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PROCESOS INTERCULTURALES

Víctor Ortiz y otros




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Memoria colectiva de una relación ¿intercultural?

Lo dicho anteriormente, siendo ventrílocuo de Rueda, es dicho desde la historia, y tiene mucho de cierto, solo que no es la única versión de lo acontecido, y de hecho es una versión poco conocida, académica, que da cuenta de hechos, pero desde un marco institucionalizado, pues al final el historiador busca que lo que dice corresponda lo mas que se pueda con lo sucedido. Sin embargo como psicólogo social reconozco el carácter histórico de los fenómenos sociales y sus procesos, pero lo que me interesa mas es la Memoria colectiva que se distingue de la historia porque presenta múltiples versiones sobre determinados acontecimientos que según se hayan experimentado, de acuerdo con el significado que hayan tenido y a partir de la manera como se miren desde el presente, así serán narrados y presentados; y si hay múltiples grupos, múltiples serán las versiones que se tengan.” (Mendoza, 2007: 114).

Aunque para la historia en general el occidente haya sido menos estudiado, y la Guerra del Mixton, un acontecimiento, que a pesar de ser de los mas gloriosos en cuanto a la resistencia de la conquista española, es poco conocido incluso para la gente de la región, he de suponer que durante la colonia debió ser reconocida, temida o desdeñada la ferocidad de la lucha de lo indígenas de la región. Por lo que en algo debió contribuir a la constitución de la identidad de los de Teponahuasco, como pueblos “conflictivos”. Y es que la historia trabaja con datos, y los datos se pueden olvidar; no así la memoria colectiva que trabaja con vivencias, experiencias, significaciones, simbolizaciones.

El espacio donde se construye la memoria colectiva es la esfera cultural, lo social, lo público, es la esfera de la intersubjetividad, y cuya dinámica es la comunicación de significados, sentidos y símbolos.(Mendoza, 2007:103).

A la Psicología colectiva le interesa entre otras cosas el proceso de trasformación de las sociedades, teorizando este en la noción de Intersubjetividad. Y los elementos que forman este proceso intersubjetivo se pueden comunicar, ya sean palabras, imágenes, objetos, entre otros, y estos son usados para hacer los análisis de las sociedades que se estudian. (Bautista, 2006).

La intersubjetividad, es una entidad que pareciera escapársenos de las manos, podríamos pensar que no se ve, pero se siente, sin embargo esa sería una manera corta de conceptualizarla, ya que la intersubjetividad no es solo algo abstracto, sino que está entre nosotros, mas bien, nosotros entre ella; y por definición, es acordada, lo cual se nota más en el lenguaje, que es en sí mismo la “intersubjetividad acordada” (Fernández, 1994), sin embargo no es el lenguaje el único componente de este, la comunicación de la intersubjetividad también se cristaliza en diversas sustancias, sustantividades; más conocidos como símbolos.

Estos dos elementos pueden formar sistemas, dependiendo del tipo de sentido que se le confiera a su comunicación. Estos Sistemas son considerados Sistemas Simbólicos (Fernández, 2001; Bautista, 2006) y se van creando en la vida cotidiana a partir de que se van compartiendo significados, y se va buscando símbolos para estos; los cuales son compartidos y usados por la colectividad para entenderse a si misma.

De los Sistemas Simbólicos el lingüístico es el mas importante para la Memoria Colectiva, pues en si mismo ya implica una interpretación normativa, consensuada y compartida, en la lengua usada y sus palabras que tienen ya un sistema mas definido para su uso, el cual es menos volátil que los significados. Es importante, también, en tanto que constituye una base que nos ayuda como sistema interprete de los demás elementos, de carácter no lingüístico, como objetos, imágenes, conductas, practicas.

Bruner ( 1971: 30) dice que una Psicología sensible a la cultura debe estar basada “no solo en lo que hace la gente, sino también en lo que dicen que hacen, y en lo que dicen que los llevo a hacer lo que hicieron. También se ocupa de lo que la gente dice que han hecho los otros y por qué.” Esto cabe perfectamente en la noción de sistema simbólico lingüístico. Para efectos de esta ponencia me permito traer una narración de un nativo de Teponahuasco, encontrada en la parte histórica del Plan de Desarrollo Municipal de Cuquío:

“Antiguamente los hombres de Cuquío y de Teponahuasco no se la llevaban bien, y solo por lo simple, pues lo de Cuquío no querían a los de Teponahuasco por ser estos indios, pues Teponahuasco es pueblo de indios, y otros como Juchitlán, Tlacotlán, Cuacuala y otros más por ser indios no os quieren. Pues cada vez que llevaban la imagen del señor de Teponahuasco a Cuquío, era seguro que formaran guerras, pero a pura piedra, estilo indio. Su encuentro era a la salida por el cerro de Las Salvias. Pues cuando andaban los de Teponahuasco en Cuquío, los de allí se juntaban en el jardín, y se ponían de acuerdo a esperar a aquellos en el cerro para cuando salieran. Y al salir, todo el cerro se convertía en un campo de batalla, pues eran los indios de Teponahuasco contra los de Cuquío, a pura piedra; y traían hondas y también con las manos; y solo dejaban de guerrear hasta que los indios de Teponahuasco hacían rechazar a los de Cuquío hasta su pueblo.

