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INTRODUCCIÓN A LAS FINANZAS PÚBLICAS

Alberto Ibarra Mares


 

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CAPITULO II. 1. LAS FINANZAS PUBLICAS COMO GENERADOR Y FUNDAMENTO DE AUTENTICA RESPONSABILIDAD SOCIAL

Hemos observado que en los últimos años ante múltiples casos de “Estados Fallidos” en lo económico y lo jurídico, se ha venido incrementando la violencia social ante la agudeza de los niveles de hambre y desempleo, así como el ensanchamiento entre los niveles de extrema pobreza y riqueza en Latinoamérica. Gran parte de ello obedece a un intento de probar un modelo económico desde los años ochenta y noventa basado en casi la extrema eliminación de regulaciones e intervención del Estado en la economía, e incluso en varios aspectos de las políticas públicas tradicionales. Esta tendencia se popularizó al creerse que la extrema corrupción era un síntoma propio de los gobiernos de nuestra región. Se partió de la idea que donde los gobiernos entraban a regular o intervenían se generaban desvió de recursos e ineficiencias. Incluso se cuestionó el papel fundamental que tienen los gobiernos a través de las finanzas públicas para hacer cumplir a los actores económicos con sus responsabilidades sociales. Así la región latinoamericana se embarcó en un proceso de desregulación, siguiendo el patrón sobre todo de los Estados Unidos de Norteamérica, país donde se creía no había significativos niveles de corrupción gubernamental y menos empresarial. Sin embargo, el modelo de libre mercado extraordinariamente desregulado al parecer no ha operado en la vida real con respecto a como se desarrollo teóricamente en los grandes centros universitarios del mundo occidental, sobre todo de países altamente industrializados y desarrollados en el ámbito financiero.

Los resultados en treinta años han sido sorprendentes para todos los estudiosos sobre el tema. Hemos entrando a un terreno hasta ahora desconocido ante una crisis económica y financiera de ámbito global, que se originó sobre todo en los Estados Unidos, país que cumplía con las mejores variables para demostrar la efectividad de un modelo de libre mercado no regulado, pues su inercia institucional se dirige hacia la autorregulación por parte de sus actores económicos y no del gobierno. Sus mercados se caracterizan por un eficiente sistema de precios con profundidad, transparencia y democracia. Cuentan con información simétrica, instituciones y sistemas financieros maduros, niveles de productividad e innovación de los más altos en el mundo, etc. Sin embargo, el resultado ha sido extremadamente negativo. Así todos los países ricos, emergentes y pobres entraron en la mayor crisis de la historia económica resiente, solo superada por la crisis de los años treinta del siglo pasado. Hasta ahora todo indica que dicha crisis tuvo su fundamento en una desregulación excesiva ante una época de bonanza en este país antes de los noventa.

Como apunta Parntoy (1999), la década del noventa fue una década de mercados en alza persistente: 10 sólidos años de economía en expansión; los inversores depositaban cifras récord en acciones y se embolsaban ganancias con porcentajes de dos dígitos año tras año. El boom en el precio de las acciones fue la tendencia alcista de mayor duración desde la Segunda Guerra Mundial. Algunas acciones o sectores aunque no mostraban resultados positivos, la totalidad de quienes continuaron invirtiendo a lo largo de la década ganó dinero. Partnoy (1999) considera que durante esta época la gente llegó a creer en los mercados financieros casi con fe religiosa. Esto dio espacio a la nula falta de responsabilidad empresarial de grandes corporativos financieros. Los inversores equiparaban el cambio rápido y la destrucción creativa de las compañías con oportunidades de inversión.

Siguiendo con el análisis de Partnoy (1999), se destaca que hasta 1990, las diez empresas más grandes de los Estados Unidos como Exxon y General Motors se dedicaban a la industria o a los recursos naturales. En el año 2000, seis de las diez empresas más grandes pertenecían al campo de la tecnología y los servicios, y las dos más importantes -Cisco y Microsoft- no existían una generación atrás. Todas ellas pedían al gobierno menos regulación sobre todo en sus operaciones financieras pues argumentaban que se entraba en un nuevo contexto económico que operaba mejor a través de la autorregulación de los propios empresarios. Sus argumentos los basaban en que sus acciones casi siempre estaban en alza. Microsoft cumplió con las expectativas de los analistas en 39 de 40 trimestres, y durante 51 trimestres seguidos las ganancias de General Electric -empresa industrial líder, también involucrada en los mercados financieros- fueron mayores que las del año anterior.

Los mercados relativamente simples que los economistas financieros elogiaron durante la década del ochenta por su eficiencia y capacidad de autocorrección sufrieron un cambio radical hacia 2002. Los mayores mercados eran privados y sus transacciones no estaban reguladas. Los derivados financieros se hicieron tan típicos como las acciones y los bonos, y había casi tantos activos y pasivos en los balances como fuera de éstos. Así las ganancias que informaban las empresas en muchos casos eran ficticias, y los informes financieros se caracterizaban por múltiples salvedades en los dictámenes. Sin embargo, los inversores y analistas le prestaron más atención a la información generada por el sistema de precios, producto de la oferta y la demanda en el mercado. Un mercado que fue dejando la racionalidad y se convirtió en especulativo. Aquí la administración pública tuvo serias omisiones al no regular y vigilar mas estrictamente a personas y empresas fraudulentas que afectaron a miles de ciudadanos honestos.

