BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DIVERSIDAD CULTURAL IDENTIDADES Y TERRITORIO

Héctor Ruíz Rueda y otros




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Iglesia y contrarrevolución

Desde mediados de 1873 surgieron algunos grupos cívico-religiosos en algunos estados que se oponían a la incorporación de leyes y disposiciones liberales en la sociedad, como las Leyes de Reforma a la constitución. En Guanajuato apareció un movimiento organizado llamado “los religioneros”. Llegaron a tres mil el número de religioneros armados en el estado, y en ciudades como San Luis de la Paz, Dolores y San Miguel fueron capaces de organizar algunos motines en 1875. Al ser derrocado Lerdo por Porfirio Díaz el movimiento fue menguando, incentivados por la perspectiva porfirista de “orden y progreso” confiaron en que la Iglesia sería menos perseguida (Sepúlveda, 1963).

Durante la etapa revolucionaria, había diferencias ideológicas profundas entre los líderes de la revolución y los líderes sociales de filiación católica, no obstante que en la práctica había coincidencias en su discurso en torno a la lucha por mejorar las condiciones de vida. De hecho, el Partido Católico Nacional cooperó con los gobiernos de León de la Barra y de Madero en la primera fase de la revolución. La separación de los católicos militantes de los movimientos revolucionarios tuvo lugar durante el huertismo, caracterizado por su ofensiva anticlerical. El antecedente más importante en la región de las luchas contrarrevolucionarias católicas que tendrían lugar unos años después fue la Liga de Acción Católico-social, fundad por el obispo de León Emeterio Valverde y Téllez en 1913 (Olvera, 1987).

Algunas de las agrupaciones católicas que se enfrentaron a los principios de la revolución surgieron en la entidad tempranamente. La liga defensora de la libertad religiosa se fundó en 1913, y la Asociación Católica de la Juventud Mexicana estaba presente en casi toda la entidad hacia 1918. Algunas otras organizaciones, como la Unión de Damas Católicas, La confederación Nacional Católica del Trabajo, las Congregaciones Marianas del Perpetuo Rosario, los Caballeros de Colón, y otras, se habían establecido antes del periodo revolucionario (Olvera, Op Cit)

En muchas de las interpretaciones y conclusiones de estudios sobre la incidencia de la Revolución en Guanajuato se ha tendido a restarle importancia a sus alcances. Esto se debió fundamentalmente a la inexistencia de grandes extensiones de tierra para repartir y a la ausencia de una tradición comunal sobre reparto de tierras, reflejándose en una escasez de demandas campesinas. Aunado a esto destacaba la fuerte influencia de la Iglesia en el rechazo popular hacia una legislación anticlerical.

Si bien Guanajuato fue el escenario de muchas batallas, estas no dieron una orientación relevante a la lucha armada. No obstante, de 1910 a 1917 hubo un periodo de convulsión política y social en el estado. Mónica Blanco (1995) menciona más de 300 rebeliones en el territorio y diversos enfrentamientos entre grupos, gavillas y bandas; tan sólo en el lapso citado hubo 12 gobernadores en la entidad y sólo dos eran constitucionales. El auge revolucionario, intensificó las luchas por el control de las instituciones, convirtiendo a Guanajuato en escenario de tensiones producto de luchas entre facciones.

De Noviembre de 1910 hasta Febrero de 1911 la rebelión anti porfirísta en Guanajuato no tuvo ninguna acción importante. Sin embargo, la actividad rebelde se fue incrementando, pues para Marzo de 1911 la legislatura estatal se vio obligada a suspender las garantías individuales en el Estado por la rebelión generalizada. De los seguidores de Madero nacidos en Guanajuato destacan en el ámbito nacional dos: el ingeniero Alfredo Robles Domínguez y el profesor Cándido Navarro. Ambos provenían de sectores medios y emigrados de la zona central del país en busca de mejores oportunidades de vida. Robles Domínguez fue el instrumentador del movimiento maderista a escala nacional, y transmitió al profesor Navarro las indicaciones para insurreccionar Guanajuato (Moreno, 1997).

Resulta importante señalar que en ciudades como León, Guanajuato, Dolores Hidalgo y Salvatierra da inicio un movimiento del Partido Católico Nacional en contra de las facciones maderistas. Este partido contaba con el apoyo de los empresarios agrícolas del estado que a su vez estaban agrupados en la Cámara Agrícola Nacional de León, así como de varios miembros de la elite económica. Su peso político se reflejó en las elecciones legislativas de 1912, ganando los distritos de Dolores Hidalgo, Irapuato, Iturbide y Salvatierra (Moreno, Op Cit)

El triunfo maderista en Guanajuato recibió el reconocimiento oficial hasta el 1 de Junio, cuando el gobernador de transición Aranda dio paso al interino maderista, Licenciado Juan B. Castelazo. Ha sido un tema polémico la decisión de Madero de haber pactado con un porfirismo ya derrotado, con el supuesto propósito de detener la lucha armada. “En verdad, a primera vista resulta extraño que una rebelión triunfante hubiera aceptado muchas de las condiciones impuestas por el régimen vencido para lograr la paz. Como resultado directo de esta claudicación de Madero, sorprendente en muchos sentidos, tenemos que el ministro de relaciones de Porfirio Díaz, Francisco León de la Barra, asumió la presidencia interina del país de acuerdo con lo previsto en la constitución. De la Barra ocupó la silla presidencial desde mayo hasta principios de Noviembre de 1911” (Moreno, p. 19)

Cristiada y sinarquismo

De suma importancia fue el movimiento Cristero y su extensión por la región del Bajío, principalmente en Pénjamo, Jalpa de Canovas, San Diego de Alejandría y San Miguel de Allende. La Cristiada fue el marco en el que se desarrolló uno de los acontecimientos que marcarían la vida religiosa de los habitantes de Cañada, como lo fue el asesinato del padre Elías Nieves, personaje de un análisis central en el trabajo de investigación y tesis del autor de éste trabajo. Lo destacable en el fondo de los sucesos es la fuerte presencia religiosa católica enmarcada por formas de vida de carácter conservador e independiente.

