BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

CATARSIS POR BARRÍOS

Mario Antonio Turcios Flores


 


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Capítulo 11 Buscando en las entrañas de Barríos

Cuarenta y nueve personas entre hombres, mujeres niños fueron brutalmente asesinados en el caserío Barríos una noche antes del 18 abril de 1982. Pudieron haber sido más las victimas pero muchos de los pobladores estuvieron en una vigilia durante esa cruel noche. Cuando llegaron vieron que la sangre había corrido en la comunidad.

Veinte años después; gracias a la orden del juez de El Divisadero; Tutela Legal del Arzobispado había propiciado las primeras exhumaciones; esa búsqueda de "algo" bajo la tierra que diera consuelo a quienes aún llorábamos a nuestros seres queridos. La investigación fue posible gracias al apoyo del Instituto de Medicina Legal Dr. Roberto Masferrer, junto a la incondicional y muy eficiente colaboración científica del equipo argentino de antropología forense.

Dios utiliza a personas o instituciones como sus brazos para sostenernos e indicarnos caminos; así fue como Tutela Legal del Arzobispado Católico en el año del 2002 inició las investigaciones orientadas a esclarecer el caso de la masacre de Barríos, pese a la adversidad y negativa del gobierno en turno.

En las primeras excavaciones con apoyo de forenses argentinos, logramos recuperar 17 osamentas; unas estaban en fosas comunes y otras en fosas individuales.

Posteriormente el 31 de marzo del mismo año Tutela Legal solicitó al Juzgado de Paz de San Carlos la práctica de las exhumaciones a osamentas sepultadas a la vera del Río Grande al lado del caserío Santa Rosita; ahí logramos recuperar catorce osamentas.

Los sobrevivientes y personas técnicas que nos auxiliaban estábamos convencidos que habíamos avanzado mucho; la identificación de nuestros seres queridos aliviaban un poco las penas de más de veinte años.

Debíamos encontrar 49 osamentas en total, pero solo teníamos en nuestro resultado a 31 osamentas, y nos faltaban 18 osamentas por encontrar, continuábamos en la búsqueda de las demás, pero fue imposible, no encontramos la ubicación de las fosas. Sospechamos que el río cercano había arrastrado con sus aguas a las restantes.

Traigo a la cuenta al hombre, que en sus horas de ocio era su pasatiempo favorito, el recolector de calaveras de infantes; limpiaba y daba brillo a los pequeños cráneos. Por unos años ese fue su pasatiempo; había sido un secreto a voces, pero ahora lo dejaba al descubierto. A veces pienso que las osamentas restantes pudieron "decorar" el altar que ese hombre tenía en su casa.

Decían que en el interior de su choza; junto a su cama, ese hombre, que había sido discípulo del Coronel Monterrosa, seguidor de Roberto D´Abuisson y del dictador Maximiliano Hernández Martínez; tenía un altar, "decorado" con cráneos humanos extraídos de las fosas improvisadas, después de las históricas masacres; además las imágenes de esos históricos personajes.

Las osamentas las había convertido en candeleros y blasfemaba contra la divinidad celestial, además estaban ahí las fotografías de tres hombres caracterizados por el terror que ocasionaron a la humanidad: Adolfo Hitler perseguidor del pueblo judío y que sangró gota a gota a las sociedades del mundo, durante la Segunda Guerra Mundial.

También era pieza de aquel altar el General Maximiliano Hernández Martínez, quien se mantuvo en el poder catorce años y propició, según la historia, la masacre de millares de campesinos en 1932; entre ellos los lideres Farabundo Martí y el cacique Feliciano Ama.

…………

Entre las identificaciones positivas estaba mi padre; Virgilio Flores, por años había pedido a Dios que me hiciera realidad el sueño de encontrar los restos de mi papá y darles cristiana sepultura como una merecida honra a ese ser que me enseñó a vivir. Pero también pedí a mi creador, además se me concediera el derecho y acceso a la justicia; el momento había llegado para desenmascarar a los asesinos.

Al obtener el resultado final de la investigación realizada; estaban ante mis ojos las evidencias; huesos de niños y niñas; de mis compañeros y amigos de infancia, la nostalgia se apodero de mi y vinieron a mi mente aquellos recuerdos cuando jugábamos o nos bañábamos en el río y de tantos momentos juntos compartidos.

