BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

PROCESOS INTERCULTURALES

Víctor Ortiz y otros




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El poblamiento mestizo y la explotación de los recursos naturales

En un estudio más reciente sobre la Sierra Tarahumara, Sariego (2002) afirma que desde finales del siglo XVIII el gobierno virreinal promovió la colonización de la Sierra por parte de mineros, hacendados, agroganaderos y comerciantes. Ante esta presión colonizadora mestiza, muchos núcleos indígenas huyeron hacia zonas más despobladas e inhóspitas, donde recrearon los viejos principios de sobrevivencia y autonomía nómadas.

La apropiación de la tierra habría de ser el eje principal de los conflictos interétnicos, sin embargo, la ambición por la búsqueda y explotación de los metales preciosos constituiría el motivo primordial de esta primera ola de colonización mestiza (Sariego, 2002: 128-132).

El agrarismo llego a la sierra por los años veinte (s.XX) con los repartos de tierras y dotación de ejidos. Así, los repartos más cuantiosos fueron en el área forestal del actual municipio de Guachochi (antes correspondientes a Batopilas), donde surgieron algunos ejidos forestales tarahumaras como Basíhuare, Cusárare, Norogachi, Papajichi, Tetahuichi, Samachique, incluyendo San Ignacio de Arareco (municipio de Bocoyna) y Chinatú (en Guadalupe y Calvo). Esta es una zona con población predominantemente indígena y los ejidos quedarían articulados a la explotación forestal, pues la entrega de la tierra les daba el derecho a la explotación del bosque.

Los repartos de tierras promovieron entonces la migración de población mestiza hacia los nuevos centros agrarios. Debido a que tenían mejor conocimiento de los trámites y de la burocracia agraria, los mestizos encabezaron en muchos casos las solicitudes de tierra de algunos pueblos. Sin embargo, la forma como el reparto agrario favoreció a los mestizos trajo como consecuencia un creciente descontento de parte de algunas comunidades tarahumaras. Pues, además, los mestizos no se contentaban con gestionar las peticiones de tierras, sino que también se apropiaban de los cargos directivos y de las asambleas ejidales, desplazando así poco a poco la autoridad de los gobernadores indígenas (Sariego, 2002: 133-1379.

En abril de 1938, con motivo de celebrarse el Primer Congreso Indigenista de la Raza Tarahumara en Guachochi, en la época del presidente de la República, Gral. Lázaro Cárdenas, y gobernador constitucional del estado de Chihuahua, el Ing. Gustavo L. Talamantes, con la asistencia de profesores renombrados en la región y líderes indígenas tarahumaras se consideró la necesidad de contar con un organismo integrado por representantes indígenas, y así surgió la idea de crear el Consejo Supremo Tarahumara, organismo que con el tiempo, trataría las inconformidades y quejas de los grupos indígenas en un contexto de caciquismo y explotación racial.

Dichas inconformidades se fueron haciendo más graves a raíz de dos fenómenos casi contemporáneos: la dotación ejidal y la llegada de las compañías madereras a la sierra desde los años treintas. Por otra parte, la aplicación de la justicia ha sido arbitraria e institucionalmente monopolizada por los mestizos.

La instalación del INI en Guachochi en 1952, dio lugar a un planteamiento que tiene que ver con la integración del indio. El INI en la década de los cincuentas planteó un programa de acción en el que declaró su convicción de que los pueblos indígenas, sin perder sus formas de identidad (lengua y territorialidad), podían integrarse al desarrollo y a la modernidad del país, postura presente hasta la actualidad.

El ejido de Cusárare, dominio de la familia Zafiro

Se presenta en este apartado un estudio detallado de un caso de cacicazgo en la parte de la sierra de Chihuahua, llamada la Alta Tarahumara, el de la familia Zafiro, en el ejido de Cusárare, caso en el que se expresa muchas de las características propias de la forma de operación política y cultural de los caciques mestizos en la Sierra Tarahumara.

El pueblo se encuentra a veinte kilómetros de Creel, y es el primer ejido de entrada desde el norte al municipio de Guachochi, pues colinda con el ejido de San Ignacio de Arareco, el cual corresponde, al igual que Creel, al municipio de Bocoyna.