Cierta vez en un combate, a uno de Cuquío le toco la mala suerte y le pegaron un piedrazo rompiéndole las costillas; quedó muy mal herido y murió poco después. De ahí según se dice, después de esa muerte las guerras se seguían haciendo pero ya no con pedradas sino con balazos.

Eso duró muy poco pues entonces los sacerdotes y el gobierno intervinieron y solo así se fueron aplacando. Hoy se han vuelto dos pueblos muy pacíficos y conviven bien uno con el otro. Las gentes viven con gusto y armonía. Hoy todo ha cambiado” (2004:17)

Estoy de acuerdo con Bruner en que es de vital importancia atender lo que se dice, sin embargo la vida no es puro lenguaje, ni su lógica tan ordenada como la de éste. Hay mas en la realidad, y eso cabe dentro de lo simbólico pero de orden afectivo, y sus significados, las mas de las veces, los compartimos, los vivimos, pero no los llevamos al terreno racional, en el que se encuentra el lenguaje. Unas veces por el carácter sumamente afectivo del sistema simbólico en cuestión, y otras mas, como dice Mendozla (2007), porque finalmente en la historia oficial hay memorias colectivas que han sido silenciadas, que no borradas. Lo silenciado busca salir, y sale, se comunica a través de símbolos.

El símbolo colabora en la versión del mundo (sentido) cuando se le interpreta, sin embargo esto no siempre ocurre de manera evidente; y mientras tanto también entra en juego, en la vida cotidiana, el uso de los Sistemas Simbólicos No Lingüísticos, que al no contar con normas definidas para su interpretación permiten mayor flexibilidad en la construcción de sus significados, y van generando al ser compartidos, el sentimiento de que lo son. Este nivel mas afectivo es considerado también parte constitutiva de la intersubjetividad, y es el objetivo importante de la Psicología Colectiva.

Entonces, para comprender de una manera mas completa la convivencia cultural entre Cuquío y Teponahuasco desde la intersubjetividad en la que se participa uno tiene que hacer un esfuerzo por llevar a lo afectivo el lenguaje, encontrar los símbolos más significativos, por hacer lenguaje lo no lingüístico; y hacerlo requiere su tiempo, requiere observar, hacerse más lento, colocarse en el lugar de la “comunidad interpretante” (Fernández, 2001:156). Y es que como dice Halbwachs:

“En la sociedad Actual, el pasado ha dejado muchas marcas, a veces invisibles, que percibimos también en la expresión de los rostros, en el aspecto de los lugares e incluso en las formas de pensar y sentir, conservadas inconscientemente y reproducidas por ciertas personas y en ciertos medios. Normalmente no nos fijamos, pero basta que la atención se centre en este aspecto para que nos demos cuenta de que las costumbres modernas se basan en capas antiguas que afloran en más de un lugar.” (2004:68)

De lo dicho en la narración un par de párrafos atrás, podemos extraer varios elementos del sistema simbólico que servirá para la interpretación presente en esta ponencia: el desprecio de los de Cuquío por los indígenas, las “guerras” que esto ocasionaba, las piedras como método de pelea, y el objeto de disputa en las peleas: “El Señor de Teponahuasco”.

El Señor de Teponahuasco, es el centro de la vida de la comunidad, pues el calendario de la comunidad se acopla a las actividades relacionadas con el, y como dice Florita Villegas “La historia del pueblo, no es otra que la del señor de Teponahuasco, mezclada con recuerdos muy lejanos sobre sus orígenes.”.

La imagen genera admiración y mueve a gente de toda la región; pues son reconocidos sus numerosos milagros. Y como dicen los versos que se le cantan en las procesiones el Señor de Teponahuasco es la luz del Valle de Cuquío.

Cada viernes personas de otras comunidades van y visitan al “Señor” a su santuario, y existe la costumbre de llegar caminando, sobre todo cuando hay alguna “manda” o favor que pagarle. Acuden familias completas, y el ambiente, sobre todo en la noche, es de fiesta. Durante todo el día está llegando gente, y fuera del templo se hace “plaza”, donde hay puestos que ofrecen dulces, comida típica, y la loza de Teponahuasco. Pero se antoja pensar que no siempre ha sido asi, pues las leyendas y la tradición oral nos dicen que la imagen ha sido codiciada por otros pueblos, entre ellos Tlacotán y Cuquío; y en el pasado fue disputada.

