BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

ESTUDIOS CUBANOS SOBRE VICTIMOLOGÍA (COMPILACIÓN)

Dager Aguilar Avilés




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1.- VIOLENCIA INTRAFAMILIAR. ENFOQUE VICTIMOLOGICO

El fenómeno de la violencia que se ejerce dentro del hogar, contra los miembros de la familia y particularmente contra las mujeres ha estado presente desde hace ya mucho tiempo. Sin embargo, el reconocimiento social de su presencia ha sido históricamente silenciado y oscurecido por mitos acerca de las relaciones familiares, bajo las cuales éstas se conciben como armoniosas y sustentadas en el afecto y la solidaridad ("hogar, dulce hogar"). Asimismo, el ámbito familiar se ha considerado como una cuestión estrictamente privada, que debe ser protegida de toda injerencia externa. Al amparo de estos mitos, quienes ejercen actos de violencia intrafamiliar, en grados que incluso pone en riesgo la vida de las víctimas o las conducen a la muerte, se han mantenido prácticamente en la impunidad.

Diversas asociaciones organizadas para la defensa tanto de los niños como de las mujeres víctimas del maltrato familiar, mostraron a la sociedad la importancia del problema y propiciaron las primeras respuestas. Por su parte y estimuladas por la acción de dichas organizaciones, las investigaciones académicas-sociológicas, psicológicas y de trabajo social han puesto énfasis en las razones que sustentan la urgente necesidad de considerar la violencia intrafamiliar como un fenómeno social.

Por un lado está un argumento de orden cuantitativo, basado en su extendida presencia. Por otro están las consecuencias del maltrato, las cuales no se reducen al aspecto físico, sino que abarcan aspectos morales, psicológicos y sociales.

La violencia intrafamiliar es un problema que debilita los valores de la convivencia, propicia la desunión, la falta de respeto entre la pareja y los hijos y una baja autoestima. Además repercute en otros ámbitos de la sociedad como la escuela y el trabajo y se manifiesta en el bajo rendimiento o abandono escolar, constituye un obstáculo para el desarrollo de un país, pues impide el disfrute pleno de los derechos humanos.

En el informe de marzo de 1985 del Comité de Prevención del Delito y Tratamiento al delincuente, se recomendó que si bien las mujeres delincuentes siguen constituyendo una minoría, no debería subestimarse el problema de la victimización de las mujeres, dado que la cifra "oculta" de incidentes no registrados es más elevado en su caso que en el de los hombres. Se dijo que esto refleja la condición jurídica y social de la mujer en general.

"Debido a la subestimación que ahoga el potencial femenino y a la falta de creencia en su propia capacidad, se engendra un proceso discriminatorio y marginalizador de la sociedad hacia la mujer. La minimización y descalificación social engendra un mecanismo victimizador que va desde las relaciones asimétricas que se viven en el hogar cotidianamente que constituyen delitos". (Robert, Chapman Dane 1976, p 207).

El estudio de la víctima es indispensable para comprender la dinámica de la reacción social ya que no puede aplicarse justicia si desconocemos una parte que interacciona en el drama penal.

La Victimilogía es la Ciencia encargada del estudio y protección de las víctimas, cuyo precursor fue el profesor de origen israelí Beniamin Mendelshon debido a su estudio sistematizado de las víctimas en el año 1937.

Luis Rodríguez Manzanera en su obra Victimología, señala que el objeto de estudio de la Victimología no puede limitarse a la víctima en sí, pues parece lógico, atacar el objeto desde tres niveles de interpretación:

• Nivel individual; la víctima

• Nivel conductual; la victimización

• Nivel general; victimidad.

Es decir, el objeto de estudio no se circunscribe a la víctima, su personalidad y características; debe estudiarse también su conducta aislada y en relación con la conducta criminal, así como el fenómeno victimal en general, en su conjunto, como suma de víctimas y victimizaciones, con características independientes de las individualizadas que la conforman.

La comunidad reacciona de diversas maneras ante las conductas antisociales similares y esto de acuerdo con las características de la víctima.

Así frente a la violencia sexual se reacciona diferente si la víctima es niña, si es "honesta" o prostituta, si hay parentesco, si el agresor la conocía o si fue elegida por azar.

Los miembros de la sociedad tengan o no relación personal previa con el delincuente, son víctimas potenciales; sin embargo, existen personas o grupos que debido a una posición de debilidad frente al agresor social, tienen menos defensas, siendo las más vulnerables a la victimización.

