BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

LA COMUNICACIÓN EDUCATIVA EN EL PERFECCIONAMIENTO DEL PROCESO DOCENTE-EDUCATIVO

Lázara Raquel Sosa Sosa y otros


 


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1. Lengua Materna, Cognición y Comunicación.

Valiéndose del lenguaje, el sujeto activo intenta comprender, plantea hipótesis, construye reglas, reorganiza permanentemente sus propias construcciones. Al construir su conocimiento sobre la realidad puede incurrir en imprecisiones, que la escuela tradicional consideraba como errores. Sin embargo, en la actualidad, desde una perspectiva constructivista, se considera que el pensamiento va transitando por un camino de errores rectificados, que es recorrido tanto por el científico como por el niño que aprende. La concepción constructivista del aprendizaje se sustenta en el enfoque semántico-comunicativo desarrollado por la lingüística del texto, que concibe la significación como una elaboración humana, que parte de la realidad constituida por los objetos, los eventos y las relaciones, en la medida en que se construyen y se interpretan con la mediación del lenguaje y la cultura. En este proceso intervienen diferentes formas de interacción que pueden ser de naturaleza cognoscitiva, artística o sociocultural.

Los que asumen este punto de vista definen el lenguaje como la capacidad de convertir la experiencia humana de la realidad en significación. Mediante el lenguaje, el niño aprende a relacionarse con el mundo, va construyendo su propia identidad y asimila la cultura que no es más que la interpretación histórica que han hecho los hombres de esa realidad. En la enseñanza de la lengua resulta fundamental no perder de vista que su objetivo no se limita a dotar al alumno sólo de conocimientos lingüísticos y de carácter normativo, como tradicionalmente se ha propuesto, sino que su alcance es mayor, pues debe estar orientada hacia el logro de la competencia comunicativa, que implica poder comprender y construir significados, en diferentes situaciones comunicativas, en dependencia de la intención comunicativa que se tenga.

2. Competencia Comunicativa

En el proceso de comunicación se pone en función su competencia, es decir, la suma de todas sus posibilidades lingüísticas, el espectro completo de lo que es susceptible de producir y de interpretar. A esta competencia, se añaden otras paralingüísticas que se refieren a la mímica o a los gestos que acompañan a los enunciados verbales en la comunicación oral, y otras no lingüísticas que devienen del conjunto de conocimientos que el sujeto posee sobre el mundo (competencia cultural), los que ponen en funcionamiento el sistema de interpretación y evaluación del universo referencial que se manifiesta en toda clase de comportamiento (competencia ideológica), los que abarcan los datos situacionales, la naturaleza escrita u oral del canal de transmisión, la organización del espacio comunicacional entre el emisor y el receptor (competencia comunicativa) y aquellos que se refieren a las restricciones temático-retóricas del texto de acuerdo con su tipología (competencia discursiva). Es decir, que la producción verbal o construcción de textos como también será nombrada, no puede reducirse al solo hecho de codificar por cuanto en él convergen otros “hechos” que lo hace un proceso sumamente complejo. Al desarrollar la competencia comunicativa nos estamos preparando tanto para el papel de emisor como para el papel de receptor.

La competencia comunicativa es la capacidad mental del hombre en la que se inscribe su desarrollo intelectual, que se manifiesta en la apropiación de la experiencia acumulada por la humanidad a lo largo de la historia y en la forma en que establece la relación con sus semejantes. Debe considerarse, además, toda la gama de necesidades que en el orden psicosocial, cognitivo, biológico y afectivo este tiene, que se concretan en el medio sociocultural y se originan por las necesidades comunicativas.

Las necesidades individuales, los propósitos y expectativas, los rasgos de la personalidad influyen, y mucho, en el nivel que alcanza la competencia comunicativa de un hablante, porque aunque este es un concepto abstracto y general, solo se materializa en hechos concretos y particulares en el individuo. Si el hombre se comunica como personalidad, todos los aspectos de índole subjetiva resultan decisivos en la eficiencia comunicativa. Esta competencia está constituida por el conjunto de conceptualizaciones de los diferentes aspectos del mundo que rodean al hombre y que se actualizan en el estado de cosas al cual se hace referencia en una situación comunicativa específica. Este conjunto de capacidades y conocimientos hacen posible la comprensión y producción de discursos.