Aunque el grado de participación en la contienda armada entre los habitantes fue bajo, a partir de la historia oral que se construyó con los testimonios de algunos habitantes de Cañada se pueden establecer claros testimonios sobre la fuerte persecución de que fueron objetos varios religiosos, así como enfrentamientos armados en algunos pequeños poblados. La aprehensión y muerte violenta del padre Elías del Socorro Nieves en Cañada de Caracheo, así como la tortura y muerte de otro sacerdote en el rancho de Cacalote, a pocos kilómetros de allí, son sólo una muestra de la forma en que se desarrollaron los conflictos.

Un fenómeno que ilustra la forma en la que en el Bajío se combinaban política y religión en relación con corrientes partidistas y redes políticas es el surgimiento del movimiento sinarquista. A pesar de que éste movimiento no tuvo la resonancia y significación en el grado en el que lo fue la cristiada dentro de los sectores rurales y campesinos, ciertamente hubo un alto grado de participación campesina en éste movimiento social. El Sinarquismo ilustra nuevamente la continuidad de ciertos rasgos característicos del Bajío de Guanajuato, concernientes al tipo de ideología político- religiosa que se ha manifestado en distintos periodos históricos hasta la actualidad.

La fundación formal del sinarquismo tiene lugar en León en 1937, pero se constituye a partir de la interacción de grupos y corrientes originadas al calor del conflicto Iglesia-Estado en Guadalajara y la ciudad de México. Sin embargo, es en el Bajío donde el movimiento habrá de reproducirse con mayor fuerza y rapidez (Zermeño, 1988).

La mayor parte de la investigación histórica sobre sinarquismo en México se ha centrado sobre el papel del fascismo europeo en la fundación del movimiento, así como en la función que ejerció la Iglesia Católica en el proceso. No se puede negar el hecho de que el movimiento ha desempeñado un papel activo retando el discurso revolucionario de cada gobierno desde Lázaro Cárdenas (1934-40) También tiene en su haber la constante creación de varios partidos políticos de índole contrarrevolucionaria, destacando la fundación del Partido Demócrata Mexicano (PDM) en los 70, que obtuvo doce curules en la Cámara de Diputados a mediados de los 80.

Existieron determinadas circunstancias políticas e históricas que actuaron como un foco de atracción social de la ideología contrarrevolucionaria del sinarquismo hacia los campesinos. La importancia de la participación campesina en el movimiento sinarquista, puede ser vista visto como una respuesta hacia las políticas del Estado posrevolucionario mexicano (Michaels, 1966). En otros trabajos como los de K. Praeger (1975) y J. Meyer (1979), se señala que la participación campesina en el movimiento fue el resultado de la desesperación y la frustración de los campesinos al saberse defraudados y olvidados por los gobiernos de la posrevolución mexicana. Esto era una forma que tenían de desafiar la tendencia hegemónica del estado mexicano al adherirse a una organización política que cuestionaba el uso retórico e institucionalizado del pasado glorioso revolucionario como forma de detener cualquier oposición rural organizada.

Las circunstancias económicas y políticas que empujaron a muchos campesinos a afiliarse al sinarquismo durante sus primeros 10 años surgieron principalmente de las deficiencias y de los intentos de consolidación del nuevo estado mexicano posrevolucionario. Campesinos con ocupaciones variadas (incluyendo ejidatarios, pequeños propietarios, aparceros y jornaleros) sintieron que las promesas económicas de la revolución anterior los pasaron por alto, así como las promesas revolucionarias de libertad e igualdad para las masas rurales. Los líderes originales de la Unión Nacional Sinarquísta (UNS) propagaron los errores económicos y la corrupción política proveniente de los líderes revolucionarios y del régimen en sí. Esto, junto a una preocupación incipiente entre muchos campesinos de que se estaban convirtiendo en clientes del estado, provocó una asociación campesina sinarquista de más de 500,000 miembros en los primeros años de la década de 1940 (Meyer, Op. Cit.)

En términos generales, fue la ideología de principios contrarrevolucionarios lo que atrajo a numerosos campesinos. Una retórica nacionalista de la participación de masas, una participación política pacífica, una visión en contra de la lucha de clases y en favor de la propiedad privada, así como su apoyo a la iglesia y una oposición a todo lo extranjero, fue lo suficiente atractivo para un campesinado cansado de falsas promesas y la violencia que cualquier revolución y su proceso de consolidación trae. Además, factores regionales, como la identidad, culturas locales, tradiciones hispanas e historias contrarrevolucionarias son también de valor fundamental para comprender dónde y por qué razones el sinarquismo recibió más apoyo, como es el caso de la región del Bajío mexicano.


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