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DUENDES, APOSTILLAS Y COMENTARIOS. LOS PERFILES DE MARX, Vol. III

Edgardo Adrián López




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Síntesis contextual del vol. I de los Grundrisse

Debido a lo intrincado de la organización de la obra, hemos optado por una exposición que respete los "segmentos" temáticos con profusas notas que den un panorama general del "Materialismo Histórico", en especial, acentuando aquellos puntos de divergencia con otras lecturas: ciencia y crítica, norma/valor, "composición" interna de la mercancía, niveles analíticos con respecto al valor de cambio, tasa de ganancia, materia, materialismo, materialismo dialéctico, dialéctica, dialécticas históricas, método, depredación de la naturaleza, análisis de los grupos sociales, etc.; ejes que hemos abocetado a lo largo del cuerpo de otros palimpsestos, como el de nuestra Tesis Doctoral, cuyos fragmentos se hallan en espera de las correcciones necesarias para una eventual difusión.

I. La "Introducción" de 1857(1)

Llamativamente, esa parte se encuentra subdividida en cuatro items acorde a los ritmos de una dialéctica del clinamen. En el primero de ellos, se indica lo que tendría que investigarse bajo lo que la Economía Política concibe por "producción". Cabe subrayar que el lexema en juego es mucho más amplio que lo que aquella "ciencia" insistió en definir, de manera que bien podría sostenerse que el suegro de Lafargue está contra una concepción economicista, lineal, mecánica, apresurada, imprudente, etc. de tan significativa esfera humana.

I.1. El universo de la producción

Comienza estableciendo que el punto de partida del análisis colectivo, es la interacción de los individuos que generan el tesoro imprescindible para la continuidad de la comunidad en el tiempo(2). Define la sociedad a manera de un conglomerado, una totalidad abigarrada, circunscrita y determinada. Afirma que para estudiosos como Smith y Ricardo, las especulaciones de Rousseau asoman como ideales que pertenecen al pasado, pero todos ellos consideran que existe una naturaleza humana intemporal que es un sustrato de la Historia(3) (1971 b: 4). Aunque esa ilusión es una simpleza, suele ser común a diferentes épocas(4). Lo cierto es que cuanto más se retrocede hacia formas de vida y de sociedad antiguas, lo que ahora llamamos "individuo" resulta parte y función de un conjunto que lo absorbe. En la actualidad, a pesar que constatamos un individualismo exacerbado, la singularización y la socialización se gestan a raíz de la injerencia de lo social. Por eso, los que procuran "explicar" algunos procesos y fenómenos apelando a "orígenes", robinsonadas, etc. se enredan en una Filosofía de la Historia, mitologizando un "Adán" o un "Prometeo"(5). En otro orden de cuestiones, si bien es imprescindible situar con precisión la fase de génesis de tesoro que estudiamos, no es aconsejable perder de vista que existen elementos generales en las más desiguales etapas. Esas determinaciones comunes son las que actuando de "fondo", posibilitan aprehender un período como un desvío, alejamiento, distanciamiento, diferenciación de tales rasgos universales(6). Por consiguiente, una forma de economía, sociedad, praxis e historia es un despliegue "curvado", "declinado" respecto a leyes generales. Sin embargo, esta peculiaridad suscita el efecto de que los economistas modernos eternicen las relaciones y los términos que pertenecen al capitalismo. Naturalizan el "homo oeconomicus" y lo tornan "modelo" de subjetividad, conducta, etc. Incluso, en virtud de que siempre es necesario un trabajo acumulado en medios de producción(7) con el horizonte de volver factible la creación de valores de uso, y en razón de que el capital también es tarea objetivada, los economistas hacen nacer el capital en la Prehistoria (op. cit.: 5). En posiciones extremas, algunos economistas llegan a entender que los gobiernos falsean con maldad(8) la "verdadera" historia de las relaciones de producción, y que ocultan a propósito que capital hubo y habrá siempre (loc. cit.: 6). Tal como lo anunciamos, cada rama para suscitar valores de uso, cada grupo de esferas de producción y el movimiento total de la producciónreproducción de la sociedad en el tiempo, es un organismo, una globalidad y un sujeto(9). En la práctica de la Economía Política, suele añadirse una parte iniciática que se orienta a describir los caracteres generales de cualquier tipo de producción, cayendo en tautologías.

Las "... llamadas condiciones generales ... de (la) producción no son más que esos momentos abstractos que no permiten comprender ningún nivel concreto ..." (op. cit.: 8; la alteración tipográfica es de los surcos). O bien, plantea teoréticamente cuáles son las diferencias de desarrollo entre agrupaciones disímiles(10) (Marx, 1971 b: 6).

Sin embargo, esas disquisiciones tienen la finalidad de volver suprahistóricos los vínculos para la creación de tesoro (loc. cit.: 7). Y de los cuatro términos (producción, distribución, circulación y consumo), los economistas piensan que el primero de ellos es el que mejor se presta para ser disfrazado como momento de la vida social que desde siempre fue burgués. Los más lúcidos intentan, como lo hemos anticipado, "... liquidar ... las diferencias históricas formulando leyes humanas universales" (op. cit.; el énfasis no es nuestro). Distinguen grupos que consumen renta (es decir, que aprovechan plusproducto que no viene de la explotación directa de labor), de los sectores que consiguen una cuota de la producción social con base en el comando del trabajo(11). El crítico en escena sostiene que frente a esas elucubraciones, es factible responder lo que sigue:

Advertencia 1: Cualquier propiedad es una forma de acaparar las condiciones de producción(12). Todo "individuo" (se acote como fuere el lexema, según los giros que le otorgue cada etapa histórica), se apropia de una fracción de los valores de uso creados por el obrero colectivo a través de la mediación de la sociedad-totalidad. Sin embargo, esto no autoriza a decir que cada uno de los tipos de propiedad que existieron fueron propiedad privada (loc. cit.: 7). Por el contrario, es plausible que una de las clases primitivas de propiedad sea la colectivista y/o comunitaria (op. cit.: 8). Advertencia 2: En el fondo, esas sentencias "... expresan más de lo que saben sus predicadores"(13) (ibíd.). Detrás del marco legal (definido acorde a cada época) que protege el derecho no universal de los grupos privilegiados(14) a tener un acceso peculiar(15) a medios de producción fundamentales, a los productos de la tarea social y a un consumo que no es el de las mayorías (por mínima o insignificante que sea la distancia), está la dinámica que asocia toda forma de producción con instituciones jurídicas, clases de ejercicio del gobierno, etc. Tales elementos de superestructura legitiman, en la comuna burguesa, el derecho del más fuerte sin que asome violencia alguna(16), como si se tratara de una República de iguales.

