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EL LIBRO Y EL BIOS: ALGUNOS MOMENTOS EN SU HISTORIOGRAFÍA. LECTURA DESDE EL PARADIGMA ECOLÓGICO

Germán López Noreña




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3.3 MOMENTOS EN EL DESCIFRAMIENTO DE LA PIEDRA DE BEHISTÚN

La Piedra De Behistún http://mimosa.pntic.mec.es/jgomez53/neuronas/behistun

El proceso de desciframiento de las inscripciones de la Piedra De Behistún vivió tres momentos:

Un primer momento, lo fue en el año 1674 en que el viajero, mercader y escritor francés Jean Chardin agrupó algunos signos cuneiformes y logró establecer en las inscripciones unas composiciones en paralelo de tres series. Momento del que Cleator en su obra ya citada, nos dice:

En la segunda mitad del siglo XVII, [...] J. Chardin realizó varios exámenes de las antiguas ruinas aqueménidas. [...] Sir John Chardin, en un comunicado acerca de los descubrimientos que había realizado en Persia, dijo que, según su opinión, los signos desconocidos que había podido observar eran una forma de escritura y añadió que las inscripciones a menudo aparecían en grupos de tres. Suponía además -correctamente-que la escritura discurría de izquierda a derecha, aunque creía -erróneamente- que debía ser leída perpendicularmente. Esta idea equivocada procedía de la observación de series de inscripciones de una sola línea que adornaban la parte alta y las laterales de los huecos de puertas y ventanas; este examen parecía sugerir que los signos individuales podían discurrir en cualquier dirección. Y, para aumentar la confusión de los que intentaban extraer algún sentido de tales inscripciones, al principio no existía la más mínima sospecha de que se trataba de tres idiomas distintos: elamita -que ascendía por la izquierda-, persa antiguo -que corría horizontalmente- y acadio -que descendía por la derecha Era algo así como si un oriental que visitase Francia, desconociendo la existencia del alfabeto latino, y no poseyendo conocimiento alguno de las lenguas europeas, se encontrase con un grupo de símbolos desconocidos, colocados de tal modo que pareciese ser indiferente el que se mostrasen en la forma - o +- o -¦ o tal vez -.

Un segundo momento en el progresivo desciframiento de los signos en la montaña de Behistún, lo significaron los trabajos de Carter Niebuhr.28De quien la historiografía del "libro Tablilla" y la escritura Cuneiforme, reconoce su meticuloso trabajo en el proceso de la lectura e interpretación de las inscripciones.

Y gracias a él y a la publicación de su obra Voyage en Arabie (Ámsterdam 1776-1780) fue posible mejorar sustancialmente en los niveles de exactitud e interpretación de múltiples tablillas cuneiformes, por parte de otros expertos del tema; iniciándose un verdadero proyecto científico alrededor del desciframiento de la escritura cuneiforme, de este periodo nos argumenta Cleator en su libro ya mencionado en el capitulo III, de la siguiente manera:

La expedición de Niebuhr a Persia se realizó de modo indirecto- se inició con un aventurado viaje que comenzó en 1761, cuando Federico V de Dinamarca dispuso el envío de una expedición científica a Egipto, Arabia y Siria. [...] Niebuhr, como miembro de este selecto grupo, se encontró en asociación con un naturalista, un filólogo un artista y un cirujano. Este grupo tan dispar partió de Copenhague, llegó sano y salvo a Constantinopla y desde allí prosiguió su largo viaje a través de Egipto, hacia el Yemen. Desde Jiddah, el equipo se dirigió por tierra a Mokka, y finalmente a Sana la capital, pero en el camino murieron dos de los miembros que lo integraban. Cuando llegaron a Bombay murieron dos más siendo Niebuhr el único superviviente.

Decidió regresar a su patria vía Persia y Mesopotamia, y así el 13 de marzo de 1765 llegó a Takht-i-Jamshid, en donde permaneció tres semanas trabajando activamente en la tarea de transcribir las inscripciones.

