BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

EL MIEDO EN EL NUEVO MILENIO: UN ABORDAJE ANTROPOLÓGICO PARA COMPRENDER LA POSTMODERNIDAD

Maximiliano E. Korstanje




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Terror, Angustia y Expectativas de los medios en referencia a la gripe A

A fines de abril de 2009, la noticia sobre un brote de un nuevo virus mutado entre la gripe humana, porcina y aviar en México causó un gran alboroto a nivel mundial. Rápidamente, los medios salieron a cubrir la noticia no con mucha responsabilidad. Al principio habían argumentado que el virus H1N1 se había llevado la vida de 150 personas, ese numero días más tarde bajo a 7 aunque fue progresivamente subiendo en le transcurrir de las semanas; y así los medios navegaban en una ola de contradicciones y noticias espurias día tras día. En la siguiente sección analizaremos en profundidad el discurso de algunos artículos publicados en los más importantes medios gráficos argentinos entre el 29 de Abril y el 24 de Junio de 2009. Del poder de la palabra divina, pasaremos al poder de la palabra escrita de quienes pretenden el conocimiento total de la realidad; en parte, los medios masivos de comunicación y su imagen-del-todo parecen haber reemplazado a los dioses quienes desde los cielos veían todas las acciones humanas.

En efecto, con motivo de la suspensión inicial –que de nada sirvió de todos los vuelos a México por parte de la Argentina, el diario la Nación titulaba “Polémica medida suspende el Gobierno los vuelos a México” . La fotografía central de la noticia, que por motivos de espacio no insertaremos en el texto, muestra a un grupo de vendedores y vendedoras apostados en un stand comercial de aeropuerto de Ezeiza con sus barbijos. La nota hace mención a una supuesta “medida discriminatoria” por parte del Gobierno argentino al cancelar los vuelos hacia y desde México. El artículo resalta las palabras del Jefe de Gabinete argentino, Sergio Massa: “la medida se tomo pensando en los argentinos; no es un castigo para los mexicanos”.

La palabra “castigo” en este contexto hace referencia a una falta, implícitamente su uso se debe a que se considera (aunque no se asuma explícitamente) cierta culpa en el gobierno mexicano por lo ocurrido. La prevención, el asilamiento se corresponde con la medida profiláctica que permite aislar al enfermo, al contaminado, al impuro del resto de la sociedad. No sólo veremos más adelante que estas medidas no sirvieron de mucho, sino que obedecen a arquetipos míticos específicos propios del milenarismo y que hace a la construcción del otro como “el caído”, “el condenado”. En contraste a esta idea, el propio grupo se muestra como “el elegido”. La figura de una pandemia se presenta como inminente y con ella la angustia y la impredecibilidad de lo trágico. Sin embargo, esta columna preliminar hace hincapié sólo en las pérdidas económicas iniciales de México, claro está en una etapa de la enfermedad que se presenta como incipiente. Se busca infructuosamente “El pueblo que se cree ser el foco del virus” y más tarde el niño que “inicialmente transmitió el virus”. Esta actitud se vincula a la necesidad de un “chivo expiatorio” que permita purificar de culpa a los involucrados y responsables. El viaje, el desplazamiento se constituye así como un mecanismo de propagación de la gripe porcina. La pregunta es: ¿Por qué?, ¿Cuál es el papel del extranjero en este juego?

