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DUENDES, APOSTILLAS Y COMENTARIOS. LOS PERFILES DE MARX, Vol. III

Edgardo Adrián López




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II.3. La formación de capital

Hasta ahora vimos que el dinero tiene dos amplias determinaciones: es medio de cambio (i) (por lo tanto, medio de compra (ia), de pago (ib) y de crédito (ic)), y medida del valor (ii) y por extensión, "representante" de las mercancías (iia) (loc. cit.: 152). La tercera consiste en que cumple una función productiva (iii), en que es un instrumento para la génesis de tesoro (op. cit.: 152/153). Al cumplir ese rol, el proceso circulatorio (M-D-M y D-M-D) se presenta de modo simultáneo como movimiento creador de los valores de cambio (loc. cit.: 171). Y el proceso de producción es premisa de la circulación perpetua (ibíd.). Pero antes que la moneda funcione con estos contornos, puede acaecer que disuelva la comunidad (op. cit.: 158, 161). En el caso opuesto, puede ser condición de su desarrollo e impulso para las fuerzas genéticas materiales y espirituales(57) (loc. cit.: 158, 160). La preponderancia del dinero ocasiona que los nexos intersubjetivos de producción sean reducidos a relaciones económicas(58) (op. cit.: 163). Indica también el grado en que los individuos se objetivan en las cosas con las que se vinculan, y la escala en que los "entes" creados afloran como manifestaciones de lo subjetivo (loc. cit.: 156). Tal apreciación puede extenderse a comunas con desiguales estructuras para gestar tesoro: la riqueza en ovejas nos da el despliegue de los agentes como pastores; los bienes en cereales, su desarrollo en calidad de agricultores (op. cit.). Al mismo tiempo que el dinero cuenta con esas tres determinaciones, las niega. En efecto, es la negación del medio de circulación (loc. cit.: 163/164). Al universalizarse en el comercio, se disuelve precisamente por su diseminación (op. cit.: 164). A la par, es superación de su supervivencia como medida de los valores, dado que lo que acaba por realizar son los precios. Por último, es oposición a funcionar en calidad de instrumento orientado a inducir tesoro (loc. cit.: 165). A los fines de operar con tal objetivo, debe atesorarse; atesorado, sale de la circulación. En el capitalismo, la moneda es tan esencial que la faena asalariada productiva debe adecuarse al horizonte quimérico de suscitar dinero y más dinero. La sed, el ansia y la pasión de enriquecimiento se diseminan a tal extremo, que incluso los obreros subyugados por el capital tienen interés en crear tesoro engastado en el ente económico-economicista por antonomasia (op. cit.: 158/160). Se instaura entonces, una contradicción entre las necesidades reales de la producción y la supremacía del dinero(59) (loc. cit.: 168). El movimiento real de la riqueza lucha contra la moneda como con un horizonte que le quita aire. Por esto y a raíz de otros desajustes, el dinero se revela como una forma económico-economicista que tiende a licuarse (op. cit.: 169). En la intrincada etapa de transición del feudalismo a la colectividad burguesa, una de las formas de acopio que servirá luego para reproducir capital fue el atesoramiento de metales preciosos. Al tiempo que se despliega ese acopio, los agentes se comportan unos con otros de manera interesada: los propietarios posibilitan obtener dinero por tareas, y los no poseedores pueden enriquecerlos (loc. cit.: 174). Por una torsión dialéctica increíble, la propiedad privada es consecuencia de la fisura entre labor y propiedad. La tarea gestará la propiedad ajena y ésta dominará el trabajo.

NOTAS

(1) El amigo de Heine no sólo sigue de cerca los procesos históricos, sino que desmantela las producciones semiósicas de instituciones, obreros improductivos privilegiados y/o integrantes de las clases dominantes encargados de universalizar sus intereses. [registro de la ciencia]

(2) Constatamos que las relaciones "técnicas" de producción son la "estructura" del resto de los vínculos. Podría imaginarse que ciertos componentes-base (tales como los nexos citados), actúan a manera de una especie de "amortiguadores" que hacen reposar a los otros fragmentos.

(3) El sintagma tiene enormes consecuencias:

a- establece firmemente que si bien existen factores de la basis que tienen alguna primacía o dominancia, eso no nos justifica para creer que son una causa última, tal como lo hemos subrayado en reiteradas ocasiones; b- que es la totalidad la que retro/actúa sobre sus niveles, elementos, etc.; c- por consiguiente, que los frentes de lucha son diversos ya que se tienen que impugnar la circulación, los tipos de dinero, pero también las relaciones sociales generales, los nexos "técnicos" de producción, la estructura comunitaria.

(4) Marx enumera los tipos de dinero que existieron hasta ahora (moneda metálica, papel, crédito) y lo que se destaca de la secuencia es que el proceso de abstracción, espectralización, fantasmatización, sublimación, desplazamiento, etc. de las relaciones concretas, reales para suscitar artículos de uso y bienes, se fue ahondando. Según Jameson, en el

"... ciberespacio ... el capital ... alcanzó su desmaterialización definitiva, como mensajes que pasan ... de un punto ... a otro del ex globo, el ex mundo material" (1999: 202).

Por su lado, el compañero de Engels menciona también el "dinero" socialista que au fond no será tal, sino una "moneda" o bono de tarea (1971 c: 46; ver una posición contraria en Nikitin, 1962: 237/239). Por último, la inteligencia semiótica del pensador glosado adelantó las nociones de lo "implícito" y "explícito" (Marx, 1992 c: 57). Igualmente, la de lo "denotado"*. Mientras analiza la mercancía, sostiene que el valor no denota nada (1975 b: 117 -páginas atrás advertía que a causa del desarrollo del capitalismo, el valor de cada mercancía ya no se puede calcular; op. cit.: 94). En otra parte, agrega que la continuidad del proceso de génesis de artículos denota reproducción (1974: 288). Lo que es coherente tanto con nuestro proyecto de apelar a la Semiótica para enunciar lo no dicho (implicado o presupuesto, sobreentendido) en términos que sean aptos para criticarse, cuanto con la advertencia materialista de que el dinero es un signo. Empero, la Semiótica (como disciplina y a manera de un conjunto de semiologías) no es una perspectiva que tenga fe, en sí y por sí, en la inmanencia de los procesos simbólicos (cf. un parecer disímil en Bourdieu, 1999 e: 70).

* Su hermano de militancia radicado en Manchester, también empleó aquí y acullá el lexema "denotado", por lo que la noción aceptada aunque no definida, no era casual en los escritos de los fundadores de la tradición sino algo recurrente y quizá, hasta sistemático. Apreciemos el sintagma:

"Cierto que los pensamientos del señor Dühring y el lenguaje en que están expresados, denotan lo mal que (esas ideas) se adaptan a cualquier lenguaje ..." (Engels, 1975: 71; el bajorrelieve es ajeno).

(5) No empleamos el significante "bienes" en el sentido economicista del análisis económico tradicional, sino en el que hemos cercado según lo que postuló el ex amigo de Hess.

(6) Los estudiosos weberianos son propensos a ver en cualquier parte procesos de racionalización, lo que tiene por efecto tornar consistentes sociedades irracionales (definiendo lo irracional desde sus propios parámetros internos -además, los weberianos encofran el engarce de los elementos de la acción a una correspondencia entre medios y fines). V. g., el capitalismo es contradictorio en el sentido lógico/semiótico de una articulación adecuada entre medios, intenciones, objetivos, propósitos, alcances, intereses, efectos de sentido y fines (aunque no podemos apelar a las citas para avalar cada uno de los componentes de la praxis enumerados, lo que Marx sostiene respecto al proceso de labor es un espacio idóneo para indagar las referencias exactas -1983 a: capítulo VII, pp. 187/204; 1971 d: 308). No es racional más que de un modo muy superfluo (1983 b: 92). En un estudio en que Baudrillard no negará lo que convocaremos (como lo hará luego), con el propósito de desfigurar la interpretación que el judío exiliado efectúa del capitalismo, sostiene que el

"... capital ... (significa) la empresa demente, ilimitada, de abolir el universo simbólico en una indiferencia cada vez mayor y una circulación incesantemente acelerada del valor ..." No opone a esa vorágine un orden racional; por el contrario, instaura "... una desconexión, una desterritorialización de todas las cosas ..., un orden ... irracional de la inversión a cualquier precio ... La racionalidad del capital es una pamplina ... Todo debe ser vuelto a jugar; ... el auténtico capitalista no atesora, no disfruta, no consume; ... destina toda la producción a una productividad posterior ..." (1985: 13; la alteración tipográfica es del texto -la cita no supone que nos hermanemos con los pos/modernos; implica acaso la tentativa arriesgada de una deconstrucción con las propias herramientas del Amo). Sin embargo, bueno sería matizar las sentencias del pensador galo con la precaución de a quien resiste: para éste, el capitalismo no se caracteriza por las inversiones; ni siquiera por el ansia de lucro, aunque sea importantísimo (Marx, 1974: 315; 1975 a: 456-457), sino por la acumulación (1975 b: 41) a costa de flagelo.

Lo que anhelamos plantear es que el devenir circulatorio y la distribución, en lugar de contribuir a que la producción y el consumo se realicen, son obstáculos. En el límite, es factible elucubrar que incluso las constelaciones hegemónicas y las clases dominantes en particular, atentan contra sus propios intereses cuando procuran satisfacerlos de modos que colocan en peligro su solidaridad de sector (Engels mismo observa ese fenómeno; ir a Stepanova, 1957: 177). El anarquista, lingüista y polítólogo Chomsky opina que en el acontecimiento de que los capitalistas presionen para desmantelar el Estado que los protege de las violencias del mercado, con el horizonte de conseguir avasallar los derechos sociales para incrementar en el corto plazo sus réditos, se manifiesta que su interés de clase está en contradicción con su deseo de lucro (1997: 111, 141/142 -de paso hagamos audible que es uno de los escasos textos donde se despliegan de forma sistemática, los principios analíticos con los que redactó sus escritos sobre la agresiva política internacional estadounidense).

(7) El fallecido en 1883, sí se ocupó del poder analizando su funcionamiento afincado en materiales concretos y no con la sola fuerza de las abstracciones. Transitando otras isotopías, páginas atrás el político rebelde llama la atención acerca de que la reserva de los bancos, sea la necesaria o no para apuntalar la circulación, funciona como una inmovilización improductiva de recursos (Marx, 1971 c: 43). Y a pesar de caer en un anglocentrismo (ibíd.) fue consciente de que dichas unidades financieras podían imprimir billetes sin respaldo, incrementando los riesgos de inflación (loc. cit.: 44, 47).