Por otra parte, cuando las condiciones sociales vastas y "esenciales" anexadas a un estadio de la producción apenas están configurándose o se desintegran poco a poco, de manera acelerada o en ritmos combinados, acaecen perturbaciones en la dinámica de la génesis de riqueza en desiguales intensidades, escalas, grados y con efectos múltiples(17).

NOTAS

(1) Casi en su totalidad el escrito "suelto" que presentamos, que en el conglomerado de la malhadada Tesis Doctoral era el Apéndice II, se ubica en el registro de lo que problemática y dificultosamente, se podría bautizar "praxis científica". En otro orden de matices, pocos saben que esa Introducción (1972 b) fue utilizada por Marx en su obra Contribución a la crítica de la Economía Política (1973 a) que, al contrario de lo que afirma Wheen sobre ella (2000: 217), tiene el mismo grado de complejidad semántica que el interminable vol. I de los Borradores (que por lo demás, no integra una serie que es fragmentaria -excepto el vol. III- e incoherente -ir a loc. cit.: 209). Incluso, las "Formas que preceden a la producción capitalista" fueron editadas por Hobsbawm induciendo la impresión de que fue un texto independiente (1984 b). Grande fue la sorpresa cuando escuché esas apreciaciones no sólo de parte de militantes y de cuadros políticos, sino hasta de profesores universitarios que consideran que un intento de aclaración de la terminología marxista es algo "pasado de moda" (si es que no opinan así del pensamiento mismo del exiliado en Gran Bretaña). Insistimos, sin que ello signifique el autoelogio de nuestra "erudición" en el terreno, en que el desconocimiento de Marx es sistemático y sintomático. Por lo anterior es que acaso habría que enunciar con Andreas-Salomé: "(creo) en todo lo aún no dicho ..." (1980: 110).

(2) En apenas un sintagma que al cercarlo no llega a ser oración, el forastero de Europa postula que las robinsonadas de la Economía Política y de la Filosofía son resultado de "... imaginaciones desprovistas de fantasía ..." (Marx, 1971 b: 3). Si fuera lícito suponer que la pareja de Jenny efectúa la apreciación porque valora la imaginación inteligente, entonces la teoría deconstructora (que, tal cual lo hemos señalado en otros espacios, está a medio camino entre ciencia, filosofía, crítica con jirones de disposición escolástica y práctica inmediatista), tiene que albergar en su seno los productos refinados de aquélla. Y sin que extrememos lo enunciado por la firma que descomponemos, un pensamiento rebelde debiera ser apto para invaginar las potencias desbordantes de la estética para lograr una mejor intelección de los objetos, problemas, etc. Por lo demás, la idea althusseriana de que la teoría es un conjunto de medios genéticos simbólicos (1973: 152, 155) se encontraba formulada en el joven Marx: Lenin nos acerca un artículo de La Gaceta del Rhin (1842/1843) que evalúa que los corpus filosóficos y, por ampliación, la ciencia o la crítica, son herramientas de producción. Sin embargo, al igual que otros instrumentos, se independizan de los agentes, sojuzgándolos:

"... El mismo espíritu que construye ferrocarriles ..., construye sistemas filosóficos ... Y luego estos medios ... se emancipan ... y comienzan, a su vez, en forma soberana, a determinar el espíritu ..." (1972: 376; lo subrayado nos pertenece).

Desde otro terraplén, es posible enunciar que a. la "voluntad de decir" (Andreas-Salomé, 1980: 110), b. la de "pronunciamiento" (op. cit.: 147), c. la de "ensueño" (loc. cit.: 157), son absorbidas por la "voluntad de violencia" (op. cit.: 157) y las expresiones acaban como terceros poderes (sobre una "clasificación" no exhaustiva de las "voluntades", cf. Carrique y López, 1997 b: nota 13 en pp. 49/50).

(3) Sin duda, la breve alusión no es suficiente a los fines de una "hermenéutica" y filología exigentes, agobiantes; empero los indicios son útiles [perspectiva deconstructora]. Por ende, una posición materialista no se enreda con las metafísicas de la naturaleza humana (Foucault, 1997: 256), del trabajo (loc. cit.: 308) o en el "a priori" empírico-trascendental antropológico (op. cit.: 309/310).

(4) La observación casi imperceptible respecto a que Steuart, por ser aristócrata, se conserva "con los pies" en el registro de la Historia, acaso resulte ampliable [registro de la ciencia]. En una situación de esos ribetes, estipularíamos que algunas fracciones de las clases dominantes (incluidas las que se encargan de funciones semantizadoras) y, por extensión, algunos sectores de los hegemónicos en general (obreros improductivos privilegiados y sectores independientes con "status"), son capaces de horadar las opacidades semióticas en las que se hallan cogidos y ser más "realistas". Si una hipotización de tal carácter acabase viable, podríamos articular que los condicionamientos de los grupos, de las clases, de los subconjuntos de cada uno y de los agentes, por los intereses, la economía, el lugar en el proceso de producción, etc. no es un torpe nexo de causa-efecto, estímulo/respuesta, entre otras dicotomías. Por lo demás, va de suyo que numerosos sectores de los grupos subalternos (f. i., en las comunas escindidas en contradicciones violentas, las clases expropiadas) también son menos propensos a las tentaciones de las alucinaciones especulativas y cuasi psicóticas que deleitan a los obreros improductivos actualizadores de semióticas. Sin embargo, los estudios de Greimas serían pertinentes y encajarían con una óptica marxista porque lo que nos enseñan procesos de significación como el descrito, es que hay que

"... captar e interpretar una dimensión autónoma de (las) sociedades, la dimensión significativa, gracias a lo cual una sociedad existe, en tanto que sentido, para los individuos y los grupos que la componen, así como para las otras sociedades, que la miran y la reconocen. Históricamente convendría ver ... cómo ... son elaboradas ... formas de ('socialidad') ... e inciertas cohesiones. Se trata, en suma, de ... comprender ... cómo el individuo ... consigue reunirse con el otro, cómo se integra y vive su integración ..., cuáles son estas 'representaciones colectivas' ... que (lo) hacen ... un ser social" (1980: 56).

