BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DIVERSIDAD CULTURAL: CIUDADANÍA, POLÍTICA Y DERECHO

María Teresa Ayllon Trujillo y otros




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Del Estado ampliado a la acción colectiva étnica

Partiendo del escenario posmoderno tan penumbroso que se forja con el Estado de competencia, donde lo ilusorio es una realidad y al cual llamaría Estado de Ilusión más que de competencia, se funda la idea de un Estado ampliado como proveedor de esperanza, la utopía de poseer el poder como sociedad, igualmente ilusoria claro está, pero con la diferencia de ser una real posibilidad de evitar los escenarios de derrumbe y comenzar nuevas formas de cohesión social.

El Estado ampliado (o Estado integral) es aquel donde se genera una ‘inclusión’ de todos los sectores sociales de una nación y se resuelven las tensiones de éstos mediante el consenso, es “cuando el Estado reconoce a la sociedad como una entidad con derechos universales y particulares e integra esos derechos al proyecto nacional y social del Estado [de tal forma que] la sociedad se parte del Estado a la vez que el Estado sea parte de la sociedad” (Oliver, 2009: 22)

Cabe señalar que la viabilidad de ello así como su realización están sujetas a la realidad configurada por las consecuencias éticas-ontológicas del hombre y la estructuración social que efectuó y efectúa el Estados de competencia, por lo que, puede decirse que la ampliación del Estado a todos los sectores es, al igual que el Estado mismo y la sociedad, una ilusión.

Sin embargo, está ilusión tiene la potencialidad de ser una realidad, pues bien, a partir de la ejecución del sistema de dominación, que en México en particular es por medio del clientelismo y servilismo, se puede generar conciencia política, la cual a su vez puede convertirse en una acción colectiva, cuyos alcances son imaginablemente autónomos y aunque todavía sólo permanezcan en la hipótesis ya se dan indicios de una repolitización social.

El Estado ampliado en México, como ya se ha sugerido, se constituye por un verdadero sistema hegemónico para prolongar la ilusión del Estado, cuyos componentes principales son el presidencialismo, el clientelismo y el servilismo político, y está resguardado y vigilado por un aparato burocrático autoritario . Por lo que, quienes están inmersos en dicho sistema hegemónico y detentan el poder, buscan tan sólo la permanencia de su status quo y no la estabilidad social y lo que ésta requiere, de ahí la evidencia de lo ilusorio de la condición política de México así como su imposibilidad para conformar verdaderas estructuras democráticas en la nación .

Sin embargo, si bien es cierto que en la actualidad la acción colectiva está sometida al clientelismo político del Estado, es decir, sólo puede generarse bajo la supervisión de éste y, por lo tanto, con el visto bueno del gran capital, también lo es que el Estado ampliado por su discurso, debe alentar a la participación ciudadana, políticamente hablando, para seguir legitimándose.

Es decir, con la participación política del sujeto ‘participación ciudadana’ el Estado intenta modernizar su lógica de dominación y resocializarse, con el fin de sobrelleva la emergencia y matizar la ausencia social, soslayando así cualquier convergencia de protesta y, por ende, cualquier modificación o intento de transformación estructural en la sociedad, en el Estado, en la lógica de dominación, en la detentación del poder, en el status quo y, lo que interesa al gran capital, en el producción y reproducción del capitalismo.

Pero dichos esfuerzos no han sido lo suficientemente capaces de controlar lo que la convergencia de la ausencia que han despertado la emergencia de algunos sectores sociales, pues bien, resultado del proceso de concentración de ingreso, la riqueza, los recursos naturales que signa a la políticas neoliberales, nuevos movimientos sociales de base territorial, tanto en el mundo rural como en el urbano han emergido en el escenario latinoamericano, constituyéndose en relación a su identidad étnico-cultural, o en referencia a su carencia (Seone, Taddei y Algranati, 2004: 232-233),

Y en México es principalmente el indígena quien abandera estás causas, aunque cabe aclarar que no es el único.

Ahora bien, dilucidando la causa de la acción colectiva que ha generado movimientos como el Zapatismo en México, el de los ‘Sin Tierra’ en Brasil, los ‘piqueteros’ en Argentina, por mencionar algunos, así como los logros de éstos, se retoma la idea de que es a partir de la construcción de ciudadanía generada por el discurso del Estado ampliado de una inclusión total de la sociedad. Puesto que para ello se requiere de una legitimación democrática.

Esta última se pensó y accionó desde el Estado, en términos meramente electorales y con altos grados de precariedad institucional en América Latina, derivando en “insatisfacción con los resultados de esas democracias en términos de justicia social, eficiencia gubernamental e inclusión política” (Dagnido, Olvera y Panfichi, 2006: 15) convirtiéndose así en un motor social para la transformación estructural y potenciando la acción colectiva, cuyos resultados son los mencionados en el párrafo anterior.

