BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

SOCIEDAD, DESARROLLO Y MOVILIDAD EN COMUNICACIÓN

Jorge Nieto Malpica (editor)


 


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¿Cómo nos ven los ciudadanos?

Carlos David Santamaría Ochoa*

Resumen

El periodismo ha sufrido una serie de transformaciones en las últimas décadas; para el ciudadano de la capital del estado de Tamaulipas, los periodistas han dejado de cubrir las prioridades básicas de un informador, como son las de orientar y ser factor de cambio en la opinión pública, lo que les ha llevado a convertirse en voceros de quienes tienen la responsabilidad de gobernar o son figuras públicas.

Han desaparecido de los medios escritos y electrónicos los reportajes y crónicas, para dar paso únicamente a la noticia y la columna, informativa y de opinión. El ciudadano considera que la información que recibe es únicamente un reflejo de las declaraciones de hombres públicos y carece de validación por parte del periodista. No se investiga ni se indaga, sino que se concreta a reproducir una conversación sostenida con anterioridad.

El presente trabajo presenta la visión que tiene el ciudadano sobre el periodista que labora en medios escritos, electrónicos y en Red, y la versión del mismo profesional del periodismo acerca de su postura en la sociedad.

Abstract

Journalism has suffered a series of transformations in recent decades; for the citizen of the state capital of Tamaulipas, journalists have stopped covering the basic priorities of an informant, such as the guiding and change factor on the public opinion. Nowadays, journalists are only considered as spokespersons, of the people who have the responsibility to govern or are public figures.

They have disappeared from print and electronic media the journalistic research. We can only find news and comments. The citizen feels that this type of information is only a reflection of public statements of and lacks of any type of judgement from the journalist. It´s only a reproduction of an specific conversation sustained earlier. This document presents the vision of a citizen at the journalistic work in print media, electronic and network, and its version of their position in society.

Introducción

Durante su reciente visita a la ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas, lugar que no visitaba desde hace 47 años, Gabriel García Márquez, gratamente sorprendido por el hecho de que la vieja estación del tren llevara su nombre, confesó que todos los días sufre “como un perro” al leer los diarios con objeto de enterarse de las novedades que consignan éstos en sus páginas.

El Premio Nobel de Literatura 1982 dijo que este sufrimiento es por la mala calidad del periodismo escrito, y porque es raro encontrar notas o reportajes que sean auténticas joyas.117 “El periodismo es una vaina que uno lleva por dentro”, afirmó. También lamenta el escritor el hecho de que el periodismo actual se haga de prisa, “por lo que los periodistas no pueden pensar mejor lo que escriben”.

García Márquez dice que el periodismo lo lleva en el alma y es “el oficio más bello, y contra eso no hay nada que hacer. Asegura que diariamente lee varios periódicos, pero “Cada mañana es un desastre, sufro como un perro”, dijo. También admite que los periódicos de hoy en día deben competir con la radio y la televisión118, pero la escritura tiene una gran ventaja sobre los medios electrónicos: “escribir sale del alma, los otros medios son aparatos, son máquinas”. Esta realidad que el colombiano retrata en sus declaraciones coincide con la opinión de ciudadanos tamaulipecos en el sentido de que hay algo que se pierde a diario y que hace que el periodista tenga otra imagen ciudadana. Ya no es el influyente que escribe y comenta las noticias. Hoy es prácticamente un transmisor de declaraciones.

Conforme han venido presentándose los avances tecnológicos a través de los años, el periodismo ha sido objeto de diversos juicios que pretenden influir en su contenido, aunque son aspectos totalmente distintos. No se puede juzgar el contenido de un medio de comunicación por la tecnología con que busque trascender. Si bien es cierto que es importante la actualización constante en todos sentidos, suponemos que en el periodismo, se ha quedado al margen la ubicación del contenido respecto a las demandas sociales.

La tecnología no tiene nada que ver con el contenido: la primera es el conducto y el segundo es el objetivo final que debe existir y en el que los principios fundamentales de esta actividad no deben desaparecer, aunque sí –reiteramos- deben actualizarse de acuerdo a las necesidades sociales.

El vertiginoso cambio social que se ha experimentado en el mundo nos obliga a hacer un periodismo más comprometido y veraz. Atrás quedaron aquellos comunicadores y medios cuya misión principal era la de maquillar los hechos, confundir a la sociedad y ser un factor de decisión comunitaria, aunque estuviera fundamentado todo ello en la manipulación de la información. Hoy, los medios y quienes participamos en ellos, somos enjuiciados por una sociedad más preparada; con mayor capacidad de información, que se ha vuelto más crítica y demanda que la realidad esté plasmada en cada línea ágata de los diarios o en cada segundo, tanto en la radio como en televisión, así como en cada Kilobyte de los portales informativos.

