BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA EN EL DESARROLLO
UNA VISIÓN DESDE AMÉRICA LATINA

Silvana Andrea Figueroa Delgado y otros


 

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CIENCIA-TECNOLOGÍA-DESARROLLO: UNA RELACIÓN CUESTIONADA Y EN DISPUTA

Germán Sánchez Daza*

Presentación

Es común considerar que el conocimiento científico-tecnológico tiene un vínculo directo y positivo con el desarrollo económico y social, valoración propia de la modernidad y que ha sido un postulado que se reproduce en los distintos ámbitos de las ideas y las representaciones sociales. Sin embargo, a partir de la década de los setenta, esa relación ha sido puesta en duda desde diversos ámbitos y con variadas intensidades. En el caso de las visiones dominantes, dicho vínculo ha sido cuestionado por sus efectos sobre el crecimiento y la competitividad económica, la pertinencia de este nexo se da en la medida en que el conocimiento científico-tecnológico impacte en la productividad y la competitividad. Se habla del surgimiento de una nueva forma de organización de la ciencia (ver p. e. Gibbons, 1994 y Stockes, 1997) -la cual acentúa la investigación orientada a un fin, se trata de la "ciencia útil" -, de la necesidad de un nuevo contrato social -ciencia y sociedad-, se plantean nuevas políticas -de las ofertistas a las orientadas por la demanda- y la integración de nuevos actores. Otras voces cuestionan la relación desde el campo mismo de la ciencia -el agotamiento o crisis de la hiperespecialización-, o bien en lo que toca a las consecuencias e impactos sobre el medio ambiente, o con base en el estudio de sus efectos diferenciados en la economía y en el empleo, o por la gran polarización social existente (el no desarrollo). Los cuestionamientos a tal articulación también se han realizado desde nuestra América Latina y son sostenidos por diversos actores, por lo que hoy se puede plantear que se trata de un vínculo en disputa, ¿ciencia y tecnología para qué y para quién? Una pregunta que se plantea cada vez con mayor frecuencia y con diferentes respuestas. El objetivo de este capítulo es identificar los principales planteamientos que se hacen al respecto en América Latina, discutiendo sus alcances y diferencias, así como ubicar su trayectoria. Es necesario mencionar que desde la década de los noventa, los sistemas de ciencia y tecnología de la región se han visto sometidos a varias presiones y políticas que los han modificado en función de esos planteamientos y de la participación de los actores; en este sentido es relevante detenernos a discutir esa relación a la luz de las políticas implementadas.

