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INVERSION EXTRANJERA EN EL DESARROLLO DE LA REGION MINERA DE ANTOFAGASTA (CHILE): HISTORIA Y PERSPECTIVAS.

Jan José Cademartori D.



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CAPITULO 11: LOS INGRESOS DE LOS TRABAJADORES.

11. 1 INTRODUCCION.

Según el enfoque tradicional, debería mejorar la remuneración de los trabajadores contratados directamente por las empresas extranjeras debido a sus mayores niveles de productividad. De la misma forma, deberían aumentar los salarios de otros sectores de la producción encadenados a la minería gracias a la demanda de mano de obra y la transferencia de tecnología. En contraste con aquello, en el modelo de enclave tradicional no hay grandes encadenamientos productivos, abunda la mano de obra barata y prevalece un cuadro institucional liberal, lo cual permite mantener el nivel de salarios en ausencia de presión sindical. En fin, las dos hipótesis pueden combinarse en un enclave moderno donde las empresas establecen una alianza con una ínfima minoría de trabajadores directamente contratados y un grupo selecto de proveedores.

Desgraciadamente no se encontró serie de salarios reales para la Región de Antofagasta (RA), lo cual obligó a combinar fuentes indirectas. En esta parte comenzaremos con un orden de magnitud de la brecha entre el nivel de precios de la RA y el resto del país. Enseguida se examinará en qué medida los salarios nominales entre las regiones de Chile se limitan a reflejar la brecha de precios detectada en la primera sección. La mayor IED en la RA respecto a las restantes regiones debería generar empleo, crecimiento económico y mejores salarios reales. Posteriormente se contrastará la evolución de la productividad de los trabajadores con la evolución de los salarios reales. Finalmente se evaluará la capacidad de los salarios para atender las necesidades básicas de los trabajadores.

11.2. DIFERENCIALES DE PRECIOS CON EL RESTO DEL PAIS.

En esta sección se emplean los precios de la capital de Chile como referencia para el conjunto del país por su peso poblacional en Chile (39% en 2002) y en la zona central que limita entre las regiones de Aconcagua y Bío Bío (otro 38% de la población).

En el siguiente Cuadro se presentan las proporciones de precios entre las ciudades de Antofagasta y Santiago, en una lista amplia de alimentos que constituyen parte importante del gasto de las familias obreras. Desgraciadamente no hay estudios regionales de gasto de los hogares que permitan obtener ponderadores para cada producto según su importancia en el consumo. Ello nos obliga a emplear la estructura de ponderaciones que usa el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadísticas de Chile (INE), con base 1998. Esta se obtiene de una encuesta de hogares de la ciudad de Santiago.

En la base de datos: (a) Faltan precios en alguna de las dos ciudades para algunos o para todos los años. Para subsanar este problema se omitiron estos productos y se reasignó sus ponderaciones IPC de modo de conservar los pesos relativos del producto dentro del subgrupo y de un subgrupo respecto a otro, (b) Se eliminaron de la base de datos aquellos productos cuyos precios eran 300% superiores o 30% inferiores a los de Santiago por temor a errores o a calidades muy distintas.

Después de efectuar estos ajustes, el Cuadro 11.2.1 revela que en el período 1990-1999, el costo promedio de los alimentos en la ciudad de Antofagasta fue un 20% superior al de Santiago con las ponderaciones del IPC de Santiago (promedio simple 43% superior).