La cercanía de Cusárare con Creel cobra importancia por haberse convertido este último pueblo en estación de ferrocarril y punto estratégico para el embarque de la madera. Pero además la estación de ferrocarril en Creel cobraba importancia porque allí llegaban por tren las mercancías que luego se distribuían a una buena parte de la sierra, principalmente a la región de Batopilas.

El nombre del ejido, Cusárare, significa según la lengua tarahumara “nido de águilas” (de “cusa”, águila; “are”, dio, dieron). Se caracteriza este ejido porque su población es mayoritariamente tarahumara, con un mínimo de población mestiza.

Actualmente el pueblo cuenta con cuatrocientos veinte ejidatarios y con una población de cerca de 2,000 habitantes, pues se calculan en promedio tres hijos por familia. El 95 % de la población es indígena, y sólo unos veinte mestizos ejidatarios. El ejido cuenta con 19 camiones particulares para transportar el trozo de la madera.

“El ejido de Cusárare fue creado mediante resolución presidencial de fecha 12 de septiembre de 1929, con una superficie de 30,777 hectáreas y ejecutada mediante acta de posesión y de deslinde de fecha 10 de abril de 1930”.

Como antecedente de la presencia del Estado en la explotación forestal del ejido tenemos que en 1942 se estableció el aserradero en el poblado de Yahuírachi, a siete kilómetros de Cusárare por el camino rumbo a Norogachi. El aserradero se convirtió en un centro de trabajo muy importante para la región, pero también en un centro de poder económico que despertó las ambiciones de grupos.

Por otro lado, el Instituto Nacional Indigenista (INI), creado en 1948 por el Gobierno Federal, en 1952, con el objeto de atender a los grupos indígenas de la Sierra Tarahumara se establece en la cabecera municipal de Guachochi para abrir el Centro Coordinador Indigenista de la Tarahumara (CCIT). Principalmente los ejidos forestales recibirían asesoramiento técnico y administrativo de INI.

Con este objeto llega en 1962 a Cusárare para administrar el aserradero el Sr. Virgilio Bustillos Orpinel, originario de Guachochi y descendiente de la familia reconocida en esa región, los Orpinel.

La época en que el ejido fue controlado por los Zafiro

Para hacer una breve historia de la familia Zafiro desde sus orígenes, se sabe que a mediados del siglo XIX existió un sacerdote franciscano de nombre Juan Zafiro, adscrito a la misión de Cusárare. Un niño de origen tarahumara se crió y creció en la misión bajo la tutela de dicho sacerdote. Nunca habló el castellano y es muy probable que ni lo aprendiera. Cuando llegó el tiempo de casarse, que entre los tarahumaras sucede siendo muy jóvenes, lo hizo con una tarahumara la cual igualmente no hablaba nada de castellano. Este tarahumara adoptó el nombre de su tutor, Juan Zafiro, por la costumbre de los tarahumaras de adoptar el nombrre que ellos prefieren y gustan.

La pareja de Juan Zafiro y su esposa, de nombre Concepción Vega, procrearon varios hijos e hijas, entre los que se mencionan: Pablo, Anastasio, Francisco, Miguel y Concepción.

Para seguir la línea de descendencia, Pablo Zafiro hijo de Juan, al llegar a la edad joven, y al haber poco trabajo en la región, se dirigió a un pueblo minero llamado El Concheño que se encuentra en el municipio de Ocampo, para trabajar en las minas. En el mismo poblado conoció a Francisca Meza González, de origen mestizo, con quien contrajo matrimonio. Pablo sí hablaba el castellano. Esto dio lugar al comienzo del mestizaje de los Zafiro.

En El Concheño nacieron tres hijas de Pablo y Francisca que son : Paula, la mayor, Clara y Amalia. Tiempo después, en 1908, Pablo regresó a Cusárare y aquí nacieron sus demás hijos, entre ellos Juan, el mayor de los hombres, José, Roberto, Jesús y Manuela Zafiro Meza.

