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EL MIEDO EN EL NUEVO MILENIO: UN ABORDAJE ANTROPOLÓGICO PARA COMPRENDER LA POSTMODERNIDAD

Maximiliano E. Korstanje




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REFLEXIONES FINALES

Por lo pronto, las contribuciones de Elías y de Foucault nos ayudan a comprender las estrategias que elaboran los Imperios en su proceso de colonización, pero sobre todo la dependencia que se da luego del proceso de “descolonización”. Si en la colonización, los nuevos amos tienden a imponer en situaciones de rebeldía y sedición, ya en la colonización la sumisión por vías pacificas es completa. Como será de dominio público, el último terremoto en Haití que cobró la vida de millares de personas ha despertado la sensibilidad de los países industriales. Solidaridad que lleva no la idea de ayuda sino de intervención. Dicha intervención en vez de solucionar el problema, como la intervención europea en África, agrava la situación. Mezclando piedad judeo-cristiana con una especie de paternalismo imperialista, ven hoy en Haití como en el pasado han visto en África, pobreza, corrupción y exclusión social como causas in facto esse de la terrible situación que experimentan. Lo cierto, es que el terremoto de Lisboa en 1755, país rico y potencialmente poderoso, no fue menos dramático que el de Haití. Posiblemente, los efectos secundarios han sido más dramáticos en el país caribeño que en el europeo a raíz de las condiciones materiales en las cuales viven unos y otros, lo cierto es que no son para nada determinantes. Por lo menos eso revela la cantidad de estudios y políticas de prevención o mitigación de desastres en África (Becker, 2009) (Van der Waldt, 2009) (Malele, 2009). Pues entonces, ¿en donde nace, siguiendo el desarrollo realizado hasta el momento, el principio ideológico de hegemonía?. La repuesta, sin lugar a dudas, es de la piedad. Expliquemos mejor este concepto.

La pobreza como realidad es una variable de difícil aprehensión. No sólo varía en cada sociedad, sino que además cada uno tiende a percibir que hay gente tiene menos pero hay otros que tienen más; a grandes rasgos, la tendencia de la percepción subjetiva es mantenerse siempre en el medio. En tanto retórica discursiva desde Roma a hoy, “la pobreza” es una pieza fundamental de la ideología. Por un lado, castigan a quienes por medio de la pereza han contribuido a esa situación mientras legítima las asimetrías preexistentes frente a lo no explicable, lo desconocido, lo maligno. Los hombres que desconocen su futuro justifican sus acciones por medio de construcciones ideológicas que tienen la particularidad de hacer posible que el resto de los grupos no involucrados recobren su estabilidad. La idea, de que un terremoto (devastador) puede ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar, paralizaría la actividad económica de cada sociedad. Para ello, es necesario articular mecanismos defensivos que ayuden al hombre a seguir adelante. Es una regla casi general, que luego de un gran desastre los hombres justifiquen los hechos por medio de construcciones como el castigo divino, el pecado, la corrupción, el autoritarismo, la pobreza etc.

Al margen de ello, Haití y África -además de la composición étnica de su población- tienen similitudes históricas. Ambas regiones han sido sometidas al euro-centrismo y a la colonización; antropológicamente hablando, los grupos humanos (como ha señalado el profesor Elías) basan sus jerarquías respecto a las diferentes formas de producción y circulación de bienes los cuales a su vez marcan la asimetría entre los estamentos. La guerra inter-tribal es un aspecto esencial de la configuración política ya que como ha visto Hobbes, por un lado el vecino va a querer lo que es mío pero por el otro dos clanes van a celebrar un convenio de no agresión, de comercio o de ayuda para evitar una constante guerra de todos contra todos. Inevitablemente, el devenir del tiempo y de estas guerras va a sedimentar la unión de diferentes clanes en un Estado o Confederación. Paradójicamente, cuanto más cruenta es la guerra más duradera es la paz a la vez que cuanto más duradera es la paz más cruenta vuelve a ser la guerra; el ciclo se repite en forma cíclica. No nos equivoquemos, la guerra es una forma productiva similar al comercio. No es extraño, observar en la mitología nórdica que Odin o Wodan, dios de la guerra también en épocas de siembra era considerado la divinidad del comercio. La clásica teoría antropológica (de Evans-Pritchard, Malinowski, Frazer, y Levi-Strauss) evidencia lo expuesto.