Las visitas de los viernes se ven pausadas del 6 de junio al 4 de octubre, pues el Cristo es llevado a Cuquío, y permanece ese tiempo en la parroquia. “La llevada” y “La traída” son los nombres populares de las peregrinaciones que se hacen para trasladar la imagen. Estas procesiones son el modo en que quedo resuelta, a nivel de tradición, la disputa por el Cristo, un acuerdo ritualizado y calendarizado del conflicto por tener la imagen

Dos de los milagros mas contados sobre el Señor, tienen relación con los conflictos alrededor de la imagen. Uno de ellos refiere que personas de Cuquío tenían la intensión de llevarse el Cristo, y entonces lo intentaron robar, lo bajaron del altar, y cerca de la puerta del santuario La imagen alargó sus brazos y creció tanto que no lo pudieron sacar. Otro habla de una ocasión en que la gente de Tlacotán se lo llevo en peregrinación, pero ya tenían la intención de no regresarlo; entonces durante el camino la imagen se fue haciendo mas y mas pesada hasta que ya no la pudieron mover; si regresaban el Cristo se hacía liviano, pero si querían continuar llegaba un límite donde la imagen ya no se podía trasladar.

El mensaje en estos dos milagros es claro: El Cristo es de Teponahuasco y prefiere quedarse ahí. Y me parece que es interesante el mensaje por dos razones, la primera con respecto a los indígenas, que mantienen una relación paradójica, con los conquistadores a través de la sobre exaltación de la religión impuesta; alguna vez escuche decir “si, nos dicen indios… digan lo que quieran, el señor esta aquí con nosotros”; como si la imagen fuera un consuelo que ayuda aguantar el desprecio, y por la cual se pude decir “Teponahuasco nomas hay uno”. Por parte de los rancheros siendo la religión un fuerte elemento identitario para los rancheros de los altos de Jalisco y su tradición cristera, debe ser un golpe su orgullo, que al menos en la región, los mejores y mas eficaces imágenes religiosas (“El Señor” y la Virgen del Rosario), considerados así por los mismos rancheros, estén bajo posesión de los indígenas. Una mujer de Cuquío me decía una vez con insistencia “el Cristo es nuestro, debería estar en Cuquio” pero aceptando la preferencia de la escultura por la comunidad (como bien lo hacen saber los milagros antes relatados) decía resignada: “pero está bien que los eduque y los ayude (a los indígenas) para que sepan valorar lo que tienen”.

Los simbolismos encerrados en los rituales de la peregrinación, también pueden dar cuenta de los restos de aquellos conflictos culturales insinuados antes, puesto que se sigue conservando la tradición para los traslados de la imagen. Uno de ellos apunta que solo los de Teponahuasco pueden tocar el Cristo (usando un mantel limpio, o guantes), pues otro milagro apunta a que cuando los de Tlacotan lo tocaron, le rompieron un dedo y la escultura sangró. Y es interesante observar como se forman las comisiones para las peregrinaciones, y en ellas están gente importante de Cuquío, acomedidos a cargar la imagen encerrada en un cajón; pero finalmente los que la pueden tocar, y lo hacen con cierto orgullo, y muchísimo respeto son los nativos de Teponahuasco.

Los espacios también comunican, y el asunto de que El Señor prefiera a los de Teponahuasco es resuelto abriendo un espacio en Cuquío, donde se hace una escultura con cantera, y se configura una Plazoleta, que además fue bendecida por la máxima autoridad de la arquidiócesis, y se coloca una placa que dice “Sr. De Teponahuasco, siempre en el corazón de Cuquío”. Además hay replicas del Cristo en un hotel, en una pintura en la Parroquia, y últimamente en una lona impresa para las festividades de San Felipe. Ante eso los de Teponahuasco afirman que los de Cuquio no tienen más que poner que lo de Teponahuasco, usan la imagen del Cristo como si fuera de ellos, y cuando se promociona la loza de barro, se dice que es de Cuquío, lo que provoca resentimiento a la gente de Teponahuasco.

