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EL LIBRO Y EL BIOS: ALGUNOS MOMENTOS EN SU HISTORIOGRAFÍA. LECTURA DESDE EL PARADIGMA ECOLÓGICO

Germán López Noreña




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6.3.2.2 El Códice de Dresde

Lámina del Códice De Dresde tienda.artehistoria.net/.../cuadros/10196.htm

El Códice de Dresde es el libro de su tipo más completo, de mayor antigüedad y mejor conservado de la cultura Maya. Está guardado en la Sächsische Landesbibliothek (SLUB), en la biblioteca del Estado en Dresde, Alemania. Es un calendario en el que se observa la influencia de los Dioses en el diario vivir de los hombres y muy especialmente sus actividades rituales en la cultura Maya, además nos da detalles del calendario maya y el sistema numérico maya. El hombre Maya desde su concepción cosmogónica, fue el directo gestor de su Universo y de su continuidad; Universo creado por las Deidades y regido de un orden establecido por ellos a su libre albedrío y voluntad. Más pese a su sobrenaturaleza más no omnipotencia, paradójicamente estaban condicionada de las ofrendas humanas para su subsistencia.

Siendo de esta manera saturada la actividad humana del Maya por el componente religioso. Aspecto que es evidenciado para su interpretación en el libro de Dresde o mejor el Códice de Dresde en los mitos y su intensa actividad ritual:

Una de las manifestaciones más interesantes de la cultura maya es su religión; a través de ésta podemos penetrar en el pensamiento del hombre y responder a innumerables preguntas que dan sentido a su existencia. Los mitos cuentan cuál fue el origen del cosmos, de los dioses, de los hombres, de los animales y de las plantas que forman el entorno maya. La razón por la que las deidades deciden crear a los seres humanos es para tener quien los sustentara, pues los dioses, si bien son las manifestaciones de diferentes fuerzas y elementos de la naturaleza como el Sol, la Luna, la lluvia y el maíz, no son omnipotentes y por ello necesitan de la ofrenda de los hombres. Así surgen los ritos, conductas sagradas por la que los mayas se acercaban al universo divino y gracias a un intercambio de dones se mantenía la armonía del cosmos. Y el don más preciado que podía ofrecerse era la propia sangre, ya sea por medio del autosacrificio o bien ofrendando la vida de otros seres humanos.

Y en los códices parece referirse el mito cosmogónico en la página 74 del Dresde en la que el dragón celeste Itzamná, acompañado de la vieja diosa O, ocasionan un diluvio cósmico; el dragón arroja por sus enormes fauces un torrente de agua y la anciana diosa, con garras en vez de manos y pies, y huesos cruzados sobre su falda, vacía un recipiente; abajo se observa al Chaac (deidad de la lluvia) negro con un águila sobre su cabeza y portando dardos y lanza, como símbolo de destrucción. (Martha I Nájera Coronado: 2004)

Lo registrado en el manuscrito está diseminado, en una larga hoja de papel, doblado de forma que se crean 39 páginas, escritas en ambos lados. Probablemente fue escrito por escribas mayas justo antes de la conquista española. Marta Foncerrada de Molina en su artículo El Dios Maya de la Lluvia en el Códice de Dresde y los Huesos Esgrafiados de la Tumba del Templo de I de Tikal en las páginas 5 y 6, nos dice de manera general sobre este tópico:

Las diferencias perceptibles en el de los jeroglíficos, en el dibujo de las imágenes y en las distintas formas en que fueron divididas las "paginas" del Códice para indicar la presencia de diferentes escribas. Esta hipótesis no ayuda a esclarecer el problema que se refiere al proceso temporal por el que atravesó la ejecución del Códice lo que permitiría una mayor comprensión de la trayectoria histórica del pensamiento religioso maya, ya que la intervención de varios artistas en el códice bien pudo ser simultánea y, por lo tanto coetánea.

