nacionales de México (FNM) con 13%, Ferrocarriles del Pacífico con un 9.3%, Altos Hornos de México con un 2.2% las Juntas de Mejoras Materiales (JMM) con un 2% y el IMSS con un 1.6% del total invertido. Otras que destacan con menores montos son: Banco Nacional de Obras (Banobras), Banco Nacional de Fomento Cooperativo (Banfoco), Compañía de Luz y Fuerza, Guanos y Fertilizantes y Almacenes Nacionales de Depósito S.A. (ANDSA)

Es notorio que la mayor parte de la inversión paraestatal se concentra en unas cuantas empresas y organismos descentralizados. Según se observa en el Cuadro 30.1, tan sólo siete entidades paraestatales concentran el 84.9% del total de la inversión en 1955, constituyendo lo que aquí denomino como el núcleo de la inversión paraestatal constituido por entidades cuya participación en la inversión total excede el 1% del total. Es posible observar, sin embargo, que esa concentración de la inversión, es aún mayor si se consideran sólo las entidades con participación por arriba del 5% del total de la inversión. Así se tiene, según puede verse en el cuadro 30.2, que son 4 entidades paraestatales las que concentran el 79% del total de la inversión paraestatal: PEMEX, CFE, FNM, y Ferrocarril del Pacífico, que constituyen lo que aquí llamo el subnúcleo de la inversión paraestatal.

A lo largo del período analizado, las entidades aquí consideradas van teniendo un comportamiento diferenciado: por un lado algunas ganan en participación, mientras que otras pierden importancia relativa. En el mismo cuadro se observa la disminución de la participación de PEMEX en el total de la inversión a lo largo del período, de manera que en 1970 ya sólo representa el 28% del total de la inversión. Misma situación se presenta en FNM cuya participación se reduce a un 6.2%; las JMM que caen al 1.2% y el Ferrocarril Pacífico que se reduce a un 1.1%. En cambio la CFE incrementa su participación a un 18%, el IMSS a un 3.1%, Altos Hornos a 3.5%, Banobras a 1.3%, Banfoco a 1.5% y Guanos y Fertilizantes a 1.5%. Adicionalmente aparecen nuevas entidades creadas durante los años sesenta, que por su importancia concentran un amplio monto de recursos. Es el caso de la Compañía de Luz y Fuerza (creada en 1961) y que explica el 3.6% de la inversión paraestatal en 1970 y el Sistema de Transporte Colectivo Metro (STC) creado en 1965 y cuya inversión representa en 1970 un monto equivalente al 9.3% de la inversión total. Estos cambios alteran la estructura del núcleo de la inversión paraestatal, principalmente en cuanto a la contribución de las entidades en el monto total de la inversión, aunque prácticamente siguen siendo las mismas. Por lo que esta alteración no significa que el fenómeno de concentración desaparezca, aunque disminuye un poco debido a la mayor diversificación que presenta la inversión.

En 1970 el núcleo lo constituye un número mayor de entidades paraestatales: doce en total, lo que contrasta con la situación de 1955 en que ese núcleo estaba formado por sólo siete entidades. De acuerdo con el ya mencionado cuadro 30.1., en orden de importancia, las empresas que constituyen este núcleo de la inversión son: PEMEX con un 28%, CFE con un 18%, STC con 9%, FNM con 6%, Luz y Fuerza con 3.6%, Altos Hornos con 3.5%, IMSS con 3.1%, Guanos y Fertilizantes con 1.6%, Banfoco 1.5, Banobras 1.3, JMM 1.2 y Ferrocarril del Pacifico con 1.1%. Esto hace un total de 75.2% del total de la inversión paraestatal para 1970, lo que significa una menor, pero aún así, muy alta concentración de la inversión. De igual modo esta concentración se expresa en el mantenimiento del subnúcleo de la inversión que sigue estando constituido por sólo cuatro entidades paraestatales: Tres que ya lo constituían como es el caso de PEMEX, CFE, FNM (aunque con participación distinta a la de 1955) y la inclusión del STC que sustituye a Ferrocarril del Pacífico cuya participación desciende sustancialmente.

