BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DIVERSIDAD CULTURAL Y MIGRACIÓN

Coordinadores: Ricardo Contreras Soto y Carmen Cebada Contreras




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Las voces de niñas, niños y adolescentes migrantes

Los informantes de este estudio fueron 37 niños y niñas migrantes entre seis y dieciséis años de cinco municipios del Estado de Guanajuato.

Para niños y niñas que han vivido un proceso migratorio en condiciones de ilegalidad, de deportación, de viajes peligrosos y llenos de penurias, a las dificultades inherentes a la migración, se suman el miedo, el sentirse sin lugar en el mundo, menospreciados, victimizados, por el solo hecho de pertenecer a familias que tienen dificultades para sobrevivir. Estas vivencias se pueden manifestar de diversas formas: en las personalidades resilientes son experiencias que se convierten en aprendizajes valiosos para enfrentar la vida con mayor flexibilidad, creatividad y apertura a nuevas condiciones del entorno; en las personalidades inseguras estas condiciones se transforman en parálisis, inseguridad, baja autoestima, provocando problemas en el desarrollo tanto psíquico como cognitivo de los menores, que se manifiestan como rezagos.

Las principales actividades que recuerdan de la escuela, cuando vivieron en Estados Unidos de Norteamérica, es el deporte, los juegos, la buena comida en los comedores escolares. Todos afirman que les gustaba y lo disfrutaban mucho. Sin embargo, al regresar a México se reencuentran con la familia, que se quedó y eso los pone bien. Aunque hay casos en que dicen estar tristes porque su papá no regresó con ellos. Extrañan su casa, sus cosas, sus amigas y amigos que dejaron allá. Añoran cuando vivían todos juntos felices por estar con la familia, con papá y mamá; alegres de estudiar y aprender inglés.

La convivencia con los compañeros y compañeras en la escuela, al parecer, era mejor en las escuelas de Estados Unidos, independientemente del color de la piel y la lengua. Los entrevistados los describen como más cariñosos, más juguetones, más solidarios y menos agresivos que en sus escuelas actuales.

En cuanto a los maestros mexicanos, aunque en general les agradan, casi todos subrayan que utilizan el regaño y los gritos como formas frecuentes de comunicación. A pesar de eso valoran su esfuerzo y disposición a enseñarles y apoyarlos.

La diferencia principal que destacan entre los maestros de allá y los de acá, además del idioma, es el trato. Algunos aprecian que en Estados Unidos hay más maestras que maestros y que allá (a diferencia de México) no utilizan como método el regaño y los gritos, por lo que la enseñanza se da de manera más libre y en un ambiente agradable (lúdico).

Por lo mismo, les gustaría que los maestros, aquí, fueran menos gritones; más divertidos. Que no dejaran tanta tarea, que explicaran mejor las cosas. Les gustaría un trato más amable y que dejaran a un lado los regaños. Hay quienes piden que no les peguen, que los traten bien, les pongan atención y los escuchen.

De cualquier manera se sienten bien en los dos lados, independientemente de que las condiciones en las instalaciones y las oportunidades de aprendizaje, buen trato, posibilidad de aprender y practicar deportes, diversión, apoyo alimentario, transporte escolar y educación artística, son a todas luces mejores allá, valoran la importancia de estar aquí, cerca de la familia, el aprendizaje del español y el menor control escolar y social.

Las propuestas de cambio para las escuelas señalan la problemática de los baños (sucios), los horarios que en México son más pesados, la limpieza de las aulas y la actitud (regañona y gritona) de maestras y maestros, así como el alto nivel de agresividad de los compañeros. Expresan reiteradamente que la relación acá, con los compañeros no ha sido fácil, por la frecuente actitud de discriminación y agresividad que muchas veces se expresa en golpes: Lo que dificulta en gran medida la sana convivencia y la integración.

Cuando vivían en Estados Unidos lo que más les gustaba era la posibilidad de pasear, de salir de shopping. El tener más dinero para gastar, porque allá sus padres ganaban mejor. Les gustaba la facilidad para ir a Centros Recreativos (la comunidad), los parques. También el poder practicar un deporte en la escuela.