El fácil contagio entre humanos parece ser una causa de temor y peligro en la manera en que se encuentra redactada la columna de Franco Varise en la página 3 de la misma Edición de la Nación titulada “La Argentina suspende vuelos de México” . La noticia pronto agotó los barbijos y el alcohol en gel en la mayoría de las farmacias porteñas. ¿A que se debe tal pánico? La muerte se presenta en la vida cotidiana del hombre como intempestiva, disgregadora y caótica. Malinowski ha estudiado brillantemente los efectos de la emergencia de la muerte en el culto religioso y la comunicación con los ancestros tribales. El dolor de los deudos reposa no tanto en la necesidad de retorno sino en la elaboración ritual para que un evento similar no suceda nuevamente sin aviso (Malinowski, 1993); así como los dioses vuelven en el fin de los tiempos, así volveremos a re-encontrarnos con nuestros seres queridos. Tomando dichas contribuciones, en su trabajo sobre la “tragedia de Cromagnon”, Korstanje escribe “los monumentos y los santuarios tienen dos funciones fundamentales, evitar que el hecho vuelva a repetirse sobre todo cuando éste está sujeto a las fuerzas invisibles del azar y lograr la cohesión grupal. Para poder controlar el azar y garantizar el orden se deben ofrecer a los dioses ciertos sacrificios, “los chivos expiatorios” son parte de esa ofrenda, sobre la cual el grupo establece la seguridad, frente al caos que representa la inevitable presencia de la muerte” (Korstanje, 2007). La imagen del viaje trascendental que implica el-morir-en, de cierta forma transmuta la angustia y la proyecta en un viaje específico que es desplazamiento físico-temporal. Por eso huimos y por ello los medios masivos de comunicación reflejan como preocupación principal los efectos de La Gripe A en los viajes o el turismo internacional. Ahora bien, es interesante no descuidar que los esfuerzos se concentraron rápidamente en los aeropuertos internacionales (en vano), sin embargo a pesar de ello, el virus llegó rápidamente a casi todas las latitudes del planeta.

El Diario Clarín también hace referencia (en su página central) a la suspensión de la hospitalidad argentina para con los mexicanos con motivo de la gripe A. El artículo comienza remarcando “que si bien hasta ahora no hay ningún caso en Argentina de esta nueva cepa de gripe, se analizan tres casos sospechosos de 19 posibles ingresados al país del extranjero”. Por demás interesante nos parece la siguiente frase, la cual se transcribe en forma textual a como ha sido originalmente publicada y que remite a un supuesto testimonio de un testigo argentino que ha retornado de México, cuya identidad además se mantiene en anonimato: “nos fuimos de México para visitar a nuestra familia, porque no tenemos clases hasta el 06 de Mayo, contó xxxx (…) a Clarín ayer en el aeropuerto internacional de Ezeiza. Tiene ocho años y usaba barbijo azul, como el de su hermano xxxx, de 16, quien aclaró que todavía no saben que pueden extender la suspensión por más días. Su madre, xxxx, explicó vinimos porque la situación en México es alarmante. La mayoría de los afectados con gripe porcina son niños y ancianos” . En el texto anterior, pueden notarse dos elementos importantes. El primero es la pertenencia identitaria de la familia como forma de retorno a una base segura, que es su hogar, su tierra como un ritual de buscar protección y seguridad. Segundo, la vulnerabilidad de los niños como los principales afectados por el virus. Este discurso, volverá a repetirse en otras noticias sobre el mismo tema.

Como marcáramos en la entrevista introductoria que inicio el presente trabajo, la angustia parece potenciarse cuando el fantasma cae sobre las generaciones futuras; cuando lo que está en juego es la trascendencia del propio Dasein (Heidegger, 1997) y, así angustiado, el Dasein no puede darse fin sino ver la escena como un espectador en primera fila (Kierkegaard, 2003; 2005; 2006); en efecto, el principio regulador de la naturaleza que-nos-contiene hace su aparición encarnada en la “cruel” realidad de un diminuto organismo, un virus, cuya acción se presenta fatal a “la omnipotente” existencia humana; un despertar del pathos sobre la construcción racional lógica (Nietzsche, 2008).

