BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

PROCESOS INTERCULTURALES

Víctor Ortiz y otros




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Introducción

Los procesos interculturales se construyen en ciertas formas de equidad en un campo determinado, habiendo disposición de las partes, donde el aprendizaje por medio de las ventanas se va dando en procesos sociales. Sin embargo, es necesario estudiar las relaciones que se dan entre las distintas identidades culturales en países y campos determinados. Por ejemplo, en las organizaciones, en las cárceles, en ciertas relaciones de producción, en la educación, etcétera.

Las experiencias de esas convivencias aún cuando disten de ser interculturales, nos dan oportunidad de saber en las relaciones asimétricas desiguales, como se dan y se reproducen con qué dispositivos. Bienvenidas las investigaciones.

Pero en el plano de la aspiración y de la posibilidad es importante configurar, pero, también saber cómo se construyen, así de cómo se van dando.

Foro Internacional sobre la Multiculturalidad. Universidad de Guanajuato, Campus Celaya – Salvatierra, Celaya Guanajuato 19, 20 y 21 de mayo del 2010.

Ricardo Contreras Soto

“La vida de un golfo”: Consideraciones psicosociales sobre un encuentro multicultural en el Centro Penitenciario de Albolote, Granada, España.

Mtra. Dulce María Eduwiges López Nuñoﻕ

DulceLN@yahoo.com

Mi cárcel no tiene rejas ni mi cadena eslabones, pero yo me encuentro preso cautivo de mis propios errores (...) dolores tristes e intensos que todo mi cuerpo recorren (La vida de un golfo, FJPM, 2008).

Con la presente reflexión deseo compartir mi experiencia de prácticas como psicóloga social mexicana en un centro penitenciario español, siendo becaria de la Fundación Carolina, estudiante del Máster en Psicología de la Intervención Social (Universidad de Granada).

Forma parte de las memorias de mi paso por aquellas maravillosas tierras, donde hablo acompañada por los testimonios de los jóvenes internos con quienes coincidí cuando nuestras vidas convergentes se encontraron en el Taller de Vida «EPSSORESEM»: Espacio PSicoSOcial para la RESignificación y el Empoderamiento... donde encontré que ser infractor es un vínculo y una demanda, de amor y contención... a la espera de una mirada, una respuesta, una señal de inclusión social...

Palabras clave: delincuencia juvenil, justicia juvenil, intervención psicosocial, inclusión social.

“La vida de un golfo”: Consideraciones psicosociales sobre un encuentro multicultural en el Centro Penitenciario de Albolote, Granada, España.

1. El inicio: los sentidos y propósitos, aportes y aprendizajes...

2. Los encuentros: el Taller de Vida «EPSSORESEM»

3. La voz de los jóvenes: breves relatos autobiográficos...

4. El cierre: resonancia y valoración...

5. Consideraciones psicosociales: mi lectura e interpretación...

6. El potencial... Ir más allá!!!

7. Referencias bibliográficas

19, 20 y 21 Mayo 2010

Celaya, Guanajuato, México

Mi cárcel no tiene rejas ni mi cadena eslabones, pero yo me encuentro preso cautivo de mis propios errores. Esclavizado por el vicio que ni de día ni de noche a mí me dejan tranquilo. Esas amables sensaciones y de placeres ya se me han ido cambiándoseme por dolores, dolores tristes e intensos que todo mi cuerpo recorren y no me dejan tranquilo ni de día ni de noche. Mi cárcel no tiene rejas ni mi cadena eslabones, mi caso es como otros muchos donde median las traiciones, no es cosa de estar callado y aunque sea de rebote evitarse las tragedias donde muchos malos hombres hacen caer a niños inocentes que por sentirse mejores se meten donde no deben en busca de sensaciones.

El pan del necesitado es robado impunemente, yo no sé si habré matado porque a más de uno he dejado abandonado a su suerte en un campo tirado después de haberle quitado todo lo que pueda venderse y con lo que saqué del trueque he dejado en paz mis venas saciándolas largamente con el chute de veneno que mi cuerpo lo requiere para que ese dolor constante por unas horas me deje.

La vida de un golfo, FJPM, 2008.

El inicio: los sentidos y propósitos, aportes y aprendizajes...

Hace casi dos años, en septiembre de 2008, presenté en la ciudad de Granada, mi Memoria de Prácticas en el Centro Penitenciario de Albolote, “Ser infractor: Un vínculo (in)trascendente”... Hoy, en mayo de 2010, en la ciudad de Celaya, es un honor y un placer responder al llamado que nos hace la Universidad de Guanajuato a través del Foro Internacional sobre Multicultural, porque me ha significado una convocatoria para repensarla y reescribirla, al compartirla en este relevante espacio y –con ello– abrir las puertas de dicho centro penitenciario, para entrar a conocer las vivencias de los sujetos que lo habitaban en aquel momento en que nuestras vidas convergentes se encontraron y generaron procesos interculturales profundamente significativos, habida cuenta de la diversidad de nacionalidades e identidades en convivencia: españoles, rumanos, marroquíes, dominicanos, colombianos, ecuatorianos y una mexicana.