Aunque casi todos afirman que extrañan los Estados Unidos, hay cosas de allá que no les gustan, como los pleitos frecuentes en las calles entre bandas de cholos, los balazos a lo loco, los asaltos a tiendas; en algunos casos la discriminación social, el no entender el inglés, la lejanía respecto de la familia, el frío y no poder jugar en las calles.

Lo que menos les gusta de México es la mala situación económica, el desempleo, los salarios bajos, la violencia y criminalidad y la falta de limpieza en los espacios públicos.

Desde luego que la escuela ideal es como la de Estados Unidos. Edificio grande, bonito, con espacios amplios, bibliotecas, ludotecas, computecas; canchas para deporte, albercas, comedor donde den comida gratis, espacios verdes, con flores, con animales; transporte escolar, maestros amables que no griten, ni regañen; poca tarea, casilleros individuales, no uniformes, cafetería, enfermería, grupos pequeños; juegos mecánicos, baños limpios y con papel sanitario.

Todas estas opiniones, corresponden a voces y pensamientos de niñas y niños migrantes que radicaron por varios años (tres, seis, siete o más) en los Estados Unidos y que estudiaron allá y luego por diferentes razones migraron a México, su país de origen; en cambio para otros, los nacidos y criados allá que vienen a México como migrantes norteamericanos es la tierra de sus padres y ancestros, su segunda patria. Unos y otros se encuentran y desencuentran en las escuelas y los barrios mexicanos, abriendo brecha con su sola presencia a la búsqueda de estrategias pedagógicas innovadoras que den respuesta a sus demandas existenciales y aporten a la construcción de nuevos paradigmas de integración comunitaria y de invención de identidades pluri e interculturales.

Pero también habrá que consignar y atender las voces de quienes habiendo estudiado allá como hijos de migrantes, las más de las veces ilegales, al regresar a su patria no han encontrado el apoyo que por ley les asiste, por ser hijos de mexicanos, aunque nacidos en Estados Unidos, para ingresar, como es su derecho y su deseo, en condiciones justas, oportunas y equitativas a las aulas que les corresponde: En uno de los casos estudiados aparecen dos niñas, hermanas, que cursan juntas el mismo grado (primero de primaria), pese a que una tiene seis años y la otra ocho; pero a esta última las autoridades escolares no le reconocen sus estudios en Estados Unidos y la mandaron a iniciar la primaria.

También hay quienes habiendo regresado a México, por razones de carácter económico y expectativas de reincorporarse a la sociedad norteamericana prefieren (ellos y sus familias) no estudiar acá.

Una razón para querer estudiar al regresar acá es la visión tradicional de ligar la escuela al mayor bienestar. Sin embargo, para algunas niñas la dificultad y razón de no estudiar es el embarazo prematuro.

Ellas y ellos vivieron en Estados Unidos un período muy largo y lo que más les significa de su experiencia escolar desde pre-escolar a secundaria es, (además de la lecto-escritura del inglés) que estudiaban canto, baile, dibujo, deportes.

En todos los casos lo que más importa y se extraña de la vida allá es a la familia que muchas veces se escinde por segunda vez al cambiar el niño o la niña migrante de escenario. Desde luego que si se es ilegal lo que más se valora aquí es la libertad y lo que menos gusta de la vida allá es el miedo a ser descubiertos y deportados por las autoridades migratorias.

Hay, por otra parte, quienes fueron a Estados Unidos a pasear o a trabajar y no pudieron o no quisieron estudiar allá. Estos, generalmente migrantes estacionales que se fueron al norte interrumpiendo sus estudios, al regresar a México se reincorporan a la vida escolar. Representan una población con pocos referentes directos de la experiencia de estudiar en escuelas norteamericanas y un manejo más limitado de la lengua inglesa, que sin embargo, no tienen los mismos problemas para incorporarse al Sistema Educativo Nacional, ni mucha dificultad para integrarse socialmente.

También está una población de niñas y niños nacidos en Estados Unidos que por su corta edad (0 a 5 años) no asistieron a la escuela primaria. Algunos fueron a pre-escolar o guarderías y al regresar a México se pudieron inscribir en primero de primaria y la escuela les representa una buena experiencia. En estos casos, donde los niños son pequeños (6 años) la relación con los compañeros es buena al igual que con los maestros.