(8) De lo destacado, múltiples flancos son disparadores. En primer término, la alusión a una cuestión religiosa en el instante en que se empujan pensamientos orientados a circunscribir temáticas empalmadas a la economía, no es un gesto retórico. En el joven Marx, aparte de los aspectos del extrañamiento involucrados en tales esferas, Estado y religión representaban ámbitos sociales desgarrados (1992 b: 36, 49, 52, 59) que actuaban en tanto mediaciones entre los agentes vinculados unos con otros (op. cit.: 33). Esa hipótesis no abandonará nunca sus escritos (cf. 1975 b: 409) de "ruptura", "maduración" y "madurez" (para adoptar una terminología althusseriana por razones expositivas y con la que mantenemos innumerables reservas). Sin embargo, poco a poco incluye la economía como universo que se diferencia del resto de lo colectivo y que, saturada de abstracciones, fantasmas, alucinaciones, neurosis, etc., que tendrían que depender de los individuos, tal cual religión y Estado, acaba por ser amo de los hombres. La economía es una "economanía", de idéntica manera que lo religioso es una "teomanía" y que el Estado es fruto de una "estadolatría" (en 1992 c: 73, el admirado por Engels habla de una teutomanía economicista). En segundo lugar, la noción de que cada uno puede devenir en pequeño Papa expresa que cada quien es capaz de internalizar a sus propios opresores, siendo un dominador terrible para los otros y consigo mismo. Esa ocurrencia respecto a que todos tenemos un Amo que nos hace/hacer y que nos mortifica, se halla emparentada con el psicoanálisis lacaniano (1985: 57, 61-63), con la violencia simbólica de Bourdieu (1999 e: 69, 72), con el esquizoanálisis de Deleuze/Guattari (1976 b: 17, 20), con el terrorismo que uno puede ejercer en cualquier instante contra los demás (Foucault, 1996 b: 96, 111-112, 120/122), entre otras filiaciones. La lectura que sugiere el pensador argentino Marí, de un difícil texto de Pierre Legendre (1994 z) resulta igual de impactante: la consistencia de las instituciones y de las relaciones de poder necesitan inscribir su ley en la subjetividad. Existe una "semiótica de las pasiones" que suscita un amor al poder, un afecto a lo instituido, institucional e institucionalizado (1994 yi: 51-53).

(9) Uno de los hilos conductores del análisis que proponemos para redescubrir un Marx que no sería "esencial" ni unívoco ni carente de desniveles y que, por contraposición, afloraría polivalente, equívoco...; al que habría que re/construir sin "cerrar" el juego, sin suponer jamás que lo que dijo "estaba ahí" simplemente, apuesta de lectura que lo alejaría de la tentación dogmática, peligrosa, imperativa de anhelar ser un "heredero" de su palabra, es que cada nivel previo al que continúa tiene contradicciones, antinomias, absurdos, sinsentidos, etc. [asertos críticos] Ese plano disimula resolver dichas tensiones pero las traslada al siguiente, el que a su vez lo traspasa a los otros [enunciados científicos]. En el caso del dinero, un primer estrato se encuentra agitado por la incompatible exigencia de anhelar ser universal desde lo particular, internacional desde una moneda que representa en el mercado planetario un dinero acotado, etc. Pero estas antinomias se trasladan a las formas espectrales del valor que se independiza: las letras de cambio, los bonos de bolsa, el dinero electrónico. Igual acontece con los niveles de la mercancía, en la que la paradoja insoluble de querer homologar valores de uso que son inconmensurables, en virtud de poseer cualidades disímiles, se "ahoga", elide, desplaza, deniega, reprime, pero para que en otras instancias asome con más fuerza (ver López, 1992 a). Ese proceso de expulsar las tensiones que fisuran un ambiente a los demás, supone como correlato un proceso de "racionalización" por el que las esferas en liza parecen no tener sinsentido, induciendo la sensación de cohesión, coherencia, naturalidad y de no ser arbitrarias (Bourdieu, 1999 e: 71/72, nota 8 de p. 72).

(10) En lo que allí se connota, suspiran varios problemas. El primero de ellos, es que los obreros improductivos privilegiados y/o las fracciones de las clases dominantes productoras de semióticas, pueden ser atravesados por sistemas simbólicos (definidos como formas de enunciación que tienen el poder de construir el mundo -Bourdieu, 1999 e: 71), correspondientes a otras lógicas de simbolización/eufemización (loc. cit.: 71-72). Esos sistemas simbólicos poseen la tendencia a instaurar "sociodiceas", es decir ideologías acerca de los grupos que integran lo colectivo (cf. una idea similar en Bourdieu, 1999 e: 70; 1999 f: 109). El segundo consiste en que las desiguales exigencias de cohesión, no arbitrariedad, coherencia, naturalidad y racionalidad de un orden taxonómico performativo/constatativo, pueden re-utilizar efectos de sentido de orígenes diversos.

(11) El amado por "Lenchen", nos advierte que hay crisis en las que la ley de la oferta y la demanda es perniciosa de una manera peculiar. Remarca que en el sector II o de los alimentos (en especial, en los de primerísima necesidad), dicho axioma actúa con estilo enérgico y agudo (Marx, 1971 c: 54), casi malthusiano. En lo que se refiere a las percepciones de los agentes, el "filósofo" inglés afirma que en las debacles intervienen "... todo tipo de factores [entre ellos, ... los recelos políticos ... ] ..." (carta de 27 de diciembre de 1851, citada por Wheen, 2000: 188). Por lo demás, los hundimientos no son causadas por la depreciación brusca de los metales preciosos (Marx, 1971 c: 53/54), ni por su exportación libre (op. cit.: 52 -ver las opiniones contrarias de Kindleberger, 1985 y de Aldcroft, 1985). Si imaginásemos un país en el que no hubiese ningún tipo de dinero, estas bruscas perturbaciones del sistema continuarían (Marx, 1971 c: 53). Un trotskista brasilero inteligente, opina que lo que para nosotros se mal denomina "crisis" en las asociaciones pre capitalistas (Coggiola, 2008 d: 62) y lo que son las debacles en la comuna burguesa, son desproporciones entabladas entre los sectores I y II* (2008 d: 76), desajustes que se provocan por la falta de coordinación en la modelación de objetos de disfrute. Asimismo, sopesa que tales desproporciones serán inevitables en el socialismo y más allá (Coggiola, 2008 d: 89/90), pero que tales desajustes no adoptarán la forma destructiva de crisis.

* En la traducción castellana de la Correspondencia, la caracterización del sector I figura al revés de lo aceptado (Marx y Engels, 1975: 133-134), lo que motiva confusiones. Por lo demás, a los gigantescos segmentos I y II, se agrega el sector III, que es el de la reproducción (Marx y Engels, 1975: 134). Por lógica, debiéramos considerar un momento IV, que sería el de la reproducción/acumulación (López, 2009 a).

(12) Uno de los elementos que moderan el causacionismo inscrito en la complejidad reducida de la dialéctica base-superestructura, es que no todo lo que acontece en el plano de la "basis" (como lo subrayamos en otras circunstancias) tiene su correlato, "traducción", emparejamiento, etc. en la supraestructura.

(13) Economistas como el soviético Leontief y comentadores con el perfil de Galbraith (1993 a), acusaron a Marx de no tener una visión intrincada de los acontecimientos, en particular, económicos, despreciando el análisis estadístico y no tomando nota de que innumerables devenires a los que aludía el materialismo deconstructor (la constitución de una tasa general de lucro, la emergencia de los precios medios, el intercambio entre los sectores I y II, etc.), eran estadísticos. Sin embargo, aun cuando el técnico ruso se enreda en los prejuicios más insólitos de la economía vulgar (f. e., profiere que existe un "progreso" garantizado por una especie de darwinismo social -1993: 51-; que debiéramos erigir "monumentos" a los "pioneros" que hace 300 años nos legaron las condiciones actuales de prosperidad -loc. cit.: 52-; etc.), es ineludible decir a su favor que remarca la perspicacia del "fundador" de la tradición a la que adherimos. En una carta a Engels de 31 de mayo de 1875, su amigo anticipa en sesenta años el análisis estadístico para los ciclos económicos (que se corresponden con curvas irregulares, complejas) y los cracks (Leonfief, 1980: 111). Del corpus, resaltamos que sucesos como el de la convertibilidad son de naturaleza estocástica. Por consiguiente, los bancos requieren de una contaduría que se maneje con tales patrones, con el propósito de sistematizar una larga experiencia en las alteraciones del precio del dinero. En otras zonas de claroscuros, una de las críticas que subyacen a la norma valor es que el tiempo medio que se estipula para invertir en un valor de uso, e. g., no sólo es algo ajeno al libre concierto entre los hombres, sino que ni siquiera es una cantidad exacta (Marx, 1971 c: 61; 1972 a: 415). Es un promedio que se "infiere", a fuerza de pérdidas, a partir de los movimientos del mercado. Esa temporalidad medio es un tiempo ideal y por ende, no puede servir como "piso" para la confrontación de los precios (1971 c: 65). Por ello se hizo necesario el dinero; permite calibrar*, aunque de manera defectuosa, cuál puede ser la temporalidad media ideal que el despliegue de las fuerzas genéticas, la competencia, la división de las faenas, etc. instauraron en calidad de promedio colectivo (ibíd.) [nos situamos en la praxis científica]. Si fuese legítima la exageración, el reino de la economía agostada por dicha ley ha sido el reino de las cantidades aleatorias y medias, en tanto que cosas poderosísimas [aclaraciones críticas]. La cuestión es que en el capitalismo, existen mecanismos que opacan la visibilidad del funcionamiento de la regla valor: uno de ellos es la acción del dinero (1972 a: 310). De manera que los que pregonan que ese principio autoritario no pauta la vida social en el capitalismo "post/burgués", se dejan encantar por tales estrategias. Por si fuera débil lo anterior para demostrar que el germano no es ricardiano en la peculiar interpretación que lleva adelante, dirá que la norma en juego es reduccionista, ya que las causas complejas que pueden haber dado "origen" a un invento (por ejemplo, una máquina) son "convertidas" en cantidades que son funciones del tiempo (op. cit.: 195-196) [estrato de la ciencia]. Por último, los desarrollos del capitalismo ocasionan que la ley del valor tenga sólo una validez virtual (1975 a: 164). F. i., es a todas luces absurdo plantear que el valor de un billete se corresponde con el tiempo de trabajo que se gastó en fabricar el papel (1971 c: 60), los colorantes, las técnicas empleadas para disminuir las alternativas de falsificación, el control de calidad, etc.

* Para el marxólogo colombiano Henao, la moneda fue "... una de las herramientas más poderosas que (se proveyó) la humanidad para procurar su bienestar" (2010: 37). Es uno de los dislates en los que incurre en su intento por "adecuar" al degustador de Shakespeare a las líneas coetáneas de pensamiento.