Una semana más tarde, el 06 de Mayo de 2009 el diario Clarín en su página 18 titulaba “fuerte queja de México por las medidas vejatorias”; los hechos parecen haberse sucedido de la siguiente manera según cuenta el informe: el presidente mexicano Felipe Calderón reprendió severamente a todos los países que de alguna u otra forma pusieron barreras restrictivas contra su país y el tráfico de personas o mercaderías. Surge la figura de la discriminación como un elemento discursivo innegable; y todo acto discriminativo es evidentemente político . Dentro de la misma edición, en otro artículo subsiguiente, se hace mención a los 100 mil empleos que se han perdido en el sector turístico debido a la negativa imagen que ha tomado la ciudad de México. Dice la columna “el virus de influenza enfermó a algunos y a otros nos acabó financieramente” . En la misma página un segundo artículo titula “Muere en los Estados Unidos la segunda víctima de la gripe”; el tono del mismo va unido a un incesante aumento de infectados provenientes del vecino país de México y aclara que la segunda víctima (la primera una beba mexicana de 23 meses) padecía trastornos crónicos de salud. Este supuesto trastorno aleja a la víctima del mundo de los “normales”; lo que es peor, es que a esa idea se le suma un debate entre el presidente B. Obama y W. Gheen por el cierre de fronteras a la inmigración ilegal. Al eje ideológico mexicaneidad / americaneidad propio del etnocentrismo estadounidense, se le suman otros dos componentes: a) la angustia surgida del lamentable deceso de la bebe de 23 meses, so pesar de una aclaración pertinente acerca de su mexicaneidad que se opone a la americaneidad; y b) la aclaración de un trastorno previo de salud en la segunda víctima, ella sí americana nativa. Como se ha afirmado en párrafos anteriores, lo repentino de la muerte debe ser humanizado, intelectualizado mediante diversas excusas e ideas que ayuden a sobrellevar la angustia de realmente no saber cuándo, cómo y dónde vamos a morir; paradójicamente, como explica Heidegger, es esa desnaturalización del-morir-en lo que permite la vida. Asimismo, la discriminación y el aislacionismo no sólo reducen la angustia sino que intenta restablecer el orden social.

Varias semanas después, la gripe A se esparció por todo el mundo; incluso llego a la Argentina. De este hecho, el 02 de Junio de 2009, ya la gripe toma estado de pandemia y ante su incesante avance, las autoridades deciden cerrar los centros educativos en donde se detectaron casos. El artículo enfatiza que “en cuanto a la situación escolar, los más afectados son los colegios privados de las zonas norte del GBA y de Capital. Diez de éstos cerraron por 14 días porque tienen alumnos contagiados. Pero el virus podría haber llegado al sur: hay casos en estudio y colegios cerrados de forma preventiva en Barracas, Adrogué y la localidad quilmeña de Ezpeleta… . Esta concentración de casos en niños provenientes de familias acomodadas residentes en la parte norte de la ciudad, no aplica el estereotipo de “enfermedad-de” como ha sido el dengue, enfermedad transmitida por el mosquito Aedes Aiyipi y que fue rápidamente identificada como la enfermedad de la pobreza. En este caso, la gripe A no es llamada la “enfermedad o el virus de la riqueza”; en parte porque, al igual que el dengue, no lo es, pero seguramente porque el código es usualmente manejado y distribuido por ciertos grupos en detrimento de otros. Claro que el escándalo para ciertas elites aristocráticas sobrevino ante la posibilidad que el virus sobrepase el segundo cordón bonaerense donde existen personas sub-alimentadas y no en la propia responsabilidad en diseminarlo.

