BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

SISTEMA DE ACTIVIDADES PARA DESARROLLAR UNA SEXUALIDAD RESPONSABLE EN LOS ESTUDIANTES DE BIBLIOTECOLOGÍA DEL IPS-IPU “MARIO DOMÍNGUEZ REGALADO”

Miguel Angel Miranda Martín


 

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1.4 La educación de la sexualidad con responsabilidad desde una visión ética humanista.

En la actualidad la formación del ser humano impone el desarrollo de una pedagogía humanista sustentada en bases axiológicas que contribuya a la formación de un hombre con posibilidad para el reencuentro con su verdadera esencia, que lo conciba como un sujeto capaz de participar activamente en la toma de decisiones vinculadas a la transformación del contexto.

El ejercicio de esta pedagogía requiere la jerarquización de aquellos valores que refuerzan lo específicamente moral de la esencia humana, como puede ser el amor a la justicia social, la solidaridad, la honestidad, la responsabilidad, la honradez, la sinceridad, la libertad, la equidad, la incondicionalidad, entre otros.

Así pues, al analizar los derechos sexuales desde una perspectiva ética, se presentan interrogantes como: ¿qué se adquiere y qué se hereda en la vida sexual?, ¿cuáles son las diferencias reales entre el hombre y la mujer? y ¿cuáles son las contradicciones que estas situaciones generan?

“La sexualidad constituye sin lugar a dudas, un importante desafío para todos los que, desde la perspectiva de la educación integral, persiguen un mejoramiento de la calidad de vida y el perfeccionamiento de los modos de actuación en torno a la vida sexual y reproductiva, en las parejas y en las familias”. (15)

Los resultados de esta labor educativa, cuando más, logran un individuo informado, pero esto no indica que esta información se traduzca en una conducta sexualmente responsable.

Por ello, para lograr resultados en las estrategias dirigidas a los adolescentes es necesario fortalecer el comportamiento sexual responsable, donde un componente fundamental es el dominio sobre cómo protegerse en las relaciones sexuales. Además, es necesario considerar cuáles otros elementos les permiten a los adolescentes desarrollar la capacidad para tomar decisiones responsables y elegir las alternativas que los ayudarán, cada vez más, a lograr bienestar físico, mental y social, y que las acciones resulten eficaces en materia de salud sexual y reproductiva.

Un aspecto muy importante a considerar para disminuir los riesgos en la salud sexual y reproductiva de los adolescentes, sería lograr la participación efectiva de ellos en el diseño, planificación, monitoreo, y desde una forma integral, en todos los escenarios donde se desarrollan las acciones dirigidas a la salud del adolescente, incluidas en los programas de salud.

Esto podría contribuir a implantar en ellos un comportamiento sexual responsable, donde un componente fundamental es el dominio sobre cómo protegerse en las relaciones sexuales.

Los hallazgos encontrados en los trabajos revisados permiten hacer algunas reflexiones, en primer lugar puede señalarse que los adolescentes piensan y actúan en su vida sexual condicionados por el contexto social, aunque el proceso de iniciación y mantenimiento de las relaciones sexuales se ven influenciadas por sus características personales, el ambiente familiar y las relaciones de pareja.

La educación sexual debe formar parte de las acciones de los programas y proyectos que sustenten el desarrollo humano.

La estrategia cubana de desarrollo, que sitúa a los seres humanos sin ningún tipo de discriminación en el centro de sus objetivos y que impulsa las políticas sociales y económicas como elementos inseparables del mismo proceso, ha sido la visión que fundamenta al Programa Nacional de Educación Sexual, que al mismo tiempo, desde su especificidad, le aporta nuevos elementos y la enriquece en su implementación.

Para Barnett la educación de la sexualidad es una responsabilidad de todos, pero los adolescentes pueden pensar que son demasiado jóvenes o inexpertos sexualmente para contraer las ITS.

“La vida sexual es fuente de placer y de felicidad, pero también es fuente de grandes dificultades y de infelicidad, todo depende de cómo sepamos aplicarla y cómo ayudemos a nuestros hijos, a nuestros jóvenes a prepararse para la vida, para el matrimonio, para el éxito del amor” (16)

Esta reflexión acerca de una importante etapa de la vida, de la cual muchos se olvidan, apunta a la necesidad de saber qué hacer, cómo educar a los adolescentes en ese momento tan difícil de su desarrollo en el que ya no son tan “niños” pero tampoco son adultos.

Como se ha señalado, la sexualidad humana debe comprenderse en su carácter multidimensional.

Desde la dimensión social, se encomienda a la escuela la formación integral de la personalidad de los escolares y, como parte de ella, la formación de un sistema de conocimientos, de motivaciones y orientaciones de valor, que contribuyan precisamente a conformar la dimensión personológica de la sexualidad.