(14) Como es sabido, existe un insumo de producción "mínimo" para el burgués; es el que alucina como imprescindible para comenzar un negocio (1): c + v (1975 b: 66/67). Luego viene un costo de producción "inmanente" (2), compuesto por c + v + pl. (loc. cit.: 67-68). En ese punto, cabe señalar que las contradicciones de economistas vulgares reasegurados por el fetichismo de las fórmulas matemáticas, al estilo de Leontief o Robinson, les impide percatarse de lo que sostienen. V. g., Wassily opina que la hipótesis del valor tiene que ser descartada (1980: 103) y en el mismo movimiento, sugiere que los países pobres (que "no saben" aprovechar sus recursos -1993: 97) generan escasos alimentos por unidad de superficie y por hora/hombre (ibíd.), lo que implica dejar ingresar por la "ventana" lo que se expulsó por la "puerta". La economista keynesiana pincela que el suegro de Longuet no efectuó una demostración satisfactoria de su teoría del valor y simultáneamente, cree que la práctica demuestra por sí que una hora-hombre de trabajo es la medida de valor más razonable (1985: 204). Retomando las aseveraciones acerca de los gastos, desde una contabilidad más rigurosa, los costosvalor de producción están formados por "c + v + pl. e." (3), donde "c" es el capital constante, "v", el variable y "pl. e." el supervalor extrínseco (de esa plusvalía se puede derivar una "sumatoria" de porcentajes de los distintos elementos que intervienen en la formación de las desiguales clases de precios, tal cual lo hemos anticipado). Esto es, el porcentaje de plusvalía que el empresario logra apropiarse efectivamente y que por ello, se distingue de "pl. i." o "plusvalía intrínseca" (4), la cual es el valor que se modela en el seno del devenir creativo de tesoro (Marx 1975 a: 30, 33). Los gastos/valor son igualmente el precio (5) que el capitalista tiene que pagar para producir determinada cantidad de supervalía (1975 b: 182 -tenemos pues, precios/valor de producción). Los gastos mencionados son llamados por el forastero de Occidente también como "costos de la producción" (6) (1971 d: 456), a los fines de deslindarlos de los precios de producción a los que bautiza "insumos 'ampliados' de producción" (7). Los precios convocados incluyen in stricto sensu, c + v + gm (8); "pl. e." se jibariza en gm, a raíz de que los burgueses medianos o pequeños, no convierten todo el supervalor en dinero y porque los grandes capitalistas, acaparan no únicamente su propia plusvalía sino la de otros empresarios. Ese precio es el precio natural (1975 a: 179-180, 182/183, 300), necesario, normal (op. cit.: 340) o suficiente (loc. cit.: 300, 306). También es el precio social (9) de producción (1983 b: 312) o el precio que se debe pagar para "producir" determinada cuota de ganancia (10) (1975 b: 182). Sin embargo, como existen casos en los que enormes capitalistas capturan la totalidad del supervalor intrínseco y un "exceso" por encima de lo dispuesto por la tasa general de beneficio, los precios de producción, con un plus, serían el resultado de los "gastos-valor + gm + plus x" (c + v + pl. i. + gm + plus x) (12), donde los elementos añadidos son la ganancia media que se obtiene por enormes esferas de actividad "regional" y/o nacional, de acuerdo a una cuota universal de lucro (lo aclarado viene oportuno, porque Marx está pensando en gran escala cuando alude al beneficio), y el excedente "x" sobre la tasa. Cuando no existe ese plus, tenemos los precios de producción "normales" (11). A su vez, la ganancia es la cantidad media de "pl. e." que un burgués consigue convertir en dinero (hay dos pérdidas más o menos inevitables: la declinación de "pl. e." respecto a "pl. i." y el desvío que representa "gm" -existe entonces una entropía). Los precios medios (13) reguladores son los "[precios de producción (c + v + gm)] + r + i", de manera que "r" es la renta de la tierra e "i", el interés (1975 b: 394/395). En algunas circunstancias, el ayudado por Engels denomina a los "precios de producción", "precios medios", "precios de costo" y "costos de producción" (1975 a: 29, 58-60, 86, 161, 171, 178, 182, 230, 250, 300). Para evitar esa "confusión", mantendremos la terminología acordada (a un glosador de Dussel, le asoma un lío que saca a claridad que el padre de "Tussy" se encontraba algo confundido en la compleja elaboración de lo que estaba sugiriendo -Arthur, 2008 b). Para el caso del precio de mercado (14) (Marx, 1975 a: 174, 178/179; 1975 b: 65, 69), hay que distinguir un precio de mercado que es la traducción directa (14 a) del valor de mercado (1975 a: 174), de otro que es resultado de una sumatoria (14 b). El primer tipo (14 a) es el producto de las condiciones medias de producción (op. cit.: 81); por su parte, el valor de mercado es un valor estadístico (ibíd.). En el segundo precio de mercado, los factores incluyen el "precio medio + rc + gc + influencia de la oferta y la demanda" (14 b), tal que "rc" es lo que el capitalista puede consumir luego que reinvirtió para mantenerse como guardián de la tarea pasada y "gc", es el porcentaje de plusvalía cedido al comerciante intermediario, sea mayorista o minorista. Se constata que ambos precios de mercado, se desvían (15) de los precios de producción o precios de los insumos (op. cit.: 178). Como aquí el precio manifiesta que no es igual al valor, "... el elemento que determina el valor -el tiempo de trabajo- no puede ser el (componente) en el que se expresan los precios ..." (1971 c: 64). Respecto a la sumatoria del precio de mercado tipo 14 b, cabe puntuar que las repercusiones de oferta y demanda son incluidas por el padre de Laura en 1975 a: 306. En virtud de que no pueden formar parte de los otros tipos de precios, se remiten a ese plano. En definitiva, el suegro de Aveling dice que la oferta y la demanda es el marco a partir del cual los precios se encuentran determinados por la regla valor y en consecuencia, por los costos/valor y los precios de producción. En simultáneo, el juego de la oferta y la demanda está condicionado por la producción en sí (1976: 51; 1971 c: 62). Eso se entiende si tenemos en cuenta que no se destinará al mercado una mayor cantidad de mercancías sólo porque sus gastos hayan descendido; debe existir una demanda que lo estimule (1976: 52). Uno de los precios finales de venta (16) es el "precio de mercado + inflación + depreciación del dinero + disposición al consumo (1982 d: 64; 1976: 47) + otros factores" (sin embargo, no es la cúspide de las clases de precios; cf. infra). En el ítem postrero, pueden contabilizarse los impuestos al consumo (que Marx diferencia de la renta -ir a 1975: 132). Al margen, permítasenos subrayar que hay varias clases de impuestos. F. e., uno sobre el beneficio presunto que se descarga en el consumidor (1976: 25). El impuesto al suelo grava a la renta que obtiene el terrateniente; éste traslada la carga al arrendatario, el cual lo imprime en el precio. Por ende, se grava al público. Por último, el impuesto al producto bruto (lo que en Argentina se llama IVA) aumenta los costos de producción e igualmente recae en el consumidor (ibíd.). Otros componentes del precio son las tasaciones de las ventajas reales o imaginarias, los "cotos" sobre la seguridad, las tasas vinculadas a la "higiene", etc. (1976: 47). También debemos incluir la "indemnización" por la probabilidad de una ganancia igual a cero (1971 d: 397) o por el lucro que podría haberse obtenido (e. g. del 6 %), pero del que se consiguió sólo una parte (loc. cit.: 396). Existen algunos precios "especiales", como el de los alquileres, el de las viviendas (1982 d: 62), el de las importaciones/exportaciones (op. cit.: 66) y los que se forman por las actividades bursátiles (loc. cit.: 37). Por ejemplo, los primeros se componen: a. de la renta del suelo; b. del interés del capital de construcción; c. de la ganancia del contratista; d. de los gastos de las reparaciones y de los seguros; e. de la amortización anual del capital de construcción, prima que es proporcional al deterioro de la vivienda (Engels 1971 b: 140). El materialista alemán evalúa que los precios (en particular, los medios, los de mercado y los de venta) operan como una "escala" que le sirve al capitalista, para "testar" si genera artículos cuyos precios de producción se "curvan" o "alejan" de los costosvalor, permitiendo obtener el lucro estadístico, o sea, para checar si los gastos son competitivos y si es viable obtener el máximo de plusvalía intrínseca o más (cf. López, 2008 a: nota 12, p. 18). Lo que observamos en esa "cascada" es que el elemento que se repite en todas las clases de precios, son los insumos-valor de producción. Por ende, son el eje en torno al cual giran; no hay entonces, incoherencia entre la explicación del valor de las mercancías por intermedio de la norma valor, ni entre la formación de los precios a partir de los precios de costo (1982 d: 37). Tampoco existe brecha entre la argumentación que se inicia con el valor/promedio y la injerencia de la oferta y la demanda, junto a otros innumerables procesos económicos y sociales (sean de índole objetiva o subjetiva). En síntesis, los precios se encuentran condicionados por los gastos-valor pero intervienen otros factores (1971 d: 389/390). Oferta, demanda, coyuntura económica (1982 d: 62), los "cálculos" subjetivos (mitad racionales, mitad irracionales) que condicionan el "mejor" instante para la compra-venta de un artículo, el estado del crédito (op. cit.: 60), las fluctuaciones en el rendimiento de determinados productos (f. i., las cosechas -loc. cit.: 63), etc., son términos que intervienen en la constitución de los precios, pero en el nivel adecuado de análisis. La teoría del amigo de Wolff es pues, una de las elucubraciones más amplias, completas e intrincadas acerca del afloramiento de los precios y no una simplificación desacreditada. La mayoría de los que así se expresan, acaso encontrarían barreras para efectuar las distinciones que hemos articulado y tal vez no podrían indicar las referencias aproximadas a la globalidad del corpus: un buen número nunca suele sobrepasar el vol. I de El capital ni abordar los extensos tomos de Teorías sobre la plusvalía. Sin embargo, también sería cuestionable que un enunciador se configure a partir de un "yo he leído en profundidad a Marx", acorde a lo que Lenin dispara (1972: 374).

(15) El "valor" de mercado es una ficción económica, ya que valor y precio no son equivalentes sino que reproducen sus distinciones. Simultáneamente, que el "filósofo" crítico hable de "valor"/precio de mercado suscita que, aun cuando lo que antecede es verdad en el seno de la teoría, haya un nodo en el que acontece una convergencia entre dos opuestos. Por lo demás, si el precio de costo era un horizonte que tenía el capital para calcular si los insumos-valor le permiten obtener la ganancia media, el precio"valor" de mercado cumple con idéntica función. Au fond, lo que emerge de ello es que los agentes no controlan su vida social, y que palpita una escansión traumática entre las multiplicidades de las temporalidades vitales y el tiempo de faena, por lo que abundan las "pistas" colectivas (que son las desiguales clases de precios) a través de las que los hombres, por ensayo y error, adivinan cuánto es rentable invertir en tiempo para recrear un valor de disfrute. En otros términos, el "valor"/precio de mercado es un referente por el cual el mercado sanciona si una mercancía se ajusta a los precios medios de costo (Umpiérrez Sánchez, 2003: 9) y si puede realizar el beneficio medio.

