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ANÁLISIS DE LA PRÁCTICA PROFESIONAL DE LOS TRABAJADORES SOCIALES EN EL ÁMBITO ESTATAL

Andrea Antonia Oliva (editora)


 


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Trabajo asalariado y Trabajo Social

Considero que existe una determinación fundamental en el ejercicio profesional que es la relación que el Trabajador Social establece al ser asalariado. Esto implica que el profesional vende su fuerza de trabajo colocándose en una posición de dependencia frente a un empleador, para el desarrollo de su práctica.

Muy a menudo se hace más hincapié en la profesionalización del Trabajo Social o en el compromiso, que en su condición de asalariado, como si el ejercicio de la profesión prescindiera de esta relación.

Tomamos los elementos que aporta el texto "Relaciones sociales y Trabajo Social" de Iamamoto y Carvalho cumplió un papel fundamental para abordar el tema

El Asistente Social no ha sido un profesional autónomo, que ejerza independientemente sus actividades, disponiendo de las condiciones materiales y técnicas para el ejercicio de su trabajo y del completo control sobre el mismo, sea en lo que se refiere a la manera de ejercerlo, al establecimiento de la jornada de trabajo, al nivel de remuneración y, aún, al establecimiento del 'público o clientela a ser atendida' (1984: 85).

Es preciso plantear que la práctica profesional no se resume en las acciones de los profesionales. Ubicar el trabajo asalariado, es entrar en la trama de las relaciones sociales dentro del modo de producción capitalista.

El trabajo del Asistente Social se inserta en una relación de compra y venta de mercancías en que su fuerza de trabajo es mercantilizada. Ahí se establece una de las líneas divisorias entre actividad asistencial voluntaria desencadenada por motivaciones puramente personales e idealistas, y la actividad profesional que se establece mediante una relación contractual que reglamenta las condiciones de obtención de los medios de vida necesarios para la reproducción de ese trabajador especializado. Pasa ese agente a percibir un salario, precio de su mercancía fuerza de trabajo a cambio de servicios prestados, determinado como el precio de cualquier otra mercancía, ingresando a su actividad en el reino del valor (Iamamoto y Carvalho, 1984: 88).

En estas expresiones encontramos una determinación fundamental de la práctica profesional del Trabajador Social, ya que la relación de asalariado es la base sobre la cual se establecen las otras relaciones en su práctica profesional. En este sentido, el análisis de su práctica no puede limitarse a una cuestión de voluntad individual basada en el compromiso del profesional ni en su realización como ser humano. A nuestro modo de ver, la práctica contiene trabajo asalariado, pero nos reduce a ello.

Si partimos de la base que el Trabajador Social recibe un salario a cambio del trabajo que realiza como profesional debemos revisar que es el trabajo asalariado. Recurrimos a Marx para ubicarnos en la significación del salario

...el salario es la cantidad de dinero que el capitalista paga por un determinado tiempo de trabajo o por la ejecución de una tarea determinada. Por lo tanto diríase que el capitalista les compra con dinero el trabajo de los obreros. Estos le venden por dinero su trabajo. Pero esto no es más que la apariencia. Lo que en realidad venden los obreros al capitalista por dinero es su fuerza de trabajo (Marx, 1985: 9).

El Trabajador Social, vende su fuerza de trabajo para la prestación de servicios profesionales dentro de una jornada de trabajo. Si bien, planteamos que la práctica debe ser vinculada a los procesos de trabajo, consideramos que no puede identificarse como si se tratara de lo mismo. Es decir la práctica profesional no se reduce al trabajo asalariado por una serie de determinaciones de distinto orden.

En primer lugar, los Trabajadores Sociales desarrollan actividades dentro de lo que es su práctica como profesionales, que no se restringen a la fuerza de trabajo vendida.

