BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

INVERSION EXTRANJERA EN EL DESARROLLO DE LA REGION MINERA DE ANTOFAGASTA (CHILE): HISTORIA Y PERSPECTIVAS.

Jan José Cademartori D.



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12.9. CALIDAD DE VIDA Y ASOCIATIVIDAD.

Esta falta de apoyo social objetivo también fue detectada en otros indicadores que se exponen en esta sección. El tema es pertinente pues la asociatividad refleja la confianza entre las personas y su capacidad para compartir esperanzas, comunicar información y construir soluciones colectivas a los problemas.

PNUD (2000) midió la pertenencia a organizaciones formales en los más diversos ámbitos de la sociedad (Cuadro 12.9.1). Las organizaciones más importantes fueron las religiosas que no pudieron ser contabilizadas, las de tipo recreativo-deportivo-cultural y las vecinales. Entre las 13 regiones de Chile, la RA presenta el menor número de asociaciones formales, a pesar de contar con el más alto grado de asociación sindical.

La comparación no era exigente. Según algunas encuestas internacionales Chile ha perdido gran parte de su grado de asociatividad566. Por otra parte, de acuerdo a CASEN 2000 y 2003567, la mayoría nacional no pertenece a organización formal alguna, resultado que concuerda con la baja confianza general "en el otro", detectada por PNUD (1998). De todas maneras se requieren nuevas mediciones pues el Cuadro anterior podría estar distorsionado por el tamaño medio de las organizaciones así como por su grado de formalización jurídica.

Empleando una variable y un año diferentes, la encuesta CASEN del año 2000, ratifica la pobre posición de la RA. Esta califica en la segunda peor posición entre las regiones de Chile; en ese año sólo un 24,2% de los encuestados declara participar en alguna organización social (30,4% en Chile)568. CASEN 2003 presenta un panorama mejor (Cuadro 12.9.2). El porcentaje de los encuestados de la RA que participa en organización social supera ligeramente al promedio nacional

Debe admitirse que estas estimaciones cuantitativas no permiten evaluar la fuerza, unidad, importancia social de las organizaciones. Tampoco dan cuenta de muchas organizaciones informales, especialmente entre los jóvenes. Por otro lado no indican si existe "capital social" funcional (organizaciones de caridad, sindicatos patronales), o contestario al modelo de enclave. Como sea, estos resultados exploratorios sugieren que el "capital social" acumulado en la RA no parece ser significativamente superior al del resto del país.

CONCLUSION.

Este Capítulo evidencia que la disminución del capital minero de la RA no está siendo indemnizada por el crecimiento de otras formas de "capital humano" que ayuden a mantener el balance global de capital. En particular, los Indicadores de Desarrollo Humano de la Antofgasta no son superiores a los del resto del país como cabría esperar del boom económico regional. Además se muestran los costos del crecimiento económico en términos de equidad.

La esperanza de vida muestra un progreso más lento que el promedio nacional y su tasa actual es ligeramente inferior a la de Chile. Otros indicadores de salud ratifican este comportamiento. La tasa oficial de pobreza actual no es mejor que el promedio nacional si se corrige por los mayores precios de la RA. Con precios 15% superiores, una cifra realista, la tasa de pobreza es la misma que en Chile. Esta tasa en los últimos 15 años muestra un descenso, pero esta caída supone que las necesidades no han cambiado en 20 años. El déficit habitacional ha disminuido pero se mantiene superior al promedio nacional.

Es difícil comparar la desigualdad social entre regiones porque los propietarios del gran capital instalado en las regiones, no viven en ella. En una economía de enclave, el índice de desigualdad de Gini sería mucho mayor si se incluyeran en el ingreso regional las rentas obtenidas en la Región transferidas al exterior especialmente hacia las capitales de países desarrollados vía EMN y hacia Santiago vía grupos económicos (Capítulo 8). Así, la encuesta de ingreso regional refleja únicamente la desigualdad interna entre los residentes, la gran mayoría, asalariados. Las curvas de Lorenz 2002 de la RA, muestran menos desigualdad que en Chile, y una leve caída respecto a 1990. Esto podría ser resultado de la mayor participación del empleo asalariado y de la intensificación del coeficiente de capital por unidad producida. A pesar de lo anterior, prevalecen fuertes niveles de desigualdad interna. El 68% de los ocupados recibió en el año 2003 un ingreso inferior al ingreso promedio de los residentes en la región. Este resultado ya había sido detectado en el mercado del trabajo (Capítulos 10 y 11). A esta desigualdad promedio regional, se añaden las desigualdades de ingreso promedio entre las comunas de la RA (no presentadas).