Otro aspecto sobresaliente fue como a partir de cuatro décadas a la fecha, muchos políticos que asumieron el gobierno tanto en países desarrollados como en países subdesarrollados eran empresarios. Su visión sobre la administración pública se volvió más adversa a la regulación y se trato de gobernar a los países como si fueran grandes corporativos. En el estudio de Partnoy (1999) se destaca que en pocos años, los entes reguladores perdieron el escaso control que ejercían sobre los intermediarios en el mercado, quienes, a su vez, perdieron el poco control que tenían sobre los gerentes corporativos, y éstos sobre sus empleados. Esta cadena de pérdida de control llevó a que muchas compañías asumieran riesgos de manera exponencial, en su mayor parte a espaldas de la administración pública. En pocas palabras, la apariencia de control en los mercados financieros era ficticia.

Antes de 1990, los mercados estaban dotados por el comercio de bienes relativamente simples, en su mayor parte acciones y bonos. En resumidas cuentas, la década del ochenta fue un período bastante simple en las finanzas, pero a partir de los noventa los mercados financieros se tornaron cada vez más competitivos y los márgenes de ganancias disminuyeron. Ello llevó a fuertes presiones a los ejecutivos quienes demandaban más desregulación y la no intervención gubernamental en la economía. Así en la década de los 90 se empezaron a presentar significativos fraudes y crisis financieras que siguieron aumentando en tamaño y complejidad.

Según estimaciones de Thomas Krantz, Secretario General de la Federación Mundial de Mercados Bursátiles, entre diciembre de 1999 a enero del 2003, el efecto inicial negativo a nivel mundial de los escándalos corporativos propiciado en parte por una desregulación excesiva se tradujo en una perdida para las empresas por aproximadamente 13 billones de dólares con respecto a su valor en el mercado accionario. Pérez de Silbanes (2004) calcula que el efecto anual agregado en el valor de las empresas demandadas fue de dos billones de dólares en 2002. En el Foro Económico Mundial celebrado en enero del 2003 en Suiza, se reunieron más de 2 mil 100 lideres con el objetivo principal de buscar soluciones sobre el fraude accionario y la contabilidad creativa que estaban aplicando múltiples empresas en todo el mundo con tendencia desregulada. En esta cumbre se concluyó que la confianza de los inversionistas hacia las empresas y las entidades reguladoras se había deteriorado. Aquí el director general de Moody´s Investors Service, Raymond Mc Daniel, reconoció la desconfianza que existía ya hacia las principales firmas de auditores y agencias calificadoras que también se vieron asociadas a los graves escándalos corporativos.

También en junio del 2002, durante la cumbre anual del “Grupo de los Ocho” países más industrializados del mundo, el Presidente de los Estados Unidos George W. Bush, declaró su gran preocupación por las prácticas contables en Estados Unidos y por las transgresiones de los Gobiernos Corporativos. La corrupción contable de varias de los principales gobiernos corporativos norteamericanos se reflejo en desinversiones y subvaluaciones de los instrumentos financieros de los inversionistas globales, pues las principales empresas involucradas desestabilizaron los sistemas financieros extranjeros por sus significativas transacciones a nivel internacional, tel fue el caso de: Enron, Worldcom, Xerox, Vivendi, Universal, Marth Stewart, Williams, Cms Energy, Global Crossing, Qwest, Tyco Plastics, El Paso, Dynegy, Inclone Systems Incorporate. Actualmente varios de estas empresas continúan siendo investigados por la SEC por la magnitud de sus fraudes y por la responsabilidad directa de sus respectivos gobiernos corporativos.

Cuando Enron quebró a fines de 2001, destruyó el patrimonio de cientos de inversores y hundió consigo otras acciones. Después de algunos meses, los inversores volvieron a cobrar confianza en los mercados. Pocos se cuestionaron si los problemas de Enron era sólo la punta del iceberg. Los inversores se sobrepusieron a las pérdidas. Más tarde Global Crossing y WorldCom se declararon en quiebra. Se produjeron decenas de escándalos corporativos cuando los principales índices bursátiles perdieron una cuarta parte de su valor. El Congreso estadounidense expresó su indignación y apaciguó a algunos inversores mediante la implementación de reformas contables menores. Sin embargo, la mayoría de los inversores estaban confundidos y ya no tan confiados en que la "mano invisible" de Adam Smith castigaría a las malas compañías y recompensaría a las buenas.

Las empresas fraudulentas se basaron en técnicas complejas de ingeniería financiera y efecto “window dressing”, desencadenando con ello una de las mayores crisis financieras de la historia ante una mínima supervisión e intervención del Estado en sus actividades. En julio del 2002 Wall Street presentó la situación más negativa de los últimos años. Esto por los confirmados y por otros presuntos casos de fraudes empresariales de al menos 13 grandes empresas que pertenecen a sectores estratégicos de la economía estadounidense. Así Wall Street perdió gran credibilidad, transparencia y confianza. El efecto negativo directo se reflejo en el Dow Jones, que aunque fue el indicador menos golpeado perdió el 9% durante el primer semestre del 2002. El Nasdaq, que opera títulos tecnológicos, perdió el 30% y se mantuvo en su mínimo histórico de los últimos cinco años.