Hoy intento generar un diálogo al compartir sobre mi experiencia de prácticas, materializada en mis Memorias, que se convirtieron en un reporte que pretendía leer, sistematizar y reflexionar sobre mi experiencia como psicóloga social mexicana al realizar prácticas profesionales en el Centro Penitenciario de Albolote (CPA), siendo becaria de la Fundación Carolina, estudiante del Máser en Psicología de la Intervención Social (Promoción 2007/2008), de la Facultad de Psicología, de la Universidad de Granada. Vale decir que fue un proceso verdaderamente intenso y apasionante, creativo y expansivo, potente y esperanzador, aunque doloroso y frustrante, inquietante y movilizador, e igualmente gratificante, en tanto me fue posible ejercer una Psicología Social que pretende recuperar y potenciar al sujeto, al tiempo que el sujeto se recupera y potencia a sí mismo...

De manera que, la problemática que despliego, al ser convocada por el tema, surgió a raíz de esa intensa experiencia, de un encuentro muy especial con jóvenes infractores, donde apareció la necesidad de trascender, de dar cuenta de aquello que dicen y no dicen, de lo que son y no son; de captar lo que expresan y plasmarlo, para poder entender qué demanda, qué necesita el otro, cuál es su llamado... proceso profundamente significativo, que compromete y motiva a continuar planteando y ejerciendo propuestas alternativas.

Es así como pude conocer el CPA por dentro, en el devenir cotidiano que permite la permanencia de 3 meses. Lo cual impuso, por sí mismo, una experiencia impresionante, puesto que la realidad penitenciaria mexicana (queretana) es completamente distinta a la realidad penitenciaria española (granadina). En general, mis actividades consistieron en:

* Conocimiento del CPA: estructura, organización y funcionamiento.

* Análisis de expedientes como acercamiento a la vida en el Módulo de Jóvenes.

* Conformación de los grupos de tratamiento (presentación del TV, organización de los dos grupos, logística, permisos y autorizaciones).

* Aplicación de pruebas psicológicas a los dos grupos de terapia (a sugerencia de mi tutor externo, psicólogo adscrito al CPA).

* Adaptación del Taller de Vida a las características de los jóvenes.

* Implementación del TV (17 encuentros con cada grupo).

En tales condiciones, mi actitud etnográfica y mi especial estado de sensibilidad, suspicacia y receptividad propios de un psicóloga ávida de conocimientos y con grandes inquietudes (auto)críticas, (auto)reflexivas, propositivas y proactivas, me permitió acercarme a los diversos actores que dan vida al Centro (claro, con énfasis en el colectivo de jóvenes); y, con ello, la oportunidad de escuchar y leer discursos, descifrar códigos y observar prácticas institucionales cotidianas que me llevaron a cuestionarme sobre las vicisitudes en la identidad del joven privado de libertad al portar un estigma que es re–sellado con el internamiento.

Por otro lado, para mi gran fortuna, me concedieron la oportunidad de llevar a cabo una propuesta de intervención psicosocial que diseñé cuando, durante el periodo comprendido entre 2000 y 2003, realicé servicio social y prácticas profesionales en el Centro de Observación y Tratamiento para Menores Infractores del Estado de Querétaro.

Taller de Vida «EPSSORESEM»: Espacio PSicoSOcial para la RESignificación y el Empoderamiento, es el nombre que elegí para dicha propuesta, teniendo en cuenta que mi interés por intervenir en centros penitenciarios deviene de la posibilidad de:

ﻖ Aplicar mis conocimientos, destrezas y aptitudes en beneficio de adolescentes y jóvenes en situaciones de riesgo y vulnerabilidad, marginación y exclusión social.

ﻖ Aproximarme al mundo simbólico del joven interno, para conocer y comprender su realidad, su historia, su circunstancia; y, desde ahí, desplegar una praxis que permite al sujeto recuperarse a sí mismo y hacerse cargo de sí como sujeto potente.

ﻖ Conocer y analizar las repercusiones psicosociales del internamiento y su efecto en la subjetividad del joven (sentidos y significados de la privación de libertad).

ﻖ Realizar una intervención psicosocial significativa, tendiente a favorecer procesos que permitan a los jóvenes expresar–se, escuchar–se, mirar–se, pensar–se y sentir–se, en términos de resignificación y empoderamiento, con claras tendencias a lograr reposicionamientos en su vida personal, familiar, social y comunitaria.