Las pautas que observamos en el contexto social, por otro lado, producen consecuencias que a su vez provocan sufrimiento en detrimento de la mujer o grupos femeninos, debido a factores económicos, políticos, sociales, etc. la mujer sufre injusticias que la conducen en ocasiones a la cadena victimización criminalidad.

• ANTECEDENTES

Desde tiempos inmemoriables la mujer ha sido objeto de discriminación, maltrato y victimización. Ninguna cultura ha podido escapar de tales prácticas.

Toda una gama de rituales, costumbre, símbolos, palabras nos demuestran a qué grado está victimización forma parte de los distintos pueblos.(1)

(1) Por ejemplo en Roma las doncellas acudían al templo de Príapo y se simulaba la ceremonia de la defloración.

"Sin embargo se ve cierta ambivalencia respecto a la figura femenina ya que a pesar de ser victimizada, a su vez se ve venerada y protegida. Esto se debe a que se concibe a la mujer, por un lado, como que la figura de la madre eterna, toda dulzura digna de respeto y amparo y por otro, es un ser débil que merece desprecio y victimización". (Leter de Matheus, M.G. 1977, p 110)

Varios autores sostienen que, primero, el hombre fue ferozmente victimizado por la mujer. Pero también se tiene noticias, desde tiempos inmemoriales, de la mujer raptada, violada, golpeada y prostituida.

Gaves Robert en su obra los mitos griegos expresó:

"En este sistema religioso arcaico no había aún dioses ni sacerdotes, sino únicamente una diosa universal y sus sacerdotisas, siendo la mujer el sexo dominante y el hombre su víctima atemorizada". (Graves, R. 1989. P 38)

"En la antigüedad a la mujer se le victimizaba por diversas razones, desde las insignificantes y superfluas como tocar las ropas del marido, hasta otras más delicadas como aplastar el testículo de su señor, falta que se castigaba con cortarle un dedo. Si resultaba otro testículo afectado por una infección que la mujer le transmitiere, se le sacaba a ella los dos ojos". (Pritchard, B 1955, p 180)

La realidad es que en mucho tiempo la mujer ha tenido un estatus inferior.

Otro ejemplo de victimización de la mujer, es el caso de la deformación de los pies entre las mujeres chinas, deformación ósea considerada como un componente de belleza.

Se creía que al vendar los pies se producía una postura en la pelvis que creaba pliegues en la vagina; ésta aumenta la necesidad sexual femenina y el placer de la pareja. Dicha costumbre ha sido practicada durante diez siglos. Las mujeres con esta atrofia en los pies son lentas y torpes, por lo que pueden ser fácilmente victimizadas.

Se encuentra también entre antecedentes de victimización, el jus primae noctis que consistía en el derecho de disfrutar a la novia la primera noche.

Entre los esquimales este derecho, le es concedido al gran pontífice, en Brasil al cacique o jefe de la tribu. En la Edad Media y en la colonia en México se le concedía al señor feudal hacendado.

Cuando nacía una niña en el pueblo náhuatl se le decía "no sabemos si por ventura traes algunos merecimientos o alguna mala fortuna que incline a suciedades y vicios. No sabemos si serás ladrona…" probablemente refiriéndose al determinismo astrológico. (Jiménez Olivares, E. 1983 p 37)

La mujer en la sociedad virreinal era tratada como menor de edad, sin grandes posibilidades de elegir su propio destino, el que, a fin de cuentas se reducía a sólo dos opciones: el matrimonio -no necesariamente por su propia elección o con el hombre que ella quisiera- y el convento también muchas veces, sin que interviniera su voluntad.

La mujer victimizada en rituales religiosos, tal es caso de la circuncisión femenina o clitorictomía.

En la tribu de Somalí se aplicaba, para asegurar la virginidad hasta el matrimonio, la clirectomía a las jóvenes que serían desposadas. Se les hacía una incisión acompañada por un cocimiento de genitales, que impedía la penetración. Se trataba en realidad de una castración, ya que también se le extirpaba el clítoris.

En las relaciones de género o sea en la construcción social de la identidad, del hombre y de la mujer podemos encontrar un marco referencial integrador del problema.

Existen muchas explicaciones que han tratado de esclarece el problema de cuáles son los factores que han influido para que la mujer acepte y adopte actitudes, mitos y costumbres que la dominan culturalmente; es decir, lo que algunos autores llaman la predisposición victimal.

