BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

INVERSION EXTRANJERA EN EL DESARROLLO DE LA REGION MINERA DE ANTOFAGASTA (CHILE): HISTORIA Y PERSPECTIVAS.

Jan José Cademartori D.



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10.7. INESTABILIDAD LABORAL.

Una de las características que distingue a la RA es la inestabilidad laboral. Esta se puede evaluar indirectamente por la velocidad de rotación en el mercado laboral. El primer indicador de esta variable es el porcentaje de empresas que declaran que más de 50% de sus trabajadores han sido contratados en el último año470. El Cuadro 10.8.1 muestra que el porcentaje de la RA es casi el doble respecto al de Chile. Este porcentaje es mayor en el segmento de la micro y la pequeña empresa de la región que en aquel de las grandes y medianas. . Esta misma brecha de resultados se ratifica con el segundo indicador (Cuadro 10.7.2). Nuevamente casi se duplica el porcentaje de empresas que declaran que más del 50% de sus trabajadores han sido finiquitados en el año (20% versus 13% en Chile).

La inestabilidad laboral también se refleja en otros dos indicadores asociados a la variable: "calidad del contrato". En primer lugar, los tipos de contratos celebrados en los doce meses previos a la encuesta del año 2002. En la RA predominaron las diversas modalidades de contratos no fijos (Cuadro 10.7.3). Los contratos por obra o faena explican esta brecha. Esta brecha fue corroborada por la Encuesta CASEN del año 1998, en donde el porcentaje de contratos no indefinidos es significativamente superior en la RA que en Chile (ver más adelante). Por otro lado, el 67% de los contratos finiquitados tienden a ser contratos no indefinidos (47% en Chile). La combinación de estos dos indicadores (contratos no indefinidos y finiquitos de este tipo de contratos), sugiere una tendencia a una mayor inestabilidad laboral en la RA bajo la forma del tipo de contrato.

También la inestabilidad laboral se puede medir por la manera según la cual los trabajadores sufrieron la crisis económica de 1999-2002. Un 28% de las empresas despidió trabajadores; otro 28% aumentó el nivel de producción con menos trabajadores; un 26% mantuvo la producción con menos trabajadores. Si se suman estos porcentajes, el 81% de las empresas de la RA hizo caer parte del costo de la crisis sobre sus trabajadores a pesar que ellos no tuvieron ninguna responsabilidad en sus causas. Considerando los dos últimos porcentajes, un 53% de las empresas aumentó la intensidad de la jornada de trabajo.

En el Cuadro 10.7.4 sorprende que los contratos indefinidos alcancen en las empresas medianas y grandes de la RA un porcentaje inferior que en las micro y pequeñas empresas (no se publicó el nivel nacional). Esto sugiere que la inestabilidad laboral comienza a ser característica del mercado laboral en el conjunto y no sólo en la periferia de empresas subcontratistas.

Por otra parte, al nivel nacional, los contratos a plazo definido aparecen asociados a la construcción (50%), los servicios (43%) y también en servicios financieros (30%). Aun cuando la ENCLA no presenta este indicador a nivel regional, se puede inferir que en la RA existe una tendencia estructural hacia la inestabilidad laboral pues el empleo regional presenta altas tasas de crecimiento en estos sectores productivos.

10.8. DURACION DE LA JORNADA.

La inestabilidad laboral se vincula con la prolongación de la jornada de trabajo. Es posible imaginar varios mecanismos de transmisión. La incertidumbre sobre la renovación del contrato impulsa a los trabajadores a ofrecer horas suplementarias para mejorar su evaluación o para acumular ahorros a la espera de tiempos malos. Un reciente estudio empírico para Suiza confirma esta intuición473. Asimismo, la subcontratación, el suministro de personal y las jornadas atípicas, debilitan la capacidad de los sindicatos y de las autoridades para controlar la duración de la jornada. Además la dependencia de las autoridades hacia las empresas del enclave aminora la capacidad de regulación estatal. También se ha explicado que la familia lejos del campamento minero reduce los incentivos para retornar al hogar facilitando que el trabajdor permanezca laborando (Capítulo 10.2). Finalmente, el débil margen de ganancia de los proveedores locales presiona al sobretrabajo (Capítulo 7).

Para testear esta hipótesis se emplean las encuestas CASEN 1998 y 2003, más la ENCLA 2002. Ellas permiten comparar la duración promedio de la jornada de los trabajadores de la RA (sector privado y público incluido) contra Chile. El patrón de comparación es exigente pues las horas trabajadas de Chile estarían en el tope superior del ranking internacional474. Finalmente, el indicador CASEN está contaminado por valores extremos por lo cual se han eliminado los valores extremos: una hora a la semana y más de 126 horas por semana (18 horas diarias en 7 días) por riesgo de error.

