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PARTIDOS POLÍTICOS E INDICADORES YOUTUBE EN LAS ELECCIONES EUROPEAS DE 2009. ESPAÑA, ITALIA Y PORTUGAL

Alberto Prieto Rodríguez


 


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3. LA DIMENSIÓN DE YOUTUBE

Las fuerzas políticas de medio mundo se han lanzado a conquistar Internet, a hacer de la Red un “campo de batalla” en el que poder desarrollar sus campañas de comunicación, y lo han hecho, sobre todo en los últimos años, tratando de ganar esa batalla, de forma especial, en las redes sociales que hoy ocupan los primeros puestos en las estadísticas de usuarios de websites globales; Facebook, MySpace , y YouTube. Todas ellas, y algunas otras como Twitter , o incluso Flickr , comparten, en palabras de Paul Boutin, varias características que explican su éxito, “..are runaway hits because they combine two attributes rarely found together in tech products. They're easy to use, and they don't tell you what to do” (Boutin, 2006).

Los partidos políticos han asumido ya que “todas estas plataformas están en condiciones de producir una comunicación dirigida a influir en las dinámicas políticas que se desarrollan fuera de las mismas” (Batlle et al, 2005), que política y comunicación forman parte del mismo sistema (Muñoz et al, 1999: 117) y que por lo tanto no sería una buena idea prescindir de su uso en la comunicación electoral, teniendo en cuenta, por un lado, el importante ahorro de costes que supone el desarrollo de estrategias de campaña en Internet frente a los media tradicionales (Gallego et al, 2008: 1), y por otro, que, como ya hemos visto, puede resultar mucho más fácil dirigirse a una buena parte de su público objetivo a través de Internet que hacerlo por medio de los canales de comunicación utilizados hasta ahora (Serfaty, 2003: 79). “The fact that these sites are free and can reach millions of people, especially. Young voters, has made them especially attractive to campaign managers, who are used to spending hundreds of thousands of dollars on 30-second television ads” (Miller, 2006). A esto hay que añadir la capacidad de deslocalización continuada del espacio y del tiempo que permite la emisión de mensajes a través de la Red (Thompson, 1997: 52). Veinticuatro horas al día funcionando, sin necesidad de desplazamientos, transportes, montajes de grandes escenarios, etc que exigen los actos públicos de campaña. Una nueva comunicación política desarrollada en nuevos canales de distribución de esa información. Para Sonja Baumer, “New media have created a new participatory culture and changed the ways people create and share knowledge. The traditional “top-down” models of knowledge production and dissemination are being replaced by more distributed models which consist of user generated content that is collectively arbitrated through lateral conversations between users” (Baumer 2007).

En resumen, por su capacidad de transmisión y por los ya mencionados reducidos costes de utilización, ninguna fuerza política está dispuesta ya a prescindir de Internet, y “candidatos a todo nivel han encontrado en la Red un medio hospitalario y de bajo costo para la distribución de mensajes políticos” (Lee, 2006: 38).

De todas las plataformas que han revolucionado el panorama de la web 2.0 en los últimos años, sin duda YouTube es la que más importancia ha cobrado como elemento de comunicación en campañas electorales; por su potencia de distribución y por sus “efectos”, muy distintos a los de los de los media tradicionales. "YouTube is a campaign game-changer, shifting the dynamics of how to reach voters and build intimate relationships. YouTube levels the playing field, allowing well-backed and less-known candidates to reach the same audience and share the same stage” (Kurtz, 2007).