Si se acepta el códice de Dresde como la obra completa de un solo periodo podría decirse que los dibujantes mayas, posiblemente sacerdotes además de artistas, no estuvieron sujetos a los estrictos cánones artísticos que se le impusieron al arte escultórico monumental en las diferentes provincias estilísticas en que esta dividida la el área maya, sino que estos tuvieron mayor libertad para ejercer su arte y organizar así en variadas formas las diversas secciones que componen el manuscrito religioso.

En las páginas 46 a 50 el códice de Dresde incluye un calendario de Venus, lo que indudablemente nos deja con suma claridad el altísimo nivel de conocimiento de este pueblo en la astronomía y la astrología, lo que les factibilizó el haber desarrollado un calendario de gran complejidad, con una articulación directa sus con ideas ceremoniales.

En una por una de estas páginas, se encuentran cuatro columnas, cada una con treinta de los signos utilizados en el calendario de 260 días llamado "tzolkin". A su vez los signos individualmente representan el día en el tzolkin en donde ha comenzado una posición particular de uno de los cinco períodos de Venus que complementan ocho años de 365 días. Las cuatro columnas de cada página en particular representan a Venus en su posición como la conjunción superior, la estrella de la mañana, la conjunción inferior, y la estrella de la tarde. En la parte inferior de cada página se muestra en números mayas el número de días de cada período:

Lo importante para los Mayas fue saber cuándo Venus aparecía en el oriente (estrella matutina), o en el oeste (estrella vespertina). El movimiento de Venus fue considerado como un acto divino, por lo tanto, los hechos importantes de la historia Maya acontecieron dependiendo del movimiento de Venus. Para la gente común, el cambio de ubicación de Venus indicaba el paso del tiempo y la estación. Para la nobleza Maya y la gente de clases sociales inferiores, fue muy importante tener un guía que pudiera indicar el movimiento de Venus.

Observando las 20 constelaciones identificadas, los Mayas prehispánicos calcularon su tiempo, así como el momento cuando aparecía Venus como estrella matutina, en qué trayecto se movía y el tiempo que había transcurrido.

Por otro lado, su manera de describir el movimiento relativo entre Venus y las constelaciones, hace reconocer la capacidad de los Mayas respecto a la observación del movimiento de los astros y lo más importante sobre el universo: ninguna cosa tiene inicio y tampoco final, las cosas se relacionan una a otra girando siempre. Esa fue la máxima expresión de la filosofía Maya, igualmente en toda Mesoamérica, el círculo y la repetición. Las páginas sobre Venus del Códice Dresden fueron no solamente un libro científico y práctico, sino también una bella obra literaria de los Mayas prehispánicos.

(Chung Heajoo, 2007: Pág. 1137)

Dada la característica calendárica-ritualística del Códice de Dresde, veamos las siguientes citas de investigadores en este campo de indagación, las que nos reafirma con certeza la anterior apreciación:

Iniciemos entonces con lo escrito por J. Eric S. Thompson en su obra Un Comentario al Códice de Dresde:

Hasta nuestros días sólo han llegado tres libros de jeroglíficos mayas, llamados Códice de Dresde, Códice de Madrid y Códice de Paris, por las ciudades en que se encuentran actualmente [...].

Los contenidos de los tres libros son en gran parte de naturaleza calendárica y ritual, con marcada insistencia en los mecanismos adivinatorio: dan el augurio para cada día (dentro de ciclos rituales de 260 y 364 días), para cada año y. en menor grado, para cada Katún (período de aproximadamente 20 años, de gran importancia para los mayas). Incluso la astronomía tiene fines astrológicos: las tablas asombrosamente exactas de las revoluciones sinódicas del planeta Venus están acompañadas de grifos que manifiestan el destino (casi invariablemente terrible) de la humanidad, de acuerdo con el día deporto helíaco del planeta después de la conjunción inferior.

De igual manera, Roberto Escalante, en su artículo "Los Eclipses en los Códices Mayas", publicado en el libro Eclipses en México en la página 55, nos argumenta:

Estos libros eran a la vez almanaques astronómicos que registraban el movimiento de los planetas visibles, Venus, Marte, Saturno y Júpiter. Predecían con gran exactitud, los eclipses tanto solares como lunares, así como las fases de la luna y su conjunción con los planetas y las constelaciones.

