BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DIVERSIDAD CULTURAL IDENTIDADES Y TERRITORIO

Héctor Ruíz Rueda y otros




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En la tierra del Mámláb : Las relaciones inter-étnicas como un elemento para la construcción del territorio teenek.

Imelda Aguirre Mendoza

Los teenek que habitan en comunidades limítrofes entre San Luis Potosí y Querétaro se han venido configurando características particulares de su organización territorial y su identificación como comunidad a partir de una persistente movilidad entre ambos estados, pero también por su contacto con poblaciones mestizas, xi’ói (pames), nahuas y otros teenek de diferente procedencia, grupos con los cuales se relacionan en determinados espacios, intercambian símbolos, ideas, valores; se confrontan y comparan constantemente.

La conformación del espacio y de lo que se considera “ser teenek” se va modificando a la par de procesos históricos y sociales. En la presente ponencia el territorio teenek será visto como un elemento de identificación social en construcción permanente, como un componente lábil que se delimita, se transforma y se significa en relación con la alteridad. Partiré de los datos de campo generados a partir de investigación más amplia iniciado en el año 2006 y que continúa en curso. A lo largo de ésta se han registrado, mediante el método etnográfico, los sistemas rituales y cosmogónicos de los teenek que habitan en comunidades de la Huasteca potosina y queretana.

Históricamente los teenek al igual que otros pueblos de la región han sido un pueblo de constantes migraciones. Como grupo mayense se desplazaron a la costa del Golfo hasta constituirse como parte de su población hace 3,500 años; inicialmente ocuparon la faja costera del estado de Veracruz y en su expansión territorial terminó ubicándose en San Luis Potosí, Hidalgo y Querétaro, espacios en donde actualmente se relacionan con nahuas, otomíes, totonacos, tepehuas y pames (Ruvalcaba, 1999).

Asimismo, teenek de la sierra de Aquismón, San Luis Potosí se han movilizado hacia Jalpan, Querétaro en busca de tierras para laborar y poder asentarse, conformando comunidades estables a partir de los años setenta. En este contexto las ideas que tienen respecto a la construcción del territorio son engranajes flexibles en la medida en que se han apropiado y adaptado a múltiples espacios.

El territorio teenek se ha delineado a partir de las relaciones que entablan con el resto de los integrantes que componen su sociedad, en un sentido amplio, incluyendo a otros humanos, plantas, animales, dioses, minerales, entre otros seres. Como lo he venido señalando, en la presente ponencia únicamente me centraré en la delimitación del territorio a partir de la interacción que mantienen con otros seres humanos, creando así varias categorías que reflejan su concepción y posición ante el mundo, sus percepciones de sí mismos y de la alteridad.

Al respecto Bourdieu plantea que “la búsqueda de formas invariables de percepción o de construcción de la realidad social enmascara diferentes cosas: primeramente, que esta construcción no se opera en un vacío social, sino que está sometida a coacciones estructurales; en segundo lugar, que las estructuras estructurantes, las estructuras cognitivas, son ellas mismas socialmente estructuradas, porque tienen una génesis social; en tercer lugar, que la construcción de la realidad social no es solamente una empresa individual, sino que puede también volverse una empresa colectiva” (2000: 134).

Las percepciones y representaciones de la alteridad necesitan un espacio específico y una serie de relaciones sociales que posibiliten su concreción, éstas se modifican en función de las posiciones que ocupen los sujetos sociales y, -continuando con Bourdieu- de los habitus que tengan los diferentes agentes. “El habitus es a la vez un sistema de esquemas de producción de prácticas y un sistema de esquemas de percepción y de apreciación de las prácticas […] En consecuencia, el habitus produce prácticas y representaciones que están disponibles para la clasificación, que están objetivamente diferenciadas; pero no son inmediatamente percibidas como tales más que por los agentes que poseen el código, los esquemas clasificatorios necesarios para comprender su sentido social” (2000: 134).

