BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DEBATE DEL MULTICULTURALISMO Y FILOSOFÍA

Gerardo Nicolás Contreras Ruiz y Ricardo Contreras Soto




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Identidad cultural

Las identidades fuertes permiten la expresión de intereses que son comunes en las diferentes instancias espaciales, territoriales, nacionales e internacionales. La formación de la identidad cultural comunitaria es un proceso histórico social que da sentido a las expresiones políticas. Estas identidades siempre encuentran los vehículos de expresión en las diferentes unidades espaciales territoriales en unidades locales, regionales, nacionales e internacionales. La identidad étnica o cultural es reforzada porque la gente recurre a seguir sintiéndose anclada a un área geográfica.

La adopción de un conjunto de valores distintivos por las comunidades y organizaciones las identifica y si sus estructuras son cuestionadas, mantener la identidad cultural es una lucha para preservar su conjunto de valores. El impacto de los cambios de la racionalidad en las identidades individual, comunal y organizacional es una importante dimensión de la teoría institucional (Townley, 2002). La teoría institucional ha sido criticada por darle mayor importancia a las explicaciones de la cultura de aquellas del poder y competencia de los mercados. Las instituciones se localizan en culturas, estructuras sociales y rutinas. Las culturas son estructuras interpretativas, patrones de significados y sistemas de reglas. Las estructuras sociales son expectativas que están atadas a las redes sociales, a los sistemas de roles y a las posiciones formales.

La globalización dinamiza y complica los arreglos de identidades culturales, reconfigura la geografía de los territorios y reinventa la gobernabilidad. La globalización se perpetua en los contenidos de la información y la comunicación excluyendo a más individuos que quedan fuera de los beneficios de la nueva cultura e identidad global. Para Hungtinton (1997), la cultura e identidad cultural dan forma a los patrones de cohesión, desintegración y conflicto en la posguerra fría. Estos conflictos se manifiestan en tal forma que las identidades socioculturales individuales y comunitarias destruyen la legitimidad del Estado transformando sus funciones mediante una nueva forma de organización en redes para desarrollar las capacidades de negociación con las redes globalizadoras de la información, la telecomunicación y la economía.

Tanto el individualismo como la identidad comunitaria, étnica o religiosa debilitan la identidad cultural nacional al extremo de desaparacerla. A pesar del cuestionamiento de si las identidades colectivas son una ficción ideológica (Vargas Llosa, 2000), éste no parece ser muy consistente. Los procesos de la individualización enfatizan la presencia del individuo por sobre lo colectivo, escindiendo en forma nominalista entre el individuo y la sociedad, mediante el debilitamiento de los referentes materiales y simbólicos de las identidades colectivas. Dados los procesos de identificación y adhesión a ciertas representaciones sociales, mientras que la identidad cultural individual en que "cada ciudadano de este planeta interconectado -la patria de todos- construya su propia identidad cultural, de acuerdo a sus preferencias y motivaciones íntimas y mediante acciones voluntariamente decididas" no tiene mucho sentido. La fragmentación de las identidades culturales, étnicas, religiosas, políticas, etc., provoca profundos conflictos entre las sociedades. En efecto, todas las sociedades de la región vienen experimentando, con mayor o menor intensidad, una pérdida de sentido de pertenencia de las personas a la sociedad, de identidad con propósitos colectivos y de desarrollo de lazos de solidaridad.

Los procesos de globalización aunado al crecimiento incontrolable de megalópolis en algunos países menos desarrollados crean nuevas formas de organización y desorganización que someten a la población a una brutal competencia de tal forma que establecen similitudes y diferencias en donde se mezclan rasgos de la modernidad y la posmodernidad marcadas con la realidad de las sociedades desarrolladas.Las manifestaciones multiculturales en estas sociedades hasta cierto punto configuran estos rasgos que por un lado desintegran la identidad individual y las referencias comunitarias, destruyen las estructuras familiares y sociales, así como las manifestaciones religiosas, culturales e intelectuales.

