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LA BÚSQUEDA DE LA BUENA PREGUNTA Y EL LIBRO “¿TU QUÉ SABES?”. ELEMENTOS A CONSIDERAR: LECTURAS DESDE EL MUNDO GLOBALIZADO Y LA CONCRECIÓN DEL “PARADIGMA ECOLÓGICO”

Germán López Noreña



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2.1 DE LA RELACIÓN CIENCIA Y RELIGIÓN EN LA ANTIGUEDAD

2.1.1 Ciencia y Religión En La Antigua Mesopotamia. La Escritura En Egipto y En Los Sumerios

La región entre los dos ríos, Éufrates y Tigris, conocida como Mesopotamia era una gran orbe cultural, conformada por sumerios, akadios, babilonios, asirios, caldeos y elamitas, destacándose ciudades como Ur, Nínive, Arbela, Larsa, Uruk, entre otras; y en la que se desplegó un tipo de ciencia y de religión integradora de lo humano con lo cósmico y lo mágico.

MESOPOTAMIA LA CIVILIZACIÓN SUMERIA

http://www.ucm.es/info/antigua/Cartografia/mesopotamia1.htm

Oppenheim (2003), nos presenta en su obra clásica en su género, una valiosa investigación de la cultura y de la religión mesopotámica y, especialmente sobre sus creencias mágico-religiosas, veamos entonces una de sus afirmaciones en lo que a esta cuestión corresponde:

Una gran parte de lo que consideramos como religión mesopotámica no tiene sentido sino en relación con los personajes de la corte; de ahí que distorsione los conceptos que nos hacemos de ella.

(Oppenheim, 2003: p.179).

Para Oppenheim, el gran misterio de la religión y la ciencia de Mesopotamia, la constituyó el rol desempeñado por el hombre del común. Aspecto comentado por él en su obra cumbre de la siguiente manera:

El hombre corriente sigue siendo un desconocido, sin duda la gran incógnita de la religión mesopotámica.

Un principio […] que nos puede servir de ayuda para acercarnos a la vida y la práctica religiosa de la antigua Mesopotamia, a saber: su estratificación social […] En efecto si separamos la religión de la del rey del hombre corriente, y ambas, a su vez, la del sacerdote, es posible que obtengamos un cuadro relativamente nítido.

(Oppenheim, 2003: p.180)

El conocimiento en los mesopotámicos estaba depositado y administrado exclusivamente en la casta sacerdotal. La práctica científica estaba orientada preferiblemente hacia la Astronomía, en razón de la importancia que le daban a los astros en la determinación de sus vidas, creando un calendario dividido en doce meses lunares.

En las matemáticas crearon un sistema de peso y medidas, fundamentado en el sistema sexagesimal de base sesenta. Sistema aún vigente en los inicios del siglo XXI. No obstante reconocerse la importancia del aporte en las matemáticas al desarrollo de la ciencia, su aporte más notable de la antigua cultura mesopotámica fue la invención de la escritura cuneiforme, realizada en tablillas de barra; escritura que en la historiografía del libro se denomina el “libro tablilla”.

Libro Tablilla

www.libreria-mundoarabe.com/.../Palestina.html

De la historia del libro y de sus diversas facetas factibles a tratar, sin duda alguna – sin desconocer la importancia de muchas otras - , adquiere gran importancia la evolución de la forma del libro y sus maneras de leerlo. Situación primera que innegablemente ha condicionado a la segunda. Las formas del libro actualmente conocido por nosotros, no siempre han sido así. En él es posible distinguir y también aseverar el haberse dado una transición evolutiva en cuatro grandes periodos: de la tablilla al rollo; del rollo al códice ; del códice a la imprenta; y de la imprenta a la pantalla.

En la historiografía del libro, se es aceptada la tablilla de barro como la primera concreción de un objeto en la perspectiva del mismo, es decir, con ciertos niveles de información y de coherencia. Libro tablilla, que probablemente correspondían a registros comerciales y que presentaban a grandes rasgos las siguientes características:

• Brevedad. Las obras de mayor extensión en ese entonces, serían en la actualidad simples folletos.

• Escasez. En virtud de una casi nula comercialización del ¨ libro ¨.

• Anonimato. Era muy poco conocido los autores de las tablillas.

• Variedad. Pese a que preferentemente se escribían en ellas temas administrativos y comerciales, también se trataban contenidos religiosos, épicos. Históricos y jurídicos.

Capitulo especial en la historia del libro, y muy especialmente en la escritura de los egipcios y la Cuneiforme, el oficio de Escriba. El escriba era el sinónimo del copista, o escribiente de la Antigüedad. Etimológicamente la palabra española escriba deriva del latín: scriba.

En hebrea sofér, procede de una raíz que significa “contar”, y se traduce “secretario”, “escribano”, “copista”; y la palabra griega gram•ma•téus traduciéndose en “escriba”, “instructor público”; y generalmente el término hace referencia a una persona instruida.

