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EVOLUCIÓN DEL SECTOR SERVICIOS Y EL COMERCIO INTERNACIONAL DE SERVICIOS: EL CASO DE BRASIL

Genilson Valotto Patuzzo


 


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CONSTATACIONES EMPÍRICAS

3. El Sector Servicios en el contexto Económico de Brasil y Global

La expansión de las actividades de servicios es uno de los cambios más importantes en la vida cotidiana de la segunda mitad del siglo XX. Este cambio bien motivado por factores como los que vimos en el epígrafe 2.1, donde no es preciso esforzarse para subrayar que hasta hace poco solía considerarse a este sector como un conjunto de actividades fundamentalmente no comerciables cuya productividad presentaba un escaso potencial de crecimiento. Se pensaba que su expansión en los países industriales era un efecto secundario de la desindustrialización en los países en desarrollo. Ello se atribuía al crecimiento del sector informal, a la urbanización caótica y a la ampliación del sector público.

En general, el crecimiento de los servicios se consideraba, en el mejor de los casos, una consecuencia de la evolución de los sectores primario y secundario y, en el peor, un obstáculo para el crecimiento económico a largo plazo. Un trabajo citado anteriormente, muy influyente en la literatura sobre este tema, el de Baumol (1967)33, que demostraba el impacto del crecimiento del sector servicios en la productividad de la economía. En él se introduce la teoría titulada "la enfermedad de los costes". El trabajo de Baumol contribuye a la visión de que el crecimiento del sector servicios llevaría a una reducción en la productividad de la economía, lo que actualmente verificamos que no ha ocurrido, pues gran parte del sector servicios está dedicado a la producción de insumos para la industria, contribuyendo de manera decisiva a la mayor y/o menor productividad de este sector y a medida que la TI transforma las industrias de servicios y se reconoce más la importancia de los servicios de producción eficientes, su desarrollo se empieza a considerar como requisito previo del crecimiento económico.

La creciente expansión de los servicios en términos mundiales, principalmente después de la segunda Guerra Mundial, no ha sido diferente en el caso de Brasil. La historia del crecimiento de los servicios en Brasil viene desde finales del siglo XIX (1880), principalmente con las entradas de las IED, pues el comercio de servicios en general tiende a ser complementario de las IED. Según Kon (2006a)34 esta se dirigió hacia aquellos sectores de servicios directamente relacionados con la exportación de actividades como los ferrocarriles, el transporte marítimo, los servicios financieros y los de comercialización. Sin embargo, al considerar el reciente crecimiento de sector servicios de Brasil, no se pueden ignorar los problemas estructurales históricos en el país, como indicamos en el epígrafe 2.1.

La gran concentración de la propiedad de la tierra y la falta de crecimiento industrial para absorber el aumento de los trabajadores que no encontraban alternativa hicieron que muchas personas se emplearan en las actividades urbanas de baja capacitación (MORAIS, 2005)35, tales como el comercio y los servicios a las familias. Pero al evaluar el desempeño del producto generado por el sector servicios de la economía brasileña, se observa el papel de complementariedad de esas actividades en relación con la evolución de las actividades industriales en periodos de desarrollo económico, particularmente en los centros polarizadores y en los periodos de crisis económica o de estancamiento. La capacidad de ampliación de los servicios representó una válvula de escape para parte de la población liberada de otros sectores, que muchas veces permaneció subempleada, y siguió contribuyendo a la generación de producto.

En la tabla 1 refleja la evolución del sector servicios en Brasil en el contexto de la economía como un todo (sectores rurales e industriales), desde el periodo de inicio del proceso de industrialización brasileña de la década de los cincuenta hasta el año de 2002. Entre los años 50 y 80 el PIB brasileño creció a tasas extraordinariamente elevadas.

El crecimiento real medio anual de la producción de servicios acompañó a la media de crecimiento global de la economía. En estas décadas, la expansión global de las actividades secundarias, impulsada por políticas gubernamentales de incentivos y proteccionismos, llegó a tasas reales considerables, entre el 7% y el 9% anuales, pero algunos sectores manufactureros particularmente en los años 1970 mostraron un crecimiento superior a 12%.