Por lo tanto, las diferencias culturales y económicas son representativas de las grandes ciudades globales Las personas experimentan cada vez más diferencias culturales debido a la glocalización y junto con la fragmentación crean retos de identidad, inseguridad, ansiedad, incertidumbre Los procesos sociales y políticos condicionan los avances tecnológicos y económicos de la globalización que se acompaña de nuevos patrones de desigualdad y polarización. Los cambios en la estructura sociocultural y la desestructuración de otros sectores socieconómicos inciden en grandes movimientos migratorios que incrementan las disfuncionalidades territoriales. Este a su vez es otro paso de la hiper mundialización, la que según Laïdi (2000), es una realidad más inquietante, en donde los Estados, las fronteras, los sistemas sociales o los sistemas culturales-educativos y las identidades políticas y culturales no tienen ya más sentido a escala nacional.

Las capacidades del Estado-nación para eliminar las brechas existentes en las disociaciones y disfuncionalidades entre los alcances de los procesos de globalización económica y los procesos de identidad cultural son muy limitados. La crisis de identidad del Estado nación que se manifiesta en su pérdida de soberanía y da lugar a la expresión de una sociedad multicultural, es también producto de la crisis de las instituciones que no tienen la capacidad para la resolución de los conflictos.

El mercado tiene efectos que desintegran la identidad cultural comunitaria y en la solidaridad social, los cuales pueden ser contrarrestados por la acción de una sociedad civil organizada. La transformación del capital social tiene relación con los cambios a niveles sociales y con los cambios en la identidad de los individuos. Estos procesos de afirmación de la identidad cultural son opuestos a los procesos de la globalización económica, los cuales profundizan más las fracturas sociales. Este hecho destaca la importancia de fomentar lazos de solidaridad, desde el Estado o desde la propia sociedad civil. Significa que "lo público" debe ser visualizado como el espacio de los intereses colectivos más que como "lo estatal" [...] que permita fortalecer una cultura de la convivencia y desarrollo colectivo, basada en la tolerancia frente a la diferencia y en la solución negociada de los conflictos" (CEPAL, 2000). Para Popper el conocimiento humano es doxa, saber que es conjeturado y falible que da lugar a la tolerancia en el quehacer político-

Los integracionistas demandan que todos los miembros de los grupos asentados en un territorio formen una comunidad mediante la internalización y conformidad de valores, sin dejar de reconocer el derecho de las minorías para expresar su propia identidad cultural en los dominios intercambiables de lo público y privado. Por lo mismo, no necesariamente la identidad cultural regional y nacional puede ser contraria a los procesos de globalización como sucedió con la rigidez del Estado-nación en que algunas identidades culturales fueron sometidas o marginadas.

Las normas, reglas y acciones constituyen las identidades de los individuos, los grupos y de las comunidades que derivan en conflictos de clases y que son el punto de partida para la interpretación de la acción colectiva. Los actores sociales emergentes abren espacios políticos públicos a través de redes de acción colectiva para realizar procesos de consulta, decisiones, resolución de conflictos y negociación aunque su capacidad política sigue siendo cuestionable, su significación identitaria cultural es alta. En las redes informales, los miembros de un mismo grupo comparten similitudes que desarrollan confianza y alientan la cooperación, tales como aspectos culturales que permiten identificar a los individuos como generadores de confianza o timadores. Las redes informales entre los diferentes actores y movimientos sociales promueven la reconstrucción de afinidades identitarias en sociedades que son heterogéneas, con una diversidad sociocultural pero con poca capacidad de representación política. Para enfrentar los retos que plantean la diversidad sociocultural es necesario desarrollar habilidades para la administración de esa diversidad para manejar la incertidumbre y la identidad.

Los nuevos movimientos sociales significativos problematizan la identidad cultural y cuestionan nuevos estilos de vida y significados culturales más allá de inquietudes políticas y con énfasis en conocimientos, saberes y códigos culturales de especial importancia para las sociedades actuales (Rodríguez Girart, 2002). La distancia cultural es un parámetro siempre cambiante en el escenario de las organizaciones y en parte debido a la misma interinfluencia.