En este marco entenderé como relaciones interétnicas a estas interacciones entre grupos de distintas matrices culturales, que han gestado representaciones y habitus particulares; los cuales, siguiendo a Roberto Cardoso, constituyen un “sistema de oposiciones o contrastes”, es decir, generan la noción de “identidad contraste”, aquella que implica la afirmación del nosotros frente a los otros, así como “la confrontación con otra(s) identidad (es) [las cuales] aprehenden en un sistema de representaciones con contenido ideológico” (1992: 25-26)

Las relaciones interétnicas son un medio mediante el cual los teenek se hacen visibles sus diferencias, enmarcadas dentro de una variedad de formas de identificación existentes en su modo de vida, lugares de origen y procesos históricos propios; mismos que les han permitido definirse, interpretarse e interpretar a los otros dentro de un orden social determinado. Esto posibilita por un lado, su autoadscripción y sentido de pertenencia como miembros de un grupo; y por otro, su heteroadscripción mediante la categorización de los que son distintos. Pues como lo propone Barth: “los grupos étnicos son categorías de adscripción e identificación que son utilizadas por los actores mismos y tienen, por tanto, la característica de organizar interacción entre los individuos” (1976:11-12).

Es en este escenario de identificaciones y confrontaciones como se delinea la identidad de un pueblo, que como forma de organización social (Barth, 1976), nunca termina de definirse; está en constante proceso de construcción, congruente con los trayectos históricos y con las permanentes reconfiguraciones de las relaciones sociales que le van dando movilidad.

Las dinámicas bajo las cuales se articulan las relaciones interculturales son un proceso en donde se crean imaginarios étnicos contenedores de símbolos diferenciales y particulares de cada pueblo, como lo son el idioma, el origen, la indumentaria, las formas de vivienda, la normatividad tradicional o “los costumbres”. Dichos imaginarios tienen como materia prima las percepciones y vivencias experimentadas en la convivencia de los diferentes pueblos. Como lo señala Bartolomé: “la identidad étnica aparece como una ideología producida por una relación diádica, en la que confluyen tanto la autopercepción como la percepción de los otros” (1997:47).

Volviendo a Bourdieu, él plantea que “el mundo social puede ser dicho y construido de diferentes modos según los diferentes principios de visión y de división” (2000: 135). En este sentido, “el espacio social […] se presenta bajo la forma de agentes provistos de propiedades diferentes y sistemáticamente ligadas entre sí […] Estas propiedades, cuando son percibidas por agentes dotados de categorías de percepción pertinentes […] funcionan, en la realidad misma de la vida social,…signos de distintivos y como signos de distinción […] dicho de otra manera, a través de la distribución de las propiedades, el mundo social se presenta, objetivamente, como un sistema simbólico que está organizado según la lógica de la diferencia, de la distancia diferencial. El espacio social tiende a funcionar como un espacio simbólico, un espacio de estilos de vida y de grupos de estatus” (2000, 135-136).

Partiendo de las visiones y divisiones que se gestan en el interior de un espacio social, en lo que sigue describiré las relaciones que los teenek de este estudio mantienen con los grupos culturales vecinos, así como los imaginarios que han elaborado en correspondencia con sus procesos de interacción.

Los teenek y los knok (xi’ói o pames)

Entre los teenek, los pames son catalogados como Knok, “los que no entienden”, en su traducción literal-. Las relaciones entre estos dos grupos étnicos se concretan en su vecindad y en el matrimonio entre algunos de sus miembros, lo cual promueve su ayuda mutua y a la existencia de elementos culturales comunes. En este sentido retomo la propuesta de Barth para señalar que “el vínculo positivo que conecta varios grupos étnicos en el seno del sistema social circundante depende de la complementariedad de los grupos respecto a algunos de los rasgos culturales característicos. Esta complementariedad puede originar una interdependencia o una simbiosis y construir campos de articulación…” (1976: 22).

