BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA EN EL DESARROLLO
UNA VISIÓN DESDE AMÉRICA LATINA

Silvana Andrea Figueroa Delgado y otros


 

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POLÍTICA ARGENTINA DE COOPERACIÓN EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA. INCIDENCIA DE LOS PROGRAMA MARCO DE LA UNIÓN EUROPEA EN LA DEFINICIÓN DE AGENDAS

María Soledad Oregioni* Fernando Julio Piñero**

Introducción

Las políticas de cooperación en ciencia y tecnología en América Latina históricamente estuvieron guiadas por la cooperación Norte-Sur. Tales políticas, que en el periodo de Industrialización por Sustitución de Importaciones se definieron como asistencialistas y lineales, en los últimos años pasan a definirse como asociaciones estratégicas. A lo largo de este capítulo, se reflexionará sobre los cambios presentados en las relaciones de cooperación, y el lugar que tiene Argentina en la negociación de las agendas. La metodología del trabajo se basó en el análisis documental, de las Declaraciones de las Cumbres de Río (1999), Madrid (2002), Guadalajara (2004) y Viena (2006). Con ello se buscó identificar la influencia de la modalidad sugerida en materia de cooperación en la definición de agendas locales, por un lado, y analizar su relación con las políticas explicitas e implícitas que Argentina promueve en materia de cooperación internacional, por otro. En una primera instancia se destaca la historia de la cooperación internacional como objeto de política pública. La intención fundamental fue indagar en torno a las distintas razones que llevan a los Estados a cooperar y cómo éstas se ven modificadas en tiempos recientes. Las políticas de cooperación con la Unión Europea se analizan a la luz del Pensamiento Latinoamericano en Ciencia y Tecnología. Se tienen en cuenta las contribuciones de autores como Varsavsky (1969) y Herrera (1974), quienes han realizado valiosos aportes encaminados a analizar la política científica y tecnológica de los países latinoamericanos. Hoy como ayer, el pensamiento latinoamericano en ciencia y tecnología resulta útil para explicar gran parte de los problemas de las políticas de cooperación en el ámbito. Asimismo, nuevas contribuciones en los Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología (ESCYT), entre las que se destacan las de Kreimer (2006), Velho (2000), y Lemarchand (2005), son retomadas, al significar importantes antecedentes a la revisión de esta cooperación.

Cooperación en ciencia y tecnología

Si bien ya en el siglo XIX se pueden encontrar ejemplos concretos de cooperación internacional en ciencia y tecnología, ésta como objeto intencional de la política gubernamental, constituye una práctica reciente -ubicada a partir de la segunda mitad del siglo XX (Velho, 2000)-, directamente vinculada al surgimiento de la ciencia y tecnología como política de Estado. Hasta entonces, la cooperación estaba orientada por dos estrategias convergentes, por un lado se encontraba la promovida por los investigadores, interesados en crear una comunidad científica internacional y, por otro, las provenientes de los organismos internacionales (Albornoz, 2001). Las razones que llevan a cooperar en ciencia y tecnología son variadas, respaldadas por la confianza en el progreso de la ciencia, tanto en lo que se refiere a ampliar el conocimiento universal, como para arribar a la solución de problemas concretos. Según Léa Velho (2000) las motivaciones que llevan a los países a cooperar en ciencia y tecnología pueden ser de diferente naturaleza, y las caracteriza como de orden cognitivo, económico y social. Según razones de orden cognitivo, la cooperación entre investigadores o cientistas puede vincularse a "la necesidad de la contribución especializada de otros para alcanzar los objetivos de investigación" (Velho, 2000: 114), o bien, a la necesidad de adquirir nuevo conocimiento tácito de la contraparte; expresado, por ejemplo, en una relación de maestro-aprendiz. En el segundo caso, razones de orden económico, lo que incita a la cooperación es la búsqueda de compartir instalaciones y equipos, costosos y complejos, dada la dificultad de que un solo Estado se hace cargo del monto total del financiamiento requerido. Aquí se puede vislumbrar el surgimiento de la gran ciencia, que para muchos se está transformando en mega ciencia. Y el tercer caso, razones de orden social, alude a la motivación de los mismos investigadores para aumentar su prestigio y reputación frente a la comunidad científica internacional. Los acontecimiento desencadenados en el orden internacional a partir de la década de los ochenta, en el marco de la globalización económica y tecnológica, y en la misma dinámica de los procesos de producción de conocimiento, han impactado directamente en el significado de las formas de generación de ciencia y tecnología. El modelo tradicional de producción de conocimiento se considera agotado y con él, el modo de cooperación prevaleciente basado en características como: la orientación hacia el desarrollo; apoyo a la investigación en materia de ciencia pura; estructura asimétrica (Norte-Sur); multilateralidad, y; predominio de lo asistencial (Albornoz, 2001).