CASEN 1998 destaca la brecha entre la RA y Chile (Cuadro 10.8.1). La RA ocupa el primer lugar entre las regiones de Chile (Gráfico 8.2). Estos datos confirman las grietas entre la jornada legal (48,0), la jornada efectiva promedio de los trabajadores chilenos (48,3) y los de la RA (52,3). Esta superioridad se repite en casi todas las ramas de la producción. Empleando la misma metodología, en el año 2003 se vuelve a confirmar la hipótesis. El promedio regional supera al nacional (48,2 contra 45,9) y al promedio de todas las regiones de Chile incluyendo la Metropolitana.

Un resultado que sorprende es el la baja similitud de la horas trabajadas respecto a una curva normal de Gauss (Gráfico 8.1). Se esperaba que el número de personas disminuyese de manera abrupta a la derecha de las 48 horas legales. En realidad éste dibuja un número similar de personas dentro de cada estrato y sólo encoge a partir de las 67 horas semanales de trabajo.

ANOVA confirma que la diferencia de medias de horas trabajadas resulta estadísticamente significativa entre las regiones de Chile. En otras palabras se descarta que las horas adicionales sean efecto de errores aleatorios. En el Cuadro A1 del anexo se muestra que la diferencia en las medias de horas entre las regiones es significativa a menos del 1%. Lo mismo ocurre en el año 2002 (Cuadro A3) Además un intervalo de confianza al 5% en cada región siempre excluye a la media de la RA en 1998 (Cuadro A2) y deja en su interior únicamente a la I Región en 2002 (Cuadro A4). El bajo nivel del riesgo de los intervalos sugiere que la violación de algunos supuestos de ANOVA no es determinante 475.

Finalmente, la ENCLA 2002. En la RA, el promedio de duración de la jornada de trabajo fue de 48,6 horas, contra 47,5 en Chile (Cuadro 10.8.2). La diferencia entre el promedio nacional y regional comprende el margen de error global de la ENCLA (3%) pero hay otros antecedentes que evidencian una media diferencial. En casi todas las ramas de producción, el número de horas era superior al de Chile. No obstante lo anterior sorprende que el sector de la Construcción -en donde hay fuerte presencia de subcontratación- presente menos horas que el promedio nacional. Por otro lado el promedio regional (48,6) resulta más asombroso si se considera que esta encuesta fue respondida a inspectores del Gobierno en un país donde la jornada laboral legal máxima es de 48 horas a la semana y las horas suplementarias deben pagarse con recargo susceptible de ser controlado.

Por otro lado, en el sector minero, los trabajadores subcontratados trabajaban más tiempo que los trabajadores permanentes (Cuadro 10.8.4). Esto confirma que la extensión de la jornada se explica en parte por la flexibilidad laboral inducida por las EMN. Estas cifras no incluyen los tiempos de traslado gratuitos desde el trabajo a los hogares, frecuentemente ubicados a gran distancia en el ambiente de la subcontratación.

De la misma forma, se verifica la asociación esperada entre contratos de trabajo atípicos y horas trabajadas en exceso a la jornada normal de 48 horas (Cuadro 10.8.5). Después de ciertos ajustes para posibilitar el test Chi Cuadrado de Pearson480, se rechaza ampliamente la hipótesis nula de independencia entre las dos variables para un nivel de significancia estadística de 0,000 (X2= 20,15 con cuatro grados de libertad). Con la incorporación de los trabajadores sin contrato, el estadígrafo X2 aumenta a 70,5. A pesar de la fuerza global de la asociación, sorprende la baja desviación en el segmento de 49 a 60 horas por semana. El contar con un contrato indefinido de trabajo no parece ser una garantía eficaz para una jornada efectiva de menos de 61 horas.

Una pregunta interesante es si el mayor número de horas trabajadas obedece a un diferencial regional de salarios reales por hora. Para responder se requieren índices de precios regionales; el Capítulo 10 refuta que existan diferencias reales a favor de la RA. Por otro lado, los trabajadores por cuenta propia y los empresarios de la RA ofrecen una cantidad de horas similar que sus pares del resto del país (Cuadro A3 en Anexo) no obstante que sus ingresos nominales son igualmente superiores a las de los trabajadores. Esto sugiere que la duración de la jornada responde a una característica del mercado del trabajo.


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