El 23 de Junio de 2009, ya con 17 fallecidos en todo el país, el periódico la Razón se cuestionaba “de las 17 personas que murieron por gripe porcina en el país, cuatro eran de capital federal y 13 de la Provincia de Buenos Aires (…) pero el avance de la gripe A no terminó. Según advierten los especialistas, todavía no llegó al pico de casos, que se daría en las próximas semanas, con la consiguiente suba en la cifra de internaciones y de víctimas fatales” . Por esta misma noticia, Clarín afirmaba trágicamente que “para controlar entonces el impacto en Capital y el Conurbano, se están haciendo cambios en la atención hospitalaria. El ministerio de Salud bonaerense, a cargo de Claudio Zin, anunció ayer que los hospitales del conurbano también postergarán las cirugías que no sean urgentes para que se dejen libres camas para los casos más severos” . Claro que ahora, era Brasil el país que no recomendaba viajar a la Argentina y de ello los medios también se hacían eco. Basados en que el 40% de los contagiados brasileros habían estado por turismo o negocios en Buenos Aires, las autoridades brasileras habían dado el alerta a sus ciudadanos y sugerido no viajar a Argentina a no ser que sea estrictamente necesario. La recomendación alcanza a niños menores de 2 años y ancianos mayores de 60. La columna en este caso, dice que “la decisión no deja de sorprender”, justo allí donde hace unos meses se hablaba de medidas de protección, ahora son decisiones que sorprenden. De esta lectura se desprenden dos nuevos elementos, la discriminación sufrida es expulsada hacia fuera como algo ajeno a la comprensión propia que se pronuncia como universal, los términos cambian según las conveniencias en juego de quienes arman los discursos. Entonces el entendimiento es propio y la demonización es del otro; como bien ha señalado Bauman, el gran espanto sobre los jerarcas nazis en el juicio de Nüremberg no devino por lo que han hecho sino porque los informes psiquiátricos los mostraban como seres normales y sociables; en el fondo, su demonización nos hace olvidar por un momento que todos nosotros podemos ser parte de lo mismo; todos llevamos el mal tan profundamente arraigado en nuestra voluntad-de-poder (Bauman, 2008).

Por otro lado, existe una tendencia a la “demarcación” que es precisamente propia de quienes “marcan-a-otros” de tal o cual manera. Esta potestad inherente a los grupos que ejercen poder contribuye a crear una mito-poiesis de las causas de la enfermedad. Como resultado final, ciertos grupos minoritarios son estigmatizados y señalados como los responsables de la pandemia por el sólo hecho de ser vulnerables o “simplemente más pobres” que quienes trajeron el virus de sus viajes a los países centrales. Por último, el broche trágico lo selló la muerte de dos embarazadas en la Provincia de Buenos Aires. El hecho fue cubierto tanto por El Argentino (diario de postura oficial al gobierno argentino) como La Razón (diario opositor al mismo); claro que en diferentes formas . Si bien ambos medios dedicaron igual espacio, La Razón encabezó el hecho como “mueren dos embarazadas por gripe A y se suma otro caso en el interior”, mientras el Argentino hizo lo propio recalcando que “ya son 23 los muertos por gripe A”. Veamos como se van desarrollando los discursos comparativamente:

El tratamiento del Argentino es sumamente escueto con referencia a la noticia de las dos mujeres embarazadas, mientras introduce el descubrimiento de un caso de contagio entre una persona y un cerdo; hecho por el cual se han extremado los controles en el INTA (Instituto Nacional de tecnología Agropecuaria) y Senasa ambos organismos del estado cuya función es velar por la seguridad de los alimentos importados y producidos en el país. La edición muestra una fotografía de una larga hilera de personas esperando para ser atendidos frente al hospital de campaña montado en una plaza de la ciudad de Buenos Aires; más abajo, una niña llorando es atendida gentilmente por un profesional de la salud bajo la leyenda “el gobierno intensificó la campaña de prevención, diagnóstico, tratamiento y vacunación”.

Diferente es el discurso de la Razón, el cual no enfatiza tanto en las acciones que supuestamente emprende el gobierno en la fase de contención, y mitigación de la enfermedad sino la propagación de la misma. El recorte dice así: “en medio de la preocupación por el agravamiento de la epidemia a nivel nacional, se confirmó que en las últimas horas dos mujeres, ambas embarazadas, murieron por gripe A en las localidades de Lujan y San Miguel, mientras sumó el segundo caso en el interior del país. La primera víctima, una joven de 22 años con 38 semanas de gestación, era oriunda de General Rodríguez y había ingresado a una clínica privada de esa localidad, donde murió ayer con la sintomatología propia del virus de la Influenza A. Pese a la situación, los médicos lograron salvar al bebe. La segunda muerte sería la de una joven de 19 años, que falleció en el Hospital Arcade de San Miguel. Sin embargo, en el municipio negaron la información”.