Introducción

A lo largo de la historia de la humanidad se han generado múltiples visiones sobre su devenir, desde la cíclica griega hasta la socialista, pasando por las grandes cosmovisiones de los pueblos del mundo, imponiéndose como dominantes las que conformaran la cultura occidental, a la cual nuestra región se adscribió. En esta historia ocupa un lugar central la idea de progreso, originada en la civilización judeo cristiana y cultivada por el capitalismo (Salomon et al., 1996), que la convirtió en eje de la modernidad. La plenitud de la humanidad sólo sería alcanzada con la instauración de la industrialización, y la adopción de la república democrática. Como sabemos, la ilustración fue el movimiento que logró expresar de modo más nítido la perspectiva de la modernidad, poniendo en el centro del progreso al conocimiento científico y tecnológico, como los fundamentos que facilitaban no sólo la superación de la edad oscurantista, sino también los nuevos procesos de producción y de gobierno que la sociedad capitalista requeriría. Así, desde entonces y hasta ahora, se ha considerado que el conocimiento científico y tecnológico juega un papel central en el progreso social, mismo que a partir del siglo XX adopta la forma de desarrollo económico y social. La elaboración teórica sobre la centralidad de dicho conocimiento tuvo su segunda gran expresión con el positivismo comteano, que se impuso como metodología e ideología sobre la ciencia, su quehacer, su función y su organización. Si bien el origen del conocimiento científico tuvo una rica y amplia variedad, sería la Europa del siglo XVII la que lograría instaurar las condiciones para su consolidación como una institución social, sustituyendo el papel que jugó el pueblo árabe por varios siglos. Se impuso una ciencia que se constituyó como parte esencial del discurso del progreso occidental. A partir de esa época, como lo plantea Saldaña (1997), Europa se convierte en el espacio central de la ciencia, que se difundirá hacia el mundo en la medida en que el afán imperialista y el capitalismo logran subsumir al resto de los pueblos1. De esta manera, la ciencia y la industria, propios del capitalismo, expresaban claramente la nueva idea de progreso de la sociedad, la instauración del proyecto civilizatorio burgués; en el caso de la ciencia se tomó en cuenta su universalismo y, por tanto, su "asepsia" respecto al entorno social y cultural. El coloniaje sufrido en nuestra región impuso tales visiones, de forma que las reivindicaciones de la modernidad fueron adoptadas por los sectores sociales independentistas y puestas en práctica parcialmente por las élites oligárquicas de finales del siglo XIX, al lema de orden y progreso positivista. Durante esa época, el cientificismo adquirió rango de naturalidad entre nuestras élites culturales, adaptándose a los cambios que ocurrirán a lo largo de cien años, convirtiéndose en un actor central de la sociedad latinoamericana del siglo XX. La visión "difusionista" ha estado presente a lo largo de las diversas etapas históricas de la región, se plasmó en las políticas y estrategias implementadas por los gobiernos y sectores dominantes, y redujo como única posibilidad de progreso, y después de desarrollo, el vínculo con los centros capitalistas y la absorción de su experiencia técnico-productiva y científico-tecnológica. Así, la burguesía criolla desde su nacimiento adquirió una concepción productiva que tuvo como ideal el capitalismo europeo -después volteará su mirada hacia Estados Unidos- y sus avances tecnológicos. Es indudable que frente a esta visión, se han levantado opciones críticas que reivindicaban la existencia y constante generación de estos elementos en las propias economías colonias o subordinadas, sin embargo nunca lograron constituirse como visión dominante.

La problemática del desarrollo y el papel de la ciencia y la tecnología

La evolución del conocimiento científico y tecnológico en Latinoamérica a lo largo del siglo XX correrá por distintas fases, y no siempre de la mano; la ciencia discurrirá a la par de las necesidades, posibilidades y capacidades educativas y políticas, en tanto que la tecnología estará más vinculada a los requerimientos de los modelos productivos adoptados por los gobiernos latinoamericanos. En el cuadro 1 presentamos un esquema de esa evolución, ubicando algunas de sus características.

Cuadro 1. Esquema de la evolución de la ciencia, la tecnología y el sector productivo en América Latina CienciaTecnología (problema)Sector productivoFines Siglo XIXSurgimiento, positivismoDifusión (retraso)Ferrocarriles Agroexportador Incipiente industrialización1920-1940InstitucionalizaciónDifusión (retraso)Industrialización1940-1965ExpansiónDifusión Adopción (modernización)Industrialización, sustitución importaciones1965-1970PolíticasAdaptación y generación (dependencia)Agotamiento industrialización1990- Nuevos actores y políticasAdaptación ( cerrar brecha) GeneraciónModelo neoliberalAdaptado a partir de Vessuri (1996), Salomon et al. (1997) y Sánchez (1998).

