BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DIVERSIDAD CULTURAL Y MIGRACIÓN

Coordinadores: Ricardo Contreras Soto y Carmen Cebada Contreras




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4. ¿Es posible hablar de prácticas cotidianas de incorporación cultural de los sujetos migrantes a territorios de migración?

En este apartado desarrollaré, a grandes rasgos, la propuesta que ofrece Alain Tarrius sobre una forma de darle lectura a la movilidad de los migrantes, la cual está pensada más allá de planteamientos estáticos que de alguna manera están fuera de la realidad que se está expresando en el mundo contemporáneo. Este planteamiento permite una manera flexible o dúctil de comprender qué es lo que sucede en espacios de circularidad como la frontera norte, cómo se construyen regiones de “idas” y “vueltas” al mismo tiempo, en que los sujetos se ven inmersos en la realidad de una sociedad receptora en la cual deben construir prácticas de incorporación. De ahí que es interesante pensar en los planteamientos iniciales que propone Tarrius (2000:42) en su conjunción identidad-espacio-tiempo, donde se construyen a) relaciones entre los sujetos que se encuentran “aquí” y “allá”, b) jerarquías de identidades antagónicas entre los que llamamos “el autóctono” y “el extranjero” y c) la posibilidad de crear micro lugares y macro redes.

La propuesta de Tarrius se centra en la triada espacio/tiempo/identidad de ahí que a partir de esta relación construyó cuatro niveles de temporalidad, el primero de ellos lo define como 1) espacio-tiempo de los consumos repetitivos, a menudo cotidianos, de los lugares y reactivación de los vínculos de identidad. La noción de ritmo de vida le permite al autor “la identificación de unidades espacio-temporales: expresiones yuxtapuestas, sobrepuestas sobre un mismo espacio…” (Ibid: 44). “Esta noción de ritmo de vida se encuentra necesariamente ligada a la de proximidad “la cual designa un proceso; […] nos permite no solamente las representaciones que se hacen los miembros de un grupo del espacio social, soporte de la comunidad de las prácticas, sino también de manera inseparable, las continuidades temporales características de las fidelidades relacionales” (Ibid: 44). Un segundo nivel de temporalidad se refiere al 2) espacio-tiempo de las mudanzas características de un ciclo de vida individual y familiar, conquista de grupo de los territorios de referencia, aquí una de la preocupación principal de Tarrius fue la idea de “construcción de trayectorias que articulan la historia de vida, tal como la describe cada interlocutor y los acontecimiento generales, exteriores a las voluntades individuales pero contribuyendo a la construcción de los destinos (Ibíd: 45). El siguiente nivel refiere al 3) espacio-tiempo de las migraciones a escala de una historia intergeneracional, constitución de las identidades del grupo. En este punto el autor “buscó sistemáticamente más allá de la historia singular de cada persona, sus modalidades de pertenencia o no vastas colectividades que expresan la memoria de recorridos a través de vastos espacios migratorios en el tiempo, a menudo largo, de las secesiones de generaciones. (Ibíd: 45). Por último, presenta lo que llama 4) las fases de efervescencias que caracterizan a los momentos de instalación de colectividades, de despliegue de redes nuevas (Ibíd: 46).

Estos niveles de análisis que realiza Tarrius sobre el espacio, lo llevan a cuestionarse sobre la utilidad del término “migración” considerando que en realidad lo que sucede en las regiones y grupos de su estudio es un proceso de movilidad donde, en todo caso, la migración solo será un nivel de un proceso más complejo. Esto nos recuerda la necesidad que han tenido otros autores de aclarar el peligro de continuar utilizando términos como inmigrante, el cual alude a un tipo de “extranjero” que sigue siendo visto como el “otro”, obstaculizando el proceso de incorporación hacia los nuevos espacios de recepción. Así lo menciona igualmente Tarrius, cuando considera que el término migración aporta muy poco en la comprensión del proceso y además lleva consigo una “carga” ideológica que estigmatiza a las poblaciones “movibles”.

Por otra parte, es interesante la forma en que Tarrius comprende el campo de la movilidad social, pues al salirse de los conceptos “programados” o clásicamente utilizados, ofrece una visión más amplia pero al mismo tiempo empíricamente viable de observar. Tal es el caso de la propuesta de pensar que los sujetos son capaces de estar aquí y allá a la vez […] capaces de estar momentáneamente a o de manera duradera en universos de normas que les son extrañas sin por eso dejar de ser suyas. Esta idea supone un constante ir y venir, o la perpetuación de una relación nomadismo-sedentarismo, que desestabiliza las jerarquías de vecindades de las poblaciones autóctonas (Ibíd: 51).

Este sujeto que va y viene, según Tarrius es un ciudadano sin territorio ni Estado ni nación, es un Sujeto que burla los órdenes públicos en torno a la estabilidad residencial urbana. Pero, ¿qué supone ser un ciudadano sin territorio? me gustaría anotar una definición de poder que Foucault muestra en su texto “Vigilar y castigar”:

… en suma que este poder se ejerce más que se posee, que no es el “privilegio” adquirido o conservado de la clase dominante, sino el efecto de conjunto de sus posiciones estratégicas, efecto que manifiesta y a veces acompaña la posición de aquellos que son dominados (Foucault, 2008:33).

La capacidad de ejercer, de ocupar espacios y desocuparlos, la capacidad de movilidad está asociada con la posibilidad de desestabilizar territorios, aún cuando se trate de territorios políticamente delimitados como la frontera México-Estados Unidos, de alguna manera el transnacionalismo ha demostrado cómo grupos étnicos originarios de un país se expanden en otro Estado-nación conformando múltiples comunidades étnicas, de tal suerte que parecieran estar conformando una red transnacional de comunidades (ver cuadro 2). Esta transgresión territorial, es un poco lo que menciona Foucault en su definición: la capacidad de ejercer estratégicamente acciones que les permiten circular, traspasar fronteras e incluso residir de un lado o de otro. Asimismo, implica la posibilidad de traspasar sistemas raciales que jerarquizan los orígenes étnicos de los migrantes, provocan alteridades y desestabilizan el espacio social. En esta perspectiva, entonces vemos al Sujeto migratorio como un agente social capaz de generar sus propias estrategias de incorporación al territorio que se encuentra cargado de significaciones por sí mismo, el cual produce identidades. Es así como algunas veces los migrantes podrán considerarse en un momento como oaxaqueños, y en otros californianos y otros momentos transfronterizos.


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