BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

LA COMUNICACIÓN EDUCATIVA EN EL PERFECCIONAMIENTO DEL PROCESO DOCENTE-EDUCATIVO

Lázara Raquel Sosa Sosa y otros


 


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8.2 Recomendaciones al Trabajo del Maestro

Sería imposible agotar en un artículo como este todos los elementos a considerar por el maestro para lograr una efectiva comunicación con sus estudiantes. Las características que adopta la comunicación interpersonal en le proceso docente educativo la complejizan extraordinariamente y limitan o inhiben el deseo de hacer recomendaciones en sentido, si no se quiere pecar de superficiales; no hay una comunicación interpersonal similar a otra aunque esta involucre a sus mismos sujetos; la comunicación es dinámica e irrepetible.

La pobreza de las investigaciones científicas realizadas en el extranjero y en nuestro país a cerca de la comunicación en la actividad pedagógica no permite por otra parte proponer un sistema de recomendaciones que abarque con precisión las diferentes formas de la actividad pedagógica.

Con estos elementos como punto de partida hemos seleccionado algunos problemas poco abordados hasta aquí y que centran su atención en el mensaje. El maestro constantemente los emite y los recibe en un plano muy diferente al de los medios masivos, para los cuales hay grandes tratados de estructuración de mensajes, no siempre de valor para la comunicación interpersonal, mayoritaria en el ámbito escolar.

En primer término debemos analizar el “carácter” del mensaje. En unos predominan el nivel racional de la información, la descripción de hechos y fenómenos, la refracción del emisor; en otros, el nivel emocional, o sea, se transmiten sentimientos, valoraciones, criterios. En la mayoría de los mensajes educativos se pueden manifestar ambos niveles, sin embargo, generalmente prima una de las intenciones en el mensaje, o momentos bien diferenciados de uno u otro tipo.

Las “reglas” para seleccionar el tipo de mensaje o el peso relativo de lo racional y lo afectivo en cada uno, no existen como universales; dependen de la situación de comunicación y de los objetivos que se proponga el proceso. Las investigaciones precisan algunos elementos a considerar para hacerlos más activos. Para mejorar los mensajes racionales (o la parte racional de los mismos) lo más importante es su estructura y el uso de formas apropiadas de apoyo. Es imprescindible garantizar la exposición de las ideas con un orden lógico correcto que permita la comprensión paulatina y total del mensaje.

Lo primero que hay que considerar al estructurarlo es el receptor que va a recibirlo, el objetivo que se persigue y el contenido del mensaje. Con estos elementos pensamos por dónde empezar, qué aspectos abordar y cómo relacionarlos, cómo terminar, etc. La estructuración del mensaje puede ser más o menos flexible en dependencia de los sujetos implicados y de las situaciones comunicativas, pero debe preverse siempre en el caso de los mensajes racionales, para garantizar una secuencia lógica de las ideas expresadas.

Algo útil es concebir, con anterioridad, posibles alternativas en función de los grupos, momentos, etc., pero la retroalimentación eficaz debe garantizar, en cada caso, la flexibilidad necesaria en la estructuración del mensaje. Cada maestro posee múltiples experiencias en este sentido. En la preparación de la clase que va a ser impartida a diferentes grupos, en la conversación individual que piensa tener con varios alumnos, en la exposición que va hacer en el matutino y en el vespertino para explicar la significación de una fecha patria.

En cada caso, para cada grupo puede o debe existir una estrategia diferente en cada mensaje, pues serán distintos los interlocutores y la situación comunicativa.

En la comunicación interpersonal existe “ley” que pretende ayudar a la estructuración de los mensajes: “primero, dígale al oyente lo que va a decirle, luego dígalo y, seguidamente, dígale lo que le ha dicho.” La estructura por sí misma, es, sin embargo, insuficiente; se requiere de la exposición se valga de medios de sostén, de apoyo, que enfaticen, destaquen, fundamenten, etc., las ideas esenciales, centrales, facilitando la comprensión y receptividad del oyente.

Una de las formas de apoyo más importantes y más utilizadas es el ejemplo.

Este puede ser extraído de la experiencia persona, lo que permite aumentar la empatía de los receptores en dependencia del prestigio y credibilidad del emisor. El ejemplo puede ser tomado de la experiencia de los demás (personas, libros, prensa, etc.) en cuyo caso resulta importante conocer la fuente, o ser hipotéticos, creados por el comunicador con propósitos específicos. La habilidad para construir este último tipo de ejemplos dependerá mucho de la cultura general y del dominio de la materia que posee el profesor. Pero su uso en clases o en otra actividad debe ser precedida del conocimiento de su carácter hipotético, no es correcto éticamente ni útil en los fines de la comunicación, adjudicar a si mismo o a otros, ejemplos creados artificialmente.

