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PROCESOS INTERCULTURALES

Víctor Ortiz y otros




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Cacicazgo y relaciones interétnicas en la sierra Tarahumara

Ramón Arturo Sánchez Delgado.

ramon_prd@hotmail.com

Después de revisar alguna bibliografía encontré que el tema del cacicazgo se define más claramente ubicándolo dentro del contexto general de “la cuestión agraria en México”, cuyos expositores han sido principalmente los llamados clásicos: Armando Bartra, Roger Bartra y Luisa Paré, con sus respectivas obras, así como Fernando Salmerón Castro, Raymond Buve, Guillermo de la Peña y otros más que consideraremos en el desarrollo de este trabajo.

Problema

Al plantear el problema de investigación sobre el cacicazgo y las relaciones interétnicas en la Sierra Tarahumara, surgen algunas preguntas importantes que habrán de abordarse en el proceso del presente trabajo:

¿Existen los cacicazgos en la Sierra Tarahumara?

¿Cómo se han configurado?

¿Qué tipos de cacicazgos son objeto de investigación?

Atendiendo a un caso específico: ¿cómo se configuró el cacicazgo en el ejido de Cusárare, municipio de Guachochi, y cómo se puede describir?

Se trata de analizar desde el punto de vista de la antropología social la manera como se han configurado los cacicazgos en la Sierra Tarahumara, así como sucedió específicamente en el transcurrir del tiempo en el ejido de explotación forestal de Cusárare, municipio de Guachochi.

Hipótesis

1. La Sierra Tarahumara, región intercultural con una gran riqueza forestal, ha sido escenario de cacicazgos que se han erigido en base a las condiciones peculiares del campo mexicano y su campesinado.

2. Los cacicazgos que se han dado en la Sierra Tarahumara sólo se pueden entender a partir de las formas en que ahí se han desarrollado las relaciones interétnicas entre indígenas y mestizos.

3. Se han dado casos muy particulares o singulares de cacicazgos como el del ejido de Cusárare, caracterizado por su acento cultural, paternalista y marcadamente local.

Ubicación

El pueblo que ubico como el escenario principal de los acontecimientos relacionados con el tema del presente trabajo es el ejido de Cusárare, el cual pertenece actualmente al municipio de Guachochi, y es una de tantas mesetas de la Alta Tarahumara, el clima es frío la mayor parte del año, agradable durante el verano. Se encuentra a una distancia de 20 kilómetros de la presidencia seccional de Creel (antes “estación Creel”), colindando con el ejido de Arareco, del municipio de Bocoyna. Actualmente Creel es un poblado con bastante auge turístico; uno de los principales lugares visitados en la Sierra Tarahumara, a donde llegan turistas de todo el mundo, atraídos por su ubicación geográfica, paisaje, historia y la presencia de indígenas tarahumaras. Escogí hacer la presente investigación en el ejido de Cusárare por su cercanía con Creel, pero, además, por se un pueblo habitado mayoritariamente por indígenas; por su desarrollo en base a la explotación forestal, que le permitió ser un pueblo en auge económico, del que salían importantes recursos madereros y con una historia muy singular de la que forma parte fundamental la familia Zafiro, principalmente en el periodo de la segunda mitad del siglo XX.

Los personajes centrales alrededor de los cuales giró la presente investigación son los integrantes de la familia Zafiro, quienes sostuvieron el poder político, económico y social del ejido por un periodo de cerca de treinta años. La historia y genealogía de esta familia me pareció interesante, sobre todo por haber mantenido el control del ejido por un buen número de años.

Esta investigación abarca el periodo histórico de la segunda mitad del siglo veinte, a partir del año 1950, el que coincide con el inicio de las operaciones del INI

(Instituto Nacional Indigenista) en la Sierra Tarahumara. Termina con la decadencia y ocaso de los Zafiro afines del siglo veinte e inicios del veintiuno.

El debate sobre el caciquismo en el campo mexicano

Considero que en México no podemos dejar de reconocer que los llamados autores “clásicos” en los estudios del campo mexicano y su campesinado han sido Armando Bartra, Roger Bartra y Luisa Paré.

