BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

LAS RELACIONES ECONÓMICAS ENTRE ARGENTINA Y VENEZUELA (2003-2008). EL IMPACTO SOBRE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

Mariano Roark


 

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1.3 Evolución de la actividad productiva

En lo que hace a la evolución de la actividad productiva, es necesario destacar que una de las características particulares de la economía venezolana es su carácter “dual” o “heterogéneo”, es decir, la existencia de un sector petrolero de elevada productividad y competitividad, y un sector no petrolero con amplio rezago en su orientación y productividad. Este “dualismo estructural” se estableció con la incorporación de la industria de los hidrocarburos, la cual “tendió a comportarse como un enclave, físicamente delimitado (…), con su propio régimen laboral, sus relaciones con el Estado (…), su régimen cambiario, su balanza de pagos, coeficientes de eficiencia, etc.” (Maza Zavala, 2007: 66).

Ahora bien, esta significativa brecha de productividad y organización técnica entre los sectores petrolero y no petrolero implican una serie de consecuencias claves para la estructura económica nacional. Siguiendo al economista Héctor Valecillos, dicho dualismo determinó “la existencia de mercados laborales segmentados o no competitivos, caracterizados por la presencia de diversas formas de contratación y ocupación, y, por lo tanto, de percepción de ingresos”, por lo que es posible hablar de “heterogeneidad laboral” y “heterogeneidad distributiva y de bienestar” (Valecillos, 1984: 69). Adicionalmente, el desarrollo de un sector altamente productivo, como el petrolero, ejerce una presión sobre el tipo de cambio que genera un proceso de apreciación cambiaria. Este fenómeno conocido como “enfermedad holandesa” , favoreció el surgimiento de una tendencia al incremento general de las importaciones generando un proceso de contracción de los sectores manufactureros y agrícolas venezolanos de menor productividad.

En suma, la existencia de importantes diferencias entre la industria petrolera y el resto de las actividades económicas nacionales, respecto a productividad, empleo y tecnología, obliga a complementar el análisis sectorial tradicional, basado en la clasificación de actividades primarias, secundarias y terciarias. Esta dualidad estructural, si no es debidamente abordada como tal, puede inducir a error respecto a la configuración real de la economía venezolana.

Una manera tradicional de saltear esta dificultad consiste en descomponer la producción nacional entre actividades de origen petrolero y no petrolero. En este sentido, de acuerdo con datos del Banco Mundial (2009) durante el año 2007 el PIB de Venezuela alcanzó los 228.100 millones de dólares. Dentro de esta suma, la contribución del sector de los hidrocarburos en el total nacional se ubicó en alrededor del 14%. Ahora bien, como se puede observar en el gráfico N° 6, a pesar del alto grado de concentración de la estructura productiva alrededor de la industria petrolera, en relación a 1998, su predominancia ha disminuido considerablemente.

Más aún, entre 2004 y 2007 el crecimiento promedio anual del 11,8% que experimentó el PIB venezolano se sustentó principalmente en las actividades de los sectores no petroleros, que a partir de 2004 experimentaron un crecimiento significativo (Gráfico N° 7).

Por otra parte, en lo que hace a la distribución sectorial pura, como puede observarse en el gráfico N° 8, el sector terciario tuvo una participación aproximada del 53%, siendo el rubro más importante en cuanto a su contribución al producto y el de mayor dinamismo, destacándose las actividades de telefonía e internet.

En lo que respecta a la producción de bienes, las actividades que muestran un mayor dinamismo son las manufacturas y la construcción. En el transcurso del año 2007 el sector industrial mantuvo la tendencia a la recuperación que viene experimentando desde 2004. La mayor parte de los rubros de dicho sector crecieron por encima del promedio y, entre ellos, se destacaron los productos textiles, la industria petroquímica, los metales comunes y el sector automotriz. En total gracias a este crecimiento sostenido, el sector industrial es responsable del 17% del PIB, superando incluso a la actividad petrolera (Gráfico 9).

De igual modo, durante el 2007 el sector de la construcción tuvo una participación del 6% en el PIB venezolano. Dicha actividad, que presenta una gran dependencia de la demanda pública, fue uno de las más golpeadas por la crisis económica de 2002-2003, sin embargo, al igual que el sector industrial comenzó a experimentar una recuperación a partir de 2004, tras la reactivación económica.