Uno de los factores que se mencionan es la influencia en torno a la moralidad judeo-cristiana. Otro, la condición humana que tiene la mujer en la cultura occidental, precondición para ser la victimizada, y por último lo conforman los medios masivos de comunicación como son las películas, revistas, fotonovelas, discos, etc. que victimizan a la mujer y la hacen incluso dudar de sí misma y de su propia capacidad, al proyectar estereotipos femeninos denigrantes.

Un papel importante en este aspecto lo ha constituido la televisión en cuyos guiones la mujer juega un papel pasivo y el varón uno activo, se enseña a ambos un papel social que posteriormente será determinado en su forma de actuar. La mujer siempre aparece como víctima y el varón como el héroe, el victimizador, el fuerte…

Algunos grupos feministas han denunciado la influencia que en el aspecto victimizador femenino ha influido los libros de textos, ya en proceso de revisión.

Por otro lado, debemos referirnos a las instituciones educativas también como responsables de la transmisión de estereotipos que sensibilizan a los escolares en la victimización negativa; la población interescolar se encuentra identificada con los roles tradicionales los que son día a día reforzados por algunos educadores, esto comprueba las palabras de Barata quien afirma: "en la sociedad existen diversas instituciones, no sólo el sistema penal, que utilizan mecanismos discriminadores. La escuela constituye a menudo el primer paso a una carrera de desviación, ya que se realiza con ello el proceso selectivo por parte de los educadores con prejuicios y estereotipos negativos que condicionan la aplicación desigual de los criterios educativos" (Baratta, 1980. P 198).

El problema ha tenido una importancia tal que ha merecido la atención de organismos internacionales como el de las Naciones Unidas, organizando conferencias como la del Año Internacional de la Mujer 1975, en las que se plantearon problemas de capital importancia, como la integración de la mujer en el proceso de desarrollo en pie de igualdad con el hombre.

La preocupación internacional por este fenómeno refleja las implicaciones sociales y políticas del problema, convirtiéndolo en un asunto de interés público, independientemente que este tipo de conductas se presentan en el ámbito privado de los individuos.

La violencia ejercida contra las mujeres dentro de la familia se refiere a todo aquel "acto de violencia basado en el género que tiene como resultado un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la privada". (Informe de la IV Conferencia Mundial de la Mujer. Oct. 1995).

En particular sobre el ámbito de la familia, la Convención Internacional para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer: Convención de Belem Do Pará" plantea que "Violencia contra la mujer, incluye la violencia física, sexual y psicológica que tenga lugar dentro de la familia o unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal, ya sea que el agresor comparta o haya compartido el mismo domicilio que la mujer y que comprende, entre otros, violación, maltrato y abuso sexual". (Convención de Belem Do Pará art. 1 y 2).

El decenio de las Naciones Unidas para la mujer (1975/1985) contribuyó poderosamente a sacar a la luz el problema de la violencia contra la mujer.

Por otra parte en las conferencias internacionales de Río de Janeiro sobre Medio Ambiente, la de Viena sobre Derechos Humanos, la del Cairo sobre Población y Desarrollo, la de Copenhague sobre Desarrollo Social y, particularmente en la Conferencia Mundial de la Mujer, celebrada en Beijing, los gobiernos reconocieron unánimemente que la igualdad y el potenciamiento de las mujeres son un requisito fundamental para el desarrollo humano sostenible.

Se considera que la violencia contra la mujer constituye un obstáculo para el logro de objetivos del desarrollo en muchos ámbitos. En primer lugar entorpece el desarrollo humano de las mujeres mismas. Las mujeres experimentan la violencia como una forma de control que limita su capacidad de optar en determinada dirección en casi todas las esferas, la escolar, la del hogar, el centro de trabajo y la mayoría de los espacios públicos.

En los esfuerzos por identificar los obstáculos que impiden a las mujeres participar de una manera plena y equitativa en el desarrollo de la sociedad, se han identificado algunas cuestiones que antes no se concebían como problemas de desarrollo. Una de estas cuestiones es la violencia intrafamiliar particularmente la que se ejerce contra las mujeres. Anteriormente, este tipo de violencia se consideraba -si es que lo notaban frecuentemente es invisible- como un asunto de naturaleza privada, un asunto cultural y familiar, en el mejor de los casos, como un asunto del que debían ocuparse quienes diseñaban políticas de asistencia social.

Es importante que la violencia al interior de la familia sea visible, se deben analizar sus causas y manifestaciones y plantear cómo remediarla. La violencia intrafamiliar y particularmente la violencia contra la mujer no es un fenómeno que afecte tan solo a las familias pobres o a las mujeres del tercer mundo, afecta a las mujeres y sus familias a nivel mundial de todos los grupos raciales y económicos. Sin embargo, es un problema raramente documentado.

