BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

EL LIBRO Y EL BIOS: ALGUNOS MOMENTOS EN SU HISTORIOGRAFÍA. LECTURA DESDE EL PARADIGMA ECOLÓGICO

Germán López Noreña




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6.3.2 Códices Mayas En La Actualidad

Ya mencionadas las anteriores generalidades de los códices Mayas, preguntémonos ¿Cuántos de ellos existen en la actualidad? La respuesta es bien triste para el patrimonio cultural de América y del mundo, solamente cuatro: el Códice de Madrid o también llamado Códice Tro-Cortesiano; el Codice de Dresde; el Códice de Paris, también conocido como el Códice Peresiano; y el Códice de Grolier, también conocido como el Fragmento de Grolier, del que se duda sobre su autenticidad.

6.3.2.1 El Códice de Madrid

EL Códice de Madrid es conocido por los nombres Códice Tro-Cortesiano, Códice Cortesiano, Códice Troano, Códice Tro-Cortes. Su sito de ubicación actual lo es el Museo de América en Madrid. Manuscrito prehispánico, aunque hay estudiosos que el consideran posthispánico (Coe y Kerr, 1997).

Lámina del Códice de Madrid www.mayacopan.info/

El Códice Madrid o Códice Trocortesiano suele ser considerado como el escrito de su tipo de mayor riqueza en la cultura Maya, en cuanto a su contenido, esto en virtud, no solamente por sus elementos mitológicos y calendáricos, sino también por los muchos aspectos y cosas de la vida diaria plasmados en él. Es generoso, en lo relacionado a las imágenes de la vida religiosa y civil de aquel En él se observa situaciones relacionadas con la agricultura, las plantas y sus usos, plagas de langostas, música, la caza, cerámica, y ceremonias. Algo singular en este manuscrito, lo es, el hecho de no existir escritura en él, únicamente las fecha y el resto son imágenes

Un elemento especial y llamativo del Códice lo significa la sección manifiestamente dedicada a la Meliponicultura66, evidenciada en las últimas páginas, de la 103 a la 112, para un gran total de 10 de sus 112 páginas que conforman este libro. Esta sección está dedicada a las abejas, la miel y deidades relacionadas con ella. La alta presencia de las abejas en las imágenes, y sus colmenas han conllevado a pensar a los estudiosos de manuscrito de ser un tratado de melopinicultura maya.

Este códice tiene una sección claramente dedicada a la Meliponicultura67, correspondiente a las últimas páginas, de la 103 a la 112, es decir 10 de sus 112 páginas -70 del Troano y 42 del Cortesianus-, están dedicadas a las abejas, la miel y deidades relacionadas con ella, y se cuentan fácilmente cerca de medio centenar de imágenes de abejas. La gran profusión de imágenes de abejas, deidades y símbolos relacionados con la ella, con la miel y los nidos o colmenas hacen suponer que en este libro Maya se encuentra un verdadero tratado de meliponicultura maya.

Este códice, como sus homólogos, es un manual ritualístico arreglado conforme a los días del año, como un almanaque. Contiene los pronósticos y las suertes para cada día, entre los ciclos de 260 y 364 días. Los sujetos de augurio de los almanaques incluyen los temas de la cacería, la apicultura, el tejido, rituales para propiciar la Iluvia, la siembra y la cosecha. Seguramente estos almanaques tenían como función principal la de encontrar los días más propicios para hacer cada actividad. Thompson (1960: Págs. 25-26)

Sobre la región de origen del códice existen varias versiones, veamos de entre un número de sugerencias, por cierto bien significativas, las siguientes:

Una primera es la de Thompson (1972: Pág. 16) quien insinúa que, a juzgar por el uso de la sucesión de cargadores del año Kan, la preponderancia de los días de comercio y la Cruz de Malta, la región de origen de este códice probablemente es la costa Occidental de la península de Yucatán. Aunado a esta apreciación, y de manera aventurada conjetura que quizá el códice Madrid sea de Champotón.

Glass (1975: Pág. 153) propone ser originario de la región de las tierras bajas mayas -del sureste de México y Guatemala. Cappas es mucho más audaz proponiendo como la región origen del códice una triple relación, y por lo cual el códice debía llamarse El Códice de Madrid y Mayapán.

Lo anterior porque según este autor el códice Madrid fue escrito en Mayapan por el sacerdote Ahau Kin May, pues la cabeza de Chaac en la página 12 del códice (donde se relatan hechos de este sacerdote) es semejante a la urna en forma de Chaac procedente de Mayapán (esta urna se encuentra en el Museo de Arqueología de Mérida) y relacionados además con los relatos del sacerdote en el libro del Chilam Balam de Chumayel y en los dichos populares de la región.