En el caso del sector primario, entre las actividades no relacionadas con la extracción y explotación petrolera, se destaca por su importancia la agricultura, que aporta aproximadamente el 4% del PIB y funciona como fuente de empleo para el 10% de la población económicamente activa. Los cultivos principales del país son el maíz, el sorgo, la palma aceitera y el arroz. Durante los últimos dos años, el sector en su conjunto ha experimentado un crecimiento sostenido, impulsado por el interés gubernamental en mejorar la producción y el abastecimiento interno de alimentos.

Ahora bien, tanto las actividades agrícolas como el sector agroindustrial constituyen dos áreas estructuralmente deficientes de la economía venezolana. A pesar de la existencia de vastas extensiones de tierras potencialmente aprovechables para su explotación, la riqueza petrolera del país y su intenso dinamismo han desalentado esta clase de actividades transformando a Venezuela en un importador neto de productos pertenecientes a este sector (aproximadamente un 70% de los alimentos que se consumen en el mercado son de procedencia externa).

La minería, por su parte, ha sido el sector de menor participación en el PIB venezolano (menos del 1%). Pese a que el Estado ha intentado poner en práctica un conjunto de medidas para desarrollar este tipo de actividad, especialmente a través de beneficios impositivos, el sector ha tenido un pobre desempeño en los últimos años. De todas formas, las importantes reservas de bauxita, sumadas a la capacidad que ha tenido Venezuela para integrar verticalmente las actividades de extracción y producción de aluminio, lo colocan en la octava posición mundial. En lo que respecta a la extracción de hierro, el país cuenta con reservas consideradas de fina calidad a nivel internacional que, combinadas con altos índices de exportación, han permitido un crecimiento moderado. Finalmente, la producción de oro también ha mostrado una creciente dinámica en los últimos años.

En cuanto al sector petrolero, de acuerdo con datos recientes obtenidos de PDVSA, se extraen en Venezuela un promedio de 3,2 millones barriles diarios, de los cuales sólo el 12,5% se consumen en el mercado interno. Adicionalmente, la República Bolivariana dispone de 24 refinerías, 18 en el exterior y 6 en el país, lo que le otorga una capacidad nacional de refinación de 1,3 millones de barriles diarios y, si se agregan las refinerías instaladas fuera de las fronteras, dicha cifra aumenta a 3,3 millones de barriles diarios. En base a esta enorme capacidad productiva de la industria petrolera nacional, Venezuela ocupa el quinto lugar en el ranking mundial de países exportadores de hidrocarburos, al tiempo que es el tercer abastecedor más importante de los EE.UU., detrás de Arabia Saudita. Paralelamente, sus importantes reservas de gas lo ubican en el octavo puesto a nivel global y se prevé que en poco tiempo se certifique la existencia de importantes reservas de petróleo en la Faja del Orinoco que instalarían a este país como el mayor reservorio de hidrocarburos del planeta.

Respecto a la participación del Estado como actor económico, tomando en consideración su aporte al producto interno bruto, es posible sostener que, a pesar del carácter predominante del sector público, que constituye un denominador común en la historia económica reciente; durante el período 1997-2007, la contribución del sector privado experimentó una tendencia de crecimiento sostenido, aumentando su participación en el equilibrio global (Gráficos N° 10 y N° 11).

En este sentido, de acuerdo con datos recientes del Banco Central de Venezuela, en el transcurso de los años 2004-2007, la esfera privada tuvo un ritmo de expansión promedio del 12,3%, cifra que prácticamente duplica los niveles alcanzados por el sector público (6,6%). De todas maneras, la presencia del Estado en la economía es determinante, en tanto controla los sectores claves del desarrollo económico. De acuerdo con un informe reciente de la Asociación Venezolana de Ejecutivos (AVE), hacia el 2005 el Estado venezolano contaba con alrededor de 95 empresas públicas , incluyendo sociedades mercantiles e Institutos Autónomos que desarrollan actividades empresariales, contribuyendo con cerca del 30% del PIB.

Por último, cabe destacar que la tendencia a la expansión del ámbito privado parece haber comenzado a revertirse durante lo que va del 2008. En este sentido, como indican los últimos informes del BCV, durante los dos primeros semestres del 2008 el sector público experimentó un crecimiento promedio del 22,4% comparado con el mismo período del 2007, mientras que el sector privado lo hizo a un ritmo del 0,5% respectivamente. Esta situación se debe principalmente a la nacionalización de una serie de empresas relevantes vinculadas a la metalúrgica, cemento, servicios públicos (Electricidad de Caracas S.A. y Compañía Anónima Nacional de Teléfonos de Venezuela - CANTV) y petróleo .


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