Pocos son los países industrializados que han llevado a cabo estudios empíricos que podrían proporcionarnos un cuerpo amplio de la información a través del cual se descubrirían las verdaderas dimensiones del problema.

En el mundo en desarrollo, las estadísticas son aún más escasas, sin embargo, no se debe menospreciar la gravedad del problema, ya que aún apoyándose en la poca información existente se puede constatar el grado de extensión que alcanza la violencia en el seno de la familia.

La nueva visión del desarrollo económico internacional que está plasmada en los informes de Desarrollo Humano del PNUD, dedica su publicación en 1995 a analizar la situación de la mujer en el desarrollo y pone de manifiesto el hecho de que hay aún indicadores que muestran la inequidad relacionado a los servicios de nutrición y salud, el acceso al conocimiento y las condiciones adecuadas de trabajo y la seguridad, por lo que podemos decir que esta exclusión también es una forma de violencia.

El problema de la mujer golpeada no es solo de determinados países, sino mundial, como se concluyó en el último Congreso de Naciones Unidas para la Prevención del Delito y el Tratamiento al Delincuente, ya que tiene raíces de siglos, acompañando y matizando los vínculos entre hombre y mujer.

Se tienen dos grandes limitaciones para enfrentar a este tópico: la primera histórica y la segunda metodológica.

Histórica producto de tabúes y silencios que impidieron el desarrollo de la investigaciones retrospectivas, existiendo solo literatura histórica que demostraba claramente la nula intención de plantear acertadamente el problema y metodológicamente por lo delicado que resulta recabar datos empíricos sin interferir en el ámbito familiar.

En la llamada disciplina doméstica se encuentran los indicios tácticos de aceptar que el varón golpeara a su mujer, ya que se le otorgaba la propiedad de su mujer e hijos incluso para disponer de su vida o libertad.

Este derecho transmitido en todas las culturas llevó a absurdos tales como autorizar legalmente los días y circunstancias en que podía el varón maltratar a su dama.

Estos primeros mecanismos de control informal, aceptados por la comunidad se van concibiendo como necesarios y útiles.

El propio Estado cuando comenzó a legislar sólo tomaba las causas femeninas para proteger a la dama como lo haría un padre. Este paternalismo y dependencia situaban a la mujer como un pequeño niño sujeto a corrección a través de aflicciones físicas.

El lugar estructural que se le dio a la mujer en la familia a nivel microfísico, fue generando regímenes socioeconómicos y políticos con similares relaciones de poder macrofísicos.

Se legitimaron socialmente las relaciones de dominación-subdominación entre los sexos generadora de una educación diferenciada que posibilitó la reproducción de la violencia a través de incorporar la ideología machista al mundo de la representación individual.

La comunidad aceptó como cotidiano el golpear a la mujer y se conformaron estados con pautas de dominación patriarcalistas, sobreviviendo y expandiéndose por generaciones.

Pero las víctimas, cuyos sollozos poco a poco se fueron escuchando, se ramificaron por todo el mundo hasta lograr por lo menos que en esta última mitad del siglo XX retirar la clandestinidad con la que se tocaba el tema y hacer con todas las voces de las víctimas una denuncia mundial.

Entre la violencia estructural y la violencia de comportamiento existe diferencia, la que es necesario comprender para entender el porqué hay un límite culturalmente aceptado de violencia física en una sociedad.

El concepto de violencia estructural opera tanto en estructuras organizadas e institucionalizadas (en la familia), como en los sistemas económicos, culturales y científicos, presionando a determinados individuos a los cuales se les niega ventaja en la sociedad.

"En la metrópoli moderna, los ciudadanos se ven afectado por cambios sociales producto de la complejidad de las interrelaciones humanas. Los grupos de control social se multiplican desproporcionalmente hay mayor competitividad lo que aumenta el número de resagos laborales, los sueldos bajos obligan al ciudadano a desempeñar tres o cuatro trabajos para poder vivir a un nivel económico medio. Esto trae consecuencias en la estabilidad emocional de los ciudadanos, ya que someten a sus organismos a un ritmo fuera de lo normal y a una tensión continua: se vuelven impacientes y agresivos". (Lima, M. De la L. 1991 p 299).

La violencia se instala poco a poco dentro de las relaciones sociales y se esparce sutilmente hasta invadir el comportamiento. Se genera un sentimiento de inseguridad, hilo conductor que usamos para seguir las idas y venidas de la violencia.