En este periodo, la tasa de expansión de los servicios de apoyo a las actividades industriales y agropecuarias es superior a los servicios que trataban de la atención directa de la población. Teniendo en cuenta que la oferta de empleos en el sector secundario aún absorbía gran parte de la mano de obra rural que emigraba a las áreas urbanas, se observa un excedente considerable de trabajadores que se dirigían al sector terciario por no encontrar colocación en las industrias. Por otro lado, la modernización agropecuaria, la aceleración de la capitalización del sector, que se plasmo en un crecimiento de la producción agrícola en torno al 11% en los años setenta, requería la difusión de una serie de servicios de almacenaje y distribución.

Entre los años 1980-1983, con la situación económica coyuntural adversa y como consecuencia de las políticas gubernamentales de ajuste, la producción del país presentó tasas negativas en su evolución, pero el producto del sector servicios continuó creciendo, aunque a tasas considerablemente inferiores a las de los periodos anteriores, desde logo resultado de la concentración en esas actividades de la mano de obra subempleada oriunda de los otros sectores, que pasó a trabajar bien como autónomo o bien sin contribuir a la Seguridad Social, ligada al sector formal de la economía, con sueldos inferiores a los otros empleados, o sea en el mercado informal.

Las tasas considerablemente negativas de los sectores primario y secundario reflejan, desde el punto de vista de las políticas económicas, que el problema fundamental fue la pérdida de control sobre el principal precio macroeconómico de una economía abierta: el tipo de cambio. El país dejó de controlar esta variable debido a la apertura de las cuentas financieras y permitió que el tipo de cambio se revalorizara como consecuencia de la estrategia de crecimiento con ahorro externo propuesta por los Estados Unidos y las crecientes reformas liberalizadoras, con una privatización irresponsable de servicios monopolísticos y la apertura de su cuenta de capital. A partir de 1984, la actividad económica presentó una recuperación, que culminaría en 1986 con una aceleración como resultado de una mejora temporal en la economía. En los años siguientes se observan otra vez tasas menores de crecimiento anual del producto, e incluso para algunos sectores industriales, tasas negativas. Como consecuencia, el producto global desde 1983 hasta el final de la década, acusó un crecimiento medio anual del 3,3% para el país en su conjunto, mientras los servicios crecen casi el 4% anual, pero esta década de los 80 se conoce como "la década perdida"36.

En el inicio de la década de noventa, las fuertes medidas estabilizadoras tuvieron como resultado una considerable caída de la actividad económica de la sociedad brasileña, observándose al respecto hasta 1994 tasas de crecimiento anual del producto generado por los servicios de apenas el 2,3%, inferior a la absorción de trabajadores en el sector, pero que se situaba en la media de la evolución del país, teniendo en cuenta que las actividades industriales fueron las que presentan menores tasas de crecimiento del PIB. En este periodo fue el sector de actividades primarias el que reveló las mayores tasas de crecimiento, si bien no muy considerables.

La tabla 2 muestra la composición sectorial del PIB del país, y revela la importancia relativa del sector servicios en el proceso de desarrollo económico en la etapa de fuerte incremento de las actividades industriales a partir de la década de los 50.

La participación de los servicios en la composición sectorial ven aumentando constantemente hasta los años 90. Esta fuerte concentración del PIB en el sector servicios desde la década de los 50, de casi la mitad del producto generado por el país, evidenciaba que a pesar del inicio de la industrialización acelerada que entonces se iniciaba, la producción de servicios dirigía la atención al flujo y comercialización de productos primarios, desarrollando en esta primera etapa servicios de infraestructura de transportes y financieros. Pero el capital acumulado en el sector agropecuario no se reinvertía en gran medida en el propio sector o en la industria, sino que se destinaba mayormente al consumo de bienes de lujo importados, como herencia de una mentalidad de la era colonial.