Las páginas 52 a 58 (de la numeración de Forsteman) del códice de Dresde comprende tablas de cómputo del movimiento de la Luna, que permitieron predecir, con gran exactitud, la regularidad de los eclipses, tanto lunares como solares, y que representan a éstos 10 veces, tal vez porque se trataba de eclipses importantes, con textos jeroglíficos que llevan tanto el signo o glifo del eclipse solar como del eclipse lunar y pronósticos nefastos.

La Historia del Códice de Dresde en castellano, de Dresden en alemán, no ha sido ajena a las vicisitudes sufridas por los códices hasta el momento relacionados en este libro. Muy probablemente el hecho de haber navegado Hernán Cortés a lo largo de las costas de Yucatán entre Cozumel y Zempoala, conlleva a suponer que el códice sea originario de Yucatán. Suposición sustentada en razón de:

1) las diversas variantes de jeroglíficos con directa correspondencia a idiomas hablados en Yucatán y no en Chiapas o Guatemala.

2) Dado su alto componente astronómico, hace pensar a gran parte de expertos de ser su procedencia Chichén Itzá.

3) La ubicación del Códice en el periodo postclásico, más o menos el año 1250 de nuestra era, conlleva a que los estudiosos del tema le asignen ser originario de la península en cuestión.

4) La presencia de algunos "errores de escritura" en el Códice, direcciona a postular la hipótesis de ser copia de algunos antiguos manuscritos.

5) Y finalmente, en lo cronológico, en lo concerniente a las fechas presentes en el códice, generan un pensamiento de retroceso en un volver al período Postclásico.

Fundamentados en las anteriores observaciones, es de arraigada creencias en algunos académicos del tema, en que muy probablemente, el conquistador Hernán Cortés lo envío personalmente a Madrid a la corte del rey Carlos V, en unión del oro y la plata, y como una de las varias "curiosidades".

López de Gómara secretario particular del antes mencionado conquistador, escribió en su Historia General de las Indias que el botín de guerra datado el 26 de Julio de 1519, y enviado desde el puerto de Veracruz al ya referido rey -recién ascendido al trono del santo sacro Imperio Romano-, constaba de un disco de oro y de plata, y después de enumerar los diferentes objetos hace referencia a algunos libros, los que aparentemente pertenecieron al trofeo de guerra:

Pusieron también con estas cosas algunos libros de figuras por letras, que usan los mexicanos, cogidos como paños, escritos por todas partes. Unos eran de algodón y engrudo, y otros de hoja de metl, que sirven de papel; cosa harto de ver.

(López de Gómara, 1979 [1552]: Pág. 69)

Luego a partir de aquí hablaremos de varios sucesos o momentos, entre otros, en la historiografía de este códice:

Un primer momento como es la llegada a Madrid y luego su paso a Viena; la socialización de algunos aspectos en los trabajos del Barón Alexander Von de Humboldt en 1810; el trazado del códice en 1825 o 1826 para el señor Kingsborough por parte del italiano Agostino Aglio; la publicación en 1880 y de nuevo en 1892 de ediciones fotocromo litográficas del Dresde por Ernst Forstemann; la edición de J. Eric Thompson; en1959 las diapositivas de Ian Graham; la publicación en 1932 del facsímil68 de la versión del Dresde por William E. Gates; la impresión de autoria del Akademische Druck-u. Verlangsanstalt, de Graz-Austria, en 1975 del facsímil en fotos a color del original dañado durante la segunda guerra mundial.