Los medios de comunicación son la principal fuente de información sobre la violencia, pues hay una correlación entre noticias violentas e inseguridad.

"La gran ciudad provoca una presión que genera violencia. El riesgo de ser víctima engendra miedo. El espectáculo de la violencia suscita intranquilidad. Las tensiones de la vida colectiva provocan la exasperación y angustia". (Comité de Estudio sobre la violencia, Francia 1977, p 33).

"Se ha comprobado que los varones golpean más a sus parejas en momentos de crisis económica nacionalmente, es decir, entre más escaso son los recursos de una familia, mayor es la violencia que se generará en su seno". (Lima Malvido, M. De la L. 1991, p 300

Los períodos de desempleo son probablemente épocas en que las mujeres reciben más golpes, ya que la pobreza propicia un estado de tensión.

Son todas estas circunstancias las que determinan el tipo de práctica de socialización que conducen al individuo a aceptar o propiciar sufrimientos de acuerdo con el papel que le corresponda.

Así se conforma ese límite culturalmente aceptado de violencia física en la sociedad.

"Los golpes que reciben las esposas son casos de violencia de comportamiento; pero las pautas de organización socioeconómica y política que hacen que las mujeres sean víctimas de sus maridos, son ejemplo de violencia estructural". (Boulding, E. 1981 p 206)

Existe una especie de tabú respecto al tema de la mujer golpeada, hay una confusión en el término, ya que la expresión mujer maltratado o golpeada no es especifica si en ella se incluyen casos de agresiones psicológicas que puedan, en ocasiones, producir trastornos o crisis nerviosa graves.

Walker Leonore opina que los dos tipos de agresiones deben considerarse dentro de la definición de mujeres maltratadas. (Walker, L. 1978, p 144)

María de la Luz Lima, notable criminóloga mexicana, estima que hay un promedio de 25% de las mujeres maltratadas que reciben agresiones físicas. La imagen que hasta ahora se tenía de que la mujer es una pobre víctima golpeada, dista de ser verdades. En general, se está estudiando la relación patológica entre el hombre y la mujer, en la que ambos caen por un fenómeno llamado simbiosis: "viven requiriéndose y hasta cierto grado amándose, a pesar de victimizarse mutuamente". (Lima, M de La L, 1991 p 515)

"La simbiosis se da entre dos personas, cuando las mismas se comportan como si fueran una sola persona completa. Es una relación de dependencia, determinada porque ambos que la integran no consideran la opción de ser personas completas en sí mismas". (Kertesz. R. E Indonig. 1997 p 63)

Entre las parejas en que la mujer es golpeada se da un círculo vicioso en torno de la idea de quién tiene la razón y quién es culpable.

Con las experiencias familiares a temprana edad el varón aprende a disminuir y a denigrar a la figura femenina y a mantener un nivel personal de autoestima relativamente alto, asimilando un papel sexual estereotipado generador de violencia física.

Ambos sexos poseen agresividad, pero aprenden a demostrarla culturalmente de acuerdo con diversos niveles. La mujer, a través de hostilidades y ataques sutiles y el varón, por medio directo, con ataques físicos.

Las costumbres no permiten que la mujer demuestre directa ni abiertamente su violencia y esto le produce ansiedad y conflicto en cambio la aceptación social y cultural de la agresividad del varón hacia la mujer es un hecho común y natural, inclusive hay legislaciones que lo permiten. En Pensilvania, por ejemplo, señala Martín, en una ciudad antigua se prohibía al esposo golpear a su mujer después de las diez de la noche o los domingos.

Hay escritos donde se encuentran tradiciones folklóricas sobre el tamaño del látigo que el hombre debía usar para castigar a su mujer y qué grado de lesión parece razonable causar.

El hijo de un hombre golpeador que exagera en el castigo físico con los hijos y esposa transmite un mandato parental negativo, las bases para conformar un nuevo golpeador, esto demuestra que el papel social existe y el comportamiento agresivo no son asuntos separados, sino dos caras de la misma moneda.

El índice de golpeadores, pese a la victimización femenina es casi un fenómeno mundial, disminuye notablemente en ciertas culturas. Así por ejemplo, tenemos el caso de los judíos en quienes existe una tendencia más notable a expresar las agresiones y el comportamiento en forma verbal; entre ellos hay pocos divorcios y poca violencia física, según lo planteado por Frank Stanley. (Stanley, F, 1975 p 109).

