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RETOS DE LA NUEVA CONFIGURACIÓN DEL SISTEMA FINANCIERO INTERNACIONAL EN EL CONTEXTO DE LA CRISIS ECONÓMICA

Carlos Cesar Torres Paez



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1.2.2. Segunda fase: El Ajuste Estructural propiamente dicho.

Hemos querido analizar en esta fase sus elementos doctrinales fundamentales.

a) Liberalización del sistema bancario:

El primer paso en la reestructuración propiamente dicha de la economía está en la liberalización del sistema bancario. Como puede apreciarse el sistema aspira a que en los marcos de una economía nacional las cosas funcionen como lo hacen a nivel internacional. Por tal razón desean la liberalización y desregulación del sistema bancario de los países. Según los teóricos del neoliberalismo los países subdesarrollados se caracterizan por sistema monetario – bancario – financiero muy anticuado y rígido, incapaz de responder a las exigencias de la competitividad económica actual y es por eso que recomiendan que los gobiernos suelten dichos sistemas.

¿Qué hay detrás de esa receta?

Según acuerdos firmados en 1993 los bancos comerciales extranjeros están autorizados a entrar libremente en los sectores bancarios nacionales. Es decir, los mismos enfrentamientos que habrían de darse en la competencia mercantil, ahora habrían de darse contra los bancos extranjeros, que no serían en pocas ocasiones bancas trasnacionales con poder financiero – económico suficiente como para arrodillar una economía nacional si se le deja entrar libremente al sistema nacional.

Un primer interés entonces es visible. Se trata de dar apertura a un nuevo nicho que hasta entonces era inaccesible institucionalmente hablando. Los sistemas nacionales estarían también en la subasta del mercado mundial financiero.

En segundo lugar, la desregulación del sistema bancario – financiero nacional favorecería convertir las economías nacionales en tributarios del Sistema Financiero Internacional de corte neoliberal que se impone en la actualidad. El sentido de existir de estos sistemas nacionales no sería más que nutrir el SMFI.

En tercer lugar el FMI puede comenzar a fluctuar la tasa de interés o a subsidiarla. En la práctica la conveniencia trasnacional es elevar las tasas de interés para fomentar el desarrollo de la economía financiera. Pero la elevación de las tasas de interés en los bancos nacionales repercute sobre los precios internos. Esta política conduce al hundimiento del crédito tanto para la agricultura como para la industria del país. Después de esto, propio sistema bancario entorpece el crecimiento de la inversión y la producción. Es de esperar una disminución catastrófica en la inversión, los ingresos y la ocupación.

De tal forma, las nebulosas e inseguras ventajas de la liberalización del Sistema Financiero –Bancario Nacional, son oscurecidas aún más por las graves deformidades que inferirán a la economía nacional en su conjunto. En realidad, esta es una medida que beneficia al capital financiero trasnacional, pero es inaceptable pensar que pueda favorecer en algo al interés nacional de un país.

b) Liberalización del comercio:

Esta es una característica emblemática de la política económica neoliberal. Desde sus inicios, el Liberalismo Clásico se basó en el principio del “libre cambio” entre personas, pueblos y naciones como vía al desarrollo. Ahora el neoliberalismo intenta reimponer esa filosofía optimista lanzada por Smith en el año 1776.

Se les vende a los países del III mundo la idea de que la liberalización de su comercio causará el tan esperado crecimiento. La liberalización significa que el Estado deje correr libremente sus flujos comerciales nacionales e internacionales, fundamentalmente este último. No deben existir políticas proteccionistas tales como la aplicación de aranceles a las importaciones, cuotas, discriminación a productos foráneos, dumpings, etc. El país debe abrirse al mercado mundial y competir.

¿Cual es la verdad histórica?

El Liberalismo clásico se desarrolla en Inglaterra después que esta se había convertido en la primera potencia económica y comercial a nivel mundial. Este desarrollo lo logró en base a una política opuesta al liberalismo económico, lo hizo a través del proteccionismo económico. Después de tener confianza en su extraordinario poder podía darse el lujo de desear la competencia frontal contra cualquier economía del mundo. No tiene nada de extraño pues, que comenzarán a dar propaganda al Liberalismo Económico. Era la forma más factible para que sus no muy doctos competidores abrieran sus economías y mercados a una lucha que iban a perder de cualquier manera.

Esta es la misma lógica que prevalece en la actualidad. Los países más desarrollados, que se desarrollaron protegiendo su economía y comercio incitan ahora a los países subdesarrollados a “competir libremente “en el mercado mundial. Esta “libre competencia “ tiene lugar entre países que exportan productos de alto valor agregado unos y otros productos básicos o intermedios, tiene lugar también a través de un comercio cautivo en el interior de trasnacionales que dominan más del 40% del mercado mundial al cual no tiene acceso los países subdesarrollados, tiene lugar también con un comercio de productos agrícolas fuertemente subsidiados por los países industrializados y con altos costos de producción por parte de los subdesarrollados, ocurre también soportando las hipócritas políticas proteccionistas del Norte, ocurre enfrentando el dumping de los comerciantes norteños, ocurre en definitiva en una práctica totalmente opuesta al discurso oficial de liberalismo económico.