Estos datos sobre concentración de la inversión y los anteriores referidos a la concentración de la producción industrial permiten observar una correspondencia entre los más altos niveles de inversión paraestatal y la mayor contribución a la producción. Esto significa que las empresas que más inversión concentran, y que pertenecen al núcleo de la inversión paraestatal, también son parte del núcleo de la industria paraestatal por su alta contribución a la producción. El caso mas claro de esta relación existente es el de PEMEX que en 1965 concentraba el 27% de la inversión total paraestatal y su producción de gasolinas, aceites pesados y petroquímica básica representaba la mitad de la producción industrial del Estado, según puede verse en el cuadro 30.3. Resalta también el caso de Guanos y Fertilizantes, cuya participación en la inversión es del 2.2% y 2.7% en la producción estatal. Se incluye, también, el caso de Altos Hornos de México cuya contribución es del 4.7% en la inversión y del 22% en la producción con dos tipos de productos: hierro de primera fusión y laminación secundaria. Por último está el caso del equipo ferroviario al que corresponde el 1.8% de la producción total y concentra el 14.4% de la inversión en tres empresas FNM, Ferrocarril del Pacífico y STC. Puede advertirse, entonces, que el esfuerzo productivo del Estado estuvo acompañado de un amplio apoyo en inversiones. Apoyo que, si bien en algunos casos no se reflejaba en una amplia contribución al producto industrial total del Estado, si representaba una amplia presencia de las empresas públicas en las áreas productivas en que se desempeñaba. Tal es el caso, como pudo verse, del beneficio del tabaco, producción de azúcar, Pescado y mariscos, Henequén y Fertilizantes. Clases industriales en las que el Estado monopoliza ampliamente la producción aunque por el volumen de la inversión ninguna empresa en estas áreas, salvo Guanos y Fertilizantes, pertenece al núcleo de la inversión paraestatal.

Es notorio, también como la producción estatal se concentra en bienes intermedios que sirven para complementar la expansión de la industria nacional. Esto se observa tanto por las clases industriales en las que se concentra la mayor parte de la producción industrial paraestatal, como por las clases industriales en las que el Estado ejerce un poder monopólico. Pero, así mismo, por las ramas industriales a las que pertenecen las empresas que concentran la mayor parte de la inversión paraestatal. Esta situación permite establecer muy claramente el papel que juega, durante estos años el Estado en la economía. Su preocupación central es profundizar el proceso de sustitución de importaciones y para ello se convierte en el principal agente para dinamizar el desarrollo industrial mediante una estrategia basada en la creación y ampliación de una base productiva que se encarga de abastecer el mercado con bienes intermedios necesarios y a bajo costo.

Por último es importante analizar la forma en que evolucionaron los mecanismos de financiamiento del sector paraestatal. De acuerdo con los datos del cuadro y gráfica 31, es notorio que a principios del período la mayor parte de los recursos para financiar la actividad de este sector son de origen propio en un 51%, mientras que los derivados de transferencias y subsidios del gobierno, es decir, recursos presupuestales, constituyen el 16.9%. En cambio el financiamiento mediante crédito interno y externo es más bien limitado, ya que alcanza una participación de un 32%, dividido en un 12% interno y 20% del exterior.

Sin embargo, conforme avanza la expansión paraestatal, la estructura del financiamiento va cambiando mostrando una menor participación de los recursos propios y los presupuestales y una mayor dependencia del financiamiento, principalmente del externo. Se observa así, en el mismo cuadro, que para 1970 los recursos propios como fuente de financiamiento se ha reducido a un 38.8%, esto es casi un 30% menos que en 1955, en tanto que los recursos presupuestales lo han hecho a un 8.8%, es decir, casi la mitad de su aportación de quince años antes. En cambio, el crédito externo se incrementó a un 30.5%, en tanto que el interno lo hizo a un 21.1%. De este modo, el crédito se constituyó en una fuente de recursos más importante que los recursos propios, explicando el origen de la mitad de los recursos para financiar al sector paraestatal.

Este fenómeno tiene su explicación en la forma en que operan las entidades paraestatales. Forma que es, a la vez, el fundamento de la estrategia de intervención del Estado. Esta estrategia implica apoyar el proceso de acumulación nacional, para lo que se requiere promover la creación de empresas privadas y asegurar que obtengan un adecuado nivel de ganancias, pero también que cuenten con los bienes necesarios para su expansión. Al adoptar el papel de agente de acumulación, el Estado resolvió el problema de la expansión industrial por la vía de ofrecer bienes cuyo precio constituía un subsidio, una transferencia de recursos del Estado a las empresas privadas y por ende se convirtió en un instrumento para propiciar o acelerar la acumulación. Esto fue posible a través de un mecanismo que impedía que los precios de estos bienes crecieran al mismo ritmo que la inflación, lo que, de hecho, significa venderlos por debajo de su valor. Este procedimiento aplicado y repetido a lo largo de estos años, propició un amplio deterioro financiero del sector paraestatal, ya que la limitación de vender los bienes por encima de cierto nivel impedía que los recursos propios se ampliaran al mismo ritmo en que crecía la producción y las necesidades de inversión. Como consecuencia se tuvo que recurrir al endeudamiento, como ya se vió más arriba. Y esto fue así, porque la otra fuente de financiamiento pública que eran los recursos presupuestales mediante transferencias, no podían expandirse al ritmo en que se redujeron los recursos propios, debido a las limitaciones presupuestales a que estuvo sujeto el Estado durante este período. Esto abrió la puerta a un problema financiero que, terminaría por transformarse en una crisis fiscal, no sólo en el sector paraestatal, sino en todo el sector público, lo que constituyó un escenario que ofreció argumentos suficientes para cancelar la vía de desarrollo basado en la intervención del Estado en la economía.


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