Otra forma de apoyo muy utilizada en la comunicación interpersonal son los hechos, verdades existentes que permiten su verificación posterior. Se pueden utilizar como hechos, ejemplos personales o relatados por otros, pero tienen mayor valor para aumentar el sentido del mensaje y la credibilidad del emisor, los datos obtenidos por la investigación científica. Si se utilizan datos estadísticos es más fácil recordar cifras redondas que datos precisos de tipo fraccionario.

Así en vez de mencionar que el 23,76% de la población posee equis características, se podría afirmar que “casi la cuarta parte”... o “un 24%...”; esto facilita la función de apoyo sin restar fidelidad al dato, siempre y cuando ese dato exacto no sea el contenido fundamental del mensaje.

Otra forma de sostén muy utilizada en el trabajo docente son las historias de hechos o acontecimientos reales que sirven de ilustración y permiten “iluminar” una idea. Los profesores de Historia reconocen la utilidad de las ilustraciones que permiten abordar el hecho histórico en su decursar, a partir de los hombres que fueron los protagonistas y reflejar las contradicciones que existieron en esa situación.

En estos casos, cuando se relata una historia contada por otros o, cuando se citan opiniones ajenas, el maestro debe asegurar el conocimiento de la fuente por los alumnos; información que no debe ser formal (nombre, texto) solamente, sino brindar elementos que muestren la competencia de la fuente, de forma tal que esta logre la credibilidad necesaria.

Las formas de apoyo se deben combinar en el mensaje para lograr su función fundamental: mantener el interés necesario del oyente a la par que se fundamentan los criterios individuales del comunicador. No se debe, sin embargo, saturar la información de ejemplos, hechos e ilustraciones que impidan seguir el “hilo conductor” y la lógica de la exposición. Cuando el mensaje es emocional, adoptar reglas es muy difícil, sobre todo cuando como interlocutor figura el grupo estudiantil. Cada alumno tendrá su propio “mundo vivencial” las líneas maestras más importantes para desarrollar mejor la habilidad para enviar mensajes en situaciones emocionales: concentrarse en la otra persona, demostrarle simpatía, expresar empatía y mantener la autenticidad en nuestro trato con los demás.

Para cumplir estas exigencias se requiere, en primer lugar, conocimiento y confianza en si mismo como comunicador, pero resulta fundamental saber escuchar al otro, ponerse en su lugar, para lograr éxito con su mensaje emocional. Es difícil, “manejar” este tipo de mensajes a nivel verbal y no verbal en una relación interpersonal, cara a cara, y lograr mantener abierto el canal de comunicación. A ello pueden contribuir dos técnicas: la exploración previa de concepciones, sentimientos, valoraciones del interlocutor y el juicio suspendido por el cual el orador se inhibe, durante determinado tiempo, de emitir juicios valorativos que se oponen a los puntos de vista o sentimientos del interlocutor, con el fin de evitar barreras iniciales en la comunicación generadas por hostilidad del interlocutor.

El tono del mensaje reviste una importancia especial en los contenidos emocionales aunque influye en todo tipo de mensaje, en estos determinan las discrepancias entre lo dicho y el tono de lo dicho por los interlocutores: si el mensaje es serio, el tono utilizado en la relación comunicativa no puede ser humorístico; si el tema es poco serio o profundo, no puede ir acompañado de un tono de gravedad o severidad digno de mejores causas, si se quiere lograr una comunicación inter personal efectiva.

En la actividad pedagógica, el maestro utiliza constantemente complejos mensajes de uno u otro tipo. Debe valorar, como ya se ha abordado en otras partes del artículo, múltiples elementos para garantizar una comunicación eficaz con sus alumnos. El punto de partida es un adecuado auto análisis de sus capacidades comunicativas y el sano deseo de convertirse en un buen comunicador; el estudio del tema y la reflexión crítica de la práctica profesional, permitirán el desarrollo ilimitado de sus potencialidades. Como premisa, en las relaciones con sus alumnos, ello requiere madurez profesional que elimine posiciones de superioridad ante el estudiante, actitudes de censor del trabajo ajeno, poses de omnisapiente y sermones que profetizan el triunfo del bien (yo) sobre el mal (ustedes, los alumnos). Para lograr la aceptación reciproca, la sencillez, el humanismo y la autenticidad constituyen características primordiales que debe poseer el maestro. Mucha razón tenía Raúl Roa cuando afirmaba: “guiar solo puede quien va delante, ve más lejos y ajusta sus hechos a sus dichos”.


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