Era en las diferentes civilizaciones de la Antigüedad un personaje altamente significativo y fundamental para la sociedad. Eran cultos, conocedores en profundidad de las escrituras jeroglíficas, la griega y algunas veces la cuneiforme, de gran sapiencia en los secretos del cálculo, siendo casi siempre los únicos capaces de evaluar los impuestos, asegurar los trabajos de construcción y transcribir las órdenes de faraones, reyes y emperadores; y a la vez eran concientes de su papel. Para la cultura hebrea era el escribano de las Sagradas Escrituras y, posteriormente, incluso el doctor e intérprete de la ley.

A decir de Cristian Jacq en El Enigma de la Piedra:

«Los antiguos sabios describían a Thot [precedente de Hermes] como el ''corazón de la luz'', la ''lengua del creador'', el escriba erudito capaz de redactar los anales de los dioses. Cualquier escriba, antes de escribir, debía dirigirle una oración; éste es un fragmento de la misma:

« ¡Oh, Thot, presérvame de las palabras vanas! Ponte detrás de mí por la mañana. Ven, tú que eres la palabra divina. Eres una dulce fuente para el viajero sediento del desierto. Fuente cegada para el hablador, que mana para el que sabe callar» (Papiro Sallier).

A continuación en esta breve semblanza del escriba como elemento fundamental de la triada escribano-libro-lector, veamos algunas características de su oficio, de su formación, y de su papel para con la sociedad, en las culturas egipcia y mesopotámica.

Escriba Egipcio

www.egiptoforo.com/forums/showthread.php?t=17703

Digamos por tanto que el escriba egipcio solía proceder de la clase baja pero conformaban una casta especial, era inteligente y educado. Sus utensilios de trabajo normales eran una paleta con huecos para tintas de diferentes colores, una jarra de agua y un cálamo de papiro con su estuche. Tenía un profundo conocimiento de los documentos legales y comerciales de la época, y los preparaba al dictado o de otras maneras. Su medio de sustento lo obtenía del producto de la renumeración de su trabajo.

Le correspondía al escriba del antiguo Egipto, inscribir, clasificar, contabilizar y copiar, haciendo uso varios tipos de escritura, tales como la hierática o demótica, permitiéndole desarrollar una escritura con mayor rapidez, lográndola con la ayuda de un cálamo sobre papiros u ostracas.

A nivel general, el buen funcionamiento del Estado egipcio recaía en el diligente y efectivo trabajo de los escribas. El prestigio y poder de los Administradores, contables, literatos o escribanos públicos, de estos maestros del cálculo aritmético e incluso geométrico y astronómico y de la escritura fue grande; llegando a ser omnipresentes para la estructura social y política del pueblo egipcio. Su labor se realizaba al interior y exterior de todos los departamentos de la administración estatal, llegando incluso a ser escribas reales, logrando muchas veces dominio sobre la administración central.

Inicialmente, los escribas vivieron un proceso de selección en el que se le daba prelación a aquellos privilegiados que presentasen cercanía y formación a la familia real. Situación que varió en los últimos tiempos del Antiguo Imperio. Las necesidades administrativas del imperio determinó la aparición de una casta de escribas . Los cargos se convirtieron en hereditarios en las familias, de padres a hijos. Aspecto mencionado y comentado en el célebre texto titulado “De la enseñanza de Jety”, en el que habla de un oficio noble.

Gran numero de padres de familia propendían en que sus hijos se hiciesen expertos en este oficio, conceptuando el que para sus hijos, “no había trabajo más hermoso que el de escriba”. Su proceso de formación se iniciaba con una educación en una casa de vida, que dependía de un templo. Los iniciados en este oficio estudiaban, de los cinco años a los diecisiete años, la escritura jeroglífica e hierática, gramática y textos clásicos, además de aprender Derecho, idiomas, historia, geografía y contabilidad.

Paradójicamente, el faraón, quien casi siempre no sabía leer y escribir dada su supuesta condición divina, era considerado el primer escriba. En ese orden le seguía el escriba real o también llamado escriba de Los Archivos Reales, del que la historiográfica egipcia data a partir del reinado de Neferirkara (dinastía V); le era asignada la responsabilidad del departamento de los documentos reales. También se le sumaba a sus tareas otros servicios de archivos y bibliotecas:

Las competencias del escriba de los archivos reales eran múltiples: cuidaba, controlaba y registraba todas las acciones de las demás instituciones. La importancia de su cargo demuestra, desde épocas remotas, la trascendencia que el Estado concedía a la escritura, que es el testimonio indispensable de todo aquello que constituía la vida de un país, en el que el gobierno basaba el conocimiento preciso de personas, bienes y aconteceres cotidianos.

El escriba Jupuiu, que vivió durante la dinastía V, desempeñó, al mismo tiempo, el cargo de ministro de asuntos del rey, escriba de los documentos reales y director de los escribas. Durante la dinastía VI, Dyau, cuya tumba se encontró en Abidos, era escriba de rollos divinos, director de los escribas reales y sacerdote lector.