(5) En consecuencia, las repetidas objeciones de los posestructuralistas, los post-modernos, los representantes de la teoría "crítica" o Escuela de Frankfurt, los neo/estructuralistas, los nietzscheanos que escriben al tono de Cioran (1997, 1999), los neo-constructivistas como Morin, los existencialistas, entre otros, con relación a que Marx pertenece a la Modernidad por encuadrar los acontecimientos en las narraciones maestras de una Filosofía de la Historia, no se ajustan a su rúbrica. Bastaría una lectura más o menos atenta, no prejuiciada ni ofuscada por automatismos ideológicos, de la selección de cartas que editó el IMEL de Moscú y tradujo Cartago:

"... mi crítico [enuncia el amigo de Engels en un correo de fines de 1877 al Director del periódico ruso 'Anales patrios' y en respuesta a Mikhäilovsky] ... (se) siente obligado a transformar mi esbozo ... de la génesis del capitalismo en el Occidente europeo en una teoría histórico-filosófica de la marcha general que le impone el destino a todo pueblo, cualquiera sean las circunstancias ... en las que se encuentre ... Pero ... mi crítico (me) honra y me avergüenza a la vez demasiado ..." (Marx y Engels, 1975: 290; lo relevado no es del texto). Nunca se comprenderá una forma de economía y sociedad "... mediante la llave maestra universal de una teoría histórico-filosófica ... cuya suprema virtud consiste en ser suprahistórica" (loc. cit.: 291; lo resaltado es nuestro).

Si no fuese porque las condiciones institucionales y académicas obligan a investigadores que, tal como lo refiere Chomsky en conexión con opiniones que salgan de lo aceptado y por ello creíble (1997: 49, 156/157), disienten de los juicios reproducidos por mecanismos ideológicos que conducen a amar el poder y lo instituido, a perder el tiempo en justificaciones que, de otra suerte, serían superfluas, abandonaríamos el tedio de la erudición que extravía la belleza secreta de las cosas. De igual forma, el materialismo deconstructivo no se afinca en ideologemas de prolongada acción ("arkhé", etc.), ni en elucubraciones respecto a un "momento cero" del cual todo emergería (Althusser, 1973: 164; Foucault 1970: 47-48). Sin embargo, acaso afloren limitaciones culturales cuando el materialismo lucreciano intenta que categoremas como "trabajo", "economía", etc. operen en sociedades tan diferentes de la Occidental, que dichas ideas funcionen a modo de una "malla" que se impone a los agentes de tales asociaciones, aun cuando posean interpretaciones divergentes de su praxis. En ese terreno, son imprescindibles los procedimientos de autocrítica, deconstrucción, reflexividad, arqueología de los conceptos, etc. que desmantelen el probable etnocentrismo de nociones pensadas en una sociedad particular (el capitalismo occidental), que procuran validez para un importante número de conjuntos humanos espaciados en el tiempo (Godelier, 1976 b: 12, 16, 22/23). Algo de esto observamos cuando Marx se niega a elucubrar en elevados niveles de abstracción que no historien, singularicen, acoten, etc. las ideas (1974: 38, 76). Pero suponiendo que un humano cualquiera atravesara la penosa aventura de Robinson, lo que comprobamos es que las potencialidades colectivas están internalizadas en él y es lo que lo empuja a sobrevivir. Id est, que las fuerzas comunitarias son latentes en los individuos y que por lo tanto, no sólo lo más "íntimo", individual es social, sino que todo hombre, mujer o varón, es un entramado de poderes colectivos acumulados con lentitud. Acaso sería viable conceptuar la socialización no únicamente a modo de una disciplina de las pulsiones, de los deseos y del placer (que disminuirían el hombre "pura" pulsión hasta la "altura" de un hombre domesticado por la cultura -Andreas-Salomé, 1980: nota de p. 231 correspondiente a la p. 76), sino de idéntica manera como la formación de un "patrimonio" de aprendizajes muy costosos, a ser actualizados. Por lo demás, el judío/alemán cree que en el ámbito de lo académico y de lo intelectual en sentido vasto, los reproductores de semióticas quedan atrapados en lugares comunes (1971 b: 4).

(6) Aunque sin duda hemos remarcado un sintagma que de otra suerte devendría imperceptible, es interesante atisbar que un conglomerado intersubjetivo es un desvío o desarrollo "aberrante" de determinaciones generales y que en esa declinación peculiar de las generalidades, radica la particularidad de una sociedad. No puede haber un "eco" epicúreo más notorio. [espacio indecidible que se ubica entre la crítica y la ciencia]

(7) Tal cual lo anticipan las últimas investigaciones, las herramientas en la Historia de la especie no afloran hasta hace 2 millones 500 mil años (VVAA, 2002 b); los homínidos más simiescos contaban con sus propios miembros en tanto instrumentos de producción. Entonces, los elementos más abstractos de la teoría de Marx son útiles a la hora de abordar fases tempranas de la existencia de los bípedos inteligentes en el planeta (ver 1971 b: 12; Jameson, 1999: 64). A pesar que el manual de Nikitin no nos satisface por múltiples razones, acuerda en que las fases más tempranas del comunismo primitivo arrancan con las asociaciones recolectoras de frutos que contaban con palos y piedras toscas, en calidad de instrumentos rudimentarios (1962: 10; Habermas, 1982: 94). De ahí que, a pesar de ser especulaciones demasiado arriesgadas, hayamos intentado efectuar una "transición" entre los múltiples registros temporales de los australopithecines, y las temporalidades que se encapsularían poco a poco en un tiempo de labor en calidad de axioma (regla del valor indica el canon). [hojaldre de las especulaciones autocontroladas en ciencia] Empero, debido a la "imparcialidad" regulada por la autoobjetivación que exige la praxis científica y crítica, es adecuado elevar una sentencia del nacido en Tréveris que pareciera neutralizar una lectura de tan largo aliento:

"... cuando el valor de cambio en general, el producto como mercancía, apenas se encuentra desarrollado ... tampoco existe ley del valor" (Marx 1975 b: 61). Y cuando los artículos son consumidos como simples valores de uso, cuando no tienen el carácter de mercancías, tampoco se puede hablar de valor (op. cit.: 116). Pero luego en el mismo vol. III de Teorías sobre la plusvalía, el intelectual glosado postula que el "tiempo de trabajo, aunque se elimine el valor de cambio, sigue siendo la sustancia creadora de riqueza y la medida del costo de su producción" (loc. cit.: 212; el cambio tipográfico es ajeno; ir también a Marx y Engels, 1975: 195, 206).