YouTube.com fue activado el 15 de febrero de 2005 por Chad Hurley, Steve Chen y Jawed Karim, tres antiguos empleados de la compañía PayPal, y comenzó a funcionar en modo beta en mayo del mismo año. Dos años más tarde, YouTube era adquirida por Google Inc. por una cifra cercana a los mil seiscientos cincuenta millones de dólares, y hoy es sin duda el site de videos más usado de internet. Más de veinte millones de usuarios únicos diarios, más de dos mil millones de visionados por mes, trece horas de video subidas cada minuto o sesenta mil nuevos vídeo colgados cada día que ocupan más que el ancho de banda que todo el tráfico de Internet necesitaba en el año 2000. Estas son algunas de las impresionantes cifras de YouTube que dan una idea bastante aproximada de su potencia como canal de difusión. El profesor Yochai Benkler describe YouTube de esta forma; “a space where commercial, amateur, nonprofit, governmental, educational, and activist content co-exists and interacts in ever more complex ways. As such, it potentially represents a site of conflict and renegotiation between different forms of power” (Benkler, 2006)..Esta enorme plataforma de vídeo online presenta caracteres diferenciales que la hacen especialmente interesante para la comunicación política.

La primera y más obvia de las características que hacen de YouTube un elemento esencial en la nueva comunicación política es que es el más popular de todos los sites sociales que hoy son utilizados con fines propagandísticos. Alexa , el website global de estadísticas de navegación en Internet, sitúa a YouTube en tercer lugar en el ranking mundial de visitas, sólo por detrás de los dos grandes buscadores, Google y Yahoo!. Facebook, ocupa el quinto lugar, y MySpace el noveno.

Al hecho de que YouTube alcance cada día a una audiencia mayor, y que continúe creciendo, debemos sumar otros tres factores para explicar la verdadera medida de su capacidad de difusión de mensajes audiovisuales. En primer lugar, YouTube es rápido; rápido de usar, de actualizar, de acceder, y es barato, tanto que de hecho su uso es gratuito (Gulatti et al, 2008).

La segunda razón que sostiene la importancia de YouTube se encuentra en el formato de sus mensajes, el audiovisual, un formato ya utilizado con completa naturalidad por todas las formaciones políticas con anterioridad a la existencia del propio Internet, por lo que en cierta manera era posible prever que, ya que estaban acostumbrados al uso del lenguaje audiovisual, frente a otras plataformas como MySpace, o Twitter, o incluso intentos en sites 3D como Second Life , que exigen un nivel de comunicación alejado de la dialéctica habitual de los partidos, fuera YouTube la plataforma más empleada como canal de uso político.

En resumen, la profusión de mensajes audiovisuales en el marketing político es una característica común a la estrategia de comunicación de la inmensa mayoría de fuerzas políticas, y YouTube, la vía “natural” para la inmensa mayoría de la humanidad usuaria de Internet para acceder a contenidos audiovisuales de casi cualquier orden en la Red. Para Alison Fine, “If posting Internet videos is free, if any candidate can create and share a 30-second ad or documentary at virtually no cost, this could well mark the end of broadcast media's rule and mean the end of egregious campaign spending, no laws necessary” (Fine, 2006). Si la tendencia continúa en la misma dirección, podría llegar el caso de que YouTube terminara por monopolizar la mayor parte de la emisión de los mensajes audiovisuales en las campañas electorales.

Si empleamos un “concepto omnicomprensivo de todos los aparatos de representación” (Malinovich, 2001: 156), incluyendo el vídeo, el ordenador, la televisión o los dispositivos móviles, es posible considerar que la pantalla de todos ellos se ha convertido en una prótesis cognitiva de importancia capital en nuestra sociedad (De Kerckhove, 2005), una prótesis que está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns, para el cual la palabra está destronada por la imagen (Sartori, 1998: 119). YouTube se convierte así en uno de los canales principales, en términos cuantitativos, de transmisión de información y cultural del planeta, aumentando con ello enormemente su potencial de movilización (Floriano, 2004: 32).

La tercera razón que sostiene la fuerza del papel de YouTube es su inmenso poder de comunicación basado en su capacidad viral.