Los escribas del antiguo Próximo Oriente eran personas altamente especializados en el conocimiento de la escritura cuneiforme, Su oficio básicamente se centró en la redacción de textos y la lectura de ellos, a su vez en la clasificación de las tablillas-Libro en archivos, normalmente por temas. En la formación de todo sabio, tenia que haber hecho presencia el componente de escriba; siendo denominados en lengua sumeria los DUB•SAR —compuesto de DUB “la tabla” y SAR “inscrita”, “aquél que escribe sobre una tablilla”— y en acadio tupsrrum —forma acadiana de DUB•SAR.

La alta complejidad de la escritura cuneiforme y la necesidad de formar escribas, en diferentes temas, como producto de las diversas exigencias administrativas y políticas del Estado precisaba de una larga formación para este oficio. Ya formados los escribas en la escritura y la lectura, ejercían su profesión, siendo esencial en las civilizaciones del antiguo Próximo Oriente —Mesopotamia, Siria, Hatti, Elam, etc. —, actividad que les confirió un alto status social.

En Babilonia el escriba era un profesional connotado, normalmente se desempeñaba en gran parte de su actividad, en lo que hoy en día suelen ser las funciones de un notario. Servicios altamente indispensables, para el ejercicio y cumplimiento a cabalidad de la Ley. Pues la ley requería que las transacciones comerciales se pusieran por escrito y las partes contratantes las firmaran ante testigos.

El secretario escriba solía sentarse cerca de la puerta de la ciudad, donde se efectuaba gran parte del comercio, con su estilo y pella de arcilla, listo para vender sus servicios a quien los requiriese. Los escribas registraban transacciones comerciales, escribían cartas, preparaban documentos, se encargaban de los registros del templo y realizaban otras tareas administrativas.

Finalmente, en este apartado del libro, recurramos al trabajo de Paolo Lanzotti (2007), quien nos narra y nos da en la persona del escriba Lipit, una semblanza de la importancia de los escribas en la antigua cultura sumeria, ademàs del valor para él de su maestro Merabasi y de sus desventuras:

En el año en que el gran río Éufrates se desbordó tres veces, yo, Lipit, escriba del Rey, grabo estas palabras sobre tablillas de arcilla para que engañen a la muerte, y sobrevivan a mis recuerdos.

No hablan sobre mí, sino sobre quien me enseñó la vida. Su nombre era Mebarasi. Y alguno, irónicamente, lo llamaba el Blanco porque sus cabellos, desde pequeño, eran del color de la lana. A menudo me he preguntado si los dioses hubiesen querido imprimirle un signo diferenciando a Mebarasi del resto del pueblo de Sumeria. Para distinguirlo de todos nosotros que, irónicamente, nos denominamos Cabezas Negras.

Mebarasi fue un gran escriba, en la Casa de las Tablillas de Ur. Fue un sabio. Y fue mi maestro. En los lejanos días de la adolescencia, gracias a él conocí los secretos de la magia que nosotros los sumerios, denominamos escritura. Con él aprendí a dominar el estilo que da voz a la arcilla. A grabar las tablillas. A conocer profundamente los quinientos símbolos del alfabeto que enaltecen el nombre de Sumeria en el mundo. A él le estaré eternamente agradecido por haberme revelado la fuerza de las palabras sin sonidos que hablan a los ojos (alabados sean los dioses por esto). Pero no es por este motivo por el que quiero recordar su nombre.

Mebarasi no era amado. Yo, que he vivido largo tiempo bajo su sombra, podría hablar de la soledad que inundaba su mirada. Del vacío interior que intentaba, inútilmente, llenar con las mujeres y con la cerveza. Muchos, en los palacios de Ur, habrían preferido que su nombre fuese borrado. Pero Mebarasi, el Blanco, era uno de los mejores escribas y uno de los funcionarios de su tiempo en quien más se podía confiar. Esto no podía ser negado ni siquiera por sus enemigos. De este modo, aunque fuese mal visto por los poderosos, mi maestro fue llamado a menudo a recorrer las calles que llevaban a los cuatro ángulos del Reino, en nombre del rey Shulgi. Y yo, joven escriba recién iniciado, fui designado su asistente personal. Junto a él viví extrañas aventuras. Esto me enseñó la vida. He aquí por qué he decidido grabar en las tablillas de arcilla los recuerdos que, de otro modo, desaparecerían conmigo, el día en que Ereshkigal, oscura Señora del Más Allá, pronuncie mi nombre con un escalofrío. No por vanidad. No por reconocimiento. Solo por justicia. Porque el maestro Mebarasi no fue un rey, ni un héroe. Sin embargo su mano trazó mi camino.

Yo, Lipit, escribo estas palabras en el año en que el gran río Éufrates se desbordó tres veces (alabados sean los dioses por esto), recordando los tiempos en que vi cómo mataban los demonios […]


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