(16) Que la pareja de Jenny considere que en el capitalismo la ley del valor y el condicionamiento de los precios por los gastos-valor de producción, se respeten y se disuelvan, muestra que su teoría del valor/trabajo no era ricardiana. Por lo demás, constatamos que existen dos tipos básicos de negaciones de los elementos citados: una negación que podríamos denominar "actual", que es el resultado de la aparición del "valor"/precio de mercado, entre otros elementos, y otra que llamaríamos "potencial", vinculada con la automación completa del proceso creador de tesoro. En la primera, el valor aflora como un límite de la producción burguesa (1976: 49). Los cambios tecnológicos reducen a un mínimo el tiempo de trabajo que se debe invertir en la génesis de mercancías y por extensión, limita los gastosvalor de producción y los precios de producción. En consecuencia, el valor total de lo modelado se constriñe v. g., en la mitad, aunque se haya inducido el doble de bienes de disfrute. Por ende, cada tanto el ansia de valor que acicatea la creación de riqueza en el capitalismo sufre una estocada. Of course, si ocurriese de manera regular de suerte que el valor no se incrementara nunca se anularía del todo el "stimulus" al capital. Sin embargo, acontece de forma irregular y de allí también las grandes colisiones que son las crisis (ibíd.). En el segundo contexto, la tecnologización creciente realza y diluye el tiempo de faena-ley como regulador de la génesis de objetos de disfrute (1972 a: 227/228, 232-233). Más todavía, el crítico judío sentencia que cuando la escala para calibrar el tesoro no sea la necesidad, el tiempo de trabajo no será la medida de la riqueza, sino el tiempo libre, lo que pueda dedicarse al despliegue de lo intrincado (op. cit.: 232, 236). En lo que cabe a algunos de los mecanismos que suspenden en parte, la vigencia de la norma valor es oportuno ejemplificarlos. Anticipamos que la calibración de los productos individuales ya no son medibles acorde a cuantos precisos de tiempo invertidos. Eso ocurre debido a que la producción masiva de artículos (a la que tiende el capitalismo en escala creciente, en razón de su necesidad de acumular -independientemente de que apele a las estrategias asociadas a la "fábrica 'pesada'" o a la "fábrica delgada"; ver Coriat, 1992 b), ocasiona que el tiempo consumido se calcule grosso modo*, para la totalidad de lo suscitado. Pero ello causa que la ley del valor deba predicarse para esferas de actividad completas. Entonces, la

"... cantidad total de tiempo de trabajo usado en determinada rama ... puede estar por debajo o por encima de la proporción correcta, respecto del trabajo social total disponible ..." (Marx, 1974: 196). El tiempo de tarea gastado puede ser el necesario, ajustarse a los precios medios de costo, pero sin embargo, suponer un derroche considerable (1974: 196/197). En consecuencia, se utilizará un tiempo de labor que no podrá valorizarse, que no recibirá equivalente. Por ende, el "...producto total -es decir, su valor- ... no (es) igual al tiempo de trabajo contenido ..., sino al tiempo de trabajo proporcional que se (debiera haber) empleado, si el producto ... hubiera sido proporcional a la producción de las otras esferas" (1974: 197). La norma valor se conserva y se disuelve.

El otro fenómeno es el de las producciones inmateriales (como el de la ciencia y el de la innovación tecnológica) que, cuando son el resultado de obreros explotados por el capital y que lo valorizan, no encajan en una medida empobrecida como el del tiempo de faena que insume gestar tales artículos. De hecho, a partir de esa constatación (que Marx no desmiente) los teóricos del capital "digital" postulan que la regla discutida, no es pertinente para estudiar el orden burgués contemporáneo. Pero tal como lo expresamos, lo único que se demuestra es la inadecuación de lo cuantitativo y del universo estrecho de la economía/economicista, para "calibrar" o "traducir" la riqueza, la multidimensionalidad de las creaciones espirituales. No obstante, la faena productiva (al igual que la improductiva de la misma clase) recibe un estipendio. Como antes, la ley del valor se conserva porque se autorrecusa. La interconexión del planeta a través de la frecuencia de los intercambios entre diferentes naciones en un flujo continuo de mercancías, dinero y servicios, también suspende la norma en juego.

"La nivelación de los valores por el tiempo de trabajo, y menos aun la nivelación de los precios de costo por una tasa general de ganancia, no (tiene lugar de) ... forma directa entre países ..." (1975 a: 171). Pero sin duda, "... tres días de (labor) de (una nación) pueden intercambiarse por uno de ... otro país ... En este caso, la (norma ...) valor sufre una modificación esencial ... (puesto que) el país más rico explota al más pobre, inclusive cuando este último gana con el intercambio ..." (1975 b: 88).

Por fin, la hegemonía de la ley del valor no es siquiera absoluta en el capitalismo. Y existe una buena razón: si todo fuera tasable por el rasero que dispone aquella norma, lo "humano" sería traducible al lenguaje de lo económico; en consecuencia, nada escaparía de su imperio. Demostrando que eso no acontece ni en el régimen que es la realización plena del axioma, queda abierta la posibilidad de fugar de lo económico. Si recordamos lo que sostiene Engels respecto al Estado (2004: 6/7), podremos concluir que, al igual que el Estado era la conversión de funciones administrativas en funciones políticas independientes de la voluntad del obrero comunitario, así la economía y lo económico son la transformación de las funciones enlazadas con la reproducción de la sociedad, en terceros poderes. Mas, esa enajenación tiene un límite; nunca arriba al extremo de lo íntegro.

* El analista colombiano de las categorizaciones del oriundo de Tréveris, Mgr. Gómez Henao, ofrece una pragmática e interesante (aunque discutible) manera de calibrar aproximadamente, el tiempo de faena socialmente necesario (al que denomina TTSN). Como al descuido esgrime que el lector de Hegel, no consideró en sus ideas la conversión de los servicios en ramas expoliadas por el capital (2010: 5), lo que repelemos ya que sí los pondera, acorde a nuestros resultados. Propone que TTSN se escinda en dos significativas "partidas". Una "A", que se refiere al capital constante (que llama "insumos") y a su depreciación; una "B", asociada con los salarios, según retribuyan trabajo simple o complejo, la ganancia, el interés, el alquiler y los impuestos (a todo lo cual denomina "valor agregado" -Henao, 2010: 6). En "A", se incluye lo que es capital fijo circulante (energía, etc.) y un capital circulante como el de la publicidad y el marketing. Lo que aconsejaríamos sería una parte "A", una "B" (enlazada al capital variable por tarea sencilla), una "C" (asociada a c v por labor compleja), una "D" referida al lucro medio, a la renta y al interés, y una "E", conectada con los impuestos y el alquiler. Si no se desgrana con esos vórtices los egresos referidos a los impuestos y al alquiler, se pone formalmente al lado de la ganancia, de la renta y del interés, ítems que son de esencia desigual. Por añadidura, creemos que primero debieran consignarse los impuestos y más tarde, lo desembolsado en alquiler. Para obtener el precio de la faena simple (que el autor confunde con su valor) en una fábrica de jeans de marca "popular" y que se instale en una región metropolitana, sumamos el total de lo gastado en abonar a proletarios ocupados en un mes standard de 30 días (imaginemos, U$S 2720). A su vez, se multiplica la cantidad de trabajadores por el número de horas, por 30 (5 obreros x 14 hs. x 30 = 2100). Las dos cifras se dividen (2720/2100) y conseguimos el precio de una hora de faena sencilla (U$S 1, 30 ó $ 5 de marzo de 2010, Argentina). Con el propósito de calibrar el precio de la labor compleja, sumamos lo abonado en operarios atareados en 30 días (U$S 6995). Como en la situación arriba mencionada, se multiplica el número de trabajadores por las horas, por 30 (5 obreros x 12 hs. x 30 = 1800). Se hace la razón de las dos cantidades (6995/1800) y obtenemos el precio de una hora de tarea no simple (U$S 3, 89 ó $ 15). Para tabular las horas de faena sencilla contenidas en labor compleja, se divide el precio de la hora de la tarea no simple por el de la hora de la faena sencilla (3, 89/1, 3 = 3 hs. de trabajo simple en una hora de labor compleja). Acto seguido (2010: 7), sumamos las horas trabajadas en faenas sencillas y no simples y obtenemos TTSN para la nómina de atareados que valorizan capital (2100 + 1800 = 3900 hs.). Cifra que si la dividimos por 14, nos lleva a que de 30 días se destilen 278, 6 o que un mes "sea igual" a 9, 3 meses. Of course, el precio de esa cantidad de hs. resulta de sumar el monto parcial abonado a cada sector de obreros (2720 + 6995 = U$S 9715 ó $ 37491). En el resto de los cálculos, ya no nos apegamos a lo aconsejado por el intelectual colombiano. Para ilustrativos fines, interioricemos que se demoran 4 hs. por jean (14/4 = 3, 5 prendas ó 3). Tabulamos el precio probable de un jean multiplicando las hs. trabajadas y el precio de la hora de faena simple (14 x 1, 3 = U$S 18, 2 ó $ 70, 25). No es impostergable incluir otros factores en virtud de que en el precio logrado, figura la plusvalía. Acorde a lo dicho, un operario suscita U$S 54, 6 ó $ 211 en prendas, en una jornada. Los diez, U$S 546 ó $ 2110, ignorando que los dedicados a tareas complejas laboran 2 hs. menos y que cada cuatro, queda para la quinta hora un jean comenzado, elusiones realizadas con el objetivo de esquivar lo engorroso. En 30 días, U$S 16380 ó $ 63227. Si se inserta en el mercado la globalidad de la producción del mes, se obturan los costos en c v**. Quedan para distribuir en las columnas de egresos, $ 25727 ó U$S 6665. Un obrero gasta de los $ 211 en pantalones, alrededor de $ 60, si se aboca a tareas sencillas, ó $ 120, si es ocupado en trabajo no simple (las diferencias de consumo, se pueden atribuir a los disímiles entornos en los que se ubican los operarios, entre otros motivos). El promedio por día será 180/2 ó $ 90 (U$S 23, 32). Si en 14 hs. un obrero produce U$S 54, 6 y si el 50 % de esa cantidad es 27, 3, es claro que 23, 32 será menor que el 50 % (43 %). En consecuencia, el supervalor es de 100 - 43 = 57, 3 %. ** Según lo que establece elusivamente un curioso y radicalizado Negri, podemos afirmar que la totalidad del salario que paga la mano de obra ocupada en trabajo sencillo y la que se atarea en labores complejas, es lo que constituye la composición técnica del proletariado (2010 b: 163), por analogía con la composición técnica del capital. Nosotros completamos la brillante intuición con que la composición orgánica de la clase obrera es el salario en cuanto c v, la paga en términos de valor.