Los actuales movimientos sociales y las nuevas formas de acción colectiva latinoamericanas no sólo son consecuencia de las deficiencias democráticas y del mal y en algunos casos nulo funcionamiento del Estado en pro de lo social, también es resultado del discurso participacionista del Estado ampliado que propone una revalorización simbólica de la sociedad civil (Dagnido, Olvera y Panfichi, 2006), claro es que en el marco de lo clientelar, pero que a su vez se convirtió en una revelación de lo social-político para el individuo, logrando una sociedad civil también política en plenitud, sin sometimiento ni exclusión de una sobre otra.

Esto es que, si bien es cierto que se revalorizó a la sociedad como ente participe de un Estado en términos simbólicos y con candados clientelares, también lo es que se proporcionaron los elementos para que el sujeto social pudiese tomar conciencia de su propia condición y tornar esa simbólica revalorización social en una real valorización de sí mismo como sujeto histórico, político y colectivo.

Los logros de la acción colectiva derivada de este nuevo sujeto social pueden ir desde el marco de lo institucional hasta lo subversivo y clandestino y que en algunos casos les ha permitido dejar la subalteridad para convertirse en alternativa viable de modo de vida a la impuesta por sistema mundo hegemónico actual, la lucha por la autonomía y la autodeterminación, y en algunos otros, no tan radicales ni anti-sistémicos pero igual de valiosos, se ha conseguido el derecho a los derechos, el reconocimiento social, cultural, político, étnico, etc., y la reivindicación en cualquier estrato del hombre, o por lo menos se está luchando para que ello sea una realidad. Se resiste a las consecuencias esperadas por la introducción del Fordismo en países latinoamericanos, a la posmodernidad apolítica y a la reificación del hombre.

La acción colectiva en la comunidad indígena

Para encausar el debate que interesa a esta discusión, cabe señala diferencias entre la acción colectiva constituida con referencia en únicamente la carencia, que puede decirse que es toda aquella acción colectiva de lo no indio, o mestizo, y lo constituido a partir de un referente étnico-cultural que es netamente la lucha indígena.

En la primera, el sujeto está falto de sentido comunitario debido a la enajenación inserta por el capitalismo, que es recibida por la insuficiencia de elementos identitarios propios y en común, pero que se va construyendo a partir de la autoconciencia y autovalorización del sujeto –provistos sin querer, o con otra intensión, desde el Estado ampliado-, cohesionándose de primera instancia por el elemento común de identificación que sería la escases o carencia, pero que a través del ejercicio de confianza interpersonal se logrará la solidaridad conformada por la otredad y la alteridad basadas en la aceptación; construyéndose así la comunalidad y la identidad que potenciará la acción colectiva, puesto que la identidad “se ha transformado en la base de la acción política” (Bello, 2004; Favela y Guillen, 2009: 26).

En la segunda se hace referencia a lo étnico-cultural. Sin afán de querer construir un discurso idílico sobre ello, es fundamental mencionar que en algunos y me atrevería a decir que en todos, o en la gran mayoría de los pueblos originarios latinoamericanos, por su génesis misma, su cosmogonía, el actuar individual está determinado por la comunidad, por la estrecha e indisoluble relación del individuo con ésta, por lo que ,la connotación es distinta a la del primer caso, esto es porque el indígena posee una cosmovisión étnica, es decir, ostenta la etnicidad, la cual

“es una forma específica de identidad que se construye a partir de la interacción social; en su base hay algo más que las características observables de un grupo étnico y en ella confluye el reconocimiento de pertenecía que cada uno hace de sí mismo, con lo que los externos al grupo realizan” (Velasco Cruz, 2003; Favela y Guillén, 2009: 26).

Es decir, la autoconciencia del sujeto es a la par la conciencia política colectiva, por lo que, la revalorización social del Estado ampliado, lleva al indígena a una valorización de la comunidad frente al ejercicio del poder y la dominación. Convirtiéndose esto, probablemente, en un paso adelante del primer caso, ya que mientras se construye la comunalidad en éste, en la lucha indígena eso ya está dado. Por lo que, la potencialidad de la acción colectiva étnica desde su origen es un hecho.

Es desde de la participación ciudadana y la supuesta cabida del indio en el proyecto nacional del Estado que se genera en éste una conciencia del derecho al reconocimiento y comienza su lucha por la reivindicación de lo étnico-cultural por medio de diversas instancias, formas, mecanismos y diversos instrumentos, institucionales o no, pero con la legitimidad que el propio Estado ampliado concedió, y que cuyo objetivo, en todos los casos habidos, es la autonomía y la autodeterminación como comunidad, como cultura; no es en vano que estos conceptos estén estrechamente vinculados con lo étnico.


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