Armando Bartra nos presenta algunas cifras interesantes cuando revela que de los 5 millones de trabajadores del campo, apenas un poco más de 2 millones tienen tierra ejidal o de propiedad privada, pero de ellos 8 de cada 10 no obtiene de su parcela ingresos suficientes para subsistir. O sea, casi 2 millones de familias con pequeñas parcelas, en tierras malas y de temporal se ven en la necesidad de luchar por más y mejores tierras.

Por otra parte, existen poco más de 2.5 millones de campesinos sin tierra propia, muchos de los cuales trabajan temporalmente la parcela familiar o cultivan tierras en aparcería, pero que dependen fundamentalmente del jornal (A. Bartra, 1978:5, 13,14).

Luego A. Bartra relaciona los problemas del campo con la presencia de caciques que predominan en determinadas regiones

De mil maneras los ricos del campo controlan el poder y someten a los campesinos: por vía de hecho mediante el cacicazgo o formalmente a través de imponer a sus incondicionales en las presidencias municipales o en el gobierno estatal mediante la influencia ideológica de tipo paternalista y el chantaje económico, o mediante la violencia de sus guardias blancas… (A. Bartra, 1978:77).

Para A. Bartra las expresiones de lucha política rural contra el caciquismo y la imposición de las autoridades son el origen frecuentemente de movimientos, ya sea para llevar a las presidencias municipales a candidatos populares, o para impedir la toma de posesión de presidentes impuestos en elecciones manipuladas.

Considerando a otros de los clásicos del campo y campesinado mexicanos, tenemos a Roger Bartra, quien, a diferencia de otros autores, se refiere explícitamente a la relación entre el problema indígena y el caciquismo:

Al examinar los restos de formas de poder político tradicional de origen prehispánico por lo general llegamos a un fenómeno común que caracteriza la integración política de las comunidades indígenas al Estado nacional […] Este fenómeno se presenta bajo dos formas básicas:

a) Bajo la modalidad del llamado caciquismo.

b) Bajo la forma de una articulación de los mecanismos administrativos oficiales nacionales con las pautas de organización indígena ( R. Bartra, 1982: 87).

Según R. Bartra las dos modalidades no se excluyen, sino que se observa en las diferentes regiones el predominio de una u otra forma. El sistema de cacicazgo tiende a mantener a los indígenas aislados dentro de un marco de relaciones sociales “tradicionales”, debido a que la comunicación política es monopolizada por los caciques, quienes de esta manera aseguran un control despótico sobre las comunidades.

Bajo el segundo sistema, el control de la comunidad es más administrativo que personal.

En otro texto anterior al que estamos considerando, R. Bartra (1974) se refiere al cacicazgo como una estructura de mediación. En su origen, todo sistema de cacicazgo implica una estructura de mediación, en la que el cacique consigue el poder mediante el apoyo logrado de la comunidad a la que representa; pero el poder que le otorga la comunidad es ejercido de acuerdo a intereses ajenos a ésta.

Una vez que se apropia del poder, con el tiempo el cacique lo convierte en riqueza y va ejerciendo de manera despótica y arbitraria su dominio. Entonces deja de ser útil al sistema y se encuentra con la oposición del sistema formal de poder, tanto de autoridades municipales, como de representantes de las dependencias federales. En la lucha, el sistema oficial va construyendo una nueva estructura de mediación que requiere de cierto apoyo de la comunidad con el fin de liquidar al cacique (R. Bartra, 1978: 159,161,162).

Entre los clásicos figura también la autora Luisa Paré, quien en su estudio sobre el caciquismo y la estructura de poder en la Sierra Norte de Puebla (Paré, 1999), se refiere a las características de la acción del caciquismo posrevolucionario, resultado de la Revolución y la acción del partido político engendrado por la misma.

