BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

GASTO PÚBLICO Y SECTOR PARAESTATAL EN MÉXICO

Hilario Barcelata Chávez




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CAPÍTULO 4 EXPANSIÓN Y CRISIS DEL INTERVENCIONISMO ESTATAL. 1970-1982

4.1. Las contradicciones del crecimiento económico.

Al iniciarse la década de los setentas, México presentaba un panorama económico aparentemente favorable. El país venía de vivir una expansión económica muy importante. La tasa de crecimiento del PIB de 1935 a 1970 fue de alrededor del 6% y desde 1957 se sostenía una tasa media anual de inflación de alrededor del 4%. La base de dicha expansión fue un amplio proceso de desarrollo industrial que permitió llevar a cabo una profunda transformación de una economía agrícola y rural a una predominantemente urbana e industrial.

Sin embargo, el inicio de la década se convierte en la desembocadura de las múltiples y profundas contradicciones que se habían desarrollado y se fueron acumulando en el seno de la economía mexicana a lo largo de casi cuatro décadas de crecimiento económico sostenido. Contradicciones que al evidenciarse en problemas específicos, ampliaron considerablemente el grado de conflictividad social en el país.

4.1.1. El fin del desarrollo estabilizador y el desajuste económico

Los años setentas inician con una crisis económica provocada por una desaceleración del ritmo de crecimiento económico que manifiesta el agotamiento del modelo de desarrollo intervencionista y que se expresa a través de:

a) El deterioro y crisis de la agricultura, sobre todo en la producción de granos y alimentos básicos debido al abandono en que el Estado dejó a la agricultura campesina propiciado por el creciente apoyo a la industria.

b) Un creciente déficit externo que es resultado del hecho de que el patrón de industrialización sustitutivo es altamente dependiente del sector externo en materia de recursos tecnológicos y su expansión depende de la capacidad para importar. Debido al sesgo antiexportador de la economía mexicana y a la incapacidad para profundizar el proceso sustitutivo y llevarlo a un nivel superior, el déficit se profundizó y requirió mas recursos para ser financiado.

c) La falta de profundidad del proceso industrializador y las desigualdades y carencias regionales y sociales propiciaron la aparición de cuellos de botella y la propia imposibilidad de avanzar mas en la creación y ampliación de las empresas que se enfrentaban a mercados que no crecían a la velocidad requerida.

d) Un creciente déficit fiscal debido a la expansión del gasto público sin una consecuente expansión de los ingresos públicos.

e) Un cambio en el eje del patrón de acumulación desde la industria manufacturera hacia las actividades petroleras que, además de incrementar la necesidad de importaciones, instala a la economía mexicana en la órbita de los vaivenes de la economía internacional, ya que ahora el crecimiento nacional depende del petróleo, que a su vez depende de lo que suceda en los mercados internacionales. Esto amplía la vulnerabilidad de la economía mexicana a tal extremo, que se convierte en el factor coyuntural más importante para entender la crisis económica de principios de los ochentas y el fin del modelo intervencionista.

Bajo estas circunstancias la economía mexicana se volvió altamente vulnerable y desarrolló características autodestructivas. Ello se explica por el hecho de que para continuar creciendo se requería la expansión del gasto público y dadas las restricciones en los ingresos, implicaba una ampliación del déficit fiscal. Al mismo tiempo el crecimiento implicaba la expansión del déficit del sector externo. Ambos requerían para ser financiados mediante la adquisición de préstamos con el exterior, por lo que el crecimiento económico pasó a depender de la capacidad de endeudamiento y de la capacidad para pagar fundada en la expansión petrolera. Al derrumbarse la ilusión petrolera provocada por la gran expansión productiva del petróleo y el alza sin precedente de su precio internacional, de fines de los setentas, el endeudamiento hizo crisis y con él la posibilidad de seguir creciendo basado en el mismo modelo de desarrollo. Sobre todo porque la expansión económica de estos años no significó una reestructuración industrial que modificara la oferta global. En cambio reafirmó el antiguo patrón de acumulación y con ello profundizó los problemas propios del modelo de desarrollo sustitutivo. El incremento de la demanda y del gasto público presionó una capacidad instalada casi al pleno empleo y provocó un crecimiento constante de los precios.

