BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DIVERSIDAD CULTURAL IDENTIDADES Y TERRITORIO

Héctor Ruíz Rueda y otros




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Nuestra tierra, nuestro bosque, nuestras costumbres: La organización de curanderos tradicionales ñahñu en defensa de los territorios sagrados en el municipio de Lerma, México.

Saúl Alejandro García

Universidad Intercultural del Estado de México

San Felipe del Progreso

otopame@yahoo.com.mx

Resumen

Como es sabido, desde tiempos prehispánicos, los grupos indígenas han vivido en lugares de mayor riqueza biológica y eco sistémico. Aguirre Beltrán los había definido como “las regiones de refugio”.

La intervención del Estado hacia los pueblos indígenas, ha sido con la intención de “ayudarlos” a “desarrollarse” a través de diferentes proyectos de integración, asimilación entre otros. Pero lo que en realidad busca es acceder a los recursos naturales propios de los pueblos y así poder explotarlos.

En el presente trabajo, presentamos el caso de los curanderos tradicionales otomíes de Lerma, que han empezado una lucha por defender sus espacios sagrados ante la amenaza de particulares y que con ayuda del Estado han comprado tierras en el bosque para convertirlas en una zona residencial campestre.

Palabras clave: Identidad, territorio, otomíes

Introducción

El tema de la diversidad en México es muy importante, pues no solamente se habla de la riqueza natural que se tiene en torno a los recursos naturales. Hay otra riqueza que ha dado origen al complejo mosaico social de la sociedad mexicana actual. Nos referimos tácitamente, a las raíces del México actual: las llamadas primeras naciones originarias o pueblos indios.

Debemos destacar que el mosaico del México actual, no tan sólo está construida por las primeras naciones mesoamericanas, sino que, en su devenir histórico, existen otros grupos que llegaron con y después de los españoles.

Ejemplo de ello son los negros africanos, las oleadas de migrantes europeos a lo largo del siglo XIX, y finalmente, la llegada de la población medio oriental: judíos, libaneses entre otros.

Pero, la población más marginada, excluida y forzada a integrarse a los proyectos de estado-nación, son justamente las primeras naciones originarias, las indígenas.

En este contexto, resulta contradictorio, que la población con los más altos índices de marginación y de pobreza, ocupen espacios de mayor riqueza natural. En efecto, la mayor parte de la población indígena se ubica en estos espacios de capital natural y que por lo tanto, resulta del interés del Estado y de las fuerzas capitalistas por apropiarse de esas tierras.

El presente ensayo, aborda la complejidad y el grave problema que viven las comunidades originarias en torno a su medio ambiente; los engaños por parte del estado y de intereses particulares por la apropiación de los espacios y territorios indígenas.

Pero también, describiremos los movimientos sociales indígenas en torno a la defensa de la tierra, las formas de organización y sobre todo, la reflexión en torno a la necesidad de conoce e implementar los llamados derechos colectivos en torno al conocimiento tradicional, asociado a la diversidad natural.

El presente trabajo lo hemos dividido en tres partes: primero una reflexión en torno al concepto de comunidad indígena, conocimiento tradicional y derechos comunales; posteriormente, hablaremos sobre las formas de lucha y defensa en torno a los recursos naturales, finalmente describiremos la experiencia de los otomíes en torno a lo aquí expuesto.

Desarrollo

La comunidad indígena

¿Por qué hablar de la comunidad indígena? Para poder entender la complejidad cotidiana de las poblaciones indígenas y de los movimientos que han generado en torno a la defensa de sus derechos colectivos, resulta importante acercarnos al concepto de comunidad.

El concepto de comunidad nace en el seno de la antropología, con distintas posturas en torno a él. Las más clásicas hacen referencia al concepto de comunidad como una unidad social cerrada e independiente que funciona a partir de sus propias formas de organización social y política (Wolf, 1954).

Para Cámara Barbachano (2009), la comunidad es entendida como una unidad que funciona a través de las fuerzas centrípetas y centrifugas (los procesos culturales internos y externos que moldean el desarrollo y la cotidianidad de las comunidades. González Ortiz (2005) nos dice que la noción de comunidad cerrada, dio idea, a concebir a la comunidad indígena, como una sociedad cerrada que permitió la reproducción cultural. Esta forma idealizada, permitió establecer una consistencia y estabilidad estructural de la comunidad. Es decir, parece ser que la comunidad no sufre cambios, sino que mantiene una reproducción socio cultural sin que exista peligro de cambiar los patrones culturales que en ella hay. Sabemos que, esto no es así. El dinamismo económico y social por el cual están inmersos las comunidades indígenas, no hacen posible pensar en que la estructura social no cambie, más bien se trasforma. Pero de ello hablaremos después.