Por deducción, si queda sólo el valor de uso todavía entonces se aplica la norma valor. Pero sabemos que comunas en las que había artículos de uso sin ser mercancías existieron antes del nacimiento del trueque simple, por lo que dicha regla viene desde aquella lejana época. No obstante, es factible entender las sentencias de las pp. 34 y 35 en el sentido de que para que el tiempo de tarea y los gastos de producción se conviertan en ley del valor, tiene que acontecer determinado tiempo. Por ello, habría acaso que imaginar una época en la cual habría injerencia del tiempo de labor pero no bajo el aspecto de la regla en juego, tema que podría dilucidarse en otra oportunidad, en una investigación más específica. Sea como fuere, en el vol. II de El capital, editado por las piadosas consideraciones de Engels, Marx enfatiza que

"... el hombre primitivo (que) fabrica arcos, flechas, martillos de sílex, hachas, etc. sabe ... que ... se proveyó de medios de producción ... (Comete) un grave pecado económico al mostrarse ... indiferente al tiempo derrochado ..." (1983 b: 398; lo resaltado nos pertenece). En consecuencia, la ley del valor en tanto que imperativo para ahorrar compulsivamente luz diurna y a los fines de aprovechar los mejores instantes que trae el movimiento anual de la Tierra, es un axioma que rige en la extensa etapa de los utensilios de piedra, es decir, en el Paleolítico.

Ahora bien, el factor condicionante en lid es apenas un pobre índice de una exigencia más insoslayable y amplia: la tendencia a racionalizar fuerzas, recursos (materias, energía), detritos, etc., y a "... lograr ... (objetivos) ... con la menor inversión posible de medios" (1975 b: 468).

(8) Por ende, el padre de Laura estaba avisado de la tentación de caer en una "teoría" conspirativa de la Historia, habiéndola deconstruido en sus rivales.

(9) Tensando en demasía las palabras, Althusser y sus seguidores, y como respuesta a los post estructuralistas y posmodernos que acusan al germano errante de asumir las metafísicas occidentales del "subjectum", postulan que el único sujeto en la Historia es la producción anónima de riqueza [nota que acompasa elementos asociados a la crítica y a las valoraciones políticas]. Por lo tanto, las clases*, sus fracciones, los individuos, etc. no cuentan más que como funciones de ese macro/sujeto que sería la producción. Un reduccionismo semejante "refleja" más bien el lugar que ocupaba el colectivismo autoritario de la época de Stalin, que los espíritus libertarios del admirado por Engels: que acontecimientos, compases, procesos y estructuras puedan incluirse bajo la categoría en polémica, indica que "sujeto" no se enlaza con los filosofemas de las metafísicas de la conciencia. Pero ignorando lo que lectores tendenciosos harían con sus propuestas, apenas dejó una que otra pista como para reconstruir una teoría que, sin comprometerse con ningún Marx-autor, esencial, "verdadero", exacto, todavía impacta. Aún.

* Siempre que nos es permitido, curvamos, desviamos, "arqueamos", derivamos un razonamiento hacia otros flujos, chorros, derrames, circunvalaciones, a los fines de amortiguar la exposición con apreciaciones colaterales. Siguiendo esa lógica de la "no lógica", es factible proponer que a partir de un enunciado luminoso por sus repercusiones, donde el profesor de Vincennes gubia que la situación de menos poder implica un impotenciamiento o una impotentación (Deleuze, 2005: 261, 274), es viable articular que las comunas con aglomerados sociales pero sin clases, suscitan diferenciales de poder. Los grupos privilegiados son investidos de potencia o son potentados con respecto a los conjuntos de no acomodados, que son teñidos de impotencia. Asimismo, las asociaciones con grupos que sí cuentan con clases, están hilvanadas por diferenciales de poder tal que las clases dominantes y el resto de los aglomerados privilegiados, son poderosos y las clases oprimidas y los conjuntos no acomodados son impotentados o enfermados de impotentamiento. Obviamente, lo que se concluye es que en las colectividades en las que existen grupos sociales pero sin clases, y en las que hay conjuntos humanos pero con clases, las distinciones entre unos y otros son correlativas de diferenciaciones de poder. En consecuencia, una lectura no torpemente marxista de Marx implica que las distinciones entre las constelaciones sociales y entre las clases significan diferenciaciones de poder y en el poder de cada cual.

(10) Para responder esa última cuestión, habría que "... realizar investigaciones sobres los grados de productividad en diferentes períodos, ... investigaciones que excederían ... los límites propios del tema ..." (Marx, 1971 b: 6; lo destacado es ajeno). Entonces, el Materialismo Histórico no se dedica a abocetar sin estudios una línea evolutiva con marcas que señalarían las "alturas" alcanzadas en la productividad a lo largo de la Historia de la especie [estrato de la práctica científica]. Por otro lado, no se trata de llevar a cabo semejante procedimiento en las circunstancias escasas en las que se perfilan "segmentos" divergentes en la obtención, con cierta facilidad, de valores de uso.

(11) En el ayudado por Wolff, existen innumerables definiciones de "renta" y no podemos matizarlas aquí por no ser nuestro objetivo. Empero, la que hemos articulado en el cuerpo del texto es resultado del esfuerzo de la exposición. Sirva en todo caso para destacar que la enumeración de los obreros improductivos, tal como lo hemos apuntado en múltiples espacios, no es propia del capitalismo y que podemos encontrar funcionarios que viven del cobro de los impuestos (cualquiera sea el modo en que una época socialmente defina, para enunciarlo en términos weberianos, "funcionario", "cobro" e "impuesto"), etc., en colectivos con variados regímenes de propiedad. Una de las citas que avalan lo que acabamos de esgrimir es la que establece que la diferenciación entre trabajo productivo e improductivo, y entre obreros productivos e improductivos se debe a la distinción que separa la tarea ejecutada según la lógica "pura" del capital y la labor que pertenece a etapas precapitalistas (1975 b: 358). La tarea productiva es la que "... entra en la producción de mercancías, ... fuese cual fuere el tipo de trabajo aplicado, sea o no trabajo manual, (incluida la labor) científica, y trabajo que no entra en la producción de mercancías, y cuyo objetivo y propósito no es esta producción ... (Todos) los otros tipos de actividad influyen sobre la producción material y a la inversa ..." (cf. 1975 b: 359). No obstante, es imprescindible ser consciente que la producción burguesa es hostil a ciertas ramas de la producción espiritual, v. g., el arte y la poesía (1974: 241).