Es de esta forma como teenek y pames han originado una amalgama cultural en donde se comparten fiestas, creencias, conocimientos en medicina tradicional, elementos cosmogónicos expresados en sus mitos y narrativas; mismos aspectos que han sido transmitidos a los hijos de estos matrimonios propiciando una reconstitución étnica. Su estrecha convivencia ha contribuido también a la comprensión lingüística de algunas de las palabras en sus respectivas lenguas maternas.

Algunos teenek mencionan que los xi’ói procedentes de Santa María Acapulco, a quienes comúnmente se llama capulcos “llegaron a la región “por pura necesidad, son bien pobres y en aquellos tiempos andaban buscando chamal, andaban buscando para comer, por eso llegaron” (Doña Agustina, La Cercada, 2007)

Los teenek interpretan a los xi’ói como “gente buena, gente con necesidad” que al igual que ellos emigraron de San Luis Potosí a Querétaro debido a las condiciones de marginación con la que vivían en sus lugares de origen; asimismo les tienen gran respeto por su sabiduría referente al tratamiento de algunas plantas endémicas que se utilizan en la alimentación, como lo es el chamal considerado como “algo peligroso”; saben que “la costumbre de comerlo fue por la pobreza, porque no había qué” pero argumentan que ellos no lo consumen ya que, a diferencia del ójox , no forma parte de su dieta tradicional.

“Las gentes teenek no estamos acostumbrados a comer el chamal, luego hay en el monte y sabemos prepararlo pero nosotros no tenemos ese costumbre, los pames si, a ellos si les gusta, a nosotros nos gusta más el ójox, ese es más especial, sabe mejor, y es el mero comida de los huastecos de antes, de cuando no había ni para comer, entonces se iban a donde hay ríos, ahí crece ese árbol, es un árbol grande, y ya de la mata se hacía la masa para las tortillas, para el atole…” (Don Alejandro, La Cercada, 2007).

Por su parte, los xi’ói identifican a los teenek en las plazas locales y otros puntos de congregación por la indumentaria tradicional que continúan portando algunas mujeres, por varios de los platillos tradicionales que acostumbran preparar y salir a vender, como el zacahuil y por su manera de hablar español: “ellos hablan la castilla como nosotros, medio mochito, a veces no podemos bien” (Don Moisés, El Pocito, 2006).

Además de ello, los xi’ói consideran a los teenek como “más indios” por ser “más penosos” y cerrar las puertas cuando viene la gente de fuera, lo que los posiciona en un nivel de “más atraso” frente a ellos y los mestizos. Dentro de esta misma visión, la personalidad de los teenek se encuentra ligada con prácticas como la brujería y el nagualismo, capacidad que tienen algunas personas para transmutarse en animal; la primera con el fin de dañar a sus enemigos y la segunda para acechar a los poblados vecinos en busca de ganado y otros animales domésticos que les sirvan de alimento. Esto ha hecho que algunas personas sientan temor ante el hecho de amistar con “huastecos”:

“Yo no quiero problemas con esos huastecos, esa gente es canija. Una vez le mandaron un nagual a una de las maestras que trabajaba allá en La Cercada, lo que pasa es que ya tenían problemas con ella, entonces iba en el camino y en eso que le sale el tigrote…esos saben de brujería, yo por eso nunca les hago nada, para qué quiero que me pase algo. A una señora la embrujaron porque les jugó chueco, les dijo que les iba a ayudar con lo de las tierras y na’ más se quedó con su dinero, luego le pasó un accidente, ya no podía caminar y le amputaron la pierna. Entonces uno de esos huastecos me dijo: ‘eso le pasó por hacer las cosas mal’. Por eso con esa gente es mejor tener cuidado” (Anónimo, El Pocito, 2007).

Como ya lo señalé, las relaciones existentes entre los teenek y los xi’ói se han visto determinadas por una afinidad mutua originada de sus procesos históricos análogos debido a su condición de etnias migrantes procedentes de San Luis Potosí. Comparten las mismas necesidades de tierras para vivir y reproducirse culturalmente, así como el lidiar con las actitudes discriminatorias por parte de los núcleos mestizos. Todo esto ha generado en ambos grupos un sentimiento de identificación interétnica.


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