La salud mental ha sido informada en recientes estudios. La RA registra los primeros lugares en cifras de depresión. La tasa por habitante de consumo de drogas en la población general de Chile ha venido aumentando entre 1990 y 2000. Posteriormente la RA se ubica cerca del promedio nacional en la población escolar, con tendencia al alza entre 2001-2003, cifra que se mantiene estable en 2005. En cuanto al tabaquismo, en las encuestas más recientes, 2002 y 2004, la RA quedó ubicada en el quinto lugar entre doce regiones. La delincuencia es otro de los problemas que aqueja masivamente a la población. En las encuestas a la población de los años 2003 y 2005 la RA sólo es superada por dos regiones.

La tasa de suicidios en Chile y en la RA también se incrementó entre 1986 y 2003. La comparación entre la RA y el resto del país presenta cifras ambiguas. Según una de las fuentes la tasa de la RA fue superior al promedio nacional (1999-2003). Otro informe señala que ésta se ha mantenido sobre el promedio nacional entre 1992 y 1994, similar a éste entre 1995 y 1999 y bajo el promedio nacional entre 2001 y 2004. La tasa de la ciudad de Calama es claramente mayor que el promedio nacional y regional a pesar de albergar a una de las minas más grandes del mundo. De este modo, la salud mental de la población de Chile y de la RA, no han mejorado con el progreso productivo.

En el ámbito de la educación cabe separar la cobertura de la calidad. El número de años de estudio continuó en aumento aunque a tasas decrecientes. La matrícula global (sin la educación superior) de la RA siguió creciendo pero al mismo ritmo del promedio nacional. Sin embargo la RA ha registrado una gran expansión cuantitativa que se explica principalmente por la expansión universitaria. La educación universitaria en otros países de América Latina es financiada por el Estado; en Chile, es principalmente costeada por los hogares (al contado y a crédito). Esto implica que el acceso segmentado a la educación superior refuerza la desigualdad social y territorial.

Respecto a la calidad de la educación, el nivel medio de los aprendizajes no es superior al deficiente nivel general del país. En las pruebas SIMCE dirigidas a 4º básico y 2º Medio entre 1994 y 1999, el promedio regional se acerca al promedio nacional. En estas pruebas el promedio regional fue mejor que el nacional únicamente gracias al rendimiento de la capital regional. Posteriormente, en 2002 y 2005, el promedio de 4º básico de la RA se ubicó siempre debajo del promedio de Chile. Asimismo, la prueba SIMCE a 8º básico de 2004, revela un estancamiento respecto al año 2000; en ella la RA se posicionó debajo del promedio nacional, en el 9º lugar entre 13 regiones de Chile. Lo mismo ocurre en el consumo cultural.

La calidad de vida general puede sintetizarse mediante nuevos Índices de Desarrollo Humano. A través del Índice de Seguridad Humana Subjetiva 1998 (ISHS) el PNUD muestra que la mayoría de los chilenos se sentía inseguro con su vida a pesar del crecimiento económico de los años anteriores. Entre las regiones de Chile, el ISHS de la RA presentó un puntaje similar al promedio nacional a pesar que son superiores al promedio su PIB por habitante, su ingreso por habitante nominal y su Índice de Seguridad Objetiva. Además esta brecha entre seguridad humana subjetiva y PIB, no se explica totalmente por la diferencia entre ingreso por habitante y el PIB por habitante. Ello sugiere que otras variables distintas al ingreso promedio son relevantes para explicar la inseguridad subjetiva (sistemas y jornadas de trabajo, desigualdad social y sus consecuencias, débil capital educativo y social, polución del medio ambiente, etc.). En particular, Calama es un ejemplo patente de contrastes pues cuenta con el mayor ingreso promedio entre los residentes de la región.

En el año 2003 se efectuó otra medición del ISHS exclusivamente para la RA. En esa investigación se detectó nuevamente una bajo índice de percepción de seguridad colectiva, especialmente en factores no económicos, entre los cuales pesan la delincuencia, el medio ambiente y el temor frente a enfermedades catastróficas. En "capital social", la RA tampoco ocupa una posición confortable. De este modo, este Capítulo concluye que el crecimiento económico de la RA (superior al promedio de Chile) no ha sostenido un mejoramiento equivalente de la calidad de vida percibida y objetiva, del capital cultural ni del grado de asociatividad, respecto al país.


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