González Longoria (1999) dice que para algunas personas el periodista es el “vendido” por autonomasia a intereses comerciales y de otra índole. Otras veces es víctima de la censura, presionado por intereses de directivos , y en ocasiones juega el papel del mentiroso que “maquilla” las cifras y datos que supuestamente reflejan la realidad. Es el manipulador, el sensacionalista, el transgresos de principios morales y lineamientos estalecidos por las leyes. En este sentido habrá que preguntarse sobre la opinión que tiene el lector o el usuario de los medios de comunicación acerca del periodista y de los mismos medios.

¿Cuál es el contenido que espera la sociedad de los medios? ¿Cómo nos están viendo y juzgando?

Si nos detenemos en un estanquillo o un puesto de periódicos, veremos que la información por lo general es uniforme: prácticamente todos los medios locales manejan los mismo: la noticia principal, antes no era sujeta a comercialización, dado que significaba en parte la orientación de la línea editorial del periódico. Hoy, es común observar que la noticia destacada se refiere a actividades gubernamentales que, si bien es cierto que tienen trascendencia para la sociedad, para la gente no suponen contar con el interés suficiente para ser considerada como la principal información que se transmita.

Por otra parte, se puede observar que los medios tienen una tendencia hacia la “nota roja”, la noticia en la que se destacan hechos de sangre, y pareciera que entre las publicaciones y espacios electrónicos, hay una gran batalla para ver quién publica la fotografía con mayor contenido de violencia… y de sangre.

Ya se ha convertido en algo rutinario ver una imagen de alguien descuartizado o quemado, de un vehículo totalmente deshecho o inclusive de niños delincuentes, pese a que este aspecto no está permitido por la ley. La violación constante de la ética periodística es algo que se aprecia de manera común en los medios, sin que haya algún pronunciamiento al respecto.

No se puede negar que el periodismo a pesar de todo sigue constituyendo una fuerza y poder tan grandes como los mismos periodistas lo desean, cuando se vive en un clima de respeto hacia la libertad de expresión, que aunque no es perfecto, acepta la crítica y expresiones que no necesariamente tienen que coincidir con el punto de vista oficial. En este sentido, Moirón (1994) asegura que la crítica por lo general tiende a ser respetuosa de la dignidad y jerarquía del personaje del que se trate, o por lo menos así se establece en los lineamientos de la profesión, los que en últimas fechas han tenido un cambio poco favorable con la aparición de espacios donde pareciera que lo más importante de la noticia es ventilar aspectos meramente personales de los protagonistas de la sociedad.

Enfatiza la autora que “Ejercer el periodismo en todos sus niveles, desde el más modesto hacia el más alto, implica una responsabilidad social que en ningún momento puede o debe ser alterada. Por eso se exige honestidad, verticalidad y congruencia con uno mismo”119

Algunos editores entrevistados sobre el tema afirman que publican “lo que la gente quiere, y como le gusta ver sangre, eso es lo que le damos”. Los periódicos vespertinos han cambiado algunos conceptos en Ciudad Victoria: por lo pronto, ya se imprimen a temprana hora y se comercializan a la misma hora que los considerados matutinos. Por otra parte, el contenido está basado en la “nota roja”, el accidente, el escándalo, el crimen. Cierto es que nuestro país y gran parte del mundo atraviesan por una situación difícil en cuanto a seguridad, y que los asesinatos y actos al margen de la ley se han multiplicado, pero no quiere decir que tengamos necesariamente que publicar con lujo de detalles estos acontecimientos, cuando hay otras cosas más importantes que informar.

Un sondeo por las calles de Victoria120 nos hace reflexionar acerca de lo que estamos leyendo en los diarios locales: ciudadanos de distintos rangos de edad, género y clase socioeconómica coinciden en que la información de la prensa ha dejado mucho que desear: el hecho de manejar información oficial como principal ha originado pérdida de credibilidad, y los periodistas, en términos generales, somos vistos por la ciudadanía como trabajadores de la pluma con tendencias informativas acordes a intereses personales más que comunitarios. Ya no somos el factor de opinión de antaño como establecen algunos autores. Hoy nos tachan de corruptos, de manipuladores de información, de amarillistas, de entrometidos. Todo esto es lo que hemos reflejado en los últimos años gracias a la influencia tanto de los diarios más influyentes como de medios electrónicos, donde el rumor y el chisme, el “se dice” o el “cuentan” se ha convertido en lo más importante, dejando a un lado los principios y responsabilidades fundamentales del periodista (Marín)121 que nos llevan a tener una preparación adecuada, decir la verdad y establecer un importante compromiso social.

Cierto es que los medios tienen que propiciar formas de subsistencia, y la inserción pagada es fundamental en su economía, sin embargo, para algunos ciudadanos no es válido el hecho de que se venda el espacio de la noticia principal, concepto que coincide con periodistas de una larga trayectoria. Finalmente, quien debiera calificar el contenido, presentación y todo lo referente al medio de comunicación en cualquier soporte es el público: el lector, el televidente, el radioescucha. La realidad nos lleva a pensar que nos hemos convertido en espectadores pasivos, que no exigimos ni la mejora al contenido ni a las formas en que nos lo presentan.