En al ámbito social la política de reformas sociales dosificadas propició que, a pesar de la amplitud de las reformas el volumen de no beneficiarios del crecimiento se incrementara de modo alarmante, haciéndose cada vez más amplias las desigualdades económicas y sociales. Esta es la causa primordial que desata la crisis política de principios de los setentas, en virtud de una evidente erosión de la legitimidad del Estado frente a las clases populares.

Por otra parte la política económica del Estado mexicano orientada a generar condiciones adecuadas para la acumulación de capital, principalmente mediante el ofrecimiento de precios y tarifas de bienes y servicios paraestatales por debajo de sus costos, propició una excesiva transferencia de recursos públicos a las empresas privadas para favorecer la acumulación de capital. Esto generó un desgaste financiero que deterioró la capacidad de autofinanciamiento de sus empresas y organismos paraestatales, obligándolos a endeudarse cada vez más. Pero también, deterioró la capacidad de expansión productiva del propio Estado en la medida que vulneró todo el esquema de finanzas públicas, lo que a su vez, disminuyó la capacidad para subsidiar la economía y frenó la expansión de sectores estratégicos del país.

Asimismo, la política de impuestos, orientada a mantener reducidos los costos de las empresas privadas y la falta de una reforma fiscal que reforzara y ampliara las fuentes de ingresos públicos, obligó a mantener los niveles de recaudación al mismo nivel durante toda la década de los sesentas . En tal sentido se redujo la capacidad del Estado para dinamizar la economía y atender los rezagos sociales y lo obligó a ampliar los márgenes de endeudamiento para responder a esas necesidades. Así, se llegó a una situación paradójica, pues mientras la economía crecía, el Estado intervensionista, que era el factor primordial del desarrollo, se debilitaba.

De igual modo, se generaron grandes cuellos de botella debidos a la política industrial que generó un desigual desarrollo industrial, en tanto que la insuficiente creación de infraestructura para la producción, concentrada excesivamente en los grandes centros urbanos, dificultó la expansión de sectores estratégicos que sostenían el desarrollo, como la agricultura. Además de que dicha política favoreció la monopolización de la economía en general y de la industria en particular por parte de las grandes empresas transnacionales .

De la misma manera, el amplio proteccionismo que sirvió de fuerte apoyo para el desarrollo industrial alcanzó niveles excesivos y generó ineficiencia, falta de competitividad y elevados precios entre las empresas nacionales y transnacionales y dio lugar a un creciente sesgo antiexportador de la economía mexicana . Esa misma política industrial, propició un fuerte rezago productivo de actividades económicas primordiales como la agricultura debido a la falta de apoyo y fomento que resultó de una concentración del apoyo estatal a la industrialización .

Otro factor de vital importancia para entender el comportamiento de la economía mexicana en este período es la crisis económica que estalló en el ámbito internacional que propició la reducción de las tasas de crecimiento del PIB de los principales países desarrollados e incrementó su tasa de inflación de modo sumamente severo y, por supuesto, el brutal incremento que sufrieron las tasas de interés internacionales.

Todas estas contradicciones se expresan, en los primeros tres años de la década de los setentas, en un conjunto de problemas económicos tales como la reducción del ritmo de crecimiento del PIB, cuya tasa de expansión cae del 6.9% de 1970 a un 3.8% en 1971 según se ve en el cuadro y gráfica 32. También la inflación sufre un fuerte incremento al pasar del 7% en 1970 hasta un 27% en 1976. Valores que contrastan con la estabilidad de precios de la década anterior que presentó tasas por debajo del 2% para todos los años. Asimismo, se incrementa la deuda externa, el déficit del sector externo, la escasez de alimentos, el acaparamiento y especulación. Problemas que agravan el conflicto social porque promueven un mayor enfrentamiento entre clases y grupos sociales y entre estos y el Estado.

El período del desarrollo estabilizador había provocado, pues, no sólo una erosión muy grave de la legitimidad política del Estado, sino, también, una diversidad de problemas estructurales que acechaban detrás de la cortina de la estabilidad de precios y del tipo de cambio


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