Pablo murió en 1918; en ese entonces el pueblo de Cusárare todavía no era ejido y pertenecía a la municipalidad de Batopilas. Era un pueblo habitado casi en su totalidad por tarahumaras de collera y calzón de manta (Zitagora).

Entre los raramuri de Cusárare en esa época los primeros mestizos fueron los Zafiro, aunque también se menciona a Francisco Serrano. No había ejidos en la región, sólo eran terrenos nacionales. Cuando crecieron Juan y José trabajaron de arrieros (para transportar mercancías en mulas, de Creel a Batopilas), después José fue a trabajar a la mina de Cerro Colorado donde estuvo hasta 1937. Allá conoció a Isidra Valenzuela, con la que se casó, y sus hijos fueron Pedro, Angelina, Luz Eréndira, José, Juan Enrique.

Los hermanos Juan, José y Roberto Zafiro Meza tomaron parte activa en la conformación del ejido, pues con otros tarahumaras viejos, se propusieron organizar el ejido y el trabajo del mismo.

Los primeros comisariados ejidales fueron tarahumaras, siendo nombrado el primero Francisco Elirio, al que siguieron Tomás Corpus y Blas Plascencia. Mencionan también en el pueblo a Elirio Vega y Manuel Bautista.

El cargo de comisariado ejidal dura tres años (así se nombra en los pueblos de la sierra al presidente del comisariado ejidal).

El ejido contaba con tres camiones troceros para el transporte de la madera en trozo, que medía desde 14,16,18 y hasta 20 pies de largo, y un camión de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) para uso del ejido.

El gobernador indígena igual dura tres años en el cargo, con la diferencia de que si hace buen trabajo lo vuelven a nombrar las veces necesarias o al menos que él ya no quiera.

Juan Zafiro, de la tercera generación, era el que tenía más ascendiente con los tarahumaras, pues tanto él como Paula su hermana hablaban muy bien el tarahumara. Además, Juan era de buen carácter y de piel morena.

A principios de los cincuentas los tarahumaras nombraron a Juan comisariado ejidal, le reconocían que era conocedor de los asuntos legales y agrarios relacionados con los problemas del ejido. Como comisariado ejidal invitó a su hermano José, a quién hizo compadre, a colaborar con él.

Juan se casó con Rosario Aguilar y sus hijos fueron Adolfo, Pablo, Raúl, Luis, Salvador y Domingo.

El cacicazgo en el ejido se le atribuye primero a Juan y después de él a sus hijos. Juan ocupó durante dos periodos el cargo de comisariado ejidal ente 1950 y 1960. En esa década el ejido creció en número hasta llegar a 330 ejidatarios. Juan era un hombre que sabía manejar los asuntos agrarios y forestales.

Los indígenas lo apreciaban y lo respetaban. Lo tenían como defensor del pueblo. Ayudaba a los indígenas y los defendía, pues Juan atacaba duramente a quien venía de afuera a querer engañarlos o robarlos, ya que éstos por lo general no sabían leer. Un ejemplo claro fue la relación que el ejido mantuvo con la compañía maderera representada por Fernando Alcocer Patiño, quien compraba la madera a un muy bajo precio y les tocaba muy poco a los ejidatarios.

El rechazo que los ejidatarios empezaron a tener hacia Juan Zafiro fue porque apropiándose del poder, comenzó a cometer abusos contra los indígenas, pues cuando dejó de ser comisariado ejidal, fue comisario de policía ya a principios de los sesentas, cargo de autoridad, de carácter municipal. Finalmente los ejidatarios ya no lo quisieron por su prepotencia y mal trato hacia la gente y no lo volvieron a nombrar a ningún cargo.

Cuando llegó Felipe Núñez a Cusárare, por influencia de Luis Serrano, conoció a su hermana Mariana Serrano Zafiro, con la que se casó. Felipe Núñez era chofer de una compañía minera de Chihuahua y hacía viajes a La Bufa, un mineral del municipio de Batopilas; manejaba un camión cargado de material. Se fue con Mariana a vivir a Quírare, donde la compañía tenía un campamento para los trabajadores. Allá estuvieron doce años, hasta que Felipe se retiró. Regresaron a Cusárare y Mariana quiso quedarse aquí por motivo de su mamá, Paula Zafiro.