En el segundo texto reseñado, puede observarse una angustia, a la que el columnista llama “preocupación” por el avance al cual denomina “agravamiento” de la epidemia en Argentina. La confirmación de estas dos víctimas contradice el sistema mítico propio de los hombres en el sentido levi-straussiano; la muerte reclama su presencia justo ahí donde se encuentra la vida; dos mujeres –que ya de por sí son portadoras de vida por estar embarazadas– jóvenes contraen el virus. Las culturas occidentales no se encuentran preparadas para soportar “la muerte de un hijo”; en español, por ejemplo existe un estado asignado a quien pierde los padres: huérfano; otro asignado a quien pierde a su pareja, viudo o viuda, pero misteriosamente ninguno para quien pierde a sus hijos; para ellos no hay consuelo no por el hecho en sí, sino porque es negado, in-nombrado, impensado. Lo que empeora aún más la situación, es que una de ellas no ha fallecido en un Hospital del Estado, en donde los recursos médicos escasean o precisamente aunque no sea así son un fácil justificativo, sino en una clínica privada; este hecho potencia su dramatismo pero no culmina en una tragedia propiamente dicha; ya que los profesionales logran “salvar” al bebe que se encontraba en gestación. La negación es parte inherente al terror.

El segundo caso, va en línea similar, a pesar que las autoridades dicen negar el hecho, y entonces el dramatismo se ve acompañado del encubrimiento y la “corrupción política”; otro de los elementos mito-poieticos intervinientes en la formación mitológica. Claro, el problema ahora se sucede en que no existe certeza que ambas embarazadas hayan muerto de Gripe A, el columnista lo menciona sólo al final de la nota. Nuevamente, el compromiso de las generaciones futuras implica una comunicación con las pasadas implorando (metafóricamente) su protección. Por ese motivo es tan angustiante toda novedad o noticia que afecte de alguna forma la seguridad de “los hijos, los niños”, no precisamente, por su vulnerabilidad sino por la posibilidad de trascendencia. En contraposición, los que ya han partido y se encuentran en el más allá, nuestros ancestros, aquellos que nos han dado la identidad, se predisponen para intervenir entre los hombres y la divinidad. El culto a los muertos parte intrínsicamente de la factibilidad de morir y la seguridad de recibir el beneficio de la hospitalidad divina. Ese viaje, tan especial, no sólo trabaja metafóricamente en la conducta humana sino en forma práctica modificando los comportamientos, las costumbres y las tradiciones. La gripe A parece haber despertado nuestros más recónditos temores y angustias, nos obliga a dialogar con una realidad que manteníamos reprimida. ¿Dónde se encuentra camuflada la culpa en esta tragedia?.

El fin y principio de un nuevo milenio han traído consigo sentimientos encontrados, una necesidad de purificación junto a una ola de terror secularizado ante la inevitable destrucción del mundo. En parte, todo Apocalipsis implica una conflagración final entre las fuerzas del bien y las del mal. Luego de ello, sobrevendrá un reino de mil años caracterizado por la confraternidad, la cooperación, la justicia y la igualdad (utopía). El deterioro de las costumbres humanas –y otros signos–, en combinación a la figura de la corrupción no son otra cosa que la simbolización del paso del tiempo y de la corrupción del propio cuerpo biológico. Es allí donde reside la culpa no asumida por las civilizaciones que ven en el milenarismo una forma de redención. Siguiendo este argumento, el H1N1 (incluso sus potenciales variaciones o mutaciones) parece haber despertado en el interior de las sociedades industriales la idea de que una pandemia apocalíptica hiciera estragos en gran parte de la población mundial. El riesgo se transforma en terror a medida que éste avanza autoritariamente por sobre la voluntad del hombre. A medida que lo peor deviene, surgen términos relacionados a la purificación, la limpieza, la exterminación de la suciedad o la desinfectación entre otros. Ahora, si lo inevitable deviene ¿porque desesperar?.