Los obreros improductivos son caracterizados por el expulsado de Francia como practicantes de profesiones ideológicas (1974: 254), trabajadores de categoría "superior" (op. cit.: 147), parásitos de los productores reales (loc. cit.), miembros de "clases" ideológicas (-op. cit.: 148- que por ende, se identifican con los intereses de las clases dominantes; ver 1975 a: 488), pobres "respetables" (1974: 185) y en tanto que "presupuestívoros" (1975 b: 52). Componen lo que se denominan "subclases" que, a medida que se diversifica el capitalismo, pueden vivir mejor que antes e incrementar su número (1975 a: 480, 485; comprobar la confusión en la que incurren al respecto Petras et al., 1997: 23). En esas situaciones también pueden acceder a un mejor consumo las mismas clases dominadas (1975 a: 485); incluso a un consumo de lujo (1983 b: 374). No obstante, respecto a ello Marx advierte que la situación de estos segmentos (clases expoliadas y "subclases") depende más del salario relativo que del monto del salario (1975 a: 359 -o del "estipendio" que corresponda, si el individuo es miembro de los sectores independientes). Las matizaciones en torno a los atareados productivos e improductivos, se enmaraña con los lexemas "funciones improductivas" (1983 b: 125). Existen grandes funciones consumidoras de riqueza como la de gobierno, (1974: 251) que dividen a los agentes en gobernantes y gobernados (loc. cit.: 49). Pero no siempre tales "roles" son ocupados por obreros no productivos, ya que el "papel" de dirección, fiscalización, etc. de la labor en una empresa (gerentes, ingenieros, capataces) puede ser efectuado por trabajadores sometidos al capital (1975 b: 294). Funciones derrochadoras de tesoro son cumplidas por segmentos de las clases dominantes (f. e., los mercaderes asumen el "rol" de intermediar producción y consumo -1983 b: 125; 1975 b: 295). En ese punto, resulta adecuado rescatar unas líneas que acaban por sorprender: si bien los empleados de comercio no valorizan capital y por ende, son trabajadores improductivos, la ganancia del capital mercante puede ser engrosada (aparte de la plusvalía que viene cedida desde otros puntos de la sociedad) por un salario que no cubra la totalidad de la labor necesaria del sector, aun cuando los obreros detenten un sueldo elevado con respecto a la media (lo expresado se deduce de Marx y Engels, 1975: 205). Sin embargo, el hecho de que los aglomerados hegemónicos accedan a un consumo diferencial les juega en contra, puesto que caen en el mero goce y consumo, sacrificando lo rebelde que habita en el producir (Andreas-Salomé, 1980: 120). No obstante, ello no tendría que llevarnos a elogiar sin más el crear porque éste puede enlodarse en la "voluntad de decir" (op. cit.: 110) y en la de "objetivar". El afán de producir puede significar la sublimación de una "voluntad religiosa" de padecer y de redención (loc. cit.: 89), o en paralelo, una sublimación del "ansia de valer" (loc. cit.: 109). En suma, la teoría de los grupos sociales, que incluye a conjuntos hegemónicos y subalternos, es necesaria para completar la de las clases, puesto que "... la composición real de la sociedad ... en modo alguno consiste sólo en ... dos clases ..." (Marx, 1975 a: 423). Pausas "estériles" como las precedentes son imprescindibles a los fines de esquivar categorizaciones inexactas que delinean a los artesanos (Bakunin, 1997 a: 245/246), a los militares y sacerdotes (1984: 128), a los integrantes de la burocracia (op. cit.: 87), etc., en tanto clases. Y aunque sea tedioso subrayarlo, es lo mismo que no distinguen historiadores, teóricos, etc., filo marxistas o que se auto proclaman marxistas.

(12) Balibar, discípulo de Althusser (al menos, en lo que respecta a menoscabar la inteligencia del sufriente en Inglaterra), lleva adelante un extenso análisis sobre las diferencias "no aclaradas" entre "apropiación" y "propiedad" (1998 h: 235). Lo curioso es que en su intento frankfurtiano de parecer más hábil que Marx (1998 h: 222, 224, nota 6 de p. 225, 233), tratándolo de dogmático y de no poder justificar los criterios de periodización implicados en la secuenciación de las formas genéticas de tesoro (1998 h: 224), reduce la "basis" a modo de producción, éste a un conjunto que abarca las relaciones sociales de producción y las potencias modeladoras (1998 h: 222, 224, 245, 257), y se atrapa en una dialéctica erosionada entre base y supraestructura (1998 h: 222), constreñimientos que ya hemos deconstruido en (López, 2009 a). En lo que cabe a la interacción en escena, Greimas elogia al padre de "Jennychen" por su modelo y por la descripción acrónica de un capitalismo puro (1980: 180). Sin embargo, efectúa apreciaciones por las que cree que enriquece la apuesta, cuando en el fondo no hace más que ratificar lo que el desconocido de Londres propuso: en los modos de producción históricamente concretos, se comprueba una interferencia entre las estructuras profundas supervivientes (i), las actuales (ii) y otras que anuncian el futuro (iii). Confiamos en que los desajustes entre la conceptuación de un modo genético de tesoro paradigmático y las manifestaciones históricas, se salvan con la categoría "formas de economía y sociedad" (loc. cit.: 180-181). [proseguimos en el universo de la ciencia] Dejando aparte las disidencias, rescatemos los procedimientos cuasi/nietzscheanos de redacción (advertencias, aforismos, etc.). En ese punto, sin embargo, justo es reconocer que si de cuando en cuando a Marx le simpatizaban tales estrategias enoncivas, era de la opinión de que las exposiciones aforísticas son propensas a suscitar "... la apariencia de una sistematización arbitraria" (1985 c: 47; lo destacado es ajeno). [nos ubicamos en el plano de la crítica]

(13) Aunque insiste en ello una carga hegeliana (la que proviene de la Fenomenología del Espíritu), la estrategia del suegro de Longuet tiene un formato proto-psicoanalítico en la medida en que una conciencia padece la cesura entre su saber, el decir, lo que intenta referenciar y la "verdad" desplazada. En una carta a Engels de 20 de junio de 1866, se refiere a Lafargue como víctima de un querer decir inconsciente (Wheen, 2000: 261). En este no engarce, en esas coyunturas que cojean hay que aprender a leer las desventuras de la enunciación. En un inédito en co/autoría hemos desglosado las modalidades que le corresponden (ir a Carrique y López, 2010). En otros horizontes y a propósito de otros temas, el deconstructor alemán sostiene la necesidad de una psicología con el objetivo de explicar cómo es que incluso en la praxis revolucionaria y que se autosubvierte, puede colarse la inversión de óptica que subordina la liberación humana total (sexual, de género, en el ámbito de las tradiciones, costumbres, creencias, etc., y no sólo económica-economicista), a la emancipación política y que emplea medios de lucha políticos (Marx, 1992 b: 48/49). Esa psicología se vuelve impostergable cuando nos detenemos en las consecuencias que tiene el hecho de que el "sociólogo" engelsiano haya rescatado una frase perdida del economista vulgar Cherbuliez: "¿Por qué la gente no da un paso más ... y anula la propiedad privada ...?"* (1975 b: 328; la alteración es del texto).