El fin último de la educación integral es la formación multifacética y plena de la personalidad del ser humano y su preparación para enfrentar los retos de la vida moderna; por tanto, es imposible ignorar el papel fundamental que desempeña la educación sexual en dicho proceso.

En este sentido, la institución educacional debe dar continuidad a la influencia socializadora iniciada en la familia sobre la esfera psico-sexual de la personalidad de los niños y adolescentes, y no puede cumplir esta encomienda a espaldas o desvinculada de los hogares de sus estudiantes, porque muchas veces las conductas de estos son el reflejo de su situación familiar específica.

En la escuela, a través de las actividades educativas y de la vida escolar en su conjunto, los estudiantes amplían sus relaciones humanas y enriquecen sus vivencias personales, por lo que deben recibir los conocimientos científicos sobre el tema de la sexualidad y formar orientaciones de valor en esta esfera para que aprendan a regular su comportamiento en correspondencia con los valores sociales generales.

Las actividades que se realizan fuera del espacio escolar y lejos de la influencia de los padres abren al adolescente un círculo mayor de relaciones donde tienen la posibilidad de manifestar las normas morales aprendidas, por lo que debe encontrarse preparado para autorregular su comportamiento y conducirse con fundamento en estas actividades.

La responsabilidad está compartida entre la escuela y la familia.

La escuela tiene las condiciones necesarias para llevar adelante este complejo encargo social de continuar la formación de la esfera psico-sexual de la personalidad de los adolescentes, al contar con profesionales preparados y posibilidades de actualizarse en estos temas para desempeñar esta labor educativa.

La educación de la sexualidad no puede verse aislada de la enseñanza general que recibe el estudiante ni de su preparación para la vida, esta debe incidir sobre la formación psico-sexual de los estudiantes desde la clase, en las actividades educativas extradocentes y extraescolares, a través de numerosos aspectos de la organización escolar, e incluso, a través del sistema de relaciones entre profesores y estudiantes. Por ende, la acción educativa de la escuela descansa tanto en los contenidos expresados en el currículo como en el llamado currículo oculto, el cual se asocia con los numerosos contenidos implícitos en la comunicación, las normas que se manifiestan en la organización escolar, las relaciones interpersonales y el modelo de comportamiento de todos los factores que están involucrados en el proceso educativo.

El papel del maestro como agente en la educación sexual de los estudiantes es fundamental pero a la vez muy complejo, ya que debe actuar sobre la esfera psico-sexual de la personalidad de sus escolares, sin tener encargada explícitamente esta tarea educativa desde una asignatura o actividad en particular.

El sistema de actividades educativas que él organiza y conduce, así como las relaciones que él regula durante su realización, también influyen indirectamente en la educación de la sexualidad de sus estudiantes.

En este encargo, la escuela debe apoyarse además en el médico escolar, o en el médico de la familia o área de la salud donde esté ubicada.

El vínculo con otras instituciones culturales de la localidad también puede contribuir en este empeño.

En la medida en que la escuela se convierta en el centro cultural más importante de la comunidad, se darán las condiciones para su plena participación en la educación sexual de los niños y adolescentes de su enclave.

En la actualidad la formación del ser humano impone el desarrollo de una pedagogía humanista sustentada en bases axiológicas que contribuya a la formación de un hombre con posibilidad para el reencuentro con su verdadera esencia, que lo conciba como un sujeto capaz de participar activamente en la toma de decisiones vinculadas a la transformación del contexto.

El ejercicio de esta pedagogía requiere la jerarquización de aquellos valores que refuerzan lo específicamente moral de la esencia humana, como pueden ser la solidaridad, la justicia social, la honestidad, la laboriosidad, la responsabilidad, la honradez, entre otros.

Así pues al analizar los derechos sexuales desde una perspectiva ética se presentan interrogantes como:

¿Qué se adquiere y qué se hereda en la vida sexual?

¿Cuáles son las diferencias reales entre el hombre y la mujer?

¿Cuáles son las contradicciones que estas situaciones generan?

A las dudas e incertidumbre que muchos han tenido y poseen sobre el particular se unen los criterios encontrados, y a veces totalmente contrapuestos, entre determinados individuos o grupos, igualmente convencidos, de la veracidad de sus respectivas escalas de valores.

Es evidente que la formación de valores se produce mediante el vínculo de los componentes cognitivo, afectivo y conductual, sin desconocer el volitivo.

El conocimiento como simple comprensión de la realidad cuando se convierte en reflexión personalizada incluye lo afectivo y, por tanto, contribuye a la formación del valor, y a su vez las vivencias afectivas que el sujeto experimenta, contribuyen a formar el conocimiento.


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