Con la publicación de su obra Voyage en Arabie (Ámsterdam, 1776-1780), los estudiosos pudieron disponer, por primera vez, de copias claras y completas de inscripciones cuneiformes y por fin pudo emprenderse un intento científico de descifrar el problema. Niebuhr puso de relieve el hecho de que generalmente las inscripciones estaban en grupos de tres, tal como aparecían en una serie de tablillas que él designó con las letras "B", "C", "D" y "E", "F", "G", etc. La primera de las copias, "A", estaba escrita en una sola lengua; también observó que los signos pertenecientes a cada uno de los tres grupos no eran los mismos y que los tres sistemas distintos aparecían invariablemente en idéntico orden.

Para poder distinguir un símbolo de otro, Niebuhr facilitó también su lectura -como ya había hecho Samuel Flower antes que él- separando los signos por medio de un punto, aunque inexplicablemente no se dio cuenta de que un carácter que aparecía constantemente en una de las inscripciones actuaba como palabra divisoria. En cambio concedió gran importancia a dos versiones similares de una inscripción, en cuyo primer ejemplo la palabra final de la tercera línea aparecía en el segundo ejemplo como la primera palabra de la cuarta línea, lo cual proporcionaba una buena prueba de que la escritura debía leerse de izquierda a derecha.

También confirmó el descubrimiento de Le Brun referente a los componentes verticales de las inscripciones de las ventanas, demostrando que, cuando éstos estaban colocados en los lados, los signos individuales se veía enseguida que correspondían a los ya conocidos de las inscripciones horizontales. Finalmente, Niebuhr ponía de relieve que los caracteres que aparecían al principio de las tres columnas eran mucho más simples que los de las otras dos y en número considerablemente menor. Añadía una lista que contenía 42 de estos signos, los cuales, según él creía, debían ser alfabéticos. El cuidado con que realizó su trabajo puede deducirse del hecho de que, de este total, sólo nueve signos, incluyendo la palabra divisoria, según se descubrió más tarde, no eran verdaderas letras.

Es necesario mencionar que pese al hecho de Niebuhr no haber sido estrictamente un descifrador, en el sentido amplio de la profesión, bien cierto es el haber sentado los fundamentos en que se basaron las posteriores investigaciones en este campo. Sin sus acertadas y pragmáticas observaciones y sugerencias, como también la claridad y cuidado de las copias de inscripciones que él proporcionó, el develamiento de la escritura cuneiforme podía haberse rezagado varios periodos más.

Un tercer y último momento lo fue la disyuntiva y la a veces desesperanzadora tarea de descifrar la escritura cuneiforme. Se planteaba a los descifradores de estas "Tablillas Libros" un reto de magnas proporciones, de mayor complejidad que con los jeroglíficos egipcios, pues ellos, poseían una inscripción bilingüe, una de cuyas versiones aparecía en un lenguaje bien definido y conocido, el griego. Lo que llevó a varios investigadores a pensar la no existencia de una escritura coherente y articulada en las tablillas, llevándolos a promulgar erróneamente la sostenida teoría por mucho tiempo, el ser ellas, simples adornos.

Una segunda corriente de pensamiento, opuesta a la anterior postura alrededor de esta problemática se presentaba al revisar lo que la historia de la antigüedad decía sobre la escritura cuneiforme, y no obstante algunas contradicciones, en un consenso generalizado se opinaba en que el contenido de las tablillas de arcilla, si eran un tipo de escritura:

Contra esta teoría se levantaba la evidencia facilitada por las fuentes griegas y romanas, las cuales proporcionaban muchas y a veces contradictorias referencias acerca de las escrituras de los habitantes del occidente asiático. Así, mientras que los caracteres de una inscripción en la tumba de Sardanápalo (Asurbanipal), en Nínive, eran descritos por Estrabón como asirios, Ateneo decía que eran caldeos. Sin embargo, todos los escritores clásicos estaban totalmente de acuerdo en que los caracteres cuneiformes constituían una forma de escritura. La cuestión radicaba en saber hasta qué límite sus manifestaciones acerca de estos y otros asuntos podían ser tomadas en consideración, y aquí sí que había motivos para dudar de asertos tales como el de Diodoro de que los relieves de Behistún -que muestran 14 figuras, todas ellas indudablemente masculinas- representaban a Semíramis, una supuesta hija de la diosa Derceto, rodeada por cien lanceros, y que las inscripciones que describían la escena estaban escritas en caracteres sirios.