Hay otras dos tradiciones que aun resisten en el tiempo, y que miradas con detenimiento tienen sentido desde el conflicto con los españoles primero, y los rancheros de Cuquio después; y es el “Papaque”, que está presente tanto en la pastorela como en el carnaval, y anteriormente en las bodas tradicionales; consiste en aventar dulces a las personas que asisten a dichos festejos; y anteriormente se aventaban colaciones; por lo que dicen que ese regalo a veces resultaba agresivo, pues los golpes con las colaciones a veces si dolían; y es que los aventaban como piedras; ¿Reminiscencia de un pueblo que belicoso enfrento a los españoles con las armas que tenían?; no estamos seguros, pues la gente de Teponahuasco ya no dice mucho acerca del significado del papaque; y parecen no darse cuenta de que cuando les avientan los dulces desde la azotea de la casa, recrean en pequeño la lluvia de piedras que recibieron los españoles desde el peñón del Miztón; lo que no está de más señalar es que los nativos de Nochistlán, cuya amistad con los de Teponahuasco está registrada por los cronistas, celebran el Papaqui, (con “i”) y según su tradición, el significado de los dulces son las piedras usadas en combate; y además, recordando a sus antepasados que en la guerra para parecer mas feroces, se untaban tierra en su cara; se embarran la cara con harina o pinole, tradición que dicho sea de paso también se vive en Teponahuasco en el conocido y temido Carnaval de Teponahuasco, donde los lugareños “no respetan” a nadie, y “son medio agresivos” con los de Cuquío. Esta tradición aun congrega con singular alegría a gente de todas las edades en la comunidad. Y despierta un furor entre ellos que les alcanza para recorrer por dos días los caminos de su territorio, bailando y riéndose.

Conclusión

Como bien lo dice Palomar (2003) del multiculturalismo, que es cómo podríamos definir la situación pasada entre indígenas y rancheros, “pone en evidencia que toda colectividad privilegia, implícitamente y entre las distintas posibilidades, una clase particular de sujeto, definido por elementos específicos tales como la etnicidad, la edad y el género” y efectivamente, la convivencia multicultural entre rancheros e indígenas, privilegio en lo visible al ranchero, sin embargo la historia y la cultura de esta región eminentemente ranchera no puede entenderse si no miramos lo que de indígena tiene, y mirarlo significa reconocerlo, aceptarlo y valorarlo; solo así es posible deconstruir y reconstruir el proceso de colonización que en sus dinámicas fue desfavoreciendo y a los indígenas, y convertir la relación en una relación intercultural, en la que se reconozcan, en su justa medida, los elementos que forman la cultura popular de la región; y se rescaten tradiciones provenientes de la cultura indígena que ha sido negada, se cuiden y potencialicen los que han resistido.

En este proceso de reconocimiento la Memoria Colectiva, puede aportar sus modos de interpretar las realidades sociales; como lo he tratado de hacer en las líneas anteriores, dando voz, construyendo o reconstruyendo las versiones del mundo silenciadas por la historia común. Y por parte de la Psicologia Colectiva, no está de más recordar que su papel es “reconstruir conforme a otro sentido, re articular bajo otra interpretación, el lenguaje ordinario tal como lo tomo de la colectividad para devolverlo en una forma nueva que posibilite auto comprensiones alternativas.” Fernández (1994)

Bibliografía:

Avila, R y Velázquez, A; 2006. Notas y reflexiones sobre ranchos y rancheros. Una visión panorámica.

Bruner; J. 1991. Actos de significado. Madrid. Alianza. 1998

Fernández Christlieb, Pablo, (2001) Reintroducción a la psicología colectiva. En Calleja y Gomez-Peresmitré, (comp.) Psicología social: investigación y aplicaciones en México. Mexico. FCE.

Halbwachs, M. 1950 póstumo. La Memoria Colectiva. Zaragoza Prensas Universitarias de Zaragoza. 2004.

Mendoza, J. 2007. La sociedad en disputa: el conflicto entre memoria y olvido. En : Psicología de las transformaciones Culturales. Arciga, S (coord.) UAM-I.

Orozco,L; 1973. Los Cristos de caña de maíz y otras venerables imágenes de Nuestro Señor Jesucristo; Talleres Graficos, Jalisco.

Palomar, C. 2003; Editorial La Ventana. Revista de Estudios de Genero. 18. Vol. II. UDG.

Plan de Desarrollo Municipal Cuquío. 2004. Pdte. A Cornelio González H. Docto. Electrnico

Ramirez, G, C, 2009. Conocimientos fundamentales de historia. Mexico. UNAM

Rueda, L 2006 La expansión ranchera en San Felipe de Cuquío 1662-1809. En Revista Estudios del Hombre. No. 21. 13-37

Shadow, R; 1994. Los rancheros de occidente: hacia un modelo de su organización comunitaria. En: Avila, R (Coord.) El Occidente de México en el tiempo. Aproximaciones a su definición Cultural. UDG

Villegas, F, 2005. Entre memoria y amnesia: Leyendas y relatos de Cuquío. Secretaría de Cultura. Jalisco.

Williams, E, 1992. Ecología de la producción cerámica en Teponahuasco, Jalisco, Relaciones. Estudios de Historia y Sociedad, XIII(49): 103-128.El Colegio de Michoacan.


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