Teóricamente esta relación de costo está sobrestimada porque el consumidor de la ciudad de Antofagasta sustituye aquellos alimentos cuyo precio es superior en Antofagasta que en Santiago. Nos parece que este efecto sustitución es acotado por varios condicionantes. En primer lugar, el Cuadro revela una diferencia importante en contra del consumidor de Antofagasta en la casi totalidad de los precios de alimentos y especialmente en productos representativos de la dieta popular, como el pan (16%), el arroz (18%), los tallarines (15%) y en cierta medida el pollo (13%). Enseguida, la fila antepenúltima muestra que el costo de una canasta de frutas y verduras (con las ponderaciones del IPC) es un 42% superior en comparación con Santiago. Una reducción relativa en el consumo de verduras y frutas perjudica la salud de las personas lo cual constituye un costo encubierto a considerar. Finalmente muchas familias provienen del centro y sur del país por lo cual no modifican su estructura de consumo fácilmente. Así, el efecto sustitución quizás sea menos importante que lo que sugiere la teoría microeconómica.

Respecto a otros rubros distintos a la alimentación hay información fragmentaria. Usando la encuesta CASEN, en el año 2003, el arriendo de la vivienda de la RA era la más costosa entre las regiones de Chile, su precio era 9,4% superior al de la Región Metropolitana, incluso 18%, después de controlar por la calidad de la vivienda y eliminando aquellas viviendas de lujo que no existen fuera de la capital492. El consumo de 20 metros cúbicos de agua, un 285%, el mayor precio entre las regiones del país.

Empleando la información del INE, entre 1999 y 2003, la superioridad de precios promedio del período, cae a 119 % (promedio simple Antofagasta/Santiago). Sin embargo subsisten serios problemas de medición493. De todas formas, después de 1998, las frutas y verduras - fundamentales en una alimentación de calidad- permanecen a considerables precios de Santiago (Gráfico 11.2.1). Por otro lado, servicios básicos no alimenticios como el agua y la vivienda, mantenían precios muy superiores al resto del país.

11.3. SALARIOS NOMINALES EN COMPARACION A LOS DE OTRAS REGIONES.

En el Cuadro 11.3.1 siguiente (Encuesta CASEN 2003), la RA presenta los mayores salarios nominales del país. En promedio, su posición relativa era mejor en 1990 que en el año 2003. En cualquier caso, las diferencias nominales son susceptibles de explicar con los mayores precios de la RA (aproximadamente 20% superiores que en RM). Con respecto a la Región Metropolitana, los precios de la RA son mayores pero los promedios de salarios son equivalentes; esto quiere decir salarios reales inferiores en la RA (aún cuando con menor coeficiente de variación, Cuadro A.3.1).

Otra fuente de información es la ENCLA 2002. El Cuadro (11.3.1) revela que los ingresos nominales (brutos) de la RA eran ligeramente mayores que los del resto del país considerando el porcentaje de trabajadores que ganaban menos de $300.000 mensuales (57% contra 62%). Esta superioridad se explica por el sub-intervalo inferior (entre $105.000 y $151.000). La suma de porcentajes de los dos primeros tramos (hasta $201.000) es equivalente. Esto sugiere que el último tramo de la RA recibe una compensación nominal para igualar el poder de compra del último tramo de Chile. En el resto de los segmentos no aparece diferencia aceptando el error muestral de 3% declarado por los autores.

Desgraciadamente la ENCLA no informa acerca de las medias de salarios por tramo. Estimando éstas como el promedio entre el piso y el techo del intervalo, el salario medio mensual de los trabajadores que perciben menos de $300.000 en la RA sería de $196.495, es decir, 4,7% superior al promedio nacional (Cuadro 11.3.3, Método1). En cambio, presumiendo que cada trabajador recibe el mínimo de su tramo, se incluye a quienes ganan más de $300.000. Bajo esa hipótesis, el salario de la RA sería 6,5% superior (Método 2). Como se ha visto, estas diferencias son menores que en los datos de la CASEN y no alcanzan a cubrir los mayores precios de la RA.