* A raíz de que, tal como lo sugiere Pier Paolo Pasolini en una secuencia a una hora del film Pajaritos y pajarracos, mientras el que hace surrealistamente, el papel de dios padre, se ve atormentado por los distintos propietarios de un campo parcelado por el que vaga junto al que caracteriza a Jesús, exclamando ayuda a los fallecidos para combatir la propiedad privada, se necesita del milagro de la resurrección de los muertos para destruirla...

(14) Si bien ese compañero de insomnios no emplea los lexemas que sugerimos, el enunciado es factible de extenderse tal como lo aconsejamos [asertos que corresponden al hacer científico]. Y a pesar que lo hemos repetido en vastas ocasiones, en esta investigación y en otras, preferimos la expresión "grupos privilegiados" o "dirigentes" (cf. la cita, perteneciente al vol. III de El capital, del mismo Balibar en 1998 h: 249). En la estimulante obra de Greimas, se entiende que los desiguales conjuntos humanos (aglomerados, clases, trabajadores improductivos y sectores) son grupos semióticos*, es decir, conjuntos aptos para significar el mundo (i), a los otros (ii), a la significación en juego (iii) y a ellos mismos (iv) (1980: 65). A su vez, propone que la dialéctica marxista entre sub e hiperestructura puede ser asimilada a una interacción entre estructuras profundas (1 a) (que serían económicas, sociales, etc.) e historia profunda (1 b), estructuras de superficie (2 a) (que se corresponderían con la superestructura) e historia de la superficie (2 b) y dimensión de los aconteceres (3) (que no es susceptible de ninguna descripción exhaustiva -loc. cit.: 179). Las masas se encuadrarían en el nivel de los acontecimientos, y serían analizables a partir de un querer/hacer y un poder-hacer colectivos (op. cit.: 186). Los tipos de universos humanos citados al principio de la frase anterior (grupos, clases, obreros improductivos, sectores independientes), serían conjuntos semióticos ubicados en el plano de las estructuras de superficie y de la historia de superficie. Las fracciones de tales constelaciones, se comportarían en calidad de sujetos colectivos sintagmáticos que no son una

"... colección de hombres concretos ... sino una colección de hombres considerados ... en tanto que agentes de un hacer programado ... (e) histórico ..." (loc. cit.: 186). Id est y tal como lo hilvanamos en López, 2010 c, son dichos sujetos las fracciones de clases, los segmentos de obreros improductivos privilegiados, los sectores independientes con consumo de prestigio, los fragmentos de población "inactiva" acomodada y los segmentos de determinados "excluidos" privilegiados (lo mismo es viable enunciar de los que integran los grupos subalternos, pero en "negativo").

Ahora bien, los conjuntos dirigidos in toto o cada uno de sus elementos internos (clases dominadas, obreros improductivos no acomodados, sectores independientes sin "status", población "inactiva" no privilegiada y no garantizados), por hallarse en el estrato de la historia profunda, son actantes colectivos o sujetos paradigmáticos (op. cit.: 187; idénticas apreciaciones son extensibles a los grupos dirigentes). En suma, una manifestación de protesta en cuanto acaecer se ubica en el registro de los sucesos. Sin embargo, el diagnóstico no agota el análisis: hay que atribuir a los miembros de esa columna de agentes a la estructura de superficie primero (desglosándolos en calidad de aglomerados semióticos y bajo el aspecto de sujetos sintagmáticos), y a la estructura profunda (desgajándolos en sujetos "paradigmáticos" o actantes). Tal vez un diagrama aclararía mejor lo que conceptuamos (cuadro 1):

En lo que cabe al lexema "grupos dirigentes" y tal como lo sentenciamos en numerosas ocasiones, es viable sostener que es un categorema de un máximo nivel de generalidad, porque incluye:

i- a los obreros improductivos destacados [que cumplen con las funciones de mando (a), organización (b), coordinación (c) y/o significación del mundo (d), ejercicio de funciones que se implementa de forma íntegra, que ejecuta dos o tres de ellas o sólo alguno de los aspectos reseñados -ver nota 15, p. 109], pertenecientes a la mayoría de las comunas pre/clasistas. Hasta donde sabemos, un buen número de marxistas no pinceló las constelaciones de la especie anteriores al nacimiento de los aglomerados tensionados en guerra civil no declarada, con base en los laborantes indicados. Éstos existen en Marx; los talla como consumidores capaces de gastar (1975 b: 42) o en tanto que obreros improductivos que son "amos" (op. cit.: 44). ii- A los sectores independientes con consumo especial de valores de uso (que no son atareados improductivos), y a los trabajadores no productivos con funciones simbólicas y/o de mando, pertenecientes a ciertas asociaciones pre-clasistas. Al igual que en el registro i-, la totalidad de los marxismos del siglo XX no empleó los categoremas que combinamos, a los fines de ubicar una etapa muy singular en la Historia. En parte, nos parece que ello ocurre porque pensadores como Gramsci (y eso también lo apuntamos en otros sitios) llevan adelante una intelección que mezcla las nociones de "grupos dirigentes" y "subalternos", que son de más universalidad, con la idea de "clase", que es de menor grado de abstracción, obteniendo la expresión "intermedia" pero inexacta para nosotros, de "clases dirigentes" y "subalternas" (ir a Gramsci, 1986: 14, 46; Bourdieu, 1999 c: 31). Es imprescindible recordar que para el amado por "Lenchen" las clases son dominantes o dominadas, explotadas o explotadoras, mas no dirigentes o dirigidas; estos rasgos son asignables a los imponentes conglomerados. Volvemos a insistir, puesto que nunca será suficiente, dada la fijeza del sentido común instalado en el campo académico, que no hay "clases medias" en una perspectiva marxista rigurosa (en Bourdieu, 1999 c: 27, 32 se apela a ellas; también en Petras et al., 1997: 249 y en Giddens, 1993). En una ponencia del año 2002, había sentenciado que acaso hubiera un "desliz" en el que se entrevistara con Étienne Cabet en 1845 (cf. López, 2002: nota 3 de p. 17), cuando habla de "clases medias" (1980: 28). Sin embargo, Roces subraya idénticos lexemas en Engels pero advierte que lo hacía para diferenciar la alta aristocracia y la nueva burguesía (1981 d: nota 151 de p. 759); quizá en Marx haya acontecido lo mismo. iii- A las fracciones que tienen roles de producción semiótica, a los obreros improductivos privilegiados, a los sectores independientes con "status" o consumo diferencial, a la población no activa destacada y a "parias" acomodados, atribuibles a las sociedades sin clases; iv- A los bandos antagónicos, a las secciones que poseen funciones de producción semiótica, a los laborantes no productivos destacados, a los fragmentos de sectores independientes acomodados, a la población no activa destacada y a "excluidos" acomodados, atribuibles a las sociedades de clases.

