BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DIVERSIDAD CULTURAL Y PATRIMONIO

Alejandra López Salazar y otros




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La etapa gestacional

El Archivo de la Palabra comienza a gestarse a mediados del 2009 cuando el equipo de la ENAH, habiendo proporcionado en 2008 una respuesta a diversas iniciativas de un entusiasta y apasionado estudioso de la cultura mixteca, propuso, con el respaldo de la citada Escuela, la creación de un Centro de Estudios Culturales de La Mixteca (CECM), un proyecto a muy largo plazo y en cuyo seno debía existir un Centro de Documentación (archivo histórico, biblioteca, hemeroteca, fonoteca, fototeca, videoteca, mapoteca) de La Mixteca. Una vez propuesta la creación del CECM y ante la imposibilidad de emprenderlo, hubo necesidad de tomar una pequeña parcela y justo donde se pudiera, como antropólogos, ser más eficientes, efectivos y eficaces. La decisión se inclinó por abordar el Centro de Documentación; sin embargo, no podía olvidarse el reclamo de las comunidades solicitando apoyo. Puestos en horizontalidad todos los factores, en conjunto sugirieron que había necesidad de investigar, organizar, clasificar, editar, catalogar, conservar datos etnográficos e históricos pero dispuestos de tal forma que:

a) Pudieran estar a disposición de las propias personas de las comunidades de La Mixteca, es decir, que todo lo indagado y lo recopilado se quedase con ellos, para su custodia, conservación y divulgación, lo que equivalía a hacerlos responsables de los soportes y los medios donde quedase expreso su PCI y su patrimonio cultural material (tangible), luego de los trabajos de investigación y documentación (registro).

b) Atendieran a los dos reclamos recogidos en trabajo de campo: historia y etnografía.

c) Tuvieran calidad tanto para su conservación como para su reproducción, consulta e investigación, y

d) Que, en la medida de lo posible, los materiales reflejaran los intereses, prioridades, valoraciones, de los propios miembros de los autodenomidados “Pueblos Originarios”.

La respuesta fue proponer la creación del Archivo de la Palabra como un proyecto que recuperase la tradición oral de La Mixteca, es decir, mitos, cuentos, leyendas, dichos, endechas, albures, chistes, entre otros; asimismo, indagase, registrase y conservase la historia oral de las localidades involucradas. Pero eso no garantizaría mucho porque no se atendía a ninguna de las cuatro consideraciones enumeradas. Para lograrlo, este proyecto, ya de por sí original (los archivos de la palabra no abundan en México, ni en Latinoamérica al menos, quizá sólo sirvan como referencias el del Centro de Documentación e investigación de la Comunidad Ashkenazi de México, el Archivo de Historia Oral de la Escuela ORT en Argentina, el del Centro de Estudios de la Revolución Mexicana "Lázaro Cárdenas", Archivo de Historia Oral Refugiados Españoles entre otros), debería tener sede en La Mixteca. Tarea fácil de resolver, toda vez que el Centro Cultural Tlaxiaco acogió la idea y se propuso como sede temporal de los acervos, mientras el titular y el equipo de la ENAH buscaban financiamiento para construir y equipar el recinto definitivo; el terreno para asentar el Centro de Documentación y el CECM, de palabra, ya ha sido donado por el H. Ayuntamiento.

Pero un archivo de la palabra, de la historia oral, de la tradición oral, en suma, de buena parte de la cultura mixteca, entre pueblos mixtecos, con la perspectiva de los mixtecos, presupone la participación de los mixtecos (indígenas o no, pero mixtecos) y de aquellos que poseen algún género de experiencia en archivos. Ninguno la tenía. Luego, la primera tarea consistía en buscar información, capacitación y crear, sobre todo crear, porque, decíamos, hay muy pocas experiencias del tipo emprendido y las que hay, han florecido, resistido o sucumbido en el aislamiento casi total. Poco a poco empezaron a decantarse ideas claras y estrategias mínimas para cristalizar el proyecto:

a) Para garantizar la genuinidad de los materiales archivables habría que trabajar con las localidades, con personas vivas, portadoras del patrimonio vivo considerándolas no tan solo como informantes, como registrables, como informantes claves, como soportes vivos de la historia y la cultura. Todavía más: que fuesen ellos mismos los que generasen los documentos del archivo: fonográficos, videográficos y transcriptos.