Para Paré, en el campo mexicano se dan distintos modos de producción, -capitalistas y no capitalistas-, los que coexisten en una misma estructura; para que el modo capitalista pueda subordinar al otro, se hace necesaria la intermediación de ciertos personajes:

En situaciones de articulación de distintos modos de producción se presenta la necesidad histórica de intermediarios políticos entre la clase dominante del modo de producción dominante y los grupos del modo de producción dominado… Cuando hablamos del caciquismo mexicano del siglo XX, […] nos referimos a este proceso de intermediación política que requiere la implantación del capitalismo en un medio no capitalista (Paré 1999:34).

Paré se refiere a la forma de control político en zonas rurales, donde el poder tradicional, basado en la representación de intereses colectivos, o sea, los de una comunidad, tiende a desintegrarse, a individualizarse, a favor de una persona o grupo de personas que son los principales agentes de la penetración capitalista en el seno de la comunidad. De aquí resulta que se centraliza el poder político, y la participación popular en la vida política tiende a disolverse.

Es Guillermo de la Peña quien nos explica el papel de mediador o “broker” del cacique, según la concepción que nos legó Eric Wolf desde hace ya algún tiempo en su texto “Aspects of Group Relations” (1956)

Uno de los primeros autores en abordar analíticamente el problema de la mediación fue el ya citado Eric Wolf (1956), cuando propuso el concepto broker para examinar las relaciones entre lo que él llamaba el nivel de la comunidad y el nivel de la nación. Broker puede traducirse como intermediario, tratante, corredor y aún coyote; pero por comodidad quizá conviene provisionalmente mantener el término en inglés (De la Peña. 1986: 32,33).

Para Wolf, el broker mira en dos direcciones: No suprime los conflictos por completo, pues entonces dejaría de ser útil, pero media entre ellos.

Ahora bien, la actividad mediadora del broker variará según éste se mueva o no entre diferentes niveles de articulación. Pero su acción será posible mientras no se dé una acumulación total del poder en una de las partes, pues de lo contrario la mediación sería innecesaria; la existencia y proliferación de caciques –intermediarios- indican que ni la burguesía y ni el Estado han logrado una alta centralización de poder.

El tema del caciquismo ha sido entonces tratado por algunos autores y por ende se ha dado también una variedad más o menos amplia de definiciones y clasificaciones de los caciques. Prefiero para el objeto de este trabajo, apegarme a una definición amplia del término, sin asumir las tipologías de caciquismo que proponen otros autores. Por lo pronto, diremos que se han dado variaciones de cacicazgos en el campo mexicano según la época y las múltiples regiones, así como la riqueza cultural que existe en nuestro país.

Luisa Paré nos proporciona una definición del caciquismo que es la siguiente:

En términos generales definimos al caciquismo (sea el de la época colonial, independiente o posrevolucionario) como un fenómeno de mediación política caracterizado por el ejercicio informal y personal del poder para proteger intereses económicos individuales o de una facción (Paré, 1999: 36).

Más adelante, sin embargo, Paré insiste en el papel del cacique como intermediario de la penetración capitalista a las comunidades, cuando expresa que las necesidades de la penetración capitalista requieren del control político para el cual se utiliza a los líderes populares o naturales de la comunidad que, con el paso del tiempo, a cambio de defender los intereses del capital, son corrompidos políticamente e iniciados a los procedimientos de la acumulación.

Por otra parte, Gilbert M. Joseph, en su trabajo sobre el caciquismo, amplía un poco más el significado del término “cacique”, al considerar que dicho término es una corrupción de la palabra arawak-caribeña kassequa, que entró en el vocabulario español durante el primer contacto que tuvo con el Nuevo Mundo, y en primera instancia, sencillamente se refería a los jefes indios locales. Más tarde este término se difundió en España y en América y se amplió para significar “el que manda” cualquier hombre fuerte regional, sin importar su raza (Joseph, 1985: 244).

Finalmente, el cacique es un individuo con suficiente influencia política en su localidad, de tal forma que sus representados se subordinan en muchas de las acciones a su voluntad; por lo regular adquiere en su región más poder que cualquiera de las instancias formales de gobierno; el cacique se apropia del poder informal en base a las relaciones de parentesco, familiares, de amistad y compadrazgo.


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