Con los miembros de los grupos subalternos o dirigidos puede operarse una clasificación similar pero opuesta: parias (Wacquant, 2001) + población inactiva no privilegiada + clases dominadas + obreros improductivos no destacados + sectores independientes sin acceso distinguido al consumo (los laborantes no productivos marginales son llamados "criados" -Marx, 1975 b: 44). La importancia de la taxonomía reconstruida se aprecia cuando matizamos el estudio de Bourdieu del campo editorial de Francia. E. g., allí se establece una variable que incluye el número de asalariados (1999 p: 233). Sin embargo, y para el caso específico del capitalismo, no tiene idéntico devenir una empresa editorial en la que hay pocos obreros improductivos (privilegiados o no), que una en las que éstos son significativos y con peso en la adopción de decisiones. Tampoco es igual una editorial que es un negocio que pertenece a propietarios que laboran o a trabajadores propietarios, que contratan hasta cinco personas y no valorizan capital, que una pequeña o mediana empresa. Por lo demás, no es lo mismo una editorial que es un negocio situado en la esfera de la circulación y que en consecuencia, extrae su ganancia de la cesión de plusvalía de otras ramas industriales (papel, tinta, diseñadores, etc.), que otro ubicado en el registro de la producción y que por consiguiente, suscita el supervalor acumulado. En suma, las constelaciones de dirigentes absorben a disímiles segmentos humanos que pueden caracterizar desiguales modos de génesis de tesoro. Sin embargo, algunos de los que aceptan parcialmente que en el distanciado de los hermanos Bauer pulsa una teoría de los grupos sociales** más amplia que la de las clases, son críticos de sus diagnósticos. Por ejemplo, Daniel Bell, uno de los tantos intelectuales orgánicos del aparato de Estado norteamericano dedicados a alucinar la sociedad post/industrial*** o pos-capitalista (ideologemas que procuran reemplazar la historia de los modos de producción, por las "distinciones" entre comunas pre industriales, industriales y de la formación científico/técnica -1991 a: 94, 124, 133, 140, 142), afirma que existen sectores sociales divergentes de las clases (loc. cit.: 76/77, 80-81, 90). Digamos de paso que esas categorías, temas y problemas pseudo/científicos componen la "globalización" que pretenden imponer los Estados Unidos y que, en el plano cultural, trasvasan fenómenos y preocupaciones que son atribuibles a naciones particulares, al resto del planeta (conjunto que obviamente, al estar desindustrializado o no industrializado, no puede nunca ser una comunidad "post-burguesa", pos/capitalista, "post-civilizada" o pos/moderna -ir a Bourdieu et. al, 1999 o: 208/209). Obreros improductivos privilegiados y miembros de las clases dominantes atareados en funciones simbólicas, se dedican a instalar en el resto de lo comunitario (en especial, en el estrecho universo de unas Ciencias Sociales cada vez más derechizadas y cautivas de los imperativos económico-políticos de los grupos dirigentes) polémicas, opiniones, modas, dilemas, posturas, etc. En suma, pareceres que un investigador no debe dejar de tener en cuenta porque son inducidos por "personas que cuentan" (Bourdieu, 1999 g: 114). Daniel Bell y los suyos, sin enterarse de que estudiosos del pensamiento que marginan ponen en duda que el mecanicismo y el economicismo sean "propios" de Marx (ver Rubio Llorente, 1985 b: 16/17, 24), sentencian que es determinista (Bell, 1991 a: 74-75, 78, 82), tanto en su versión "dura" (que sería la del vol. I de El capital), cuanto en sus espirales "blandas" (compendiadas en el vol. III -cabe aclarar que el español incurre en cierto humanismo metafísico, en concebir una "esencia humana" y en sostener la existencia de una filosofía marxista. Cf. op. cit.: 17, 24, 29, 33/34).

* En un Proyecto de 1992 orientado por la Prof. Amalia Carrique, que fue elevado al Consejo de Investigación de la Universidad Nacional de Salta (CIUNSa.) y que fue dejado irrespetuosa y prejuiciosamente, sin Orden de Mérito por la Prof. Teresa José (Escuela de Filosofía, Facultad de Humanidades), Prof. Eulalia Figueroa (Escuela de Historia) y Lic. Miguel Naharro (Escuela de Antropología), se esgrimía la posibilidad de entretejer las categorías del "materialismo histórico" y de la Semiótica greimasiana. A pesar de haberse rechazado con desdén y furia la impugnación presentada contra la violencia institucional y el atropello simbólico ejercidos, continué por mí mismo, con el despliegue de la apuesta, constatando que las clases sociales podían evaluarse actantes. 18 años más tarde, puedo asegurar que los disímiles elementos de las constelaciones colectivas son factibles de perfilarse actantes. El co equiper de Guattari, sostiene que el burgués y el laborante, que el industrial, el financista (que es una noción más amplia que la de banquero), el terrateniente, el comerciante y el proletario industrial, son figuras, personajes sociales e imágenes colectivas distorsionantes (Deleuze, 2005: 146) o tópicos. En suma, actantes y roles sintácticos de comportamiento. ** En el orden capitalista, la familia destina la libido, el deseo, el hermoso Inconsciente, con el imperativo "¡Vos!, sé burgués y dedicate a tu capital; ¡vos!, sé obrero y buscate un burgués a quien someterte" (Deleuze, 2005: 114, 146). Si lo anterior es así, quizá pueda concebirse que el resto de los miembros de los grupos sociales que no son clases, emergen para esquivar que esa orden los aplaste. En consecuencia y hasta algún punto, los integrantes de las constelaciones colectivas son una forma de resistencia contra el aplanamiento de la libido, del deseo y del Inconsciente, a que los somete la esfera familiar. Se infiere que lo que es cincelado para el capitalismo, bien puede esculpirse para otras comunas partidas en clases: cada unidad de parentesco en una asociación clasista, mandata a unos, para que sean Amos y a otros, para que se adapten a su papel de Esclavos, a la par que el resto de los miembros de los grupos zafan como les es factible, de la orden familiar (en el doble aspecto de "imperativo" y de "cofradía"). *** Negri acepta el lexema y lo hace sinónimo de "sociedad biopolítica" (2010 b: 163).