Para muchas formaciones políticas, YouTube es una herramienta de nueva política con la que aún hacen vieja política (Gibson, 2003). Si para Marcuse la emisión de mensajes audiovisuales no era otra cosa que una forma de adoctrinamiento y de manipulación, sin necesidad de llegar hasta ahí, sí es posible afirmar que en los canales YouTube de esas fuerzas políticas se produce una distribución/consumo de vídeos que, a pesar de disponer de los mecanismos para producirse de otro modo, responde, a menudo, a una dinámica propia de los medios tradicionales, sin aprovechar por ello todo el potencial que la Red ofrece (Peña, 2008: 15). “Muchas veces, estas acciones no están lo suficientemente bien planificadas, no tienen continuidad o no explotan correctamente todas las posibilidades que el soporte puede dar de sí” (Díaz, 2007). Se trata en estos casos de aprovechar el plus de posicionamiento en términos de imagen que supone para esos partidos el hecho de aparecer vinculados a nuevas tecnologías (Hernández, 2007), y dirigirse a un público ya “ideológicamente cautivo”, intentando además “atrapar a gente que forma parte de la abstención, un público joven que tiene internet como principal fuente de información” (Barroso, 2006); es decir, una herramienta de marketing directo en la que prima la estrategia “push”, al mismo tiempo que permite aspirar a obtener eco de su actividad YouTube en los medios de comunicación. De esta forman, en muchas campañas actuales las TIC aparecen como simples canales adicionales de información y comunicación destinados a reforzar más que a reemplazar los viejos vínculos partido – votante (Norris, 2004: 4).

Sin embargo, otras fuerzas políticas ponen en práctica una estrategia distinta según la cual un vídeo distribuido en su site oficial de YouTube es una piedra lanzada en un estanque; genera olas que se desplazan y que encontrarán reacción (interacción), al llegar a la orilla, lejos del centro del que partieron, y en muchas ocasiones, lejos del ciberespacio. “For many, YouTube is not just about uploading videos, it's also about participating in a community of producer-viewers by posting, rating, commenting on and sharing those videos” (Baumer; 2007). Es ahí donde entra en funcionamiento toda la capacidad de transmisión viral de YouTube, una capacidad que permite crear fenómenos de comunicación a menudo imprevistos en sus dimensiones finales, y casi siempre alejados del control de la fuerza política emisora.

Los ejemplos de esa inmensa capacidad viral de YouTube son de sobra conocidos, y videos ya tan famosos, e inicialmente tan poco destinados a alcanzar la popularidad, como “Charlie me ha mordido el dedo” , “Ken liii, tulibu dibu dauchuu...” , “David after dentist” , o “Star War Kids” , han acumulado millones de visionados, en algún caso más de cien millones, a lo largo y ancho del mundo gracias a esa capacidad viral basada en el boca-oreja digital que les ha llevado además dar el salto a los medios offline. En España también se han producido fenómenos similares en casos, por ejemplo, como el de “Que vamos, que la he liado parda” , o “Contigo no, bicho” , que han logrado más de tres millones de visitas cada uno de ellos. Este efecto de comunicación sinfín, rápida, barata y efectiva, es el buscado por las fuerzas políticas a la hora de editar un video destinado a YouTube. Y si en casos concretos, los partidos españoles han logrado cierto efecto viral con algunos de sus spots, en otras ocasiones lo han buscado tratando de asimilar como propio el valor viral de vídeos ajenos no necesariamente políticos. Es el caso del remake del video “Contigo no, bicho” , que las Nuevas Generaciones del Partido Popular en el País Vasco realizaron para la campaña electoral de las Elecciones Autonómicas de 2008. En el caso del PSOE, su video “Ahora el partido se juega en Europa” , en el que se reproducían imágenes de la fiesta de celebración en Chicago de la victoria del candidato demócrata en las presidenciales del 2009, buscaba capitalizar el efecto viral que dominó el conjunto de la campaña de Barack Obama, y concretamente sus spots YouTube como “Vote different” , realizado para la campaña de las primarias, “Crush on Obama” o “Yes We Can - Barack Obama Music Video” , todos ellos con cifras millonarias de visionados.