En público el victimizador se muestra pacífico, debido a que el hombre más violento, en ciertos lugares, se comporta tranquilo. Es común que la imagen del golpeador sea contrastante fuera del hogar. El hombre golpeador se vuelve terriblemente absorbente, quizás por el temor de perder a su mujer no le permite tener amigas, hacer visitas, tomar clases y hasta trabajar y restringe toda salida del hogar. El golpeador necesita psicológicamente toda la atención en él por parte de su pareja, así logra que ella se vuelva dependiente en todo, en lo social, en lo afectivo, en lo económico, etc.

Si en esta circunstancia la mujer decide dejar el hogar se siente temerosa, desolada, acosada y derrotada, sin ningún sentimiento de autoestima.

En los 62 casos estudiados por Roure y Ollier, (Roure - Ollier, 1979 p 218) de mujeres golpeadas en Niza en 1978/1979, con respecto al agresor se extrajeron los siguientes datos:

Su edad se calcula en cinco años más que la víctima; se trata 47 veces del esposo o ex esposo; nueve veces del concubino, cinco veces del amante y una vez del novio, fue agresor único en 59 casos y en 3 con la ayuda de un pariente, se empleó un solo medio en 32 ocasiones y en 30 con medios asociados; el arma empleada preferentemente son los puños (55 veces), los pies en 15 ocasiones, solamente en dos ocasiones se asoció la golpiza al acto sexual; las lesiones las produjo principalmente en la cara, 44 casos, en los miembros superiores 55 casos y en los glúteos en 30 casos.

Según el estudio de Pagelow, efectuado en California sobre una muestra de 50 mujeres golpeadas, conformado por casos de violencia casera, matrimonio forzado, relaciones incestuosas y concubinato múltiple, encontró que en los casos en que la mujer pedía ayuda era doblemente victimizada y el esposo o compañero golpeador generalmente había sido golpeado por su padre o madre o ambos y como resultado él golpeaba a su esposa y niños.

Las víctimas de malos tratos señala María de la Luz Lima, es por lo general una mujer con baja autoestima, inmadura, insegura de sí misma que busca en la pareja una autoridad a veces semipaterna. Se trata de personas con una actitud infantil y tolerante, que rápidamente perdona e inician un nuevo juego en relación. Son torpes para enfrentar sus problemas y fricciones personales cargando en forma táctica o expresa con las culpas de cualquier discusión conyugal: se comportan como víctimas "natas", poniéndose en el blanco del agresor para después vivir explotando su papel de víctima. Al verse golpeadas y avergonzadas, justifican virtualmente a su pareja incriminándose fallas que por lo general son ficticias o exageradas.

La victimización de la mujer basada en el sexo, como se afirmó en el VII Congreso de la ONU (Milán 1985), constituye un problema sin fronteras. Las hay víctimas desde analfabetas hasta doctoras en Sociología y otras especialidades, de países tercermundistas hasta mujeres de potencias civilizadas como Alemania, país que arroja una de las cifras más alarmantes.

Coincido con la criminóloga mexicana María de la Luz Lima en que las mujeres que permiten agresiones físicas sobre sus personas, poseen por regla una noción muy baja de autoestima, son mujeres que aceptan desde el inicio de sus relaciones una posición desigual e inferior a la de su pareja. (Lima, M. De la L, 1991 p 304)

Las agresiones que reciben las mujeres de acuerdo al resultado de investigaciones realizadas en México por María de la Luz Lima, ocurren por lo general los fines de semanas, o en discusiones a altas horas de la noche, por lo que se ven desprotegidas, ya que las agencias de policías están cerradas. Y si salen a pedir ayuda puede ser agredidas fuera de su hogar, así que regresan y no saben qué hacer.

Según estudios efectuados por Walker, (Wlaker L. 1978 p 143-144) la dinámica victimizadora en el síndrome de la mujer golpeada pasa por varias etapas que conforma un verdadero círculo en el comportamiento del agresor mismo que se encuentra distribuido en períodos más o menos precisos. Son tres etapas las que podemos distinguir: la primera, que es construcción de la tensión, explosión del incidente agresivo la segunda y un período amoroso de calma la tercera.

Primera etapa: se puede instrumentar a la víctima por medio de técnicas con las cuales la mujer prevee que sobrevenga el incidente agresivo.