(15) Tal como se desprende de nota 14, la disposición o uso de los medios de producción nucleares para la continuidad de la comuna en el tiempo, el consumo no equitativo (aunque sea en el ámbito de lo simbólico y por objetivos simbólicos) y el "derecho", que las más de las veces no da origen a un sistema jurídico en regla, a apropiarse o controlar de alguna forma los bienes que surgen del trabajo colectivo, no son significantes que resulten pertinentes para aludir sólo a las clases. En efecto, aun los atareados improductivos con roles de conducción y/o que fueron "mediatizadores" que pudieron existir en lo que Sahlins denomina "economía de la Edad de Piedra", son aprehensibles con al menos una de estas condiciones. Empero, Sahlins emplea esa "lógica" para contrarrestar los supuestos planteos economicistas del mal entendido por Lenin (Sahlins, 1997 f), sin captar que "economía", en tanto estrategia para administrar el tiempo (como recurso escaso, valioso y que hay que "racionar") y en cuanto proceso de producción destinado a la objetivación de artículos (Marx, 1983 b: 112), hubo (tal cual lo gubiamos casi obsesivamente, en infinidad de locus) desde que los homínidos "adelantados" se vieron obligados a convertir sus miembros en los primeros instrumentos de labor (of course, también lo hubo en las tribus en las que se contaba con un amplio campo para el "tiempo propio" -Sahlins, 1983; 1984: 128). Entonces, si puede ser acertado que en las economías tribales de la transición (1984: 12) del Paleolítico Superior a los ecotipos (loc. cit.: 56) del Neolítico, no existía espacio para invertir grandes cantidades de tiempo en el trabajo (op. cit.: 128), a causa de que existen elongados períodos de "paro" o de muy baja actividad (loc. cit.: 56), que las estructuras de parentesco son omnipresentes en todos los ambientes colectivos (op. cit.: 24, 110), o que "no hay" niveles diferenciados (loc. cit.: 30), de manera que lo económico puede cumplir con funciones que van allende lo económico (op. cit.: 32, 110), el lexema discutido tiene eficacia crítica. Al punto que Sahlins mismo se obliga a desmenuzar la "economía política" (1983; 1984: 137) de las asociaciones del Paleolítico Superior y de las pertenecientes al Neolítico (loc. cit.: 13, 21/22; observemos que acepta unos términos a los que el fenecido en 1883 ya no daba crédito). Verdad es que una visión de tan larga duración es muy polémica; sin embargo, los conceptos que articuló el materialismo crítico son tan flexibles que posibilitan arriesgar hipótesis acerca de períodos que duran millones de años. Simultáneamente, eso no implica que caigamos en la tentación de algunas figuras de la Modernidad (Kant, Hegel, etc.) que, acorde a las intervenciones de los post-modernos, formulan relatos afincados en filosofías de la Historia y en paradigmas omniexplicativos. La teoría de Marx es un esquema interesante en el plano del análisis de los elementos de la basis, sobreestructura y de su mutua retro/influencia. Para otros innumerables perfiles de lo social, habrá que ir construyendo los bocetos adecuados.

(16) Fenómenos como el descrito tempranamente por uno de los pensadores más denostados, fueron absorbidos por Pierre Bourdieu con las nociones de "violencia simbólica" (Gutiérrez, 1999 b: 10; 1999 e: 69). Sin embargo, el francés no apela al admirador de Engels para cimentar su apuesta sino a Weber y Durkheim, quienes, al no ser nunca deconstruidos ni por la academia ni por Bourdieu, restan eficacia subversiva a la idea glosada. No sabemos de nadie que haya hablado sin contemplaciones ni pactos del racismo, conservadorismo, furioso anti-marxismo del primero, y del eurocentrismo, misoginia, liberalismo, etc. del segundo. Vilar apunta que Weber era propenso a las cronologías fantásticas y que su presunta erudición se apoyaba en fuentes poco creíbles (1993: 355). Como si fuera liviano lo precedente cada vez que Bourdieu, por la potencia de una teoría que ha sido sepultada por capas de lecturas que castraron su creatividad, se ve motivado a reconocer la vigencia de algunos conceptos, los limita a una versión ortodoxa, lineal, mecanicista, causacionista, escolástica, vulgar de la dialéctica base/superestructura (1999 e: 68). [luces y sombras que mixturan lo político y la práctica deconstructiva]

(17) Las alteraciones que el padre de "Tussy" prevé para los colectivos humanos son de índole azarosa, intricada, estocástica, abierta, pluridimensional [nos trasladamos de nuevo a un decir científico]. Esa clase de modificaciones en los ritmos históricos, en los tejidos del tiempo, pueden apreciarse en los dos grandes tipos de transición: a. los que principian una nueva etapa en los estadios que delimitan épocas; b. los que se corresponden con los años en los cuales se deshilvanan las interrelaciones entre los desiguales modos de producción, liados con vínculos estratificados en órdenes de interferencia. Ahora bien y de acuerdo a lo que hemos pincelado en el semanálisis que integra la Tercera Parte, Apéndice III, "B" (isotopía "Modos de vida, relaciones sociales, tipos de comunidad y ciudades", enunciado 585; Marx 1971 e: 473-474), de la Tesis Doctoral de la que "desprendimos" el palimpsesto que arriesgamos a hacer circular (López, 2007 a), no sentimos que en las afirmaciones análogas a la seguida haya elementos suficientes para sentenciar lo que Balibar entiende: que las transiciones deben conceptuarse en tanto que modos genéticos de tesoro (Balibar, 1998 h: 329; Althusser, 1998 g: 213/214). Al contrario y tal como lo hemos puntualizado en el Volumen I, Primera Parte, Sección II, Capítulo IV (pp. 288, 289) del hojaldre aludido, sería viable enunciar con algún grado de conjetura y sin una aserción definitiva, que el fundador de la Internacional parece vaticinar que ciertas transiciones son de tal desorden (en el sentido termodinámico y contemporáneo del lexema) que no hay más que formas de suscitar valores de uso en cambio continuo, sin dar lugar a una entidad que las subsumiría en un categorema preciso. O sea, que detectamos formas de economía y sociedad, constituidas en "fases" de extrema "turbulencia", que no pueden asignarse a ningún modo de producción, a pesar de lo "revisionista", "conservador", "hereje" y escandaloso que acabe lo proferido. Aunque no contamos con detalles suficientes en el seno de la teoría y en la investigación empírico-histórica, intuimos que las innumerables vías de paso de la feudalidad tardía al capitalismo incluía transiciones desordenadas a tal punto que hacían imposible y/o desaconsejable su "identikit", a riesgo de extraviar la complejidad, y transiciones que suponían estructuras de producción regionales (con todo lo problemático que resulta definir un término discutido, sin consenso y en historiografías muy de avanzada, desacreditado). Hemos regresado en parte, a esa ardua temática en (López, 2010 b), en lo que se conecta con los modos para inducir valores de uso en lo que problemáticamente, se podría convenir en llamar "Indolatinoamérica" o con menos compromiso, "las Américas".


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