El modelo lineal basado en la investigación básica fue dando lugar a un nuevo enfoque basado en la innovación, cuyo eje orientador está ahora constituido por estímulo a la demanda de conocimiento por parte de las empresas, y la construcción de vínculos entre las instituciones académicas y las del sector productivo. (Albornoz, 2001: 203).

El cambio coincide con el abandono en los países latinoamericanos del esquema de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), y la apertura de sus economías al mercado internacional. El nuevo contexto le demanda a las firmas la introducción de mejoras técnicas y organizacionales con el fin de hacerle frente a la competencia (Albornoz, 2001). La innovación1 pasa a reconocerse como aspecto central en la obtención de competitividad. Así, el modelo de producción de conocimiento basado en la investigación básica da lugar a uno basado en la innovación, donde los apoyos se canalizan a ésta y al desarrollo tecnológico, a fomentar modalidades asociativas, y una nueva multilateralidad con énfasis en la bilateralidad. Se estimula una revalorización de la cooperación Sur-Sur, y, en general, la vinculación entre actores diversos (Ibid.). En los últimos años, han surgido nuevos motivos que llevan a los Estados a cooperar en ciencia y tecnología. Estos motivos se encuentran vinculados con problemas que traspasan las fronteras geográficas, entre ellos los medioambientales, que derivan en la necesidad de compartir sistemas tecnológicos modernos, e impactan, por lo menos en los países desarrollados, en el crecimiento de sectores industriales de alta tecnología. Se implementan programas de cooperación inter empresarial en la búsqueda de obtener soluciones tecnológicas (Velho, 2000). Cambian los actores que llevan adelante los procesos de cooperación, ganando lugar la iniciativa privada y determinados estratos de la sociedad civil. Ahora bien, las partes que cooperan lo hacen porque conlleva cierta ganancia. Históricamente la cooperación Norte-Sur, ha garantizando a los investigadores del Sur acceso al conocimiento, recursos financieros y materiales, reconocimiento y reputación. Por su parte, los países del Norte, han visto en la cooperación una herramienta diplomática que les permite alcanzar sus objetivos de política exterior (Velho, 20002); la cooperación se convierte en una forma de acceder a recursos naturales inexplorados, de gran utilidad en la investigación científica, también a espacios de observación de ecosistemas, y biodiversidad, útiles para diferentes disciplinas (Ibid.). No obstante haya alguna retribución a las partes involucradas, muchas veces se reproducen lazos de sumisión en la relación Norte-Sur, lo que da lugar a una cooperación asimétrica. Es en este sentido como los países latinoamericanos se han relacionado con la Unión Europea, mediante ejercicios de cooperación que se han ido ampliando, aunque también mantienen una fuerte conexión con Estados Unidos (Velho, 2000). Se evidencia una disputa por la hegemonía en la Región entre Estados Unidos y la Unión Europea, por incidir sobre el comportamiento de los países de América Latina. Y en el escenario referido, la cooperación Sur-Sur cobra un rol estratégico.


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