Existen otros conceptos en torno a la comunidad indígena: el primero, de Saùl Millàn (2003) que reduce a la comunidad indígena en cuanto a las formas de organización social. Idea que también se aproxima por quienes estudian los sistemas de cargo . Los sistemas de cargos, no son otra cosa más que las formas de organización política social que a través de las mayordomías, obligan a los individuos del pueblo a participar obligatoriamente a prestar su servicio, al santo patrón del pueblo. El sistema de cargos es concebido como una forma de organización que permite la reproducción cultural y social de la comunidad, en otras palabras, un proyecto social al interior de la comunidad.

En efecto, me parece que el concepto de sistema de cargo, se aproxima con la idea expuesta por Leif Korsbaeck, “comunidad entendida como un proyecto político que tiene una dirección, que es compartida entre sí y que permite la reproducción sociocultural” (2009).

Esta idea de comunidad nos aproxima al concepto de “grupo étnico” que Díaz Polanco (2002) define como un grupo de interés con un proyecto social, que se plantea como una propuesta independiente y separada, y además como contrapropuesta a cualquier iniciativa nacional de carácter contra hegemónico.

Para este trabajo, concordamos con estas dos ideas: la comunidad indígena como un proyecto social – político que a partir de intereses comunes, plantean la necesidad de mantener la unidad social a partir de sus instituciones “tradicionales” y lo étnico, como un grupo de interés que compite por los recursos en el contexto de una sociedad más amplia (Bartolomé, 1999).

Considero estas dos ideas, por lo siguiente: los movimientos sociales de los últimos años, desde el zapatismo, hasta los movimientos locales, como la defensa del agua de las mujeres mazahuas de Villa Victoria, Estado de México, han sido provocados por el afectamiento de sus intereses; la violación de los derechos colectivos, que como pueblos indígenas (el zapatismo, representa una parte de las poblaciones indígenas) les pertenecen. La injerencia del estado en las regiones indígenas, han tenido como propósito el de la integración. Situación que se origina desde la llegada de los españoles hasta la actualidad. En concreto, actualmente existen comunidades indígenas que permanecen en estado de lucha permanente por mantener su identidad; costumbres como las prácticas de la medicina tradicional, los sistemas de cargo, las diferentes formas de aplicación de justicia y otras instituciones de la comunidad. También se lucha por sus tierras, por ser respetados e incluidos dentro de las decisiones políticas, en fin, un sinnúmero de demandas. O como diría Leif “ enfrentarse al mundo moderno”.

Por ello, para nosotros el concepto de comunidad tiene que ver con varios aspectos: en primer lugar la comunidad es la unidad territorial donde se fortalecen, se comparten, se discute a través de las redes de comunicación tanto familiares, como en asambleas políticas o religiosas, las diferentes situaciones que se viven en el pueblo. En segundo lugar, a partir de este dialogo constante se llegan a acuerdos, aún cuando algunos miembros de la comunidad no estén de acuerdo, se llevan a cabo. Las diferencias ideológicas caben dentro de la comunidad, pero un aspecto importante y relevante es que hay puntos de encuentro, puntos comunes que permiten construir puentes de entendimiento para cimentar un proyecto común. En tercer lugar, si bien es cierto, la comunidad está marcada por un territorio, la comunidad también puede ser extraterritorial, gracias a las redes sociales que se tejen entre familias y amigos, lo que permite la reproducción de la vida comunitaria fuera de ella. En otras palabras, la vida de la comunidad es reproducida en otros espacios, como los barrios y colonias de las diferentes ciudades nacionales y extranjeras.

Finalmente, la comunidad adquiere la dimensión de comunidad étnica indígena, porque la sociedad hegemónica construye formas de represión, marginación, exclusión de diversas maneras: desde lo lingüístico, lo físico, económico entre otros, hasta el arrebatamiento de recursos naturales como el agua, suelo, las tierras, flora y fauna. Y la comunidad se defiende de todas estas situaciones. Forma estrategias para hacer frente a todas las eventualidades; la fiesta del pueblo, las faneas, las reuniones como formas culturales ante lo moderno; las mujeres organizadas para hacer frente a los problemas de la comunidad por los hombres que se han marchado, el sistema de cargos como una forma de mantener la participación de los miembros de la comunidad, la medicina tradicional como una forma de expresión cultural y de atención a la salud ante el maltrato y la falta de servicio de clínicas médicas o simplemente la mala atención médica. En fin, la lista es interminable, pero por ello hablamos de esa lucha constante que las comunidades indígenas llevan de manera cotidiana.


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