BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DIVERSIDAD CULTURAL Y GÉNERO

Rocío Rosas Vargas y Martha Ríos Manríquez




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Cambio cultural versus Cambio cultural pro igualdad de género

Al mismo tiempo que reconocemos la existencia de mayores obstáculos al cambio cultural que supone la igualdad de género, también encontramos la existencia de cambios que tienen efecto en las mujeres, y que podrían sugerir transformaciones en las relaciones de género. Son, por ejemplo, aquellos cambios culturales que suponen la superación de la exclusión de las mujeres a determinados espacios o posiciones, antes exclusivos de los hombres. Así, que las mujeres accedan a espacios tradicionalmente considerados de exclusividad masculina puede representar la superación de la marginación o exclusión de las mujeres a esos espacios, pero no necesariamente supone o demuestra un cambio cultural en las relaciones de género, una transformación de la tradicional subordinación de las mujeres (Rodríguez, 2009).

Un caso que revela un cambio cultural de este tipo es, por ejemplo, el acceso de las mujeres a cargos comunitarios o la feminización del sistema de cargos . Este hecho actualmente vigente y en crecimiento en Cuetzalan (Sierra Norte de Puebla) puede ser interpretado como la expresión de la superación de la inequidad de género en el sistema de cargos como consecuencia de relaciones de género más igualitarias. Sin embargo, un estudio más detallado sobre este proceso, sus dinámicas y sus implicaciones de género demuestra que a este cambio no le ha precedido un cambio pro igualdad en las relaciones de género, más bien es el resultado de cierto contexto socio-económico en la región que ha condicionado que los hombres se sientan menos interesados en ocupar esos cargos y las mujeres les han reemplazado. En este caso, entre las causas que explican la participación de las mujeres en cargos no se reconoce el derecho de las mujeres a participar o se pretende superar la inequidad manifiesta en el acceso a los cargos. Que ellas sean cargueras constituye, más bien, un efecto secundario de otros procesos vigentes en la región y que tienen mucho que ver con una determinada coyuntura económica desfavorable.

A la misma conclusión llegamos al analizar en clave de género el proceso de cambio cultural también vigente en Cuetzalan que supone la creciente participación de mujeres en la danza de los voladores . Esta danza, antes exclusiva de los hombres, cuenta actualmente en Cuetzalan con “elementos femeninos”. La participación de mujeres en esta danza representa un caso excepcional en zonas nahuas y totonacas donde se representa la misma y le ha acompañado una polémica aún vigente. Las críticas a la “intromisión” de las mujeres surgidas desde sectores de la población con posturas más tradicionalistas o reaccionarias no han impedido que este proceso tenga lugar, que el cambio cultural se haya producido irremediablemente. Las mujeres vuelan en Cuetzalan pero la superación de la exclusión femenina que ellas representan no supone una consecuencia directa de una transformación pro equidad en las relaciones de género. Si analizamos los factores que han determinado el acceso aún tímido de las mujeres a la danza de los voladores en Cuetzalan, entendemos que ciertos intereses y condiciones, ajenos a la lucha por la igualdad de género o los derechos de las mujeres, han sido los responsables del cambio. El contexto de comercialización de la danza; el interés de ciertos caporales por transmitir a su descendencia directa (exclusivamente femenina) sus conocimientos y posición en la danza de los voladores; la pérdida de elementos masculinos por desinterés o emigración… sumado a la voluntad de las mujeres por participar, han determinado la presencia de las voladoras en la danza. Por tanto, las mujeres que vuelan representan un cambio en el sexo de los participantes que no corresponde con un cambio en las relaciones de género.

De este modo, un análisis de género sobre ciertos cambios culturales relativos a la presencia cuantitativa por sexo en determinados espacios o posiciones no es necesariamente vinculable a cambios relativos a la presencia cualitativa por género. Es decir, cambios en la participación cuantitativa de las mujeres y los hombres no implica cambios sustanciales en las relaciones de género que supongan una transformación cualitativa. Por tanto, el cambio cuantitativo no implica el cambio cualitativo. En este caso estaríamos hablando de cambios culturales, pero no de cambios culturales pro igualdad de género.

De este modo el cambio se produce atendiendo a los mismos intereses y poderes propios del tradicional orden de género, aunque su expresión pueda sugerir otra dinámica. Es en este sentido que reconocemos que algunos cambios relativos a las mujeres no suponen más que la resignificación de su tradicional subordinación de género (Oliveira, 2003).

Conclusión

Por un lado, los cambios culturales pro igualdad de género, propuestos por las mujeres indígenas organizadas, suponen una transgresión cultural que es detenida o dificultada por discursos y agentes que responden a ciertos intereses y poderes. Éstos haciendo uso de determinados argumentos relativos a la “preservación cultural” o a la “naturalización” del género o las relaciones de género, impiden la materialización de un cambio que no les beneficia y que incluso les perjudica.

Y por otro lado, y al mismo tiempo, no todos los cambios que expresan la superación de la exclusión de las mujeres suponen un cambio en las relaciones de género. En este sentido conviene seguir defendiendo argumentos que faciliten el cambio cultural pro igualdad de género combatiendo así los argumentos reaccionarios de los poderosos. Al mismo tiempo conviene adoptar cierta perspectiva analítica y crítica sobre cambios culturales que refieren a las mujeres (sexo) y no a las relaciones de género que impidan una simplista relación causa-efecto entre esos cambios y la superación de la subordinación de las mujeres. Utilizando el caso analizado de las voladoras, que las mujeres vuelen en la danza de los voladores no implica necesariamente el “volar” de las mujeres en su sentido metafórico feminista.

Ambas reflexiones relativas al cambio cultural y género sugieren una misma dirección. Que los cambios culturales dirigidos a transformar las relaciones de género enfrenten mayores barreras o resistencias que otro tipo de cambios culturales en contextos indígenas, y que algunos cambios vigentes en relación a la superación de la exclusión femenina a determinados espacios y posiciones, no sean necesariamente respuesta a un cambio en las relaciones de género, demuestra que estamos ante diversas expresiones de la resistencia al cambio cultural pro igualdad de género. Pero lo que interesa rescatar sobre todas estas dificultades e intereses es la propuesta de las mujeres indígenas; una propuesta de cambio-permanencia expresada en el feminismo indígena que manifiesta en su discurso y práctica política que es posible plantear el cambio cultural pro igualdad de género en un contexto de permanencia o preservación de la diversidad cultural.


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