El investigador de los códices Mayas Yuri Knorozov en el prólogo de su obra Los Códices Jeroglíficos Mayas, además de darnos un bosquejo general sobre el manuscrito, nos realiza una interesante síntesis de la historia y algunas ediciones del Dresden:

El Códice de Dresden. Preservado aparentemente completo. Está roto en dos partes desiguales, por cuya razón las primeras ediciones dan una numeración incorrecta de las páginas, con el anverso y reverso del primer fragmento. El anverso consiste de las páginas 1-39, el reverso de las páginas 40-57, seguido por cuatro páginas en blanco que preceden la sección final, páginas 58-74. De acuerdo con la numeración vieja e incorrecta las páginas van como siguen: 1-24, 46-60 anverso, 61-74, 25-28, cuatro páginas en blanco, y 29-46 reverso.

El Códice de Dresden fue comprado en Viena en 1739 a una persona desconocida por el bibliotecario de la Biblioteca Real de Dresden, Juan Cristian Goetze. Primero fue publicado completo por Lord Kingsborough en el volumen III de su espléndida obra de diecinueve volúmenes "Antigüedades de México" (1831-1848) cuya publicación llevó a la muerte al autor, en prisión por deudas. En esta edición el Códice de Dresden fue publicado redibujado por un artista italiano, quien resultó posteriormente el autor del primero, pero no del último códice Maya falso. El primer facsímil fue publicado en 1880 por Ernst Fortemann, director de la Biblioteca de Dresden, quien explicó brillantemente el calendario Maya altamente complejo utilizado en el Códice. Al final de la segunda guerra mundial el Códice de Dresden sufrió daños serios durante el bombardeo. Como resultado de su almacenamiento en un sótano inundado parte de los colores se corrieron y mancharon las páginas vecinas. El Códice de Dresden está ahora en la Biblioteca Regional Sajona de la Republica Democrática Alemana.

El Códice de Dresden llega aparentemente a Viena entre los regalos del emperador Carlos V, quien lo pudo haber recibido, junto con regalos más opulentos, del conquistador de Yucatán, Francisco Montejo, a quien otorgó el titulo de Adelantado o gobernador de la entonces inconquistada provincia de Yucatán en 1526.

Episodio especial en la historia del Códice de Dresden y de gran interés para todo el pueblo americano lo significó la figura de Alexander Von Humboldt69, y muy especialmente la socialización realizada por él, para la literatura europea y del mundo científico de este libro prehispánico en una de sus obras publicada en 1810, titulada Vue des Cordillères et monuments des peuples indigènes de l'Amérique ("Vista de la Cordillera y monumentos de los pueblos indígenas de América"), en la que incluye las páginas 47, 48, 50, 51, y 52 del Códice Dresden; en una excepcional presentación a lo que el color corresponde, aunque no muy exactas:

La belleza griega, tipo cumplido e inmutable; contemplación suficiente e insuperada de los hombres; resultado feliz de un concurso de circunstancias que no volverán a reproducirse nunca. Éste fue el credo y la persuasiva lección de Winckelmann (1717-1768), cuya poderosa y dilatada influencia produjo la Ifigenia en Táurida de Goethe y modeló el criterio estético de Alejandro de Humboldt.

Este explorador científico recorre el Continente americano. De su enorme diligencia e infinita curiosidad quedan obras monumentales, como el Ensayo político de la Nueva España, en el que colaboraron mexicanos sabios y generosos. No podían escapar al interés de Humboldt los monumentos arquitectónicos, las esculturas, los relieves y otras reliquias de los pueblos antiguos de América.

Sobre esta materia publicó una colección de ensayos con el título de Vistas de las cordilleras y los monumentos de los pueblos indígenas de América (París, 1810) en gran folio, relativos principalmente a México, Perú y Colombia, con descripciones de puntos y espectáculos naturales del Continente (volcanes, sierras y cascadas). Sus 69 láminas ilustran cada uno de los monumentos y sitios comentados. En 1816 apareció en París una edición barata, en dos volúmenes, sólo con 19 láminas. Finalmente, después de muerto Humboldt (1859), se incorporó a sus obras completas, agrupando los artículos de acuerdo con la cultura estudiada y modificado el título: se hablaba de Sitios en lugar de Vistas. Éste fue el texto que tradujo al español Bernardo Giner y que publicó en Madrid el editor Gaspar en 1878. (Castro Leal: Págs. 103 -104)


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