(17) Lo afirmado aquí por el lector de Bakunin nos autoriza a remarcar que:

a) es irracional, ilógico, absurdo, delirante, etc. concebir siquiera la posibilidad de igualar cualidades diferentes o artículos de disfrute diversos (Marx, 1982 d: 55, 56); b) la economía y lo económico han comenzado su reinado cuando nos resulta "natural" semejante ecuación; c) una teoría crítica que no sea invaginada por la economía y lo económico, no debe caer en la idea de que tal ecuación es "racional". En este terreno, habría que decir que Marx procura subrayar que no es en absoluto lógico, con sentido, obvio, etc. que "x cifra/cualidad de libros = x cantidad-cualidad de pan" (el ejemplo es ofrecido en 1971 c: 66; cf. un parecer disímil en Umpiérrez Sánchez, 2003: 11).

En otro hojaldre de reflexiones, es viable sostener que la mercancía tiene una "estructura" interna que detallamos en López, 1992 a.

(18) La siguiente cita nos lleva otra vez a reflexionar acerca de la norma valor:

el "(trueque) en su forma más simple supone (a la faena) como sustancia y al tiempo de trabajo como medida de las mercancías; y esto tiene más validez apenas ... se torna continuo ..." (Marx, 1971 c: 140). El trueque más simple, que es un intercambio en el cual ningún producto funciona como dinero "natural" (1971 c: 112; 1972 a: 341, 434) es previo incluso a las sociedades tribales de la transición del Paleolítico al Neolítico, a las que Sahlins estudia (1984) y que poseen una moneda (Marx, 1972 a: 340, 397, 403, 417).

El co fundador del Partido Comunista no emite opiniones sobre cómo emergió el tiempo de labor en calidad de temporalidadaxioma, pero da algunos indicios que acaso posibiliten reconstruir su proceso. Citando a Sismondi sin dejar huellas visibles de crítica o matización de sus perspectivas, acepta que antes del afloramiento de la mercancía, la riqueza se ponderaba de acuerdo al disfrute y la utilidad (1972 a: 436). Es decir, al menos en el período que denominamos del intercambio de "dones". Con su aparición, ambos factores quedaron marginados para calibrar el tesoro (ibíd.). Por ende, en la etapa del trueque desarrollado con moneda. El "filósofo" inglés postula que la ley del valor intenta compaginar las necesidades y la cantidad de tiempo requerido para satisfacerlas (loc. cit.). En consecuencia, podemos inferir:

a) que la regla en juego fue convirtiéndose, poco a poco y en lucha con otra base de medida, en una norma hegemónica; b) a pesar de todo, ese otro parámetro (goce y utilidad) no fue absolutamente desplazado y en alguna proporción, en la misma regla se continúa teniendo presente a las necesidades, aunque sea dentro de una "economía de lo insoslayable"; c) con la disolución de este axioma, surgirá de nuevo la reprimida y marginada escala de medida (1972 a: 232), pero en una sociedad libre de la "economía de la estrechez".

Con todo lo impreciso que es el artículo genial del joven Engels sobre la Economía Política (se confunde la composición del valor con los elementos de los precios, no se diferencia entre ganancia y plusvalía, etc.), en él se encuentra la idea, que Marx no abandonará (aunque la formule de modo cauteloso), respecto a que en el establecimiento del valor y la medición de los precios, existe una "doble" escala*: la que los calibra acorde al tiempo de trabajo consumido (i) y la que los regula según la utilidad (ii) (1981 s: 167). Eso resulta contradictorio si no se tiene en perspectiva que el materialismo crítico habla de una génesis histórica conflictuada de la norma valor, y que esas tensiones se encuentran registradas o "condensadas" en la hegemonía de dicha ley. Retomando la enumeración anterior, es viable desgranar más las secuencias previas, aunque insistiendo que todo lo delineado en redor a los temas involucrados, que enarbolamos aquí, antes y en otros sites es de parte a parte, contradictorio, vacilante, oscuro, provisorio y frágil:

a- temporalidad "blanda", todavía no cristalizada en regla ciega (quizá se trate de la época de los australopithecines y del homo "sin" lenguaje -acaso se corresponda con el temprano Homo habilis; quizá nos ubiquemos en la transición Plioceno/Pleistoceno o más tarde, en el Paleolítico Inferior; todo es muy arriesgado...); b- temporalidad escindida en la "polifonía" del tiempo de existencia y en tiempo de tarea (Homo con "protolenguaje" -Homo faber más evolucionado o en tránsito de ser Homo erectus- y comunicación más compleja -Hombre de Cromagnon); c- surgimiento de la norma valor (ídem); d- competencia de la regla citada con otras estrategias para decidir en cuál producto invertir tiempo. El axioma en escena condiciona la vida; e- triunfo de la ley del valor (quizá en la época del Hombre de Cromagnon y del "raro" Homo Sapiens sapiens). Su hegemonía se afirma cuando el dinero contribuye a que la riqueza se vuelva un equivalente, a través de un objeto físico/metafísico; f- emergencia de los precios de producción. g- Desarrollo del capitalismo y establecimiento intrincado, turbulento, discontinuo de una tasa media de ganancia.

El "sociólogo" errante indica que si bien la administración y contabilidad de lo temporal fueron inflexibles, hubo hasta el presente economía de tiempo; sin embargo, no existió un genuino ahorro (1971 c: 101). De ello argumentamos:

a. Si la norma valor, que Marx aprehende en tanto que regulación de lo temporal como recurso escaso, no es un auténtico ahorro entonces existieron una economía afincada en tal imperativo (i), y otra forma de gestión "paralela", "implícita", que tenía por horizonte una administración racional (no empobrecedora) de cronos (ii). Empero, a raíz de las interferencias de la primera clase de economía, la segunda no pudo desenvolverse y permaneció en estado de "latencia" (algo similar a lo que aconteció con los otros parámetros, como el del goce y el de la utilidad, que compitieron con el principio discutido -ir a 1972 a: 436). b. Si lo que precede es presumible, se puede conceptuar que la "economía" racional del tiempo es más compleja, global y profunda que la economía superficial que procura medir la cantidad de hs. invertidas en la modelación de tesoro. c. Los registros cronodinámicos involucrados en la "economía" compleja y emancipatoria son más polivalentes que las líneas temporales "empaquetadas" en la ley del valor.

* Quien tuviera una generosa fe en su hermano de luchas, escribe en una nota a pie de página que la

"... idea del balanceo entre el efecto útil y el gasto de trabajo para elaborar el plan de producción, será todo lo que en una sociedad comunista quede en pie del concepto de 'valor' de la Economía Política ..." (Engels, 1975: 251).

Indiquemos de paso, que la noción "valor" es una categoría propia del saber economicista con aspiraciones de cientificidad y que en las ideas de Marx y Engels, guardan una función deconstructora: si la noción no es propia o no pertenece de suyo a la crítica de la Economía Política y empero, es aplicada, es a raíz de haber sido "tomada prestado" y afilada para el desmantelamiento de la economía.

(19) F. i., una de las paradojas es que las mercancías son comparables gracias a la intervención de un tercer elemento. Pero entonces, no son iguales a sí mismas (Marx, 1971 c: 68). Como valores, se convierten en números, en abstracciones. Sin embargo, operan a modo de números concretos (loc. cit.: 69). En lo que respecta a las contradicciones, es viable mencionar que en el proceso de intercambio económico/economicista, las mercancías se trocan en el seno de un universo que carece de tiempo y espacio reales; no obstante, las condiciones locales y temporales intervienen (ibíd.). En otro trabajo (López, 2000: 2) hemos subrayado algunas de las paradojas, absurdos e inconsistencias que atraviesan a las mercancías, según lo que encontramos en la Contribución a la crítica de la Economía Política (1973 a). La enseñanza que extraemos es que esa estrategia de exposición no se debe a un dialecticismo hegeliano, sino a que los entes económico-economicistas y los procesos asociados a la economía son fenómenos absurdos: Marx anhela señalar lo irracional, quimérico, catastrófico que habita en ellos (cf. 1971 d: 209). En Engels 1981 s: 171, también encontramos una postura similar.

(20) Tal cual lo hemos estudiado en otras investigaciones, la crítica deconstructiva no desecha los mecanismos de consenso y de reconocimiento que se entablan en redor de objetos extraños como el dinero, en particular ni de procesos semiósicos, en general. Pero no avalamos con ello una teoría enciclopedizante de la acción comunicativa (contra Habermas y los suyos). En alusión "curvada" a los consensualistas/contractualistas (desde Bidet y Apel, hasta el liberal de "izquierda" de la revisionista Escuela de Frankfurt), Kohan se interroga sobre si la existencia de un racional entendimiento dialógico, que diluya los conflictos por la vía "civilizada" del acuerdo postulado como un requisito elemental para garantizar la libertad, es compatible con los automatismos y con el materialismo burdo e incontrolables que induce el mercado (1994 ñ: 122). La investigadora Izaguirre, apelando al Foucault que no confunde dogmáticamente las versiones políticas del marxismo del siglo XX (en especial, en sus contornos estalinistas -Sintomer, 1993 b) con la teoría emancipatoria de Marx, recuerda que los territorios institucionalizados o semi/normados para el "encuentro" de opiniones asociados a la democracia capitalista, son un resultado penoso de las guerras perdidas por los obreros, y de complejos dispositivos de control y disciplinamiento elaborados por los aglomerados hegemónicos (1994 l: 101).

(21) Tal cual lo anticipamos, desde "La cuestión judía" fue articulada la idea de que hay poderes trascendentales, soberanos, terceras fuerzas y potencias ajenas, independientes de los hombres (1992 b: 35). El análisis de lo religioso señala pues, un mecanismo universal de hiperestructuración de lo material y de lo simbólico: la ley del valor, una economía economicista que ahoga una "economía" menos rígida, la dialéctica tripartita entre modo de producción-fuerzas genéticas/lazos intersubjetivos, el surgimiento de la mercancía y del dinero, la constitución de la propiedad privada, la formación de sistemas de significación vastos, la emergencia del Estado, etc., tienen idéntica "matriz".

(22) El lexema "serie" se avala, entre otros lugares, por su cincelado en 1971 c: 80. Sin embargo, la secuencia en lid es más larga:

b) empobrecimiento de los múltiples registros temporales de la vida; c) encajonamiento del tiempo de existencia en cronos de faena; d) contradicción entre ambos; e) conflicto entre el parámetro de utilidad y goce y la norma valor; f) oposición entre la economía superficial del tiempo y una administración allende la economía de la escasez; g) hegemonía de la ley del valor y de su economía superficial; h) valores de uso gestados bajo el reinado de tales elementos; i) valor, mercancía, dinero, capital.

Lo enunciado no implica que esa secuencia sea una sucesión lineal, mecanicista, etc. del primer término al último; apunta a explicitar una cadena que mutiló a los agentes.