En esta etapa es común estimular a la mujer, por el simple hecho de que ella cree que el hombre es más fuerte y que el abuso de éste son en cierta medida ilegítimos. Ella debería prevenir que los enojos del agresor escalarán, ya sea quejándose ante las autoridades, dejándolo, etc. y si respondiera con éxito no sobrevendría el incidente, pero resulta que frecuentemente la mujer acepta la agresión futura ya sea física o psicológica y la justifica.

La mujer suele negar los acontecimientos que está viviendo e incluso el terror de la inevitable segunda etapa. Rechaza todo tipo de ayuda, ya que piensa que puede controlar la situación y evitar la agresión que espera.

La actitud pasiva y de aceptación que la mujer presenta, sirve de reforzamiento al agresor sobre el "derecho a disciplinar a su mujer", el sabe que su conducta se torna más agresiva y brutal frente a ella, por temor a que pueda llegar a abandonarlo, busca a toda costa mantenerla cautiva.

El varón empieza a hacerse más posesivo y se vuelven más frecuentes las humillaciones psicológicas. Las peleas se tornan más constantes y prolongadas. La mujer se vuelve incapaz de restaurar el equilibrio y se siente indefensa frente a la agresión; es psicológicamente torturada, manipulada y oprimida. El hombre espera una respuesta de enojo y al no haberla siente que la mujer le ha dado su consentimiento para agredirla.

Segunda etapa: En esta etapa el agresor adopta un comportamiento que queda fuera de control. La conducta agresiva es imprevisible; por motivos injustificados, frecuentemente después de la agresión, el hombre no reconoce lo sucedido. La ira del agresor es tal que ciega su comportamiento. Frecuentemente el varón comienza tratando de dar una lección a su mujer no queriéndola agredir particularmente. Detiene su contienda física cuando piensa que ella ya ha aprendido su lección. Para ese momento la mujer ya recibió algún abuso físico. El móvil dentro de la segunda etapa es rara vez una conducta de la mujer. Cuando está muy cercana la explosión, la víctima ya no puede controlar su ansiedad y terror y sabe que después sobreviene una etapa de calma y amor, así que prefiere que pase lo más rápidamente posible, llegando incluso a provocarloLa segunda etapa es muy breve, pero es la más agresiva; casi siempre el golpeador no puede dejar de agredir a su víctima aún cuando vea que ella ya está severamente herida. La segunda etapa suele durar de 2 a 24 horas.

Tercera etapa: Esta se caracteriza porque el agresor se da cuenta que ha llegado muy lejos y trata de enmendar su falta. Es una etapa de absoluta calma. Le obsequia regalos, le hace promesas de que no volverá a suceder. Su conducta es como la de un niño pequeño que llora después de su travesura. En esta etapa es cuando el varón entabla sus relaciones amorosas y la mujer vive un sueño fantástico sobre el esposo increíble. Idealiza la relación y esto la refuerza y mantiene. Su compañero es todo lo que ella ha deseado en un hombre. Ha dejado de ser agresor y se ha vuelto dependiente y extraordinario amante. El lugar que la mujer ocupa en esta etapa es el que ella siempre ha deseado y esto lo hace convertirse en cómplice de su propia agresión.

Estas mujeres están plenamente convencidas de que ya no quieren ser víctimas de esas agresiones, más aún, se hace una simbiosis tal que las mujeres golpeadas se niegan a abandonar al varón para que no se sienta solo, decepcionado, hasta que él encuentre otra mujer.

Sucede que esta armonía dura poco y nuevamente el ciclo vuelve a repetirse con la diferencia de que en la medida en que se agrede aumenta la intensidad de la agresión y cada vez se realiza con más frecuencia y en un tiempo menor.

Una de las repercusiones básicas por la presencia de un padre golpeador de la madre, es que los hijos asimilan los prototipos del hogar, es decir, el niño golpeará y la niña soportará y esto es inevitable aún cuando los hijos perciban que ambos papeles son denigrantes. Las agresiones que muestran los niños están directamente relacionadas con los castigos físicos empleados por sus padres.

Las niñas observan a su madre golpeada, incapaz de defenderse y al no entender esta reacción, la asocian con la imagen de una niña pequeña que mereció una golpiza. La hija infravalora a la madre, la siente inmadura e insegura y se separa emocionalmente de ella. La madre pierde autoridad y respeto en el hogar.

"El hogar expone la forma individual, las técnicas y el adiestramiento para usar la violencia: el esposo le pega a la esposa, la esposa al hijo y el hijo al perro". (Martín, L, 1978 p 127)

Un dato alarmante es que el Buró Federal de Investigaciones de los Estados Unidos estima que aproximadamente el 50% de las mujeres muertas, el homicidio ha sido perpetrado por un varón con el que ella había entablado relaciones.