Por último, hay otro sector de niñas y niños migrantes que por razones perfectamente caracterizadas no estudiaron en las escuelas norteamericanas durante su estancia allá, ni tampoco asisten a las escuelas mexicanas actualmente. Más allá de que la problemática que estos casos nos plantean sea de carácter extraescolar, sí corresponde a las autoridades educativas consignarla puntualmente y atenderla. Estos son los casos más preocupantes, ya que representan un rezago social permanente, difícilmente remontable.

Por lo mismo es necesario revisar estas experiencias y poner atención a su discurso por demás enriquecedor: Lo primero que habría que subrayar es que esta población viajó a los Estados Unidos sola y desprotegida. Los que pudieron pasar y trabajar se sintieron bien, los que no, se sintieron mal y con miedo. El motor principal de su partida, desde luego, fue fundamentalmente económico: la necesidad de ganar dinero y contribuir a mejorar el ingreso familiar. Los únicos intentos de estudio fueron para aprender inglés y, por supuesto, por la misma necesidad del trabajo.

En general esta población migrante tiene expectativas de regresarse a los Estados Unidos a trabajar, a pesar de que algunos han tenido malas experiencias con las autoridades migratorias. Aunque hay casos, que ya anteriormente consignamos, de quienes no han podido estudiar aquí por falta de papeles, algunos viven con la expectativa y la promesa de sus padres de regresar a los Estados Unidos a estudiar.

En el caso de los adolescentes consideran que ya son grandes para ponerse a estudiar, priorizan la necesidad del trabajo para sobrevivir o contribuir a la economía familiar, o piensan en la posibilidad de ingresar al sistema educativo abierto y cursar secundaria o preparatoria.

Al tratar de caracterizar sus motivaciones escuchamos que para ellos y ellas lo mejor de allá era poder ganar dinero, aún en condiciones de doble ilegalidad (por la entrada sin permiso y por la edad). Y eso es también lo que más se extraña. Lo que menos les gustó de su estancia en Estados Unidos fue estar lejos de la familia y tener que estarse cuidando de la migra. Por lo mismo lo que más aprecian de acá es su libertad de movimientos y la posibilidad de convivir y disfrutar la familia y los amigos. Lo que menos les gusta ahora, en México, es no poder estudiar, no tener dinero y las condiciones sociales de violencia delincuencia y drogadicción. Les gustaría tener dinero para poder estudiar. Que las clases duraran menos, que los maestros no fueran tan estrictos y mayor comodidad para asistir o faltar.

En todos los casos el valor al que mayor importancia confiere es el de la familia y el deseo de que ésta pueda convivir en la cotidianeidad, ya sea en el norte o en México.

Además del discurso hablado contamos con la expresión plástica de algunos de los niños y a continuación compartimos la interpretación hecha a partir del discurso de la imagen.

El discurso de la imagen

El dibujo, tanto como la pintura constituyen, sin lugar a dudas, una herramienta tan antigua como eficaz de comunicación humana. En el lenguaje simbólico se proyecta por igual, tanto el mundo objetivo en el que transcurre y discurre el ser, como su muy personal interpretación de las condiciones de su existir.

El material reunido, da para comprender, desde los ojos y las manos de niñas y niños, su pensar y sentir respecto de la “escuela ideal”.

Llama la atención en los niños pequeños entre cuatro y seis años, un gran rezago en su expresión gráfica, lo que es un indicativo de bloqueo emocional; no han podido digerir el cambio. Se sabe que a edades muy tempranas el cambio repentino de entornos puede ser una experiencia muy difícil para los pequeños y que es necesario prepararlos para ello, hablar de lo que viene, brindar seguridad emocional a los pequeños, cuidar la expresión de miedos y dar respuesta a todas las preguntas que se hacen en torno a lo que sucede. En nuestra cultura generalmente se asume, que como los niños pequeños no “entienden” lo que pasa, no se “dan cuenta”, y, por ende, no hay que preocuparse por dar grandes explicaciones. Los niños y niñas juegan bajo cualquier circunstancia y ésta es la prueba de que “no hay problema”

Niña de 6 años de edad, San Miguel de Allende.

Los niños y niñas de nueve y diez años son los que más disfrutaron esta invitación a dibujar y por ende entregaron los dibujos que expresan mayor riqueza y colorido. Los niños de esta edad no muestran rezagos en su representación gráfica con respecto de su edad. Se observa la coincidencia en los objetos representados por todos los y las participantes; en general, se registran y describen más objetos que sujetos; cuando aparecen los sujetos representados suelen ser estáticos. No se observaron trazos que denoten enojo o agresión, lo cual es sorprendente.