(23) Al contrario de lo que sentencian pensadores como Collingwood respecto a Hegel (1984: 122) y por "derivación", Marx (en esa "lógica" peculiar que consiste en asimilar lo enunciado por otros con lo proferido por el errante de Alemania), el amigo de Engels no pierde de vista los matices entre "diferencia", "oposición" y "contradicción". Aparte, podemos afirmar que la complejidad de las diferencias se endurece, se enmarca en la relativa linealidad de las contradicciones. Incluso, el progresivo envaramiento de las diferencias en contradicciones puede dar origen a binarismos. Así, la crítica al poder de algunas contradicciones (v. g., la lucha de clases) y de ciertos binarismos (f. e., cielo-tierra) es la solicitud encaminada a que el hombre se libere de tales potencias, dando lugar a juegos más flexibles.

(24) En las pp. 104/105, el "sociólogo" glosado dice que los metales aludidos detentan propiedades geognósticas [continuamos en el difícil ámbito de la ciencia]. Tal vez forzando la lectura, nos sea permitido especular con que los entes del mundo (sin enredarnos por tales lexemas con ninguna metafísica) tienen cualidades que los hacen potencialmente objetos de saber. La "objetualidad" de las cosas dependerá de la capacidad de una conjunción para transformarlas en "nódulos" de conocimiento. Descartando el nominalismo, el relativismo extremo y el nihilismo en el que cae la apuesta estimulante de la arqueología foucaultiana de los discursos, el "auctor" francés nos habría dado algunos elementos ("archivos", "episteme", "enunciados", discursos, "regímenes de visibilidad, enunciabilidad, legibilidad y luminosidad", "enunciado epocal", archidiscurso*, etc.) que arrancan de la débil consistencia de los entes, la objetualidad mencionada.

* Acerca de esta noción y de su proceso de elaboración, ir a Carrique y López, 2010: nota 6, p. 5.

(25) A pocas líneas, el pensador sostiene que el modo paradojal, antinómico, absurdo, etc., de presentar las tensiones que habitan en un ente económico-economicista como el dinero no tiene que generar la impresión de una argumentación idealista, puramente conceptual. Tampoco debe dar la sensación de que se trata sólo de una dialéctica de categorías. Por ende, el curso expositivo en numerosos pasajes de los Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política, no es siempre dialéctico, id est, se curva, aleja, desvía, "espirala" respecto a sí. Lo contrario puede originar una dialéctica idéntica a su dialecticidad y no ser materialista por ello.

(26) Tenemos una prueba adicional respecto a que es operativo deshilvanar el intercambio, del comercio y de la circulación. En efecto: respira un intercambio de mercancías y que puede originar comercio; existe un intercambio que atesora dinero y/o lo capitaliza y que puede vincularse con la circulación. Por añadidura, pulsa un intercambio sin mercancías y de valores de disfrute (ver ítem I.2., nota 2, pp. 56/57). Renglones abajo, el judío alemán aclara que incluso en el trueque sin empleo de un producto natural en calidad de moneda, es factible hallar una capa de comerciantes. En esa edad tan remota del despliegue de las conjunciones intersubjetivas, dichos mercaderes no pueden ser clase; en consecuencia, son un ejemplo temprano de sector independiente (Nikitin ubica el nacimiento de los comerciantes mucho después, al borde de la aparición de las clases -1962: 12). Por lo tanto, la categoría que hemos forjado a partir de Marx, en nombre de él/a favor suyo, encuentra su respaldo.

(27) Si aceptamos que existe una administración de lo temporal desde la hominización, esa contabilidad-economía se hace cada vez más impostergable en la proporción en que las sociedades se tornan complejas:

"... es más (imprescindible) en (el capitalismo) que en la dispersa de los artesanos y campesinos, (y más inaplazable) en la producción colectiva que en la capitalista ..." (Marx, 1983 b: 128). Pero esta contabilidad tendría que abarcar en la fase de dominio del capital, más aspectos de lo que encontramos en la comuna burguesa dado que el valor autocrático no es más que una parte de la riqueza existente (op. cit.: 198).

En otro orden de matices, se enuncia que las relaciones de distribución son relaciones sociales de producción, por lo que resulta avalada la taxonomía ya efectuada al respecto. Sin embargo, el leninista Nikitin entiende que es a partir de los enlaces de intercambio y reparto, desde "donde" emergen los vínculos en juego (los reduce además a nexos económicos; ir a 1962: 8).

(28) El admirador de Wolff refiere lo que explicitamos acodándose en especulaciones orientadas a los bancos utópicos, que administrarían de modo racional un bono horario en cuanto dinero colectivo (a su vez, esa moneda "evitaría" los inconvenientes, absurdos, paradojas, etc. inscritos en el valor independizado). Los parámetros entresacados por dolorosas inferencias, tendrían que haber sido conscientes, voluntarios, decididos de modo comunal, etc.; mas, hasta el presente no aconteció con esos giros, tal cual lo apuntamos en innumerables circunstancias.

(29) Destacamos nuevamente que Marx contemplaba la alternativa de que al orden burgués le siguiera no un régimen democrático de masas autoorganizadas y autocoordinadas, sino un papado normalizador de la producción/totalidad. Por consiguiente, no hay ninguna inevitabilidad que empuje a la sociedad capitalista a ser reemplazada por una colectividad emancipatoria (contra Stepanova, 1957: 187, 225, 303, 311; en disidencia con Popper, 1992 a y b; contra Gouldner, 1983). En lo que se refiere al viejo debate acerca de la naturaleza del Estado obrero y de la dictadura del proletariado, es legítimo argüir que ese Estado no es una burocracia rígida sino un mero Coordinador general de las diversas comunas, con el objetivo de evitar la regresión y el aislamiento. No se debe instaurar un socialismo gubernamental, prusiano, tal como lo advirtiera el mismo Engels (siendo en eso el reverso de sí, ya que en otras ocasiones solía ser menos cauto -1975: 254, 257). No hay ningún tipo de fuerzas materiales de castigo (ejércitos, policía, custodios de fronteras, etc.); existe el pueblo en armas, incluso para defender los logros de la insurgencia socialista contra la agresión externa (verificar percepciones opuestas en Stepanova, 1957: 149/150, 259; von Lukács, 1989 d: 111). En lo que cabe a la dictadura en liza, la interpretación leninista sostuvo que el sintagma "el proletariado como clase dominante" quiso decir que los obreros tenían que ejercer modos de dominio (von Lukács, 1968 c: 37, 48, 50-51, 110, 113/114). No obstante, hay al menos otra lectura posible: el fragmento acaso desearía afirmar que el proletariado tendría que articularse, para frenar la contra revolución, como si fuese una clase dominante, pero sin serlo. El economista Thomas Hodgskin, que no era partidario de la insurgencia, expresa:

"... el interrogante es qué parte (del) producto conjunto debe corresponder a cada uno de los individuos cuyo trabajo unido lo produjo ..." (Marx, 1975 b: 258). Acto seguido, agrega: "... (no) conozco manera ninguna de decidirlo, como no sea la de permitir que lo solucionen los juicios, emitidos libremente, de los propios (atareados) ..." (loc. cit.: 259; lo subrayado es nuestro). Más adelante, el "sociólogo" tantas veces citado opina que los "... obreros (tienen que ser) amos de su propio tiempo, (sin ser) esclavos de sus propias necesidades, de modo que las capacidades humanas ... puedan desarrollarse con libertad ..." (1975 b: 81).

Por ende, en el "Estado" socialista no habría clases ni lucha de clases (cf. un parecer adverso en von Lukács, 1968 c: 113, 124/126). El ejercicio profundamente democrático del poder no tendría que dar origen a estructuras de dominación. Llegaría a su fin (sin dar entonces con un tono apocalíptico reciente en Filosofía -Derrida 1994), el hecho trágico diagnosticado por Dante: "... (unos) hombres ejercen el poder y los demás sufren ..." (frase citada en Stepanova, 1957: 304).

(30) Muchos economistas que refutan la regla valor, elucubran que ésta mide cuánto vale el trabajo. Concluyen que se entabla un círculo vicioso: la labor tabula la faena. El suegro de Lafargue repitió en infinitas ocasiones que lo que se calibra con dicha norma es la fuerza de labor y no la tarea en sí. Lo que citamos parece contrariar lo que el fundador de la tradición sentenció. Sin embargo, esa incoherencia es aparente. En efecto: los productos de los trabajos son cantidades cristalizadas de temporalidad; como tales, provienen de determinadas labores. Por ende, de manera indirecta las faenas se cifran como si fuesen valores. En términos de Pierre-Felix Bourdieu, es viable postular que como las labores son socialmente valoradas, los trabajos funcionan en calidad de valores valorados y en consecuencia, como tareasvalores. Los salarios que las retribuyen son un índice de la estima gubernamental y social que se tiene por ellas (1999 m: 181). Ahora bien, la noción de que los trabajos (sin perder de vista el importante matiz efectuado) son valores, adquiere relevancia para las tareas cualitativas realizadas en el marco de lo que se denomina "capital digital". Los objetos culturales de consumo simulan desafiar la norma valor puesto que, entre otras objeciones, carece de sentido interrogar cuál ha sido la cantidad de tiempo invertido en la modelación de un software (Rama, 1998). Sin entrar en detalles (lo que haremos en nota 33), la barrera que encuentra la ley en juego a la hora de tabular las actividades simbólicas enlazadas con la producción inmaterial, no denuncia las limitaciones de la teoría del valor/trabajo sino el carácter estrecho de las comunas regidas por el axioma. Por añadidura, si tenemos en perspectiva algunos de los resultados de feministas argentinas con perfil crítico-rebelde, la importancia (descuidada) que adquiere la reproducción doméstica (Marcos et al., 1994 k: 84/85), en el seno de lo que cada sociedad alucina como "familia" y que el Psicoanálisis nos enseña que ostenta una estructura psicotizante*, demuestra que hay innumerables aspectos no marginales de la vida humana que no pueden ser sopesados con los parámetros inflexibles de la cantidad de tiempo que se "gasta" en la ejecución de faenas.

* Una de las limitaciones en las que se enclaustra Moffatt, es que pondera que la unidad de parentesco denominada "familia" es lo que nos evita los "desórdenes" que llegan con su disolución. La otra limitación es su fe en el trabajo; en una postura marxista libertaria (que caracterizó como una "buena idea", al igual que Gandhi lo hizo con el cristianismo), no se trata de la familia ni de las tareas, fenómenos de los que se debieran emancipar los agentes.

(31) Un colectivo es menos torpe cuando es menor lo temporal derrochado en los ambientes I y II. Más tiempo se libera para actividades variadas, sustanciales, humanizadoras de la "humanidad" de los individuos. Encontramos de nuevo que para el materialismo deconstructor el parámetro de la riqueza de una agrupación no es la satisfacción de los impulsos del estómago (Marx, 1975 b: 212, 220), sino en qué escala cubre necesidades más refinadas (1975 a: 450, 452; 1975 b: 46-47, 211/212; 1983 b: 299), menos "animales". En otras palabras, el materialismo del exiliado en Inglaterra no es un materialismo vulgar, crudo.