Si por los lados del establecer la región originaria del códice, no existe un consenso entre los académicos del tema, en lo relacionado con la fecha se da igual situación. Glass (1975: Pág. 153) solamente le da crédito temporalmente situándolo dentro de la época de la preconquista. Manrique (1979. Pág. 34) lo data posiblemente en el siglo XIV. Sin embargo, Thompson (1960:26) ha escrito que el códice tal vez pertenezca al siglo siguiente (XV). Capas acota: Antes da la caída de Mayapán, que dominaba la Liga de Mayapán (J. P. Cappas e Sousa, 1998).

El material utilizado para su elaboración fue Papel de amate (sp. de Ficus, Schwede 1912), y su tipo fue el de Biombo, actualmente en dos partes: el Troano y el Cartesianus. En cuanto a su forma son: Cincuenta y seis hojas pintadas en ambos lados, pero el reverso esta "de cabeza" respecto al frente. El tamaño de cada hoja es de 22.6cm (hasta 23) por 12.2 cm.

La sección Troano es de 428 cm de largo con 35 hojas mientras que el Cortesianus tiene 254 cm de largo con 21 hojas; en conjunto hacen un total de 682 cm aproximadamente, y es considerado como el escrito más largo de los mayas prehispánicos. Las dos partes se separaron o fueron separadas intencionalmente hace años, pues desde que fue dado a conocer, sólo se sabía de la sección Troano (Brasseur de Bourbourg 1869).

De cuantos amanuenses participaron en la manufacturación del códice existe en la actualidad una interesante discusión. Hay quienes sostienen que fue una sola persona, otras ocho, siendo el caso de Sotelo (1998) en su tesis doctoral; lo cierto del caso, es el de no existir una sola opinión:

En la actualidad, se debate la participación de diferentes amanuenses en la confección del Códice de Madrid: en un reciente trabajo Coe y Kerr (1997: 1 81-182) postulan que el manuscrito fue elaborado por un solo individuo, mientras que en su Tesis Doctoral, Sotelo (1998: 100) defiende que hasta ocho escribas intervinieron en su factura, aunque en una comunicación personal posterior ha sugerido la participación de un número superior de escribas. (García Ruiz, 2000: Pág. 9)

Retomando el excelente resumen de Glass (1975), se es posible decir que en la historia del códice jugó un papel determinante, el haber sido separado en dos partes. De él, se sabe, que a raíz de su desmembramiento en dos porciones en un momento temprano de su existencia, el ha tenido diferentes dueños y más vicisitudes en sus diversas publicaciones.

La historiografía sostiene que Juan de Tro y Ortolano, archivero y profesor de paleografía en Madrid, adquirió uno de los dos fragmentos de que consta este documento a inicios de la segunda mitad del siglo XIX, siendo publicado por el abate francés Brasseur de Bourbourg (1 869-70) en Paris unos años más tarde. En su estudio, Brasseur intentó un acercamiento fonético al documento, utilizando como clave el alfabeto proporcionado por Diego de Landa en su Relación de las cosas de Yucatán, pero fracasó tanto en la metodología de lectura empleada -que le llevó a inventarse términos y significados- como en la interpretación general del texto (Coe 1992: 106-7). El manuscrito fue adquirido por el Museo Arqueológico de Madrid en el año 1888.

La segunda parte del documento fue conseguida en Extremadura por Juan Palacios y, tras un breve tiempo en manos de José Ignacio Miró, fue comprada por el Museo Arqueológico de Madrid en 1872 -si bien algunos registros trasladan este acontecimiento a 1875. Esta segunda parte, conocida como Códice Cortesiano, fue evaluada por León de Rosny (1883), quien llegó a la conclusión de que ambos fragmentos correspondían a un único texto, que se denominó Tro-Cortesiano [...] En su conjunto, el documento se compone de más de 25 almanaques que siguen el calendario ritual de 260 días asociados a actividades seculares de subsistencia y de la vida diaria, como el tejido, la apicultura, la caza del venado, la manufactura de la cerámica, la confección de máscaras, etcétera, las cuales están asociadas a determinadas deidades y rituales que las patrocinan. De manera similar a los Códices de Dresde y de Paris tiene un claro contenido ritual, pero al contrario que ellos su naturaleza astronómica es menor.

Cada uno de estos dos fragmentos han sido editados en tres ocasiones por separado (Glass y Robertson 1975: l54), mientras que la publicación integral del códice se ha acometido en ocho ocasiones diferentes. A pesar de estas publicaciones, han existido muy escasos intentos de analizar en profundidad y como un todo el Tro-Cortesiano, aunque si se han examinado con el suficiente rigor páginas enteras, secciones que contienen información similar, grupos de motivos, etc.

(García Ruiz, 2000: Págs. 2-3)


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