El asunto del fraude corporativo y la desregulación excesiva ha llegado a ser tan grave para los mercados financieros, que se llegó a la necesidad de emitir una reglamentación muy estricta para las grandes empresas norteamericanas a través del “Acta Sarbanes–Oxley” (SAROX). El procedimiento completo del acta se concluyó el 26 de abril del 2003 y tuvo amplio reconocimiento a nivel internacional para tratar de mejorar las prácticas de buen gobierno corporativo y responsabilidad social empresarial.

Sin embargo y a pesar de estos hechos, muchos opinan que cualquier apariencia de control en los mercados de hoy es sólo una ilusión, no una realidad fundada. En la última década los mercados han estado al borde del colapso en varias oportunidades; los desastres relacionados con Enron y Long-Term Capital Management constituyen los ejemplos más prominentes.

En la actualidad, el riesgo de un colapso del sistema entero es mayor que nunca antes. Si bien un puñado de entes reguladores y gerentes de Wall Street conocen desde antes algunos de los problemas sistémicos, los inversores individuales en su mayor parte no perciben que la desregulación excesiva puede originar un caos económico. La verdad es que, de un tiempo a esta parte, los mercados están fuera de control. Según Partnoy, El saldo nos indica tres cambios fundamentales en los mercados financieros durante los últimos quince años:

En primer lugar, los instrumentos financieros se han tornado cada vez más complejos y han sido desarrollados en una clandestinidad; cada vez hay más cantidad de especuladores que utiliza ingeniería financiera para manipular ganancias y evitar las regulaciones.

En segundo lugar, el control y la propiedad de las compañías han sido más ajenos entre sí. Ni siquiera los inversores más sofisticados pueden supervisar a la gerencia superior; tampoco los altos ejecutivos más diligentes pueden controlar a empleados cada vez más agresivos en sus operaciones e innovaciones financieras.

En tercer lugar, los mercados están más desregulados, y los fiscales no pueden en ocasiones castigar las malversaciones financieras. Estos cambios se han propagado por los mercados financieros de forma negativa.

Además de estos aspectos de falta de regulación sobre el capital y los empresarios, también se incremento la desregulación laboral. Los capitales foráneos pusieron como condición a nivel global una desregulación sobre las leyes de contratación y despedido de la fuerza laboral. De no cumplirse estas exigencias simplemente los capitales se trasladan a otras latitudes más flexibles. Así las conquistas laborales se han venido derrumbando tanto en países desarrollados como emergentes, y qué decir de países pobres.

Ante estos hechos en el Foro Económico Mundial de 1999 en Davos Suiza, las Naciones Unidas (ONU) planteó a los líderes de la comunidad empresarial mundial que, existe la urgente necesidad de "adoptar y promulgar" una serie de principios universales básicos tendientes a preservar la dignidad y los derechos humanos, cuidar el medio ambiente así como las normas laborales que debe seguir el empresariado actual o futuro a través de códigos de responsabilidad social. Se replanteó el papel del Estado sobre su intervención sana y mesurada a través de sus políticas publicas para garantizar crecimiento sano y sostenible entre los ciudadanos y empresas.

Entre estos principios está que las empresas deben evitar estar involucradas en abusos de los derechos humanos y eliminar todas las formas de trabajo forzoso e injusto. Esto se debe a que la actividad empresarial ha cobrado mucha importancia en los países a medida que se incrementa la urgente necesidad de crear empleos y riqueza. Las directrices de cooperación promulgadas por la ONU son particularmente importantes por la tendencia para llevar a cabo nuevas formas de asociación económica que no incluyen directamente a los gobiernos. Así en un ambiente de privatizaciones y desregulación laboral internacional es importante establecer estándares de ética entre las partes involucradas pues de no hacerlo se puede incrementar los casos de explotación laboral en todos los tamaños de empresa.

Los principios que propone la ONU a los empresarios los ha denominado: “pacto internacional”. Estos establecen que, a la hora de crear empresas o innovar sus sistemas de producción bajo criterios de productividad y competitividad, los empresarios tienen que:

• Abolir efectivamente el trabajo infantil.

• Eliminar la discriminación de género, racial, condición social o religión con respecto del empleo y la ocupación.

• Adoptar iniciativas para promover una mayor responsabilidad social y ambiental.

• Alentar el desarrollo y la difusión de tecnologías inocuas para el medio ambiente.

También destaca este organismo la promoción del desarrollo empresarial con el acceso justo y democrático de todos los estratos sociales a los conocimientos, la tecnología y su transferencia. Otros organismos que también participan en esta línea de pensamiento son: el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), Organización Internacional del Trabajo (OIT), Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), Doing Bussinness (DB), Organización de Estados Americanos (OEA), Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Unión Europea (UE), etc.


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