Queremos puntualizar los siguientes aspectos. Primero, la ciencia hasta la década de los ochenta aparece como una institución indispensable, que por definición es un componente central de y para la modernización de las sociedades latinoamericanas, vinculada con la educación superior, siendo parcialmente cuestionada en la década de los setenta. Segundo, la tecnología se concibió incorporada en la maquinaria y equipo y en los productos industriales; a través del establecimiento de procesos manufactureros, se lograría adoptar nuevas técnicas y conocimientos productivos. En esta perspectiva, el papel de los bienes de capital y del capital extranjero sería considerado como fundamental en el progreso técnico y su difusión. Tercero, es en la década de los cuarenta cuando surge el tema del desarrollo, resultado de las condiciones en que se encuentra la economía mundial hacia fines de la segunda guerra mundial, y de las diferencias económicas y sociales entre los países. En el caso de la región, la temática estuvo vinculada a la necesidad de enfrentar de manera distinta los vaivenes de la economía internacional y los precios de las materias primas, los bajos niveles de ingreso y pésimas condiciones de vida. Como lo señalan Sunkel y Paz (1970), se estructuró un discurso que consideraba que el progreso económico y social implicaba una modificación en la estructura productiva, y que para ello era necesaria la elaboración de políticas; el desarrollo fue identificado con la industrialización, la modernización tecnológica, la elevación del ingreso y el mejoramiento de las condiciones de vida, teniendo como imagen lo alcanzado en los países con capitalismo avanzado. Hacia finales de la década de los sesenta se observa el agotamiento de estas perspectivas, pues si bien los ritmos de crecimiento económico habían sido buenos, incluso en algunos casos fueron denominados como de "milagros", los resultados en términos de una mejor distribución del ingreso y de las condiciones de vida de la población no fueron los esperados, se había fortalecido la concentración y surgían capas sociales muy pobres. Asimismo, se puso en evidencia que la transferencia de tecnología no se había cristalizado, pues las empresas productoras de bienes de capital, fundamentalmente trasnacionales, no buscaban ese fin y mantenían el control del know how. En este nivel, se puede decir que en la década de los setenta se concretan un conjunto de aportaciones del pensamiento latinoamericano, en términos de la conceptualización de los procesos de difusión tecnológica. Por un lado, se cuestiona su neutralidad con respecto a las relaciones económicas y políticas prevalecientes en el mundo -se identifica la existencia de intereses de distintos actores- y, por otro, se elaboran propuestas analíticas y políticas sobre el desarrollo, la tecnología y la ciencia. Sunkel y Paz (1970) identifican cuando menos tres conceptualizaciones del desarrollo (como crecimiento, como evolución de etapas sucesivas -que implica el subdesarrollo como una fase previa- y como cambio estructural); valdría la pena añadir la concepción que definió el subdesarrollo como la otra cara de la moneda, siendo parte de la división internacional del trabajo y que se expresaba en la existencia de la dependencia, económica, científica y tecnológica. En este marco, se cuestiona el papel que juega la ciencia y la tecnología en el desarrollo, si bien se reconoce que la educación y la generación de conocimiento por sí mismos impactan de manera positiva a la sociedad, se considera que es necesario que exista un vínculo explícito con ella, retomando las prioridades y requerimientos que ésta tiene. El texto de Sábato y Botana, concretado en el denominado triángulo, era claro, se dirigía a los diferentes actores: "La inserción de la tecnología en el proceso productivo supone la participación de diversos sectores de la sociedad que pueden agruparse en la infraestructura científico-técnica, el gobierno, y la estructura productiva. Las interacciones múltiples entre ellas se pueden representar por un triángulo donde cada uno de sus vértices corresponde a cada uno de esos grupos y cada uno de los lados a las interacciones correspondientes" (Sábato y Botana, 1975: 45). El diagnóstico realizado apuntó hacia la elaboración de políticas no sólo en el ámbito tecnológico y productivo, sino también en el científico, señalando además posibles obstáculos derivados de las concepciones dominantes y de los intereses de actores que se habían beneficiado de las estructuras surgidas en el proceso de industrialización2 y que veían como una amenaza su transformación. Se propuso la elaboración de planes de desarrollo, donde la adaptación tecnológica era un eje central y estaba en relación directa con el impulso de las capacidades científicas y la definición de las prioridades económicas y sociales (Herrera, 1973). Lamentablemente, si bien existieron este tipo de propuestas, los actores económicos del momento no fueron capaces de apropiarse de ellas, y las relaciones de poder así como las condiciones de crisis mundial en la década de los setenta fue dejándolas en el olvido académico. Esa crisis afectó los logros alcanzados en la ciencia, en la educación superior y sus capacidades de investigación, pues los recursos financieros fueron disminuidos y los programas de fomento científico fueron reduciendo cada vez más. Como diría Medina Echavarría (1970), el progreso como ilusión se había convertido en progreso como fatalidad.


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