Aquellas escenas de felicidad vinieron a mí, aunque hundidos en la pobreza, desigualdad y bajo amenazas luchábamos por hacer del lugar un ambiente feliz.

Inerte y pensativo por el hecho de no haber concluido en su totalidad el proceso de exhumación, me sentía frustrado, y me atormentaba el imaginarme que las osamentas no encontradas hubiesen ido a parar al altar del sádico recolector de calaveras y estuvieran adornando el retrato de algún terrorista.

Como agradecería un gesto de buena voluntad; de quienes tuvieran en su poder o información donde encontrar restos humanos; para esclarecer tanta violencia y dar consuelo a quienes aún lloran a sus seres queridos y que los muertos descansen en paz. Me refiero no solamente a las osamentas que posiblemente hayan sido sustraídas de Barríos, también pido sean devueltas aquellas pequeñas calaveras sustraídas de el Mozote, los Toriles, Cerro pando, La Guacamaya y de otros escenarios de masacre.

No puedo negar que las exhumaciones tuvieron un efecto positivo en la sociedad salvadoreña y en el mundo entero, y que para mi significaron la libertad espiritual, logramos con ello desenmascarar al asesino Monterrosa Barríos, sentar un precedente y gritar a los cuatro vientos la verdad. Exigir y demostrar respeto solidaridad ante una causa justa.

Se interpuso la denuncia ante la Fiscalía de San Francisco Gotera, por el delito de lesa humanidad como homicidio con agravantes; con la prepotencia que caracteriza a algunos funcionarios públicos y despectivamente, el fiscal se negaba a recibirnos, era un jovencito que al darse cuenta del caso, parecía que deseaba escapar del cubículo, gruesas gotas de sudor se deslizaban en su rostro. Se mostró temeroso; quizá a los asesinos que pretendíamos sentar en el banquillo de los acusados.

El jovencito nos menciono la Ley de Amnistía firmada en 1993, un año después de la firma de los Acuerdos de Paz, orientada a exonerar de responsabilidad penal y civil a los asesinos y mantener así en la impunidad los crímenes de guerra; ignorando la dignidad del pueblo salvadoreño. Encontramos algunos de los restos de nuestros hermanos y hermanas, amigos, amigas, vecinos, vecinas, familiares pero no encontramos justicia.

La Policía Nacional Civil y la Fiscalía han prometido dar con "los responsables", simulando exhaustivas investigaciones, pero todo este trabajo se ha reducido a simples actas policiales acompañadas de una serie de incompletos requerimientos fiscales, mientras las madres, esposas, hermanos, hermanas, amigos, amigas, hijas, hijos, lloran aún a sus familiares desaparecidos en Barríos.

Después de doce años de guerra; la etapa de postguerra, no sería fácil; éramos una sociedad tratando de superar obstáculos y adversidades de esa transición pero a su vez asumiendo retos; sin olvidar una historia que nos dejó marcados.

En este contexto aun existen personas con un pasado oscuro, participes y cómplices de crímenes de guerra, acostumbrados al viejo estilo de vida y empeñados en seguir hostigando al pueblo se niegan a desistir y continúan alimentando su aberración delictiva con una nueva modalidad operativa.

En una ocasión escuché al actual alcalde de San Miguel Sr. Will Salgado jactarse de sus fechorías declaró al Washington Post medio de comunicación de Estados Unidos su satisfacción al recolectar cráneos de niños y niñas asesinados por el Tte. Coronel Domingo Monterrosa Barríos en los escenarios de masacres como El Mozote.

Dijo sin pena alguna que los utilizaba como candeleros en sus altares. Le suplico a él como a otros que ejercen esta inhumana practica; en el nombre de las victimas asesinadas en el Mozote, Barríos, los Toriles y los demás lugares devuelvan los cráneos infantiles. No puede confiarse en funcionarios insensibles ante el dolor de los demás; Salgado debería reivindicarse con la niñez salvadoreña y pedirle perdón.

Aún restan 18 osamentas por encontrar, hemos conocido la verdad; quizá hemos perdonado; pero los sobrevivientes necesitamos y urgimos de justicia para realmente vivir la reconciliación que pregonaba nuestro mártir Oscar Arnulfo Romero.


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