Las coincidencias, tienen que ver con el discurso de lo que dicen que les gustaría hubiera en sus escuelas y lo que dibujaron: Canchas, árboles, flores, espacios amplios, bibliotecas, computecas, juegos.

Esta relevancia de los espacios físicos amplios y verdes, instalaciones de aulas, bibliotecas, canchas deportivas, comedores escolares, baños limpios y equipamiento escolar no es casual; es la manera de subrayar la mayor carencia que ellos y ellas observan en el análisis comparativo de las escuelas norteamericanas con las nacionales y por lo mismo su mayor expectativa.

Niño 10 años Celaya Niño 9 años, León

Subyace detrás de esas representaciones el sentido que la palabra “escuela” tiene para ellos y ellas como el espacio físico, las instalaciones, dejan fuera, salvo un par de casos, los elementos de relación interpersonal que tan bien describen y valoran en las encuestas: relaciones con sus maestros, con sus compañeros, con su familia. Y, por supuesto, de las personas con la naturaleza.

El dibujo con más colorido que abarca una temática más compleja, en tanto integra el mundo de las relaciones interpersonales y maneja un lenguaje simbólico de gran significación es el de un niño de 10 años que al centro pone un gran corazón, integra a la visión de escuela a mamá y papá y le da una gran fuerza a los elementos de la naturaleza: vegetación y sol.

Niño de 10 años, Romita.

En primaria niños y niñas han asimilado mejor el proceso, lo hablan, dibujan representando sus ideas con características propias de su edad, aunque algunos también muestran rezago en su desarrollo. Niños y niñas entrevistados señalan que han sido objeto de discriminación y burla en las escuelas mexicanas porque hablan diferente, que necesitan que la maestra grite menos y explique mejor.

De estas observaciones se infieren las necesidades educativas que giran en torno a la comprensión, seguramente por la diferencia en los patrones culturales y las formas de pensar y dar indicaciones. Los niños y niñas requieren de apoyo durante algún tiempo hasta que se hayan asimilado los patrones culturales mexicanos así como la fluidez en el uso del lenguaje. Los niños y niñas provenientes del sistema escolar norteamericano no están acostumbrados a obedecer sin comprender y sin estar de acuerdo con las propuestas del maestro. Por lo mismo, no aceptan órdenes y esto en las aulas mexicanas se considera una falta de respeto a la autoridad del maestro y se reprime por considerarse una indisciplina.

Este fenómeno presente en la primaria se exacerba con los adolescentes y se genera un círculo vicioso. También en este grupo de edad merece atención especial su estado emocional y sería de gran utilidad si hubiera espacios para hablar de sus experiencias y contar con la comprensión de sus compañeros. Los adolescentes generalmente muestran inconformidad con su regreso. Esta condición es una agravante, pues puede conducir a conductas agresivas o desafiantes en el grupo, lo que tiende a generar dinámicas de rechazo y exclusión. Mismas que se reflejan en la incapacidad de expresarse o de integrarse al grupo.

Los púberes y adolescentes en estas condiciones expresan en sus dibujos, cuando estuvieron dispuestos a hacerlos, una enorme desolación, un vacío existencial que los mantiene en estado de bloqueo. Sirva de evidencia el siguiente dibujo:

Niña 12 años, Silao.

Procesos de desarrollo humano que acrecienten la empatía entre los niños, así como la comprensión y aceptación de las diferencias, así como la introyección de la riqueza que representa el contacto con otras culturas, es otra necesidad detectada para la formación de los maestros.

En base a lo anterior es necesaria la capacitación de los maestros para que se sensibilicen acerca de la necesidad de brindar atención especial a estos niños, tener claro que las formas de pensar son diferentes así como la cultura escolar de la que vienen. Los profesores necesitan apoyar a los niños en el área del lenguaje y tener presente que pueden propiciar dinámicas que les ayuden a los niños a estabilizar su estado emocional. La necesidad de un espacio amoroso en la escuela se evidencia en la imagen de este pequeño migrante. La inclusión del tema de migración en el currículo es muy recomendable.


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