En la mesa de discusión conformada por estudiantes del 4º. Período de estudios en la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Unidad Académica Multidisciplinaria “Lic. Francisco Hernández García” de la Universidad Autónoma de Tamaulipas122, se obtuvieron conclusiones interesantes en el sentido de que quienes se preparan académicamente para poder ocupar alguna plaza en los medios de información piensan que hay una gran corrupción en el periodismo, propiciada por bajos salarios; ignorancia de algunos exponentes de esta actividad y los grandes intereses de los editores; así como la manipulación que a través de las oficinas de Comunicación Social se lleva a cabo, sea en forma de conductas sugeridas o de publicaciones pagadas por su espacio y contenido.

La realidad que los jóvenes universitarios han plasmado en la mesa correspondiente, no es ajena a lo que se ha captado en el sondeo realizado en las calles de Victoria. Todos sabemos cuál es la opinión de los ciudadanos hacia los medios, sin embargo, quienes estamos involucrados en ellos no queremos ver esa realidad justificando las decisiones que hemos tomado, y quienes no están involucrados, pretenden seguir siendo usuarios pasivos con la idea de no meterse en problemas, sabiendo que todavía se presentan casos en los que un periodista, por represalias hacia una persona o institución, maneja información que no está apegada a la realidad, amparado en la gran impunidad existente en las instancias judiciales.

¿Qué hacer entonces para cambiar los contenidos y la imagen de los medios y quienes laboramos en ellos?

Sin lugar a dudas, urge replantearnos qué es lo que deseamos al respecto: si realmente tenemos interés en seguir vigentes como un recurso influyente en la forma de pensar de la sociedad, y si pretendemos seguir engañándonos, validando contenidos no acordes a las necesidades sociales con una frase que en términos generales tiene que ver con él “es lo que le gusta a la gente”.

El periodismo debe recuperar su credibilidad y dejar a un lado el amarillismo en el que nos hemos sumido en la actualidad. Cierto es que siempre habrá terremotos, huracanes y tsunamis, así como el que los ferrocarriles seguirán descarrilándose o los aviones tendrán problemas, pero es tiempo de pensar en promover la “otra información”, la que sea aceptada por su interés general y no por los sentimientos morbosos que hoy nos ocupan.

Tenemos que tratar de desterrar el hecho de ver con toda familiaridad y naturalidad aquellas imágenes donde no hace falta una descripción ante el horror que significa ver cuerpos mutilados o niños golpeados, donde una mujer amputada por una bomba es algo “natural”, o donde acceder a la narración pormenorizada del más horrendo asesinato sea una cosa tan natural como leer un cuento de hadas.

Los periodistas tenemos una gran responsabilidad al respecto, y se tiene que hacer un gran esfuerzo en las instituciones de educación superior para cambiar la imagen del periodismo del nuevo milenio: dejar a un lado la violencia y destacar más los hechos positivos y de progreso que lo que nos está acabando como sociedad.

La responsabilidad, podríamos decir que es compartida tanto por los periodistas, los futuros comunicadores y por la sociedad, ya que si no despertamos y comenzamos a exigir una mejor y mayor calidad en la información, estaremos condenados a seguir padeciendo el tener que leer, ver y escuchar lo que unos cuantos quieren transmitirnos, motivados por la transmisión de intereses puramente personales.

En este sentido cabe mencionar que el periodista como cualquier otro profesionista tiene intereses personales, los que idóneamente no debieran anteponerse a los que exige una profesión que demanda un alto grado de compromiso social.

Es la hora de que exijamos a los medios de comunicación mayor veracidad y menos amarillismo: que el sensacionalismo y la falta de respeto a la vida privada de la gente deje de ser el factor de interés periodístico fundamental. ¿O acaso no nos gustaría más saber si el grupo mexicano “Maná” ha preparado una nueva producción discográfica en lugar de saber si Alex o Fher tienen una novia nueva o si han salido a la calle en ropa inadecuada, o conocer el resultado de la propuesta de reforma energética del país, antes de preocuparse si algún secretario de estado tiene un nuevo romance?

Bibliografía

BENITO, A. (2001). Diccionario de Periodismo. Madrid: Acento, 2001.

ORTIZ, G. y Uribe, F. (2004). Diccionario de Metodología de la Investigación Científica. México: Limusa.

GONZÁLEZ, L. y Silvia L. (1999). El Ejercicio del Periodismo. México: Trillas.

LÓPEZ, M. (1999). Cómo se fabrican las noticias. Barcelona: Paidós.

MARÍN, C. (2003). Manual de Periodismo. México: Grijalbo.

MOIRÓN, S. (1994). Cómo acercarse al periodismo. México: Limusa.

MONTEMAYOR, H. M. V.; García T. M. C. y Garza G. Y. (2006). Guía para la Investigación Documental. México: Trillas.

RODRÍGUEZ, C. I. (2005). Técnicas de Investigación Documental. México: Trillas.

SERRANO, H I. (1997). Técnicas de Enseñanza del Periodismo. México: Trillas.

TOUSSAINT, F. (1995). Crítica de la Información de Masas. México: Trillas.


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