b) Para garantizar la calidad de los materiales y su disponibilidad habría necesidad de llevar la técnica y la tecnología para capacitar en su uso, cuidado, mantenimiento, organización, clasificación y administración, custodia y divulgación del PCI concentrado en el archivo. Esto implica generar soportes de papel y copias para manipulación, entre muchas otras tareas, entre las que no es poca cosa, seleccionar soportes de larga duración y de escalabilidad tecnológica.

c) Para obtener los recursos humanos, materiales y financieros habría que trabajar en diversos frentes: de un lado, la ENAH apoyó desde el arranque facilitando recursos financieros, humanos, bibliográficos, de transporte, convocatoria y asesoramiento, además de comprometerse a posibilitar todo el apoyo académico requerido. De otro lado, habría que acercarse a las instituciones privadas, a las organizaciones nacionales y extranjeras con proyectos similares (para intercambiar experiencias y productos si fuese el caso) y a las dependencias gubernamentales federales, estatales y locales para obtener asesorías, convenios, recursos financieros, donaciones diversas y otros, según sus competencias y posibilidades.

Los trabajos y los días…

Los trabajos que se desprendieron de las estrategias principiaron, no sin tropiezos, en la medida que lo permitía un equipo tan reducido pero no por ello menos dinámico, fueron múltiples y de diversa índole. Pronto el equipo hubo de percatarse de que el proyecto tenía que convocar esfuerzos interinstitucionales; de este reconocimiento hubo menester estrechar vínculos con propósitos concretos, predefinidos y justificados; algunos de ellos y sus resultados son:

a) Sesiones de trabajo con el ayuntamiento del Municipio de Tlaxiaco obtuvieron la confirmación de la donación –nuevamente, sólo “de palabra”- del terreno para construir el CECM;

b) Otras, con un grupo de jóvenes arquitectos oaxaqueños, fructificaron en una propuesta arquitectónica para el recinto;

c) De la CDI se tiene la promesa de donación de material bibliográfico, fotográfico y capacitación técnica en la generación de fichas catalográficas y organización de archivos;

d) De la Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía, un equipo de trabajo integrado por docentes y pasantes, con un proyecto de investigación y titulación respectivamente, crearán la norma para la organización del archivo sobre la base de un mapa conceptual generado en la ENAH y, a la vez, participarán como etnógrafos en al menos una estancia de campo.

e) El Instituto José María Luis Mora ha impartido un curso-taller para el manejo de tecnología audiovisual en la investigación social, con participación de jóvenes de Tlaxiaco que iniciarán a hacer registro de materiales para el archivo y, a la vez, se ha comprometido a dar seguimiento al proyecto;

f) La fundación Carlos Slim, a través del programa VAXT2 generará la página del Archivo de la Palabra para divulgación de productos de investigación, registro, cápsulas, reflexiones, etc., derivados del quehacer archivístico;

g) La ENAH, hasta el momento, apoyando un proyecto de vinculación, ha intervenido no tan sólo con recursos financieros y de transporte, sino que ha avalado un curso de capacitación en técnicas etnográficas y de manejo de tecnología audiovisual para jóvenes entusiastas de la Mixteca que han participado ya en los primeros registros para el archivo. Asimismo, en su seno se ha realizado un ejercicio más de colaboración: Estudiantes de antropología social se sumarán, en periodo de práctica de campo, a los esfuerzos realizados por los jóvenes de La Mixteca en su esfuerzo de documentación y registro.

h) Un acercamiento a la Fundación Harp, para solicitar fondos con los cuales adquirir, nos ha dejado la enseñanza de que no se pueden colocar “todos los huevos en una sola canasta”, sino que, como hacen los inversionistas, es mejor estrategia, diversificar. En efecto, ante la negativa de apoyo, se tenía un plan alternativo: trabajar con materiales y tecnologías asequibles y aguardar el momento para cambiar los soportes de los documentos.