Así pues, desde los comienzos, en el seno de las actividades investigativas dirigidas a descifrar la escritura cuneiforme, se dio dos tipos de corrientes. La primera conformada por los radicales escépticos, liderados por el Hebraísta doctor Tomas Hyde para quienes la pretendida escritura no tenia significado alguno. La segunda, que aunque menos prevenidos, sostenían la opinión de Sir George Cornewal Lewis en 1862, y la que sostenía que pese a lograrse corroborar el ser el contenido en las tablillas una escritura, de todas maneras era algo sin solución.

A la par de estarse viviendo al interior el proceso investigativo del desciframiento de la escritura cuneiforme, también se recibían valiosos aportes a este campo de indagación, representados en la publicación de dos obras de estudiosos de esta cuestión, siendo: La de Anquetil-Duperron titulada Zend- Avesta en Paris 1771, y la de Silvestre de Sacy llamada Mèmoires sur diverses Antiquites de Perse en la misma ciudad en 1793:

Duperron había decidido en un principio seguir la carrera eclesiástica, pero en lugar de ello desarrolló una verdadera pasión por las lenguas orientales, realizando un viaje a la India en busca de seguidores del jefe religioso persa Zarathustra (el griego Zoroastro), quien vivió hacia el 660 a. C. En Surat encontró Duperron una comunidad parsi, cuyos miembros decían ser descendientes de unos persas que unos 1.100 años antes habían preferido exiliarse antes que someterse a la dominación musulmana y que todavía practicaban sus ritos ancestrales asociados con la adoración del fuego, al que consideraban una manifestación del divino Ahura-Mazda.

Duperron decidió que, para ganar la confianza de los sacerdotes nativos, sería mejor no mencionar su conocimiento de las lenguas zenda y pahlevi, logrando de esta manera traducir extractos del texto litúrgico Vendidad-Sade y de otros escritos sagrados, obteniendo una versión que, si bien presenta numerosos defectos, siempre es indiscutiblemente mejor que carecer de ella.

La obra de De Sacy concernía al período sasánida de la historia de Persia y daba la traducción de algunas inscripciones cortas en lengua pahlevi halladas en Naksh-i-Rustan -dichas traducciones se basaban en las versiones griegas que acompañaban a las inscripciones-. De Sacy señalaba que, en los lugares en que estos epígrafes aparecían bajo la figura de un monarca, invariablemente se hacía referencia a este príncipe y a su padre y contenía además el epíteto "rey de reyes".29

Con el pasar del tiempo la investigación del desciframiento de la escritura de las incrustaciones de de las montañas de Behistún, presentó muy pocos momentos significativos, volviéndose a reactivar con inusitado interés en el siglo XIX.

Dejemos pues que sea Isabel Prieto González en una cita un poco larga, en su artículo ya referenciado en este escrito, quien nos sintetice el hermoso episodio del develamiento de las Incrustaciones de las montañas de Behistún. Cita en la que nos ilustra sobre los investigadores aportantes a la tarea ya mencionada en la escritura cuneiforme, como también algunas características de la escritura persa, la escritura elamita, y la babilónica, contempladas en las inscripciones:

La escritura del persa en caracteres cuneiformes fue la primera que se descifró. Los investigadores alemanes Oluf Gerhard Tychsen y Georg Friedrich Grotenfend y el filólogo danés Rasmus Christian Rask identificaron algunos signos. Casi todo el sistema fue descifrado por el orientalista francés Eugéne Burnouf; por otro lado, el británico Henry Creswicke Rawlinson, especialista en Asiria, interpretó el texto que había copiado el mismo de la montaña de Behistún y publicó sus resultados en 1846. Se consiguió descifrar antes la escritura cuneiforme persa por el conocimiento que se tenía de la lengua india pahlevi.