No obstante, las intervenciones externas sobre la regulación social de los clanes entorpecen las formas productivas hasta el punto de ser seriamente perjudicial. La colonización lleva consigo la idea de estabilidad, progreso y civilización, por tanto (y en ello se equivoca Elías) las diferentes luchas internas que dan sustento a la propia identidad (por ejemplo en el caso de África, pero también en el de América por parte de España), desaparecen en manos de los conquistadores. Anuladas las propias capacidades del clan para celebrar la hospitalidad (convenio de no agresión) o la hostilidad, la guerra en sí, desarman las estructuras políticas y las unidades familiares; el poder patriarcal o matriarcal se diluye en mano de los nuevos “amos”. Una vez extraídos todos los recursos de la zona conquistada, los imperios se repliegan dando origen al proceso de descolonización. En este sentido, las independencias nacionales van asociadas a dos realidades. La primera es que el independizado (o mejor dicho abandonado) posee menos recursos de subsistencia que antes, pero segundo, al no haber una autoridad política (Leviatán) que ejerza poder en la región, los grupos humanos comienzan lentamente a entablar la guerra entre ellos. Esta realidad, tan ajena y tan hipócritamente solventada por el desarrollo europeo, crea una imagen de subdesarrollo e incivilización que perturba la sensibilidad de los más cultos espíritus. El caos y el desorden civil en África se explican, según estas mentalidades, por el escaso grado de civilización o por categorías biológicas espurias como la inteligencia. Pero esa verdad, como dijo Foucault, fue marcada por la sangre y la expropiación lo cual genera un gran sentimiento de culpa reprimida. Se introducen, finalmente, la caridad y la piedad como dos formas niveladoras que ayudan a suavizar los efectos nefastos de la conquista. Por lo tanto, a medida que los países industriales y sus campañas de promoción asistencial a pueblos africanos o incluso a Haití, se intensifican, mayores son las erupciones de violencias internas y las revueltas. La colonización y la legitimación ideológica encuentran en el paternalismo el aliado fundamental y en la ayuda al prójimo su más horrenda forma de dominio. De esta forma, la ideología exonera las responsabilidades políticas de los imperios. Así a medida que las mujeres europeas u estadounidenses demandan por la adopción de niños africanos, mayor es el mercado negro y el robo de bebes en esa zona; a la vez que mayor es la ayuda asistencial en alimentos y vacunas mayor es el contrabando, la hambruna, la corrupción y el conflicto, etc. Como han revelado Elías, Robin, Foucault y Fromm en forma tan clara, detrás de este fenómeno se esconde el miedo político y su acción dificulta el verdadero progreso.

Referencias

Arendt, H. (1999). Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal. Barcelona, Lumen.

Becker, P. (2009). “Grasping the hydra: the need for a holistic and systematic approach to disaster risk”. Jamba, journal of Disaster Risk Studies. Vol. 2 (1): 1-13.

Douglas, M. (2007). Pureza y Peligro: un análisis de los conceptos de contaminación y tabú. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión.

Elías, N. (2002). Humana Conditio: consideraciones en torno a la evolución de la humanidad. Barcelona, Akal Editorial.

Foucault, M. (2001). Defender la Sociedad. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2006). Seguridad, Territorio, Población. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

Frazer, J. G. (1993) La Rama Dorada. Bogotá, Fondo de Cultura Económica.

Hobbes, T. (1998). Leviatán o la materia, forma y poder de una República Eclesiástica y Civil. México, Fondo de Cultura Económica.

Lévi-Strauss, C. (2003). El Pensamiento Salvaje. México: Fondo de Cultura Económica.

Malele, B. (2009). “The contribution of ineffective urban practices to disaster and disaster risks accumulation in urban areas: the case of former Kunduchi quarry site in Dar es Salaam, Tanzania.” Jamba, journal of Disaster Risk Studies. Vol. 2 (1): 28-53.

Malinowski, B. (1993). Ciencia, Magia y Religión. Buenos Aires, Planeta Agostini.

Puente, K. (2006). “Sobre la Concepción del Poder en Foucault”. Revista de la Universidad Cristóbal Colón. Cuarta Época, Año I. Teoría Sociológica Aplicada. Pp. 57-67.

Maquiavelo, N (2006). El Príncipe. Buenos Aires, Losada.

Robin, C. (2009). El Miedo: historia de una idea política. México, Fondo de Cultura Económica.

Spinoza, B. de. (2005). Tratado Político. Buenos Aires, Quadratta.

Van der Waldt, G. (2009). “Public Management and disaster risk reduction: potencial interdisciplinary contributions”. Jamba, journal of Disaster Risk Studies. Vol. 2 (1): 14-27.


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