Los movimientos identitarios antiglobalizadores se identifican como movimientos de resistencia, repliegue y reconstrucción de las identidades culturales comunitarias que cuestionan los valores económicos centrados en los mercados y en las formas de representación democrática promovidos por los procesos globalizadores. Los fenómenos de resistencia a los procesos de globalización como expresiones de movilización política y organización social se manifiestan en formas de identidad sociointercultural para la protección y seguridad de las comunidades, mientras que las identidades centradas en la geografía están siendo menos naturales debido a los procesos de desterritorialización como efecto de los procesos de globalización.

La pérdida de identidades locales existentes que confrontan los individuos y los grupos, hace que sientan la necesidad de construir o inventar tradiciones y nuevas identidades. Los grupos con diferentes visiones e intereses construyen el tejido social. Los nuevos movimientos sociales se fragmentan debido a sus diferencias y contrastes en logro de objetivos, lo que debilita los alcances de sus acciones y caen en el juego de un proceso de globalización sin informacionalismo. Los movimientos sociales fragmentados no logran la suficiente capacidad política para enfrentarse a los procesos de reestructuración económica global

La modernización puede lograr la sustentabilidad social si se acerca a los fundamentos de las identidades culturales de la sociedad.

Cultura y ciudadanía

El concepto de ciudadanía global hace referencia al principio de igualdad basado en el derecho a la diversidad que reconocen los derechos políticos y civiles como indivisibles e interdependientes con los derechos económicos, sociales y culturales a pesar de que el ejercicio de estos últimos requieren procesos políticos de exigencia por acción individual o colectiva para su reconocimiento y para tener el acceso al disfrute de los bienes y servicios que resultan, aunque en la exigencia y reconocimiento de los bienes públicos globales todavía no se desarrollan las estructuras institucionales que garanticen la provisión adecuada de dichos bienes. Los derechos políticos, cívicos, sociales y jurídicos como elementos de un proyecto de vida social se ejercen en el ámbito del Estado nación, entidad que conforma la voluntad de un pueblo para establecer elementos de relación pacífica, enlace cultural y entendimiento con otras culturas.

La globalización empuja a la occidentalización, y más específicamente a la americanización de los valores en todo el planeta y a la formación de una nueva ciudadanía mundial. La tendencia hacia una democracia sin ciudadanos como la determinante de las democracias institucionalizadas en una estructura en la cual se afirman en la confianza del sistema o se niegan en la pasividad de la participación política. La gobernabilidad tiene varias dimensiones entre las cuales se cuentan la política, económica, social, cultural, etc., las cuales se presentan en diferentes escalas: local, regional, nacional y global. Por lo tanto, la calidad de la gobernabilidad democrática no solamente está en disparejo con los fundamentos materiales de la ciudadanía sino que estos experimentos democráticos frágiles también están en peligro porque hacen caso omiso de las expectativas y razonables y legítimas de la población, magnificando la fortaleza de la clase dominante como resultado de reforzar el papel de las relaciones de poder no institucionalizadas (Boron, 1995).

La conformidad cultural es una condición y un medio para la obtención de la ciudadanía de quienes participan en las prácticas sociales y sus correspondientes valores, adaptándose a los patrones culturales dominantes que movilizan su conexión con una comunidad imaginada, cuyo ideal es la comunidad cultural, lingüística, étnica, religiosa. Las ligas étnicas y culturales, las normas sociales que favorecen la cooperación y compartir información son variables que fortalecen las conexiones que sostienen las redes informales de la ciudadanía..Para Linklater (1998), en las comunidades políticas surgen las luchas por la transformación que dan lugar a la inclusión o a la exclusión, debido a que los grupos dominantes privan a ciudadanos de sus derechos legales y políticos, porque los grupos menos privilegiados lo son debido a que sus derechos legales y políticos por sí mismos no mejoran su situación si no se acompañan de una mejor distribución de la riqueza y el poder y finalmente, y porque se preservan las diferencias culturales entre los ciudadanos.

Los niveles bajos de confianza de la ciudadanía en las instituciones socio-políticas debilitan el sistema democrático de una sociedad, debido principalmente a factores sociológicos, culturales, y del contexto económico político entre otros. El reto para integrar la política social en las metas de desarrollo requiere de identificar e introducir los sistemas representativos de ciudadanía y procesos para los gobiernos y ciudadanos, para hacer elecciones, resolver diferencias y dar cuenta de las decisiones.


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