(32) Discutimos que en el socialismo tendría que disolverse la economía como aquello que sofocó a los individuos. El aserto no se opone a lo que se establece en el texto, dado que la economía que debe ser diluida por una revolución democrática es la que aplanó el cronos pluridimensional de la vida, en tiemponecesidad de trabajo y que lo angostó en regla valor.

(33) Entre las producciones espirituales hay que sumar los conocimientos y saberes. Su génesis y adquisición supone consumo de instantes; por ende, acción de la ley del valor. Antes de proseguir, enunciemos de paso que la consideración de las labores como si fuesen valores significaría que las tareas implican un desenvolverse en registros temporales. Pero, tal cual se amortigua en Teorías sobre la plusvalía (que es el inacabado vol. IV* de El capital y, aunque sus tres tomos son los más relevantes, son poco frecuentados), no es fácil estimar la cantidad de tiempo empleada en suscitar determinados productos. Los bienes creados por ciertas faenas productivas (e. g., la ciencia -y eso, en la escala en que los científicos sean explotados por el capital), por los obreros improductivos, por algunos sectores independientes (por ejemplo, los artesanos), la renta que les corresponde y la cantidad de individuos representantes de cada uno de esas facciones que una sociedad debe tener, no son "calibrables" de modo exacto por el principio discutido. Respecto de la ciencia (que es también una producción material subordinada -1974: 149), opina que es consecuencia de un

"... trabajo mental ... (que) se encuentra siempre por debajo de su valor, porque el tiempo de (tarea) ... que se necesita para reproducirla no se (vincula) para nada con el tiempo ... requerido para su (génesis) ..." (op. cit.: 295). En lo que cabe a los otros ítems del tema que nos ocupa, el corpus expresa: "(un) actor por ejemplo, o ... un payaso ... es un trabajador productivo si (labora) al servicio de un capitalista ..., en tanto que un sastre que trabaja a domicilio ... sólo ... produce un valor de uso (y es) un (atareado) improductivo ... (El) valor de los servicios ... de (los obreros) improductivos ... (puede determinarse) en la misma forma ... u otra análoga ... que la de los trabajadores productivos: es decir, por los costos de producción involucrados en mantenerlos o producirlos. También entran en funcionamiento ... otros factores" (1974: 133, 135; lo destacado y las negritas son nuestras).

Luego, el aceptado por el padre de Jenny prosigue:

"... cuántos (obreros) hacen falta para producir ... 'productos inmateriales' ... (y cuánto) ... trabajo necesario (es imprescindible) para llegar a un resultado determinado es tan conjetural como el resultado mismo. Veinte sacerdotes ... tal vez pueden lograr la conversión que uno no ha conseguido ... (Y es que la) cantidad de soldados ..., de policías, ... de funcionarios, ... etc. (que requiere una sociedad son) ... cosas problemáticas y muy a menudo se discuten ...", a la par que son difíciles las otras cuestiones en lid (la tabulación del valor y del precio de los objetos culturales -1974: 227; la negrita y el cambio de tipo nos pertenecen).

* Christopher Arthur, un comentarista de Enrique Dussel, opina que fue un error de Engels concebir que los abultados manuscritos de 1861/1863**, engloban a las Teorías... en calidad de tomo cuarto de El capital, dislate que se extendió a Kautsky, que fue el que concretó la primera edición, arbitraria y mutilada, de las Teorías... Se lamenta respecto a que la edición en castellano de esas obras con tal horizonte de orientación, ocasione que se posea una mirada distorsionada sobre la esencia de El capital: los 3 libros son vistos de una forma, si son considerados en una secuencia que acaba en las Teorías... Éstas son imaginadas como una Historia de la Economía Política, que es una obra que hacia 1865, el prusiano anhelaba como cuarto tomo de El capital. Por el contrario, si las Teorías... se ponderan un escrito independiente, la cosa se altera: la significativa reseña de las hipótesis acerca del plusvalor, no es ya una Historia de la disciplina que aspira a ser ciencia; no es siquiera una mera Historia de la Economía Política. ¿Qué es?, acaso la confrontación deconstructiva con la aludida disciplina, pero para que Marx "engobase" sus propias nociones y para que pudiera abordar núcleos que apenas había rozado en los Grundrisse. ** Otros marxistas evalúan que las Teorías... son segmentos tanto de los borradores de 1861-1863, cuanto de los manuscritos 1863/1865. Acuerdan en que las Teorías... sí son el tomo 4 de El capital.

(34) F. i., Jameson opina que a pesar de las reivindicaciones anarquizantes de los post/modernos, anhelamos

"'regir' la Historia ...: el escape de (su) pesadilla, la conquista por parte de los seres humanos del control sobre las 'leyes' ... ciegas y naturales de la fatalidad socioeconómica, siguen siendo la voluntad ... marxista" (1999: 59; lo destacado nos pertenece). Pero "... la Historia nunca nos ... cuenta todo", esculpe un Nobel (Saramago, 2002 q: 274). [incursiones en un resquicio inasignable a lo crítico o a las valoraciones políticas]

En conclusión, el deseo rebelde del amigo de Engels era, tal como lo tallamos en López, 2007 a, Capítulo IV de la Sección II de la Parte I, impedir la cristalización de leyes.

(35) Dentro de las comunas mercantiles se pueden establecer las que diseminan los precios y las que carecen de ellos [nos hallamos en terreno de la ciencia]. Las conjunciones con trueque (sea simple o con uso de moneda) no tienen precios, pero es probable que imperen los gastos-valor de producción. Por supuesto, las asociaciones previas al trueque no poseen precios y tampoco costos/valor, mas, el tiempo de faena sí interviene en la producción de objetos de goce (es que el tiempo de trabajo sólo en determinado momento, se traduce en insumos valor y en precios). Asimismo y dentro de los colectivos en que circulan precios, podemos deslindar a las que detentan gastos-valor de producción pero que no son influyentes, de aquellas en las cuales son elementos condicionantes en grado elevado. De esa secuencia, lo que inferimos es que la ley del valor, que ya es un envaramiento del tiempo de faena y que entra en escena en las totalidades previas al trueque, se aquitina todavía más con la aparición de los costos de producción a partir de las sociedades tribales con trueque. En realidad, los que opinan que dicha norma no regía desde una época tan temprana acaso confundan la vigencia de los costos/valor con la acción de esa regla: en virtud de que no puede sostenerse que en períodos tan apartados la riqueza era sopesada por sus gastos, a riesgo de caer en una hipótesis excesiva, se "comprende" que tampoco podía imperar aquél principio. Lo que enunciamos, desembraga lo que cincelamos en López 2009 a, palimpsestos que fue articulado como obra de divulgación carente de notas y de arduas polémicas.

(36) El lento avance espiralado de la exposición en los Grundrisse, ocasiona que debamos "retroceder" indicando los retornos con los infaltables nexos lingüísticos. De idéntica forma, nos vemos obligados a omitir el comentario de pasajes que reiteran nociones similares con otras palabras.

(37) Según lo advertido en el Glosario (López, 2007 a), los marxistas más ortodoxos entienden que lexemas como "fetichismo", "cosificación" y "reificación" son, al igual que "extrañamiento", asignables sólo a la comuna burguesa. Empero, las marcas del corpus resumido con paciencia señalan que la cosificación es algo que aflora con la constitución de los bienes en tanto mercancías, esto es, con el trueque. Of course, la apariencia demencial, mágica, de objetos inertes con "vida" es más fuerte a partir de las sociedades clasistas. Pero si la cosificación es contemporánea de la mercancía, entonces su reverso (la reificación) también lo es (para un número abultado de marxistas, no hay diferencias entre tales conceptos*). Los objetos, de tanto poseer preeminencia sobre mujeres y varones, se trocan en sujetos y los individuos acaban cosificados. En redor del fetichismo es viable afirmar que impera casi a partir del "origen" de la mercancía, por cuanto con el desdoblamiento económico-economicista de los productos en entes absurdos, fantásticos, éstos se delinean como "dioses" (de ahí que el fin de la vigencia de las mercancías sea un ocaso nietzscheano de los ídolos -acerca de los lexemas invocados, ver Marx, 1975 a: 465).

* Para nosotros, la distinción se afinca en que la cosificación se predica de la entificación de los enlaces de los agentes entre sí, de la cosificación de los contactos de los individuos con las cosas y de la entificación de los nexos entre los objetos entre sí, y la reificación, de la transformación de lo activo en pasivo y de los sujetos en cosas. Planteado de esa guisa, es obvio que son dos caras de idéntico tema.

(38) Aunque en el palimpsesto no se hallan resaltados tales significantes, lo remarcamos para destacar que la productividad no es sólo mayor cantidad de valores de disfrute creados en el menor tiempo, sino estímulo de aspectos más intersubjetivos. En última instancia, la productividad (según lo hemos puntuado en múltiples "topoi") no es característica de las diversas ramas para la génesis de riqueza, sino de lo humano.

(39) Cierto que las etapas abocetadas no son caracterizadas de manera tan detallada; sin embargo, por lo que se enuncia es posible especular con sus fronteras. Las comillas se utilizan para advertir que intervienen ideas provenientes del sentido común, que no son académicas y críticas.

(40) El reino de la Necesidad, de la economía parasitaria de la biosfera, de la contabilidad social no consciente, etc. es tal porque (tal como lo hemos sostenido en otras circunstancias) la producción se impuso a los agentes en carácter de destino irrecusable.

(41) Si la comuna imperativizada por el capital es capaz de belleza, tiene fundamento esperar que el resto de las sociedades también la alberguen. En consecuencia y tal cual lo propagamos, el radicado en Londres mide la complejidad de una asociación cualquiera a partir de un "étalon" cualitativo y estético (sin que debamos enredarnos en discusiones metafísicas acerca de lo bello, sublime, etc.).

(42) Se infiere que existen formas de saber que no son ciencia y que resultan igual de válidas. Una de esas formas es la crítica. Nunca será suficiente empero, advertir que Engels tenía una posición ambigua respecto a esta enseñanza de su compañero. Resumiendo lo que llevó a cabo, no titubeó en creer que su amigo revolucionó la ciencia de la Economía Política (Stepanova, 1957: 297). Nosotros sentenciamos que ni siquiera le interesaba transformar la Historia en ciencia (supuesto que no lo haya sido entonces, o que no lo sea aún -cf. el parecer opuesto en loc. cit.: 52, 59, 228). Sin embargo, la ciencia es valorada como índice de las destrezas y conocimientos que alcanzó el obrero colectivo. En realidad, la más importante acumulación es la acumulación del saber de los trabajadores (Marx, 1975 b: 220).