Si bien el uso de las TIC o de los mensajes audiovisuales con ánimo de incidir en procesos políticos no es una prerrogativa exclusiva de los sistemas democráticos (Sartori; 1998), el contexto teórico en el que se enmarca este trabajo es el de la relación existente entre democracia y tecnología, entre los niveles de interacción en YouTube y su proyección sobre los resultados en un proceso electoral democrático como unas elecciones al Parlamento Europeo.

Además de los trabajos de autores como Giovanni Sartori, Manuel Castells, Sonja Baumer, Pippa Norris, John Gray o Christian Fuchs, sobre las implicaciones e influencia del uso de la tecnología en el ámbito político, las posibles relaciones de la actividad en Internet y sus indicadores en sus diversas plataformas y aplicaciones durante las campañas electorales y los resultados de cada una de esas elecciones, han sido estudiadas desde hace ya, al menos, un lustro. La campaña de las elecciones presidenciales de 2004, y sobre todo la forma de desarrollarla del candidato demócrata Howard Dean, aunque no fue la primera en la que las TIC desempeñaron un papel importante, sí que fue la que marcó la introducción a nivel global de la posibilidad de que la Red fuera tenida en cuenta a partir de entonces como herramienta de comunicación y movilización electoral. Si la campaña de Obama ha resultado ser lo más parecido a la mayoría de edad de Internet en la vida política, la de Howard Dean hizo las veces de primera comunión.

Desde entonces hasta ahora, se han sucedido numerosos estudios en esta materia comenzando por los de las propias elecciones norteamericanas de 2004; “The Political Blogosphere and the 2004 U.S. Election: Divided They Blog” (Adamic et al, 2004), “Blog Campaigning: 4.4 The impact of blogs” (Abold et al, 2006) o “Blogs in Campaign Communication” (Kirk, 2004).

Además de las elecciones norteamericanas, otros comicios también han sido objeto de estudio en esta materia. Es el caso, por ejemplo, del estudio “Blogging for Election: The Use and Function of Blogs as Communication Tool in a Danish Parliament Election Campaign” (Pedersen et al, 2006) sobre el papel y función de los blogs en las elecciones al parlamento danés de 2005, o de “Blogging the New Zealand Election: The impact of new media practices on the old game” (Hopkins, et al, 2005), sobre las elecciones generales de Nueva Zelanda en Junio de 2005, o el realizado por Bárbara Bavoleo y su trabajo “Internet y su influencia en las elecciones presidenciales coreanas.” (Bavoleo, 2008)

Dando un paso más en la investigación de la actividad política en Internet, la compañía Attentio ha desarrollado tres estudios de otros tantos procesos electorales en tres estados europeos, Noruega, (2007) Francia, (2007) y España, (2008) ,y en los que realizaron un “buzz analyses”, una medida del zumbido político, qué partidos y temas políticos obtienen la mayor atención en internet, en blogs, en plataformas, en foros de discusión y en las noticias en Internet durante una campaña electoral comparando esas mediciones con los resultados electorales.

Las elecciones norteamericanas de 2008 también han generado nuevas investigaciones en las que se han puesto en relación los resultados electorales y diversos indicadores de Internet. Por ejemplo en “Utopian Signs, YouTube as a political arena”, de Massimo Leone, (Leone, 2009) o en varios trabajos de Christine Williams, como “The Internet as a Grassroots Organizing Tool: Exploring the Role of Social Networks in the 2008 Presidential Nomination Contest” (Williams, 2009).

Aunque con menor extensión y profundidad, la actividad en internet, y más concretamente la actividad YouTube durante las elecciones autonómicas gallegas de 2009, también fue seguida, en este caso por Francisco Seoane en “La importancia de generar ruido” (Seoane, 2009).


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