Los medios masivos de comunicación incrementan la sensación de angustia haciendo probable lo que es posible. En efecto, aun con coeficientes de mortalidad bajos, la gripe A se presenta como un posible exterminador. Semejante castigo sobre los hombres no sólo habla de una invocación divina, sino de la propia culpa que recuerda al hombre qué tan vulnerable es a la naturaleza que pretende manipular. En otras palabras, la necesidad de un Apocalipsis se encuentra ligada a la represión de las propias culpas no asumidas en la administración del mundo natural, esa tensión inevitable entre naturaleza y cultura, que el célebre antropólogo belga-francés Claude Lévi Strauss ha sabido señalar. Si en la antigüedad el hombre vivía pensando en la muerte y el “más allá” como una forma de trascendencia del ser, en la modernidad el hombre necesita de la muerte para sentirse vivo, porque ha perdido la perspectiva de su propia trascendencia. Sólo aquel que ha perdido a su padre, vive con la desesperación de experimentar la pérdida de su hijo.

Las sociedades se construyen acorde dos fuerzas en oposición; por un lado las fuerzas del orden y el bien situadas en antagonismo con el caos o el mal. En otros términos, si el mundo en sus orígenes fue fundado por las fuerzas del orden, en su fin será destruido por las del caos. Pero esta supuesta destrucción implica el renacer de una nueva etapa de prosperidad y entendimiento. La presencia de la muerte en la vida biológica del hombre implica una proyección con miras a una transformación y no a un deceso total. Así, como los hombres, las sociedades mueren y se transforman; de esta manera, los contextos socio-políticos proyectan su visión en las diferentes interpretaciones sobre los mitos escatológicos. En la medida en que el hombre avance sobre el mundo natural imponiendo su razón, como explicó muy bien F. Nietzsche, mayor será el horror producido por el encuentro entre el logos y el pathos.

Sin embargo, ¿cómo se continua la vida si el Apocalipsis trae la destrucción total del ser-ahí-con? El terror se despierta cuando nuestras generaciones futuras se encuentran amenazadas y se impide la trascendencia del “ser ahí con”. A diferencia de otros fines de milenio –como escribió Kumar– la modernidad parece ser testigo de un doble juego; una destrucción sin esperanzas que envuelven y niegan la trascendencia de las generaciones futuras. Los hombres pretenden horrorizarse de un supuesto que no depende de ellos, para olvidarse de aquello de lo que sí son responsables, ora del calentamiento global y la contaminación ambiental. De la figura “del padre de la fe”, en Kierkegaard que sacrifica a su propio hijo porque Dios se lo pide, la humanidad asume el papel del héroe trágico quien busca el sacrificio de los suyos como contraprestación; eso y sólo eso es lo que genera el pavor que vemos por doquier en todas las esferas de la vida pública. Metafóricamente hablando, si Abraham, quien casi sacrifica a su hijo, descansó en la voluntad de Dios, Agamenón, que hizo lo propio con la suya, se abandonó a sí mismo en-la-voluntad-de-poder, una voluntad de poder, sujeta a un juicio que es final y sobre el cual se configura toda nuestra vida terrenal. Llamaríamos a las sociedades modernas no sociedades del riesgo, sino sociedades temerosas del juicio, y sólo aquel que puede juzga. En los últimos tiempos, el paradigma científico ha hecho hincapié en la naturalización política del hombre sin más cuestionamientos, y parece ser ese el mayor terror que las sociedades modernas no pueden soportar

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