Quizá la mayor preocupación que ha sobrevolado al proyecto del archivo es el proceso de cambio que se operará entre los pueblos originarios al participar en la investigación, salvaguarda y difusión de su PCI, toda vez que los museos y archivos, así como las investigaciones de nacionales y extranjeros, en el pasado, se engrosaban con el saqueo de datos, de documentos, de experiencias, produciendo ese malestar en la sociedad de sentirse usado, infravalorado, indefenso, impotente. Y es que se trata de un cambio cuya envergadura no podemos atisbar: Y más que ofrecer respuestas, en esta parte final tenemos casi tantas dudas como las que teníamos en el arranque del proyecto, aunque de otra índole: ¿Qué pasará cuando los jóvenes introyecten la idea de que ellos han sido siempre portadores de una riqueza documental cuya custodia, organización, clasificación, salvaguardia y difusión se encuentra en sus manos? ¿Cómo se cederá el relevo de responsabilidades para que en el mediano plazo se apoderen de su PCI y del proceso archivonómico para los fines que ellos mismos decidan, y qué sucederá cuando dicho relevo se haya operado? ¿Cómo se dará cobertura institucional al Archivo de la palabra y al centro de documentación para evitar su muerte por inanición? ¿Con base en qué criterios podrá disponerse de los fragmentos del PCI o podrá restringirse parte del mismo? Estas y muchas otras preguntas más nos asaltan porque algunos de los objetivos que persigue el archivo y el centro de documentación, además de generar empleos a mediano plazo, son, entre otros: promover la investigación en la etnorregión; despertar el interés de propios y ajenos por la cultura de los Pueblos Originarios de La Mixteca; contribuir al proceso de concientización sobre la importancia del rescate, conservación y divulgación del PCI de los Pueblos Originarios de La Mixteca; vincular instituciones educativas –y filantrópicas-, nacionales e internacionales, interesadas en colaborar con el proyecto de rescate, conservación y divulgación del PCI de los Pueblos Originarios de La Mixteca, según los acuerdos que se establezcan con El Centro de Documentación; y, generar las bases para establecer políticas de uso del patrimonio cultural para fines de investigación y divulgación, sea mediante fonogramas, videogramas, exposiciones, libros, folletos, revistas, archivos electrónicos y otros.

Las moralejas en una nuez

Los responsables del Archivo de la Palabra, Voz y Eco de los Pueblos Originarios de La Mixteca, luego de la experiencia obtenida en el arranque del proyecto han extraído las siguientes reflexiones:

a) La organización de archivos de la palabra requieren de la confluencia interdisciplinaria y una actitud transdisciplinaria y una gran dosis filantrópica. Apostar a que pueden consolidarse con el soporte de una sola institución es una estrategia poco recomendable. El equipo considera indispensable la participación de los propios pueblos originarios en la conformación de los archivos.

b) Los archivos de la palabra deber ser custodiados, resguardados, enriquecidos y puestos al alcance de terceros conforme sus propias normas y las que no contravengan el orden legal existente.

c) Los apoyos no fluyen por el simple hecho de la viabilidad del proyecto. Es necesario contemplar múltiples instituciones públicas y privadas para ser convocadas a auxiliar en las materias de su competencia. Reducir el número y calidad de participantes puede ser desastroso.

d) Por último, como el PCI no está en cajas, sino que vive en personas, el proceso de investigación, registro, custodia y divulgación, requiere de normas consensadas y una sensibilidad que es menester aprender.


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