BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

INTRODUCCIÓN A LA PSICOLOGÍA ECONÓMICA

Marianela Denegri Coria


 


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Socialización económica en la adultez

Los comportamientos económicos, tales como: gasto, compra, ahorro, inversión, endeudamiento, entre otros, constituyen parte importante de todos los comportamientos sociales que las personas realizan en la vida cotidiana. Tradicionalmente, el análisis de estos comportamientos se realizó desde una aproximación que consideraba fundamentalmente variables económicas tales como el nivel de ingresos, la inflación; y variables demográficas tales como nivel socioeconómico, edad, sexo. Como un intento de explicación se relacionaban estas variables con determinados comportamientos o decisiones económicas. Como resultado general, la mayoría de estos estudios tienden a ser contradictorios y lineales, estableciendo relaciones causa-efecto, sin considerar la naturaleza sistémica y psicológica del fenómeno. Así, el análisis económico tradicional que parte del supuesto de la “racionalidad” en el comportamiento económico, no ha podido dar cuenta de conductas como el sobreendeudamiento, el consumo impulsivo y compulsivo y las dificultades que presentan la mayoría de las personas para comprender un sistema económico cada vez más complejo.

La comprensión del mundo económico requiere que el individuo construya una visión sistémica del modelo económico social en el que está inserto y al mismo tiempo sea capaz de manejar una serie de informaciones específicas que le posibiliten un accionar eficaz en él. Así, como producto de la socialización económica, en forma paralela al desarrollo de un pensamiento económico que incluye destrezas cognitivas y afectivas para lograr comprender la complejidad de las problemáticas económicas y la importancia de la acción individual y ciudadana como actores sociales y económicos, el individuo debe desarrollar una serie de habilidades concretas para la vida cotidiana, orientadas a un uso adecuado de sus recursos mediante hábitos y conductas de consumo racionales y actitudes hacia el endeudamiento y el uso del dinero que faciliten una conducta económica eficiente y mejoren su calidad de vida (Denegri, 1998).

Las aproximaciones teóricas a la socialización económica son variadas y no todas están igualmente desarrolladas. Mientras las materias teóricas están presentadas explícitamente en algunas publicaciones, en otras son presentadas incidental o implícitamente relacionadas más bien con otros temas, por ejemplo, la legitimación del Estado y del orden social, la contribución de la hegemonía de las clases gobernantes a la mantención del sistema político y el sistema económico, el desarrollo de la conciencia de clases o la socialización cognitiva (Stacey, 1987; Denegri 1997, 1998, Descouvieres, 1998).

Son muy escasos los estudios que dan cuenta sistemática de las formas de comprensión del mundo económico en la edad adulta, a pesar que, como señalan Burgoyne y cols. (1997), esta es la fase de vida en que nos volvemos agentes independientes dentro de la economía, avanzamos posiciones en el mercado labora e iniciamos nuestro manejo financiero personal, en el cual podemos desarrollarnos bien o mal por el resto de nuestras vidas económicamente activas. Así también podemos actuar eficientemente en nuestras finanzas personales y en las decisiones económicas de cada día o hipotecar nuestro futuro con un consumo impulsivo e irracional. A su vez, las opciones que hacemos en este tiempo de nuestra vida son importantes para otros agentes económicos, que están ansiosos por afianzarnos como potenciales trabajadores o clientes.

Con la entrada al mundo adulto, el sujeto se enfrenta a más experiencia directa en el funcionamiento del mercado, los impuestos, seguros, instituciones financieras, rentas, hipotecas, mayor poder de consumo y compra, gastos familiares y otras formas de la vida económica. Por ello podría esperarse que una significativa socialización económica tomara lugar durante los años adultos especialmente en asociación con los cambios en el ciclo de vida, en los roles ocupacionales, maritales y familiares (Stacey, 1987; Webley, 1999)

La transición a la madurez económica de hecho envuelve varias transiciones distintas. Típicamente no ocurren todas enseguida; puede que para algunos individuos estos cambios nunca sucedan. La edad en que ello ocurre, el periodo de tiempo por el que se extiende, y la secuencia en que ocurre muestra una amplia variación entre sociedades, periodos históricos, entre clases y grupos dentro de una sociedad, y también entre individuos. (Burgoyne y cols, 1997).

Algunas de las escasas investigaciones acerca de la socialización económica en la edad juvenil y adulta, han sugerido que hay “brotes” de desarrollo del pensamiento económico durante el período de educación superior, en la entrada al mundo del trabajo, al independizarse y constituir una familia propia y con los ajustes económicos posteriores a la llegada de los hijos. Una desconocida minoría de la población podría alcanzar altos niveles de funcionamiento económico y aplicar sus habilidades a los asuntos económicos personales, de la comunidad y nacionales. Sin embargo se ha sugerido que una alta proporción de la población adulta no tiene más que un bagaje rudimentario de conceptos económicos, habilidades para las finanzas personales, temas de instituciones financieras y políticas económicas, y que esas personas están obstaculizadas en su capacidad para tratar con un amplio rango de asuntos económicos personales y públicos además del manejo del dinero (Stacey, 1987, Denegri, 1998, Webley, 1999).