Actividades como las lecturas de textos, la reflexión sobre la acción cotidiana, la participación en grupos de estudio, la realización de seminarios, la elaboración de ponencias y su presentación, la participación en organizaciones de profesionales etc. son tareas que no se realizan (salvo muy raras ocasiones) en el marco del trabajo asalariado. Podríamos decir, que puede existir un reconocimiento del Trabajador Social en estas actividades, cuando no son enajenadas17. Esas actividades le pertenecen, y significan, en muchas ocasiones, una gratificación que enriquece su análisis y su forma de desempeño. Desde esta perspectiva, el Trabajador Social buscaría su propia realización como ser humano, a través de su práctica profesional. Proyecta entonces su ejercicio profesional de acuerdo a una compleja trama que incluye su formación profesional, su origen de clase, su experiencia de vida, su ubicación histórica y geográfica, etc., así su trabajo expresa un conjunto de determinaciones y relaciones dadas históricamente.

Cabría preguntarnos si todos los Trabajadores Sociales, realizan este tipo de actividades. Claro que no, ni con la misma intensidad, ni la misma constancia a lo largo de los años, porque a su vez entran en juego otras determinaciones, que permiten contar con mayor o menor tiempo por fuera del horario de trabajo para realizar estas actividades. Asimismo porque el propio interés, se va modificando en los distintos momentos históricos, tanto desde el nivel singular como universal.

Otro elemento a tener presente son los vínculos que se establecen con los usuarios y/o con otros profesionales, que no permite establecer un corte entre el trabajo asalariado y el que no lo es. Esto no depende exclusivamente de la voluntad del Trabajador Social, sino que, son las otras personas las que identifican al profesional con su labor.

Marx en Trabajo asalariado y capital plantea claramente la significación del trabajo asalariado

La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía que su propietario, el obrero asalariado, vende al capital. Para qué la vende? Para vivir. Ahora bien, la fuerza de trabajo en acción, el trabajo mismo, es la propia actividad vital del obrero, la manifestación misma de su vida. Y esta actividad vital la vende a otro para asegurarse los medios de vida necesarios. Es decir, su actividad vital no es para él más que un medio para poder existir. Trabaja para vivir. El obrero ni siquiera considera el trabajo parte de su vida; para él es más bien un sacrificio de su vida (1985:10).

Se nos presentan aquí algunas cuestiones que tocan aspectos singulares y universales, en tanto Marx le da un significado a la venta de la fuerza de trabajo por parte del obrero que debemos profundizar.

El trabajo es una actividad humana ejercida por sujetos de clases. Es interesante que al pensar la práctica como trabajo, entran inmediatamente en escena los sujetos que trabajan, ciudadanos, portadores de una herencia cultural, de un bagaje teórico y técnico, de valores ético-sociales, etc. Algunos rasgos, aparentemente dispersos, que organizan el perfil social e histórico del asistente social. (Iamamoto 1997:44)

Si bien, no consideramos la práctica únicamente como trabajo, tomamos este aporte de la autora que presenta la cuestión de la actividad que la ejercen sujetos de clases. No podemos prescindir del famoso párrafo de Marx en su Introducción a la crítica de la economía política en 1859:

En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de la conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, es su ser social el que determina su conciencia (Marx, 1974: 7 ).

El espacio profesional solo se explica si se lo ubica en una práctica social que está históricamente determinada, de la misma manera que está históricamente determinado el Trabajador social. Por lo tanto, para analizar la práctica no se puede prescindir del significado particular que tiene el salario para los distintos sectores de profesionales.

La cuestión del Trabajador Social como ser perteneciente a una clase social no está determinado únicamente por la relación salarial que establece en el ejercicio de la profesión. Es decir, no hay una sola ubicación, sino que se reproduce entre los profesionales las diferencias de clases que existen en la sociedad actual.

Se han complejizado las relaciones existentes entre las clases como vemos en el caso de los Trabajadores Sociales, en su práctica profesional son asalariados, aunque su subsistencia puede no depender de ello.