En realidad, los países desarrollados no han transitado ni mucho menos a una postura de liberalidad comercial. Han prácticamente obligado sin embargo a las naciones periféricas a abrir su comercio llevando su producción nacional a la ruina al tener que enfrentar productos extranjeros más baratos por la alta productividad de las economías de donde proviene y por los elevados subsidios que les otorga el Estado a sus productores. Nada más alejado del discurso. El Estado financia la competitividad de las empresas privadas.

Los países que en el marco de las economías subdesarrolladas han conocido cierto desarrollo e incluso industrialización, lo han logrado protegiendo sus economías, su sistema bancario – financiero y su comercio, no aplicando los dogmas neoliberales de apertura y liberalización. Los que supongan que el libre cambio sea posible como alternativa de desarrollo deberían reflexionar sobre si alguna vez este ha existido en realidad, y si es posible que bajo el dominio del capitalismo – aún más el neoliberal – pueda existir algún día brindando igual desarrollo para todos sus participantes.

c) Privatización de empresas publicas:

En la ortodoxia neoliberal el Estado es un mal empresario, gestor de corrupción e ineficiencia económica, de tal forma, la empresa debe ser privada y no estatal o pública. Bajo esa óptica incluyen en sus programas de ajuste la necesidad de privatizar las empresas.

No discutiremos aquí la superioridad o no de la participación empresarial del Estado sobre la privada. Hay algo más importante que perder el tiempo en esa discusión y es encontrar el interés oculto tras ella.

Ciertamente, en la economía actual prima la trasnacionalización y liberalización de las relaciones económicas, lo cual indica que ningún cambio en ninguna economía pasará desapercibido. Si alguna economía periférica decide privatizar sus recursos estratégicos, como lo han hecho muchos países de América Latina movidos por la necesidad de pagar parte de su deuda externa, pues ya el comprador y empresario privado no será un capitalista local, sino internacional, o trasnacional. Esto resulta en que el acto de privatización se convierte en acto de desnacionalización de los recursos estratégicos de la nación.

Si esto no sucede directamente, pues pasará indirectamente. Si la empresa se privatiza pero a un dueño nacional, es difícil creer que este capitalista local podrá hacer frente a las empresas trasnacionales si es que estas se interesan en destruirlo. En todos estos análisis es importante tener siempre claro que el contexto es de apertura y liberalización, que la competencia es frontal aunque en extremo dispareja. Si las empresas quedaran en manos estatales, o si el Estado protegiera la economía muy distinta serían las cosas. Pero es precisamente el debilitamiento estatal y la privatización desnacionalizadora lo que ocultamente busca el PAE.

Los países de América Latina han visto como sus recursos más preciados se han agotado sin haber tributado en nada al desarrollo de sus naciones. El gran favorecido ha sido y es el capital trasnacional. El problema es en verdad grave. En Argentina por ejemplo, durante la crisis de fines de siglo, se privatizaron hasta los cementerios. La flota aérea del país se vendió casi completa a precios ridículamente bajos. En Rusia los recursos energéticos fueron privatizados y desnacionalizados en su mayor parte. La promesa capitalista para Rusia se convirtió en la usurpación de las riquezas a las que antes no podía acceder el capital trasnacional.

Los países no tendrán forma de salir del subdesarrollo si acceden a desnacionalizar sus recursos. Es imposible alcanzar algo en economía nacional si no se explotan a favor de las naciones sus recursos.

En resumen podemos plantear que los PAE más allá de ser un programa de desarrollo económico son una herramienta del capital trasnacional para adecuar el funcionamiento de las economías periféricas a sus necesidades de valorización y acumulación contemporáneas.

Como se trata de programas pro – capital trasnacional el logro de algún crecimiento económico real para las naciones que lo aplican será una resultante marginal de su aplicación. Más bien la apertura y desprotección económica, financiera y comercial que se auto imponen o le imponen los organismos internacionales a las naciones sirve en lo fundamental para nutrir de recursos naturales, económicos, humanos y financieros a los sistemas mundiales y a las naciones abanderadas de esos sistemas.

Las necesidades básicas de desarrollo endógeno, de política social, de política redistributiva de la riqueza, de planeación estratégica no tienen lugar en esta lógica del neoliberalismo global.

Antes de iniciar el último epígrafe de este trabajo, donde pasaremos a la comprobación empírica de lo ineficiente – usando sus propias palabras – que resulta en el plano práctico la política económica neoliberal concentrada en los Programas de Ajuste Estructural, queremos dar nuestra opinión de que en el plano de la teoría económica los postulados que dan base a estos programas son totalmente falsos y apologistas, que responden a una doctrina madre – neoliberal - cuyo carácter especulativo y parásito es absoluto y evidente, y por lo tanto, renunciamos a creer en ellos desde el punto de vista científico y teórico.


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