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LAS RELACIONES ECONÓMICAS ENTRE ARGENTINA Y VENEZUELA (2003-2008). EL IMPACTO SOBRE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

Mariano Roark


 

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1.4 Panorama Social.

Ahora bien, el Estado venezolano además de ser un factor determinante en la esfera económica es también un promotor de bienestar social, mediante la prestación de servicios en educación, salud, seguridad social, recreación, entre otros. Dicha función constituye históricamente un aspecto clave para el desarrollo y estabilidad del sistema democrático. En este sentido, es preciso señalar que “desde el inicio de la democracia, en 1958, hasta fines de 1979 (…) las rentas petroleras proporcionaban un flujo de ingresos estables que el Estado distribuía para promover el desarrollo nacional y enfrentar las enormes obligaciones de seguridad social establecidas en la Constitución de 1961” (Buxton, 2003: 146). En consecuencia, al depender gran parte de los ingresos gubernamentales casi exclusivamente de la renta petrolera, y al ser el gasto social y la distribución de esos ingresos la base de legitimidad del sistema político, ello hace a la dirigencia venezolana dependiente del éxito y la efectividad de la economía petrolera .

Durante el período 1998-2008, en el marco de una coyuntura interna y externa favorable -altos precios internacionales del barril de crudo y sobre todo decisión política para su utilización con fines sociales- los indicadores relativos al nivel de vida de la población experimentaron importantes mejorías.

En primer lugar, respecto a los índices de pobreza, de acuerdo con datos suministrados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), durante los últimos 10 años las personas en situación de pobreza disminuyeron en 16,8 puntos porcentuales, al saltar del 50,4% en 1998 a 33,6% en 2007 (Gráfico N° 12). Por su parte, una tendencia similar es observable en lo que hace a los niveles de indigencia o pobreza extrema: en el mismo período, Venezuela experimentó una reducción de 10,7 puntos porcentuales, pasando del 20.3% al 9,6% respectivamente.

Este avance acelerado de las perspectivas de reducción de la pobreza, no sólo descansan en la expansión económica interna resultante del incremento de los precios internacionales del petróleo sino que, fundamentalmente, responden a una decisión política por parte de la administración de Hugo Chávez, expresado en el Plan de Desarrollo Económico y Social 2001-2007 . En este sentido, es necesario destacar que el gobierno de Chávez no se inició en un marco de bonanza petrolera ni de holgura fiscal, sino todo lo contrario. Hacia 1999, el barril de crudo venezolano se cotizaba entre los 9 y 10 dólares, llas reservas internacionales habían caído en cerca de 3.000 millones de dólares y el déficit fiscal alcanzaba casi 4% del PIB. Sin embargo, “aun bajo estas importantes restricciones iniciales, el esfuerzo por reorientar los recursos hacia el área social es evidente” (Ramírez Vera, 2008: 114).

Como se observa en el gráfico Nº 13, tras varios años de estancamiento el gasto social del gobierno central como porcentaje del PIB comenzó a subir, desde el mismo año 1999, a razón de un punto por año, para ubicarse desde 2001 en alrededor de 12%, lo que ha permitido a las autoridades mantener e intensificar sus programas de acción social o “misiones” destinados en su mayor parte a la población en situación de pobreza o pobreza extrema, y dirigidos, sobre todo, a las áreas de la salud, la educación, el empleo y la distribución de alimentos.

Adicionalmente, la puesta en marcha de estos programas sociales tiene un impacto positivo extra que los análisis basados en los ingresos monetarios a menudo omiten. En este sentido, como sostiene el economista norteamericano Mark Weisbrot, “desde el 2003 se han establecido en Venezuela una serie de programas sociales que tienen como objetivo proveer cuidados médicos para los pobres y alimentos subsidiados, así como brindar un mayor acceso a la educación. Por ejemplo, un estimado de 14,5 millones de personas o 54% de la población recibe actualmente cuidados médicos gratuitos mediante el programa Barrio Adentro. Un estimado de 40% a 47% de la población (cerca de 10,7 a 12,5 millones de personas) compra alimentos subsidiados mediante el programa Mercal con descuentos que promedian entre 41% y 44%. El reporte de mayo del 2006 de Datanalisis, halló que Mercal representa 47,3% del total de las ventas en el mercado de distribución alimenticia en marzo del 2006 comparado con 34,7% en octubre del 2005” (Weisbrot, 2008: 6).

Un indicador más complejo, cuyo objetivo es saltear esta dificultad tradicional basada en el determinismo de los ingresos y obtener una visión más completa de la evolución en los niveles de vida de la población nacional, lo constituye el índice de desarrollo humano (IDH), desarrollado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) hace ya varias décadas. Dicho organismo, define el desarrollo social, en su informe de 1990, como “el proceso en el que se amplían las oportunidades del ser humano. En principio, estas oportunidades pueden ser infinitas y cambiar con el tiempo. Sin embargo, a todos los niveles del desarrollo, las tres más esenciales son: disfrutar de una vida prolongada y saludable, adquirir conocimientos y tener acceso a los recursos necesarios para lograr un nivel de vida decente” (PNUD, 1990: 5). Consecuentemente, los indicadores más relevantes en la construcción del IDH se vinculan con la esperanza de vida, el acceso a educación, salud y servicios básicos, y los ingresos personales medidos en base a la paridad del poder adquisitivo (PPA) . Como puede apreciarse en el Cuadro N° 1, en todos estos aspectos Venezuela ha conseguido avances significativos durante los últimos años.

Respecto a los niveles de acceso a la educación, cabe destacar que, de acuerdo con el director de la oficina de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) en Quito y representante de la UNESCO para Bolivia, Ecuador y Venezuela, Edouard Matoko, Venezuela se proyecta como uno de los países con el índice de escolarización e inclusión a la educación más alto de América Latina. Durante su visita a las instalaciones de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) Dr. Salvador Allende, ubicada en Filas de Mariche, estado de Miranda, Matoko sostuvo que “Venezuela muestra tasas de escolarización cercanas al 100%, lo que evidencia que casi toda la población ingresa a la escuela. (...) Por eso, nosotros creemos que por las iniciativas de lucha contra la desigualdad en la educación, Venezuela va alcanzar esa meta en el 2015” (ABN, 2008).

En lo que concierne a los niveles de empleo, como puede observarse en el gráfico Nº 14, durante los primeros ocho años de la administración de Hugo Chávez (1999-2007), la tasa de desocupación disminuyó 6,6 puntos porcentuales, al decrecer de 15% en 1999 a 8,4% en 2007.

Por su parte, el porcentaje de ocupados en el sector formal de la economía, durante el corriente año, supera al valor registrado durante los años anteriores. Como consecuencia, para agosto de 2008 se registra el menor porcentaje de ocupados en el sector informal, desde el año 1999 con 43,2% (Cuadro 2).

En cuanto a la distribución del ingreso, de acuerdo a cálculos de la CEPAL correspondientes al período 1999-2005 (Cuadro N° 3), la evolución favorable de dicho indicador en Venezuela durante los últimos diez años, ubica a este país como la tercera nación latinoamericana más igualitaria, detrás de Uruguay y Costa Rica.

En conclusión, en base a la información recopilada tanto por organismos oficiales, (INE, BCV), como por organizaciones internacionales reconocidas en su labor y experiencia por la comunidad internacional en su conjunto (CEPAL, UNESCO, PNUD, etc.) es posible afirmar que desde 1999 la población general de Venezuela ha experimentado un crecimiento sustancial de los niveles de vida, únicamente contrarrestado de forma temporal durante la crisis de 2002-2003.


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