Denegri, Palavecinos, Ripoll y Yañez (1999) realizaron una investigación exploratoria centrada en caracterizar psicológicamente al consumidor de la IX Región de Chile, utilizando una muestra intencionada de 240 sujetos de 15 a 50 años, a los cuales se le aplicó una encuesta sobre sus conductas de consumo compuesta por 5 secciones, algunas de ellas compuestas por preguntas abiertas, dicotómicas y un par de escalas tipo Likert sobre Hábitos de Consumo y Actitudes hacia el endeudamiento. Los resultados indican una clara tendencia hacia un consumo poco reflexivo, que por lo mismo obtiene resultados poco eficientes, ilustrados en el reconocimiento de varios de los encuestados que creen gastar más de lo que deberían, lo que aumenta su percepción subjetiva de vivir en una difícil situación financiera. Además esta investigación demostró algunas diferencias respecto al género en el sentido que las mujeres aparecen más eficientes en la organización de compra doméstica, haciendo listas de compras y priorizando en la compra de ciertos productos jerarquizando las necesidades, en cambio los hombres aparecen como más eficientes frente al uso de créditos para compras mayores. En cuanto a conductas económicas específicas, se encontraron patrones diferenciales de endeudamiento en los diferentes grupos etáreos. En los sujetos de entre 15 a 19 años se apreció la coexistencia de fuentes formales de endeudamiento como el comercio y las tarjetas de crédito, con fuentes informales como los amigos y las familias. Los demás grupos etáreos que iban desde los 20 a 54 años presentaron como las principales fuentes de endeudamiento el comercio, bancos y financieras y finalmente tarjetas de crédito. Así también se observó que el endeudamiento por crédito hipotecario aparecía sólo a partir de los 30 años y se mantenía hasta los 49 años.

En los últimos años, en la literatura científica han aparecido algunos artículos que asocian factores psicológicos y sociales a la propensión a la deuda. Livingston y Lunt (1992) describen como características diferenciales de los sujetos que incurren en deudas: el ser más joven, utilizar el crédito para obtener status o para sentirse mejor ellos mismos, ejercer un menor control de su situación financiera y manejar pobremente los mecanismos e informaciones que subyacen al uso del crédito y las tasas de interés (en Lea, Webley y Bellamy, 1995).

En Inglaterra, Tokunaga (1993) desarrolló un perfil integrado de personas con problemas relacionados al crédito. Los resultados de su estudio señalan que los usuarios no exitosos (deudores) de crédito exhiben un marcado locus de control externo, baja autoeficacia, ven el dinero como una fuente de poder y prestigio, expresan gran ansiedad y desconocimiento respecto a materias financieras, sin embargo expresan poca preocupación por retener su dinero (en Descouvieres, 1998).

Según Lea Webley y Bellamy (1995), son varias las variables que pueden explicar la relación entre factores psicológicos y sociales en el endeudamiento, destacando las siguientes: el apoyo social a la deuda, la socialización económica y el nivel de conocimiento de los mecanismos de endeudamiento y los instrumentos financieros asociados a ellos, la comparación social, las actitudes hacia el dinero y los estilos de manejo de dinero, el grado de pobreza, la perspectiva temporal (el fracaso del retraso de la gratificación) y el locus de control.

Altschwager y col. (1998) en un estudio sobre percepción del dinero en adultos endeudados y no endeudados de la ciudad de Santiago, encuentran que en los primeros prima el sentido del dinero en términos de impulsividad y de aspectos que parecen ejercer un control externo de sus conductas económicas. Así, de alguna manera sienten que el grupo de referencia, el sistema consumista, los medios de comunicación, entre otros, los obligan a asumir cierto tipo de gastos y mantener determinado standard de vida. Otro aspecto que parece intensificar la falta de control que manifiestan en la distribución del dinero, es la invisibilidad y falta de concretitud que éste adquiere a través de formas como las tarjetas de crédito, las chequeras o las líneas de crédito (en Descouvieres, 1998).

Finalmente, Wärneryd, (1999) demuestra que los diferentes grupos sociales tienen diferentes metas al ahorrar, gastar o endeudarse y que estas metas se relacionan con su comprensión global de la lógica económica. Por ello queda claro que los intentos para cambiar las conductas de gasto y ahorro de las personas pasan por tener un claro conocimiento de su nivel de comprensión de los mecanismos económicos, sus motivos y necesidades (Webley y Nyhus, 1999)

Como puede desprenderse del análisis precedente, una variable clave que aparece en la mayoría de los estudios se relaciona con el nivel de conocimientos o información sobre aspectos económicos que poseen los individuos y las destrezas concretas de manejo financiero que han desarrollado, observándose que la carencia de cualquiera de estos elementos redundan en un manejo financiero más pobre y en problemas como el sobre endeudamiento.

Cabe por ello preguntarse sobre las características que debería tener una adecuada formación económica y sobre los agentes responsables de proporcionarla. En estudios realizados por nuestro equipo, en estudiantes universitarios de la IX Región (Ayllon, Vallejos y Yañez, 1999; Medina, Méndez y Pérez, 1999) encontramos que los hábitos de consumo, actitudes hacia el endeudamiento y, en general, la conducta económica eficiente, no aparece sustantivamente asociada al nivel de formación económica formal. Es así, como estudiantes que cursaron asignaturas avanzadas en economía, mostraron un desempeño económico tan ineficiente como aquellos sin educación económica sistemática. Estos resultados vienen a sugerir que la educación económica adquirida en la adolescencia tardía sería insuficiente, por sí misma, para modelar hábitos y actitudes hacia el consumo, surgiendo así la imagen de la familia como una importante instancia vinculada al logro de niveles eficientes de alfabetización económica en sus miembros.


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