2.1 La Competencia Cultural e Ideológica

Supone el conocimiento del mundo que posee el sujeto así como el sistema de valores con los que se ubica frente a él. La experiencia y la cultura nos permiten un conocimiento de la realidad que nos ayuda a tener una imagen de ella a partir de percepciones sensoriales, intencionales, etc.

La realidad objetiva, natural y social es definida como el conjunto de objetos, eventos y relaciones que tienen existencia objetiva, es decir fuera e independientemente de nosotros. Esta realidad comprende no solamente el mundo que nos rodea, sino el mundo interior que nos constituye.

De acuerdo con la competencia cultural se manifiesta la elección lingüística que se realice, pues el “universo del saber” del emisor presupone un vocabulario activo y pasivo. Asimismo la complejidad sintáctica del texto evidenciará los saberes culturales del emisor entre los que se encuentra la competencia lingüística misma. La posibilidad de extrapolar temáticas, de relacionar mundos conocidos, de eludir hechos obvios, de construir con mayor cantidad de presuposiciones, de producir textos explícitos, será mayor en la medida en que sean más amplios los saberes cognitivos del codificador textual.

De la realidad será escogido el tema sobre el que se producirá el texto, y su tratamiento y valoración implicarán el mayor o menor conocimiento que sobre él tenga el emisor, y la posición filosófica que asuma al abordarlo. Si no conoce profundamente el tema, deberá documentarse sobre él de manera que pueda tener información suficiente que luego organizará y jerarquizará convenientemente en el texto que va a construir.

Subyace en todo texto, además, la posición filosófica de su emisor, su forma de valorar el mundo y comprenderlo, sus creencias, su sistema de representar y evaluar el universo referencial que conforma el enunciado construido.

La competencia cultural permite establecer relaciones entre los hechos de la realidad como las de clase, orden, número, secuencia causal, temporal, comparación, cuantificación, etc, por lo que complementa a la competencia lingüística en la organización semántica de las ideas en el texto así como en la elección de los medios léxicos necesarios para expresarla. Se cumplen, además en esta competencia las, llamadas por Ducrot, “leyes del discurso”:

Ley de la informatividad: toda comunicación supone un aporte de información.

Esta varía según el emisor y su competencia lingüística y cultural.

La regla de pertenencia: Se aplica a la pertenencia de los enunciados en un tema específico y en la posibilidad de hacer pertinente un enunciado si sabemos relacionarlo adecuadamente con lo que estamos construyendo.

Ley de la exhaustividad: Es el porcentaje de información que se considera debe aportar un enunciado. Esta ley exige que el emisor dé sobre el tema que construye, la mayor cantidad de datos que posea y que sean susceptibles de interesar al destinatario.

Ley de la sinceridad: Se basa en la creencia de que significar sobre algo es muestra de la cultura y las ideas del emisor por lo que él se revela en lo que dice, se supone que sea sincero. Es una ley transgredible y transgredida.

Austin propone añadir a las ya mencionadas la siguiente:

Ley de la conveniencia: consiste en suavizar en determinadas circunstancias, por razones de urbanidad y cortesía al menos aparente, la brutalidad de algunas intenciones.

El referente es, por una parte, exterior al mensaje y envuelve a la comunicación; pero, al mismo tiempo, se inserta en él en la medida en que una parte de ese referente está concretamente presente y es perceptible en el espacio comunicacional, y la otra se convierte en el contenido de la comunicación. En él se refleja la competencia ideológica y cultural de los sujetos. Tanto en la codificación como en la decodificación el sujeto utiliza conjuntamente tres tipos de mecanismos referenciales.


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