En el auge del proceso de industrialización, cuando la producción secundaria llegó al 36% del PIB brasileño, la participación de los servicios en el PIB también sufrió un incremento, llegando cerca del 54% en 1970 y hasta mediados de esa década, período en el que las actividades secundarias expandieron considerablemente su presencia en el PIB, y el incremento paralelo de la producción de servicios representó un papel complementario a estas actividades. Así, en los años posteriores de crisis económica, particularmente a partir de 1980, el continuo aumento de la participación de la producción de servicios en el volumen global de producción del país se efectuó por la mayor incorporación de personas a sector, pero con tasas decrecientes de producto por trabajador. Hasta que en 1994, teniendo en cuenta las tasas de crecimiento relativamente más acentuadas de la producción del sector primario, aumentó la participación del producto generado por estas actividades, en detrimento de la del sector terciario. Esto tuvo lugar porque estas actividades de servicios, al inicio de la década de los 90, absorbieron de modo más intenso un contingente elevado de trabajadores, pero en su gran mayoría de baja cualificación, siendo su remuneración y productividad relativamente inferiores.

Desde la década de los noventa el sector servicios sufriría algunas tendencias globales, aunque con manifestaciones diversas dependiendo de la zona en que se encuentre, y esto también se deja notar en el caso de Brasil, como se ha expuesto anteriormente. La primera tendencia se encuentra en la creciente participación del sector servicios en la estructura de los empleos y de la producción en los países desarrollados y de algunas zonas del mundo en desarrollo, como el caso de Latinoamérica. Ya a principios de los años setenta, mirando desde la perspectiva de los países desarrollados, algunos investigadores pasan a clasificar estas sociedades de pos-industriales, tanto en la dinámica económica, como en la estructura social, o sea, que se trata de un cambio estructural.

No se trata simplemente de un cambio en el sector que activa el motor de la economía, sino de la importancia del conocimiento para la innovación tecnológica y la educación como base de una movilidad social, empezando por una infraestructura anclada a las comunicaciones, y que dependa menos del capital físico de que la cualificación de los recursos disponibles (BELL, 1999)37. Esta idea tiene un carácter ideológico (esto no se puede negar) y tal vez fuera la contribución necesaria que creó las condiciones para que los nuevos segmentos del sector servicios cambiasen de las manos del sector público a las del privado, abriendo los primeros caminos a la internacionalización y una posterior globalización.

El país y la sociedad no estaban preparados para este cambio, como vimos, por el bajo crecimiento en la década de los 80, debido a una mayor apertura al mercado externo, con la sustitución de producciones internas por importaciones, y a la fragilidad del sector secundario y terciario para absorber la mano de obra del sector agrario. Rodrik (2001) expone en su trabajo la debilidad que ha mostrado la sociedad con la apertura comercial de los países.

La apertura al comercio exterior expone a la sociedad, y especialmente a la mano de obra, a crisis de origen externo. La negociación sobre multilateralismo de la posguerra fue contingente y apoyada por un compromiso de los gobiernos nacionales de proteger y aislar a la mano de obra de las vicisitudes de los mercados mundiales. Unos gobiernos internos fuertes y estabilizadores constituían la contrapartida interna de la expansión mundial del libre comercio. (...) los gobiernos están perdiendo su capacidad de desempeñar la función de protección, porque la globalización limita la eficacia de las políticas gubernamentales. (...) Estas tendencias exponen a los grupos que carecen de movilidad internacional-desde la mano de obra poco cualificada hasta los cuadros intermedios - a riesgos que no tenían que afrontar hasta hace muy poco.38

Si examinamos la tabla 3, observamos que en el período de mayor crecimiento industrial del final de la década de los 60 hasta los 80 estas actividades absorbían de forma más significativa la mano de obra liberada por las actividades rurales (Cardoso de Mello y Novais, 1998 apud Moraes, 2005)39, mientras que en toda la década de los ochenta, el aumento de trabajadores en el sector servicios fue considerablemente mayor en relación con el sector manufacturero. De hecho, está tabla muestra que la disminución de la población ocupada en el sector rural se llevó a cabo a partir de la absorción más intensa de trabajadores por el sector servicios, que en el año de 1990 ya absorbe más de la mitad de la mano de obra brasileña.