• Tratamiento de la violencia doméstica.

La mayor parte de los enfoques de tratamiento para familias con problemas de violencia tienen que ver con intervenciones que vienen respaldadas por las grandes teorías sobre la conducta humana. Y desarrollan intervenciones dirigidas a la educación de los esposos y de los padres. Se utilizan mucho las técnicas de cambio cognitivo y cambio de los estímulos asociados a la violencia. También se usan mucho la educación de los patrones de relación entre el hombre y la mujer y la toma de conciencia de estos patrones. Las técnicas de enfrentamiento para padres, manejo de la disciplina, manejo del enojo y la rabia, manejo del estrés, autocontrol cognitivo, solución de conflictos y educación para hacer más realista las expectativas frente a la crianza de los hijos y las relaciones de pareja y manejar mejor a los hijos. En el tratamiento también se pone énfasis en reconocer los patrones familiares de violencia, los cuales se transmiten de una generación a otra.

El despertar de una nueva percepción ante la violencia doméstica ha sido la creciente preocupación de la comunidad internacional.

Ni en el ámbito del derecho penal, ni en el derecho familiar, se ve el fenómeno como el síndrome que es, como un conjunto variable y complejo de síntomas que deben ser considerados partes de un todo. Tampoco se prevé la habitualidad, es decir, no se descubre como una de las formas de esa violencia, que aunque puede no dejar huellas perceptibles a simple vista, siempre es profundamente destructor.

La violencia que se da en las familias es un fenómeno que está directamente relacionado con el ejercicio del poder, para conservar un estatus de jerarquía y privilegios por parte del agresor hacia sus agredidos. Presenta características que le son propias: marca frecuentemente y en forma negativa las relaciones entre hombre y mujer, sean esposos o convivientes, padres e hijos o hermanos.

Algunas de las soluciones que sobre este problema específico de victimización se han estructurado son las siguientes:

• Brindar a las mujeres golpeadas tratamiento adecuado. Existen albergues para mujeres golpeadas en diferentes países del área. En México dan servicio las 24 horas del día, tienen enfermeras de guardia y brindan la posibilidad de que las mujeres se alberguen con sus hijos, en tanto se resuelva ese problema en un límite entre uno o dos meses.

• En Argentina se cuenta con centros para la protección de las víctimas de violencia intrafamiliar como el de Córdoba que contó con la dirección exitosa de la Dra. Hilda Marchiori, precursora en este tipo de actividad.

• En la República del Uruguay hay quienes se interesan por la violencia doméstica tratando de revestir la situación con ambiciosos planes de rescate de la seguridad del ámbito familiar, se creó la comisión interministerial para el Tratamiento y Prevención de la violencia familiar, respondiendo a una realidad acusiante y diaria a fin de delinear metas claras en materia de política familiar.

En la opinión de los integrantes de este organismos no tratan simplemente de realizar diagnósticos técnicos, sino enfrentar el tema en su realidad.

La figura a que da lugar la violencia doméstica, requiere difusión, educación y la toma de conciencia del ilícito de sus consecuencias y riesgos para toda la sociedad. Consideran que la educación debe realizarse a todo nivel y reclaman la capacitación de los involucrados en el sistema educativo, la sensibilización y capacitación de los empleados del Estado que intervienen directamente en casos de violencia familiar, por los que realizan seminarios de capacitación para funcionarios policiales y cursos para cadetes de la Escuela Nacional de Policía.

Otro tipo de alternativas requieren de instituciones públicas o privadas, por ejemplo los refugios que se han abierto en países como Inglaterra, Gales, Irlanda, Escocia, España, Estados Unidos, etc. en ellos se da ayuda asistencial, médica, física y psicoterapéutica. En los refugios ingleses la estancia para la mujer debe ser máximo de 6 a 12 meses para evitar que se vuelva dependiente del refugio.

• Utilización de medios masivos de información para implementar mensajes parentales positivos y eliminar toda forma de victimización en guiones que presenten a las mujeres como una víctima nata, sufrida, pasiva e indefensa.

• Crear centros de reclutamiento de hombres golpeadores para darles orientación y tratamiento, solución que no altera al núcleo familiar como el hecho de sacar a las mujeres golpeadas de los albergues.

• Continuar con las investigaciones de los factores que favorecen la aparición del fenómeno, para tener una idea integral del mismo y poder atacarlos adecuadamente.


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