El sistema persa es el más sencillo y reciente de las escrituras cuneiformes. Está formado por 36 caracteres que son casi alfabéticos, aunque algunos signos se usaron con valor silábico. Y consta de una palabra que sirve para dividir. Su empleo se fija entre los años 550 a.C. al 330 a.C. El texto más antiguo podría ser una inscripción de Ciro el Grande en Pasargada y la más reciente una de Artajerjes en Persépolis (358 a.C. al 338 a.C.).

La escritura elamita en caracteres cuneiformes suele recibir el nombre de segunda forma, porque aparece en segundo lugar en las inscripciones trilingües de los reyes aqueménidas. El primer intento de descifrarla lo realizó el orientalista danés Neils Ludvig Westergaard en 1844. Ayudó a su interpretación la circunstancia que estuviera repetida palabra a palabra en las inscripciones trilingües, porque no sirvió de ayuda ninguna lengua conocida, moderna ni muerta. Contiene 96 signos silábicos, 16 ideogramas y 5 determinativos. Los caracteres del elamita están bastante claros, aunque haya dudas en el caso de unas cuantas palabras.

La versión babilónica del texto de Behistun se descifró gracias al trabajo conjunto del orientalista francés Jules Opert, el orientalista irlandés Edward Hincks, el arqueólogo francés L. Frééderick Joseph Caignart de Saulcy y Rawlinson. La lengua escrita bajo este tercer sistema cuneiforme presentó una gran similitud con los dialectos semíticos que eran ya muy conocidos, hecho decisivo a la hora de descifrarla.

Además de la Piedra de Behistún, fueron encontradas en una biblioteca de la ciudad de Ninive y gracias a excavaciones en gran escala en La Mesopotamia Meridional miles de tabletas y otros objetos. A decir de Kramer (1971), las miles de tabletas halladas y los otros tipos de cosas encontradas en Nippus, permitió establecer las siguientes conclusiones alrededor de la Escritura Cuneiforme:

Una De Las Miles De Evidencias Halladas En Ninive www.historiadelarte.us/persia/las-capitales-p...

Se ubicaron tabletas que datan del año 3,100 antes de Cristo, con inscripciones precursora de la escritura cuneiforme, consideradas primitivas pictografías que representaban objetos.

Más adelante, las pictografías llegaron a significar no sólo el objeto descrito, sino también ciertos sonidos fonéticos.

A medida que la escritura pictográfica fue desarrollándose en cuneiforme surgieron los cimientos de la sociedad civilizada que descansan en el lenguaje escrito.

Alrededor del 2,500 antes de Cristo, los acadios semíticos, conquistaron Súmer y entonces los documentos escritos en acadio, en escritura cuneiforme, comenzaron a multiplicarse.

La lengua sumeria desapareció con el paso de dos siglos, así como por la implantación de los imperios babilónico y asirio, pero se continuó estudiando y utilizando en todo el imperio mesopotámico y mas allá de las fronteras.

El acadio se convirtió en el idioma predominante a nivel internacional del mundo antiguo, pero se siguió escribiendo en forma cuneiforme, con bases numérica.

Los hititas y los hurrianos, que también invadieron la región, habrían tomado la escritura cuneiforme para inscribir sus propios lenguajes y en algunos casos la mejoraron.

En Ugarit, ciudad de la Palestina cananea, apareció un alfabeto cuneiforme de 30 signos, presagiando o pronosticando la llegada de las escrituras alfabéticas similares que ahora se usan en todo el mundo occidental.

En Nínive, capital se Asiria, al excavar en 1850 un grupo de arqueólogos británicos, descubrieron 25,000 tabletas inscritas en textos sumerios-acadios, obras de literatura, medicina, religión, astronomía y lexicografía.

Hay mas medio millón de documentos cuneiformes descubiertos y se cree que este número representa una pequeña fracción de los que aún se conservan bajo tierra, esperando nuevos descubrimientos, y • Una parábola para los escribas en Babilonia dice: "La escritura es la madre de la elocuencia y padre de artistas".

(Kramer 1971, pp. 134-135; citado en Mac Donald Blanco, 2005)


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