ﻖ Promover la escritura autobiográfica, para que los jóvenes puedan relatar–se (a sí mismos y a otr@s) los fragmentos de su vida que han dejado huella y le imprimen direccionalidad e intencionalidad, en ánimo reparador, conciliador e integrador.

En este sentido fue que pude implementar el «EPSSORESEM», en una versión adaptada y reducida, en dos grupos del Módulo de Jóvenes; lo cual fue todo un logro, habida cuenta de las compleja situación de los jóvenes y los movimientos propios de la vida penitenciaria, así como mi propia situación personal (extranjera, con sólo 7 meses de estancia en la ciudad).

Con todo, el taller cobró sentido a la luz de la apremiante necesidad de mirar y pensar de manera diferente a los sujetos a quienes llamamos “delincuentes juveniles”: reconociendo su cualidad luminiscente, reflectante y emergente, en tanto resistencia, resistencia-protesta-lucha de la que –paradójicamente– son portavoces y chivos expiatorios... porque, lamentablemente, quedan entrampados en su propia transgresión, en un pantano de silencio, anulación y desacreditación; devienen en sujetos que quedan separados, aislados, rechazados, despojados, marginados, estigmatizados, excluidos... porque nuestra sordera e indiferencia social nos impiden ver esta resistencia como un llamado de auxilio desde un mundo recóndito y sombrío, un grito, una señal de advertencia que clama ser escuchada y atendida, un mensaje a descifrar... Y se niega que buscaban y deseaban ser, ser mirados, tocados y escuchados: porque en este intento de reivindicación, con una acuidad inédita (y la también inédita sentida vacuidad), estos jóvenes quieren expresar–se, escuchar–se, sentir–se, mirar–se, pensar–se, resignificar–se, empoderar–se, autoafirmarse y determinarse en el encuentro con el otro...

Y es que, con su potencial ‘desestabilizador’ (si es que había estabilidad en la inestabilidad) nos arrebatan una mirada, una mirada de desprecio y rechazo, que pretende subordinar la insubordinación... Pero ser infractor es un vínculo, una relación, la única forma posible de hacer lazo social (a la espera de una mirada, una respuesta, una señal de reconocimiento, autenticación e integración); y, también supone una demanda, una demanda de amor y contención... porque han configurado su subjetividad en condiciones de carencia y vulnerabilidad, que los coloca en situaciones de riesgo... y, por ello, se convierten en un grupo prioritario... y, por contradictorio que parezca, en estos espacios algunos de ellos terminan intentando “aprender a ser persona” (como diría uno de los internos), pretendiendo ser, recuperar–se y reposicionar–se frente al comportamiento delictivo.

Sólo así resulta pertinente la recuperación de la experiencia del joven y preguntar–nos: ¿quiénes son estos chavales, de dónde provienen, cómo, dónde y con quién han vivido, qué hacen, qué desean, qué pretenden, qué necesitan, qué buscan, qué piden, hacia dónde se dirigen, con qué intenciones, para qué, por qué?, ¿cómo viven, piensan y sienten?... Y para responder es indispensable escucharlos auténticamente y priorizar su voz... esa voz que brota del internamiento, que (re)vela la función de los centros penitenciarios... esa voz que revela una subjetividad sufriente, captada en los breves escritos autobiográficos y en los encuentros grupales que se generaron durante esta intervención, que logró un clima de confianza que les permitió apropiarse del espacio, expresar–se, escuchar–se, mirar–se, sentir–se, pensar–se, compartir–se y comprender–se; lo que, al final, redundó en que pudieron reflexionar sobre los mecanismos que emplean para afrontar experiencias conflictivas y no conflictivas, para poderse plantear alternativas más armónicas y saludables; o, siquiera, menos dañinas.

Me resulta gratificante el trabajo de coordinación grupal que realicé, en particular con el Grupo 1, porque en un principio se mostraron demasiado renuentes y resistentes, pero paulatinamente fueron modificando sus discursos, actitudes y comportamientos... lo cual implicó para ellos un ejercicio de resignificación sobre la trayectoria de su vida, así como un pretendido deseo de reposicionamiento frente a las personas significativas y los afectos importantes de su vida, así como frente a aquello que los coloca en situaciones nocivas y dañinas (para sí mismos y para otros). Y, por lo que a mí respecta, ello también implicó momentos complicados, especialmente una grave situación en la que se me presentó un dilema moral que resolví intuitivamente, escuchando a mi propio corazón, pese a las dudas que la decisión tomada me generaba, claro está.

Lo único que nos queda es el carácter difusor del efecto multiplicador de despertar consciencias y crear consciencia social...

Valga el aporte para lograr que el mundo sea vivible para cuantos lo habitamos, tomando el desafío que permita reconocernos y aceptarnos en la diferencia...


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