(43) Prácticamente desde que los dos compinches alemanes sumieron en respetuoso horror a los imbuidos del discurso/amo del liberalismo, con sus expresiones "revolución" y "dictadura democrática del proletariado" hubo resistencias vinculadas a tales consignas [apreciaciones de carácter político]. Desde la socialdemocracia del siglo XIX y desde Bernstein y Kautsky (Stepanova, 1957: 164, 233, 235), hasta Habermas (1986 b: 57-58) y Paulo Freire (1974: 40, 104) se bregó por la "evolución" acompañada de alteraciones culturaleseducativas (Stepanova, 1957: 282), en lugar de la insurgencia (algunos denominaron su postura "reformismo radical" -Schumpeter, 1996 a; 1996 b). Pero aunque Engels en especial, concedió que en países como Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Holanda, Alemania, entre otros, pueden darse cambios en dirección al socialismo marxista dentro del estrecho horizonte de la legalidad capitalista parlamentaria (op. cit.: 200, 213/214, 238, 280, 286, 290), no desechó la rebeldía extralegal como un camino alterno (loc. cit.: 46, 68, 96, 214, 279, 288). Insistió en que un comunista consecuente y un pensamiento a fondo crítico, no pueden desestimar la vía no parlamentaria (op. cit.: 68). Porque si tal vez es verdad que el poder no sólo se asalta en nombre del cielo, sino que se construye en el seno del vasto campo popular o de los grupos dirigidos, no es errado que el Estado v. g., es un objeto de disputa por el que se tiene que batallar. Por añadidura, la lucha revolucionaria no niega la imprescindible transformación "interna" y subjetiva de los agentes. El amigo de Heine sostiene que los rebeldes pueden pasar "... 15, 20, 50 años de guerra civil ... no sólo para cambiar las relaciones existentes, sino ... para (mutarse) a sí mismos ..." (Marx, 1973 m: 120; las alteraciones nos pertenecen).

(44) Líneas adelante, el nacido en Tréveris dice que existen tanto condiciones materiales cuanto espirituales de vida. Por ende, si los elementos inmateriales actúan al igual que los materiales entonces son tan activos como ellos; no se constata ningún economismo, etc. en la teoría crítica. [universo de la ciencia] Acaso herencia del materialismo bienaventurado que respiraba en La Sagrada Familia, cuando los ex jóvenes hegelianos anunciaban que la materialidad de la materia no es algo dado, sino que cada sociedad la construía según sus potencias genéticas (1978 b: 48-49). O cuando pensaban que en los hombres anidan fuerzas y medios de gracia (loc. cit.: 202).

(45) Con la excusa de la utopía se puede ser un héroe de la fraseología revolucionaria y jugar a la insurgencia en el lenguaje. Establezcamos que tal es una de las razones por la que los críticos materialistas del siglo XIX, separaron entre el socialismo reformista/utópico y el insurgente-deconstructivo (y no "simplemente" científico, como lo acepta para oponerse a ello Dri en 1994 m: 112, 114/117). [sugerencias críticas] En lo que cabe a los colectivos escindidos en dominantes y dominados, las relaciones "técnicas" de producción y el resto de ellas (incluidas las entabladas en la esfera del comercio), son explosivos que tienden a hacerlos estallar. La asociación burguesa es el caso más extremo y agresivo, en la que pululan gran cantidad de formas antitéticas. El socialismo, por contraste, se revela como una organización en la que no habrá formas antitéticas destructivas sino de desarrollo plus ou moins, armonioso.

(46) La idea de que el intercambio se generaliza con la división de tarea nos habilita para argumentar que hubo un cambio asociado a repartos de labores rudimentarias, sencillas [evaluaciones científicas]. Si es probable un consumo de valores de uso que arriban a destino en el contexto de una distribución del trabajo sin trueque, entonces es posible también un cambio anterior a su nacimiento. Por ende, hay que diferenciar, como lo establecimos en ocasiones repetidas, entre adquisición de valores de uso "puros", intercambio de "dones", de valores de disfrute con propensión a convertirse en mercancías en el trueque, etc. En un terreno distinto, se pueden establecer disímiles tipos de división de las faenas, sosteniendo que la más primitiva es la que se entabla entre los sexos y en las relaciones sexuales (por la que la mujer es sometida al placer del varón). Descubrimientos paleoantropológicos recientes parecen indicar que las mujeres, hasta bien entrada la fase de las tribus Neanderthal, no recibían sepultura y sus cuerpos se dejaban de carroña; sólo contaban para ofrecer goce y ampliar el grupo. Los enterrados eran los varones, "pues" cumplían las funciones de cazar, pescar, etc. En lo que se refiere a la secuencia histórica de los repartos de labores, pergeñada por Nikitin, postulamos que es menos rica de lo que podría concebirse (1962: 10/12).

(47) Ese luminoso fragmento, que hemos remozado con una terminología contemporánea pero implícita en él, ofrece no sólo una teoría lábil de los nexos intrincados entre lo material y lo abstracto, sino de la dialéctica infra-supraestructura.

(48) El dinero, aun en su etapa de moneda natural en las colectividades tribales de trueque (insistimos en eso), lo único que ocasiona es que el tiempo de faena se universalice, se exteriorice y se torne un objeto general que circula. Empero, se puede inferir que la pauta del valor rige pero sin exteriorizarse, sin concretizarse en un ente peculiar y sin tener una universalidad amplia. Esa alternativa es coherente con la idea ya anticipada, según la cual el presupuesto en liza tuvo que bregar contra la escala (también inconsciente) que sopesaba los productos por su utilidad y capacidad de aportar goce (salvo indicación expresa, no distinguimos en este plano de análisis entre "placer" y "disfrute").

(49) Como lo hemos sostenido, en el período de dictadura del proletariado los artículos no son mercancías. El padre de Eleanor es claro y enfático respecto a que el socialismo debe terminar tanto con la forma-mercancía de los bienes, cuanto con su comercialización o compra/venta (Pla, 1994 r: 152; ver una posición contrastante en Lukács, 1989 d: 117-118, 171). Que eso sea utópico o no, etc. son reflexiones ajenas a la discusión de la teoría en sí. Por esto es que nos resulta sorprendente que Nikitin, con base en Ulianoff, postule que en la etapa de transición al socialismo, donde el capitalismo aún lucha y donde los obreros no son victoriosos, convivan tres tipos de economía: la socialista, la mercantilista simple (campesinos medios y pobres, y artesanos) y la burguesa (1962: 171/175 -agrega que también se pueden añadir el capitalismo de Estado y la economía patriarcal campesina; op. cit.: 174). Esas aseveraciones no son justificables desde el pensamiento del admirado por Engels; otra cosa distinta es que se alegue que "la historia" pueda imponer semejante tríada. Sin embargo, se observa que esto remite a otras cuestiones.

(50) Manteniendo el espíritu de La ideología alemana, ridiculizado por Wheen (2000: 93), en la que se afirma que un hombre tendría que desarrollarse multilateralmente, al punto de ser agricultor a la mañana, pastor en la tarde y poeta, músico, pintor o amante al anochecer (Marx y Engels, 1984 a: 34), el judío/alemán aprecia que el socialismo debe acabar con toda división del trabajo. Es recuperada la fluidez de una organización de las tareas que no se endurece en reparto de labores. Sin embargo Lukács, frankfurtiano en esa clase de estrategias, se distancia ambiguamente de lo aconsejado por Marx, adjudicándole un parecer contiguo al de socialistas como Fourier a raíz de ser todavía un joven ex hegeliano (1989 d: 160, 162). Empero y a causa de la transparencia que debe imperar, hay que rescatar que el ayudado por Wolff enuncia que la división del trabajo también es posible en el caso de los obreros asociados (Marx, 1975 b: 225). [esfera de la ciencia]

(51) Tal cual lo hemos enfatizado, recordamos que a pesar que en la comuna autogestionada no haya cambio mercantil, todavía existe intercambio.

(52) Se infiere que el "valor" se predica no sólo del valor de cambio sino igualmente del valor de disfrute, en la proporción en que éste es gestado dentro de una economía estrecha de cronos.

(53) Así como el crítico germano reconocía que era problemático medir la cantidad de tiempo que socialmente se utiliza para suscitar artículos de placer, acepta que es en extremo delicado calibrar las proporciones variables en las que se hallan la masa dineraria y la de mercancías. No obstante, esa barrera empírica no desmantela las reflexiones acerca del valor, del tiempo de tarea y de la ley asociada. En otro registro de claroscuros, define al trueque simple como aquel en el que no habita dinero. Esa edad de intercambio supone que no existan los precios. Lo sustancial en todo caso, es que entre la industrialización comandada por el capital y el trueque sin moneda hay "... muchos niveles intermedios, infinitos matices" (1971 c: 126). Por lo tanto, no pulsa en Marx un evolucionismo unilineal ni una filosofía del Progreso (la secuencia con la que son nombradas las conjunciones en lid, desbaratan también el binomio "inferior/superior"). En una carta de 28 de diciembre de 1846, dirigida a un tal P. A. Annenkov, critica a Proudhon por ser ingenuo respecto a que la serie de los desarrollos sociales (o de los modos para gestar tesoro) implique un progreso (Marx y Engels, 1975: 15).

(54) Si recordamos que hay capa mercantil desde el trueque desarrollado o con uso de dinero, los ciclos M-D-M (intercambio y reposición de artículos) y D-M-D (atesoramiento y/o acumulación) son aplicables, con muchas precauciones para esquivar los anacronismos, en período tan temprano. O si lo preferimos, desde que se constata un comercio significativo con tribus con las que entonces, se tiene un intercambio que las sitúa en el espacio de los "extranjeros" (Sahlins, 1984: 132).

(55) Apenas en un sintagma encerrado entre paréntesis, el hojaldre apunta que el placer es la puesta en vínculo con nuevos objetos. No es tanto su consumo como el contacto mismo con el artículo de disfrute. [especulaciones críticas]

"... las mejoras en el arte de la destrucción marcharán parejas a (aquellos) avances, y cada año se tendrán que dedicar más y más recursos a la costosa maquinaria de la guerra ..." (frase extraída de Wheen, 2000: 332).

(57) Baste para constatar que no es desajustado "clasificar" las potencias creadoras de tesoro (al primer instante, tenemos fuerzas objetivas y subjetivas, espirituales y materiales).

(59) La tendencia a la frugalidad, a la avaricia, al culto mitológico del dinero, etc. son rasgos inherentes al protestantismo holandés o al puritanismo británico. En paralelo, ambas religiones se conectan con la pasión capitalista del siglo XVII para acumularlo (Marx, 1971 c: 168). Incluso, agrega que las ciudades, el capital mercantil, el espíritu comercial, etc. son a menudo obra de pueblos nómadas (1983 c: 343). Más adelante hablará de "espíritu de empresa" (loc. cit.: 487). Destacamos los últimos lexemas contra el mitosociólogo Weber (1969), totemizado por la Corporación imbécil y cuasi mafiosa de los sociólogos, de cuya acción he sido lamentable testigo en la Facultad en la que me desempeño y en la Defensa de la Tesis que fracciono.


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