Por otra parte tenemos la cuestión del significado que adquiere ese trabajo no solo desde el punto de vista del ingreso. En relación a los empleados estatales en general, y en el marco de la discusión sobre que se entiende por clase obrera, Osvaldo Garmendia plantea

Es evidente que no podemos asimilar a la clase obrera por la magnitud de sus ingresos, ni por la fuente de los mismos [...] Pero también es cierto que la relación trabajo asalariado - capital no abarca completamente la determinación de las clases sociales. Constituye su fundamento, su base material, determina el núcleo de la clase, pero ésta no se limita sólo a los grupos incluidos en la relación económica específica (1986:45-46).

Existen sectores de Trabajadores Sociales, que por sus condiciones materiales de existencia pertenecen a las capas medias y a la burguesía.

Los funcionarios medios y altos pertenecen a las clases medias y a la burguesía, y constituyen propiamente la burocracia del Estado burgués, que "administra y controla", y que participa en mayor o menor medida de la explotación de la clase obrera.

Tal como quedo expresado más arriba, es oportuno aclarar que no hay que reducir la cuestión de la clase a los ingresos, sino que debe ser vinculada a la defensa de determinados intereses de clase. Por otra parte, existen sectores de profesionales que se encuentran hoy con similares problemas que los usuarios que acuden a los servicios sociales de las instituciones estatales. ...el asistente social, profesional asalariado, por la propia inserción en la estructura socio-ocupacional, tiende a aproximarse progresivamente al conjunto de las camadas trabajadoras sometidas al juego del capital (Netto, 1989: 98)18.

Estos Trabajadores Sociales viven a diario en su propio cotidiano las consecuencias de la política neoliberal; sufren del déficit habitacional, la creciente pérdida del poder adquisitivo, las deficiencias en la atención de la salud, los recortes en la cobertura de las obras sociales, etc. A su vez, dado que en su mayoría son mujeres, también padecen del designio social de las tareas domésticas correspondientes al ama de casa, aunque la incorporación de elementos que aporta al análisis las cuestiones de género no pueden ser separadas de la división de clases, sino por el peso significativo en los padecimientos de la clase obrera.

A pesar de las distintas ubicaciones de clase del profesional, no se exime del enfrentamiento en su rol de asalariado frente al Estado, por que de todas maneras para llevar adelante la práctica profesional vende su fuerza de trabajo.

En este orden burgués al ser asalariado se encuentra en una lucha antagónica por su salario, en el caso del profesional de Trabajo Social se ve enfrentado al Estado, que representa en última instancia los intereses del capital. En las actuales condiciones, como asalariado, viene padeciendo al igual que el resto de los trabajadores las consecuencias de la política neoliberal.

En los últimos años encontramos que hay una inestabilidad en los puestos de trabajo, producto de la nueva forma de contratos laborales, que se van renovando mensual o periódicamente.

...se confirma un constante deterioro en la calidad de los empleos generados (respecto de los criterios de calidad históricamente dominantes). En este punto, proceso como los de precarización, nuevas condiciones contractuales y pluriempleo (expansión de la ocupación por encima del crecimiento en la cantidad y calidad de los servicios prestados)...(Krmpotic et al, 1997:110).

En lo que respecta a las remuneraciones existe una heterogeneidad en el nivel salarial. Sin embargo de acuerdo a los datos aportados por el estudio de Krmpotic, por lo menos el 40% no cubre con el salario la canasta familiar básica.19

El nivel de remuneración neta se encuentra representado en porcentajes similares para los que perciben hasta 500 pesos (22,55%) como para los que tienen haberes que van de los 1001 a los 1500 pesos (25,49%). En forma descendente, la representatividad en porcentajes continúa con los que perciben entre los 1501 y los 2000 pesos (19,61%), los de 501 y 1000 pesos (16,67) y por último aquellos que se ubican en un nivel de remuneración neta de más de 2000 pesos (5,88%) (Krmpotic, 1997:31).