Este cambio estructural de la composición de las actividades sectoriales que ocurrieron en Brasil fue debido a los cambios que estaban ocurriendo en el mundo, debido a la mayor globalización y liberalización de los mercados, principalmente en el siglo XXI. En 2005, cerca del 40 % de los empleos mundiales estaban concentrados en este sector, porcentaje que se eleva hasta el 71,4 % en los países desarrollados y hasta el 62, 4 % en Latinoamérica. No obstante, en zonas como África subsahariana y sur de Asia, el sector servicios responde del 30 % del total de mano de obra empleada (gráfico 1).

Por otra parte, dentro de los países desarrollados existen desfases en el porcentaje de participación del sector servicios en el empleo, pues en los países más globalizados supera el 70 %, como en los Estados Unidos, Suecia y Holanda; para Europa Occidental se estima en el 65 %. Y, dentro de aquellos que poseen un porcentaje superior al 70%, la estructura de empleo presenta particularidades. Por ejemplo, Suecia y Reino Unido tienen un 75% de los trabajadores empleados en el sector servicios; sin embargo, Suecia destaca por los servicios sociales, y el segundo país por la mayor importancia relativa de los sectores financieros, el comercio y la hostelería (FREYSSINET, 2005)40. Y, según la autora Wólfl (2005)41, uno de los principales motivos para el fuerte desempeño del sector servicios en los años recientes es la creciente importancia de la globalización en muchos servicios. Un cambio en los modelos de negocios hace que las empresas busquen proveedores especializados de servicios en el país de origen o en el exterior. Esta nueva dinámica se intensificó por los cambios tecnológicos, como la digitalización de servicios y el incremento de las redes de banda ancha.

En Latinoamérica, esta tendencia a la elevada participación del sector servicios está asociada con los altos niveles de urbanización, la existencia de una clase media con elevado poder de consumo y la sobreoferta de trabajadores en los segmentos débiles del sector.

También el sector servicios ha acumulado cada vez más capital en las economías capitalistas, beneficiándose de los procesos de privatización en muchos sectores de la rama de los servicios. En muchos de estos sectores, la privatización está asociada a las nuevas realidades de precarización/subcontratación/flexibilización de las relaciones de trabajo, aunque se debe resaltar que, especialmente en el caso de los países menos favorecidos, el aumento del sector servicios está relacionado con las actividades precarias y de baja productividad, correlacionadas con la estructura de la oferta de trabajo.

Los procesos de privatización han permitido una mayor flexibilidad a los grandes grupos económicos que ofrecen servicios, bien directamente desde sus países (comercialización), bien por medio de las IED. Además, las nuevas tecnologías permiten una mayor relevancia del comercio entre fronteras. Como se ve en el gráfico 2, el comercio de servicios está aún concentrado en los países desarrollados; Unión Europea, Estados Unidos y Japón representan un 55 % de los flujos de exportaciones, contra un 39 % del comercio de bienes, siendo mayor las diferencias en términos de escala de producción y de nivel tecnológico.

En términos individuales, la Unión Europea43 está a la cabeza en el comercio de servicios, representando el 47 % de las exportaciones totales, seguida por los Estados Unidos y Japón. En cuarta posición se encuentra China, que ha demostrado un posicionamiento de ventaja en el comercio de bienes, y destaca internacionalmente también en el sector servicios (gráfico 3). Otro punto a tener en cuenta son los procesos de privatización que tienden a la formación de verdaderos oligopolios mundiales en el sector servicios. Como en el caso europeo, la internacionalización del sector servicios, junto con el proceso de privatizaciones ocurrido en la década de los noventa, permitió la aparición de nuevas transnacionales con actuación global en algunos sectores, por ejemplo, en las telecomunicaciones y en el sector eléctrico (SEATTLE TO BRUSSELS NETWORK, 2005)44.