La estimación precedente apuntó hacia los bajos salarios. En cambio Díaz (2002) obtuvo los salarios (corregidos por el IPC de Santiago) de los trabajadores de 3.288 empresas afiliadas a la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), entre las cuales, 30 empresas de la RA. La ACHS es una institución que comprende empresas con un alto nivel de formalización pues los asociados se benefician de un sistema de atención de salud frente a accidentes del trabajo. Esta muestra sólo contenía empresas de más de 10 trabajadores y que estuvieron funcionando continuamente en el período 1985-1999. El salario de cada empresa se re-ponderó por la importancia en la fuerza de trabajo del sector en la región para disminuir el problema de la escasez de empresas por sector.

Por su parte el INE ha medido el ingreso medio de los ocupados en la RA, 70,1% de los cuales son asalariados (2000). Esto completa diversas medidas de ingresos 1990-1998 que se presentan en el Cuadro A3 en Anexo.El Gráfico siguiente compara los salarios por fuente de información: a) Las fuentes ENCLA, INE y en alguna medida Díaz, muestran que los salarios nominales no son suficientemente superiores al resto del país para cubrir las diferencias de precios (entre 7% y 24%). b) Más favorable resulta la encuesta CASEN cuyo tamaño de muestra es mayor. Desgraciadamente la CASEN comprende a los residentes y excluye por tanto a los trabajadores de paso. Entre los primeros se cuentan quienes trabajan en otras regiones y entre los segundos se encuentra parte importante del empleo precario. La RA retiene a los trabajadores mejor pagados y expulsa a los peor pagados pues sus precios son mayores y existen pocas oportunidades de empleo agrícola. Además los ingresos declarados por los informantes son alterados en una oficina para cuadrarlos con la Contabilidad Nacional. De todas formas en CASEN la posición de la RA relativa al resto del país se ha deteriorado respecto a 1990. c) En 1998 los salarios medios nominales de la RA eran entre un 17% y un 28% superiores a los de Chile dependiendo de la fuente. En 2002-2003 esta diferencia era entre 33% y 7% pero en 1990 la diferencia variaba entre 43% y 7%. En otras palabras no podría afirmarse que existe una tendencia a alejarse del resto del país

En resumen, existen diferencias de salarios nominales a favor de la RA que no implican una superioridad clara en salarios reales a causa de la brecha en el costo de la vida con el resto del país. Un segundo problema es hasta que punto los salarios compensan otras variables que reducen el bienestar del trabajador (Capítulo 10).

En particular, se requiere considerar el vínculo entre la inestabilidad laboral y los ingresos de largo plazo. Los salarios de contratos a plazo fijo deberían compensar la carencia de trabajo en el futuro. La inestabilidad reduce el fondo de pensiones del trabajador, quiebra el vínculo con su empresa aseguradora de salud, disminuye su fondo de indemnización por despido, puede acarrear desgaste moral, problemas familiares, endeudamiento y obsolescencia de conocimientos. Así, se desconoce el "ingreso permanente del trabajador" provienente de la alternancia de períodos de actividad y empleo a lo largo de su vida útil. En síntesis, el salario medio de la RA donde hay mayor inestabilidad en los empleos, oculta un ingreso futuro inferior.

Enseguida las encuestas que vienen de ser analizadas no representan adecuadamente a los trabajadores subcontratados y de suministro de personal. Es difícil encuestar empresas que no tienen una sede fija o figuran con una "sede" fantasma" para aparecer cumpliendo con la ley. Asimismo, los empleos informales, quedan fuera de la muestra de empresas. Este sesgo también se encuentra en la CASEN a pesar que ella se dirige a los hogares. Los trabajadores subcontratados pasan en el lugar de trabajo, frecuentemente arriendan piezas provisorias, retornan a sus hogares en sus períodos de descanso, fuera de la RA. Igualmente, en el período analizado, predominan los años de auge de grandes proyectos mineros. Una vez agotado este ciclo es posible que los salarios se ajusten al promedio nacional.

Así, las cifras de salarios deben ser analizados con mucha precaución pues tienen un sesgo que hace sobrestimar el salario medio en aquellas regiones donde el empleo precario es importante, hay ciclos transitorios de recursos naturales y en donde los precios son mayores.


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