Al asentarse en Cusárare el ejido le concedió un trabajo como marcador. En un ejido forestal este trabajo lo hace por lo regular el técnico forestal; a Cusárare iba uno de San Juanito. Mariana ya era ejidataria de antes, y Felipe guardaba la esperanza de que le dieran un derecho. Al fin se le concedió, en la asamblea todos lo apoyaron, puesto que había rendido mucho trabajo para el ejido.

Con la llegada del matrimonio integrado por Felipe Núñez y Mariana Serrano, se veía fortalecido el grupo mestizo de los Zafiro, quienes sostenían el control del ejido a principios de los sesentas. En ese tiempo los tarahumaras eran muy humildes y la gente que sabía hacía lo que quería con ellos. Los que estaban enterados de las cosas del mundo occidental y de las cuestiones ejidales eran los mestizos, y éstos eran los Zafiro.

Los hijos de Juan tuvieron la habilidad de tener en sus manos el ejido por buen número de años. Para algunos fueron dieciocho, aparte de los diez años de dominio de su padre. Pero además, fue una época dorada para el ejido por la gran entrada de dinero que había; producían y vendían todos los productos que se laboraban en el aserradero, con lo cual recibían buenos recursos financieros. Lo que quedaba como utilidad lo repartían a los ejidatarios en semillas y en dinero, además de dar apoyos para auxilio en caso de enfermedad, en ocasiones en los mejores hospitales de Chihuahua.

En lo que se refiere al sistema técnico, los Zafiro cambiaron el aserradero de sierra circular a sierra banda, equipo que compraron en Tacámbaro, Michoacán y lo trajeron en trailer.

Se veía en los Zafiro y en el ejido en general signos de prosperidad. Entonces los Zafiro comenzaron a interesarse por los créditos de las agencias de Cuauhtémoc para comprar trocas y camiones con el fin de usarlos en el fleteo de los trozos de madera. Este se hace desde el monte donde tumban el pino al patio del aserradero. Los compradores venían al mismo tiempo a comprar la madera, pero ellos traían sus trailers o camiones. Por los años sesentas, éste era un trabajo bien pagado en el aserradero, y los Zafiro acapararon los viajes en el fleteo, y eran quienes sacaban mayor ventaja de esto. Vatant nos informa que

“En el flete de trocería existe ya una supremacía innegable del grupo Zafiro, que transporta el 60 % de la producción”. Por lo mismo, Vatant menciona que llegaron a convertirse en el grupo fletero “fuerte”. Además, hacían todo lo posible para impedir que llegaran fleteros de otros ejidos, como se permitía en otras partes (Vatant, 1990: 69).

Eran conocidas sus fiestas acompañadas de carne asada, cerveza y música, pero no convidaban a nadie que no fuera de ellos.

Adolfo y Pablo fueron quienes mejor supieron aprovechar el poder por el control del ejido, pero a la vez fueron los que llevaron una vida más disipada y a los que se les veía portar más dinero. Fueron conocidos como borrachos y mujeriegos los dos. Se casaron más de una vez.

Cuando Pablo quería ser comisariado ejidal los indígenas no lo apoyaban. Cuando llegó al cargo de administrador fue por influencia de su hermano Adolfo. Sin embargo, en opinión de su primo Luis Serrano, Pablo fue el mejor administrador que haya tenido el ejido.

Adolfo y Pablo se pasaban los cargos, uno era el administrador y el otro el comisariado ejidal, o sino al revés. Adolfo fue comisariado ejidal de 1969 a 1972. En este año entregó el cargo, pero por acuerdo de asamblea fue nombrado administrador, cargo en el que duró hasta 1974, cuando dejó la administración debido a una invitación que le hiciera La Unión de Ejidos Forestales de la Tarahumara para que los auxiliara en el patio de madera que tenían en ciudad Juárez. Quedó su hermano pablo como administrador, y después, por acuerdo de asamblea fue nombrado comisariado ejidal en 1976. Adolfo volvió a ser administrador de 1985 a 1988. Luis, el más chico, llegó también a ser administrador, pero fue el último de los Zafiro que ocupó cargo en el ejido.


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