Por otra parte, existen diferenciaciones salariales entre los Trabajadores Sociales insertos en puestos de trabajo similares de acuerdo a los escalafones municipales, provinciales o nacionales a los que pertenezcan. Esto genera tensiones al interior de los equipos que trabajan en un mismo lugar, pero bajo distinta dependencia estatal20.

Por último, nos queda ubicar al Trabajador Social en su relación con las organizaciones de clase.

Insertos en el mercado laboral, los trabajadores de Argentina han creado organizaciones para la defensa de sus intereses de clase. Los trabajadores dependientes de instituciones o dependencias Estatales de Argentina, cuentan con una gama variada de sindicatos, asociaciones y obras sociales que los nuclea21.

Si bien, estas son las organizaciones de clase dentro de las cuales el Trabajador Social se vincula al resto de los asalariados, encontramos que no todas llevan adelante políticas de lucha por mejores condiciones laborales y salariales sino que también tienen políticas de claudicación a los intereses de la burguesía. Los actuales sindicatos demuestran también el estado actual de las relaciones sociales, existen sindicatos alineados dentro del espectro que combate la política neoliberal, pero en líneas generales las organizaciones están burocratizadas y no representan en pleno las necesidades de los trabajadores.

Se han presentado además nuevas formas de enfrentamiento donde en las organizaciones de huelgas y conflictos, surgen representantes que no pertenecen a las conducciones de los sindicatos22.

Los sectores de las clases se van transformado, no podemos quedar con definiciones que no den cuenta de ese movimiento. Es necesario, analizar la práctica del Trabajador Social dentro de esta dinámica, por ello se debe tomar las categorías como expresiones de las relaciones sociales, y por lo tanto considerar sus cambios. En este sentido, y tomando la cita de la respuesta de Marx a Proudhon en 1847:

Los mismos hombres que establecen las relaciones sociales conforme a su productividad material, producen también los principios, las ideas, las categorías, conforme a sus relaciones sociales. Por lo tanto, estas ideas, estas categorías son tan poco eternas como las relaciones que expresan, Son productos históricos y transitorios. Existe un movimiento continuo de crecimiento en las fuerzas productoras, de destrucción en las relaciones sociales, de formación en las ideas; sólo es inmutable la abstracción del movimiento (Marx, 1958: 94-95).

La relación de asalariado del Trabajador Social, está inmersa en el desarrollo del modo de producción capitalista, en la cual se va ampliando el espectro de las actividades asalariadas, donde también, se van modificando las condiciones laborales.

Los Trabajadores Sociales, como asalariados, presentan distintos posicionamientos en el plano laboral que se expresan en su participación en las organizaciones sindicales que los nuclea. En líneas generales23 en lo que respecta al enfrentamiento de los Trabajadores Sociales como asalariados contra el orden burgués, no hay muestras significativas de su participación ya sea en las organizaciones sindicales o fuera de ellas.

Si bien se ha reivindicado, desde la reconceptualización, el compromiso de los profesionales con los trabajadores, ese compromiso no se traduce visiblemente en un protagonismo de lucha. Quizás obedece a lo que nos plantean Iamamoto y Carvalho:

La insignia del despojamiento que marca lo profesional puede contribuir, aún para desdibujar en y para su conciencia las implicaciones reales de su condición de trabajador asalariado, debilitando la lucha sindical, el proceso de organización de la categoría profesional, por la defensa de sus derechos de trabajo y reivindicaciones salariales (Iamamoto y Carvalho, 1984: 88).

En resumen, desde nuestra perspectiva la relación entre trabajo asalariado y Trabajo Social, es una compleja trama que no se explica solo por la vía de ubicar la profesión dentro de las relaciones sociales, sino que, aún queda mucho por profundizar, en cuanto al lugar ocupa esa relación salarial en la reproducción de la vida de los profesionales y que influencia tiene ello sobre la defensa de intereses y los posicionamientos que se van adquiriendo.


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