Hay sectores que tienen casos de relevancia, y, principalmente en los Estados Unidos y la Unión Europea, existen economías dependientes del sector servicios, pues las empresas dependen de los rendimientos generados en sus sucursales para mantener su nivel de rentabilidad. Entre las treinta mayores empresas de telecomunicaciones, doce son provenientes de la Unión Europea y siete de los Estados Unidos. En el caso energético, de las veinticinco mayores, once pertenecen a la Unión Europea y ocho son norteamericanas. Y en el sector financiero, de los veinte grupos mayores, once son europeos, cuatro norteamericanos y cuatro japonesas. En el sector del comercio minorista, excepto algunos grupos, como por ejemplo Wal-Mart Stores y Roebuck and Co, de los veinte mayores grupos, 17 son de capital europeo (UNCTAD, 2004)45.

Esta mayor participación de los países desarrollados en el comercio de servicios está vinculada a las IED, que se originan en empresas de capital europeo y norteamericano. En el periodo 2001-2002, la mayor cantidad de las inversiones de las multinacionales en el sector servicios siguió concentrada en los países desarrollados (UNCTAD, 2005)46, constituyendo esencialmente una inversión en procesos de fusiones y adquisiciones, que en su mayor parte implica una redistribución del poder entre los grandes grupos en sus respectivos mercados.

Paralelamente a la expansión de la presencia comercial, asistimos a un incremento del comercio de servicios entre fronteras. En el gráfico 4 se puede comprobar que los segmentos que suponen la mayor parte de las exportaciones de servicios se llevan a cabo solamente por parte de los países desarrollados. Los datos de la OCDE apuntan a un flujo de exportaciones de estos países con cifras de US$ 1,4 billones, superior al apuntado por la OMC.

Transporte y turismo, sectores tradicionalmente internacionalizados, suponen juntos el 50 % de los flujos de comercio entre estos países. De inmediato se ve que el segmento de servicios prestados a empresas, supone el 22 % de las exportaciones. El conjunto de otros servicios tales como seguros, financieros, informática y telecomunicaciones supone casi el 17 % de las exportaciones de estos países.

En términos de expansión del comercio de servicios en el período reciente, aunque en términos globales éste no haya crecido tan rápidamente como en el caso del comercio de bienes, recordemos que algunos segmentos presentan resultados bastante dinámicos. Así cuando se consideran las exportaciones de servicios de los países desarrollados, según los datos citados de la OMC se comprueba que las mismas crecieron a una tasa de cerca del 20% anual entre 1998 y 2003, y del 18% anual en el caso de los seguros. Los servicios financieros, telecomunicaciones y consultoría crecieron a un ritmo cercano a la tasa media anual del conjunto del sector, del 6%.

Por el contrario, las exportaciones del sector de los servicios gubernamentales, suministrados o recibidos por las organizaciones de la administración pública, tuvieron un incremento con una media anual del 1,5%, en los países desarrollados. Este bajo incremento explica la defensa de la inclusión de los asuntos relativos a las compras gubernamentales en el ámbito de las negociaciones sobre servicios.

La rápida introducción en el contexto global de la economía del sector servicios, con el incremento de la privatización y la globalización de las principales multinacionales del sector, es el principal responsable de la integración del sector servicios en las negociaciones comerciales, especialmente después de los años noventa, gracias a una fuerte presión por parte de los países desarrollados. Y el sector representa la mayor parte de los empleos de estos países, además de haber adquirido una importancia cada vez mayor en los flujos del comercio y de las inversiones. Ahora los Estados Unidos y la Unión Europea pasan a expandir su oferta más allá de los mercados internos y regionales, llegando hasta los países en desarrollo, especialmente por medio de las privatizaciones, las concesiones públicas y la flexibilización en las condiciones de reglamentación de los sectores, y principalmente por la fuerte presión que están haciendo sobre los países en desarrollo para incrementar la apertura comercial, como es el caso de Brasil en las negociaciones del GATS.


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