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EL MIEDO EN EL NUEVO MILENIO: UN ABORDAJE ANTROPOLÓGICO PARA COMPRENDER LA POSTMODERNIDAD

Maximiliano E. Korstanje




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Economía, Terror y Orden Mundial

Los eventos que analizamos en el siguiente apartado están circunscriptos a coyunturas macro estructurales de gran complejidad como lo es la globalización y el neo-liberalismo; y dentro de ello la institucionalización macro-económica y política del terror. El profesor E. del Búfalo de la Universidad de Miami, analiza la doble cara de la globalización en primera instancia como una forma hegemónica e ideológica la cual genera dependencia económica y a la vez una re-territorialización física elusiva. En efecto, mientras por un lado la doctrina del libre comercio promueve la libre transacción entre países “desarrollados y subdesarrollados”, por los otros los Estados Nación desarrollados establecen rígidas barreras étnicas y nacionales a la entrada de inmigrantes y trabajadores temporarios de las zonas periféricas. En ese contexto, surgen nacionalismos y movimientos de reivindicación en los diferentes países donde existe una alta tasa de pobreza o deprivación material. Heredero del mercantilismo y posteriormente de la colonización, el cinismo neo-liberal asume que las fallas económicas de los países emergentes corresponden a malas políticas nacionales internas mientras que los beneficios de la globalización a la circulación “del libre mercado de capitales” (del Búfalo, 2002).

En este mismo lineamento, Paul Virilio sostiene las grandes ciudades pueden ser para algunos lugares desconocidos a los cuales temer. La ciudad de mediados de siglo XX se ha transformado en una aglomeración “memorial de un pasajero objetivado”. El hábito de descubrir por un lado orienta pero a la vez promueve una ceguera temporaria. La arquitectura urbana tiende a fomentar la comunicación bajo un clima de indiferencia absoluta. En la era del “conformismo mediático” y la “estandarización de la producción”, los hombres tienden a conformar su mundo en tiempo real. La lógica de la modelización de la globalización lleva a la demagogia del accidente por el accidente mismo (sea este local o global). En consecuencia, existe una dinámica industrial tendiente a relegar y controlar las emociones y los sentimientos. Las guerras y los conflictos, son convertidos en temibles dramas pasionales con nuevos episodios cada “tres horas”; la velocidad de propagación de las diferentes imágenes llega en minutos a los hogares de los televidentes con el fin de crear un “misterio del miedo”. El miedo pasa a ser así no sólo un mecanismo de control político sino también un bien de consumo o “fetichismo de la subjetividad”. En este sentido, la compleja tesis de Virilio se esmera por probar que la imposición de la imagen informativa genera una psicosis colectiva. El miedo es un ingrediente básico de la fantasía, pero su teatralización persigue fines de hegemonía política. Esta figura de dominio se construye tanto por lo transmitido como por lo excluyente, como las diversas bombas arrojadas por el ejército estadounidense en poblaciones civiles; y cuya constatación se encuentra ausente en cualquier museo. Por ese motivo, Virilio denomina Ciudades-Pánico a las aglomeraciones cuya catástrofe más evidente es su propio existir. El caos y el desorden transmitidos por los medios informativos llevan a la reclusión de los hombres en grandes ciudades, con la esperanza de encontrar seguridad por medio de mecanismos sustitutivos como el consumo generalizado (Virilio, 2007).

Una de las mayores limitaciones de Virilio en responder porque las grandes ciudades son o mejor dicho pueden ser presas del terror, es retomado por Glaeser y Shapiro quienes plantean tres posibilidades diferentes: a) la concentración humana física, b) las ciudades son de por sí lugares que atraen a la violencia, y c) la violencia promueve un sustancial aumento en los costos de transporte y a la vez una mayor densidad de transportados. Particularmente, querer causar más daño es apuntar hacia los medios de transporte como en Estados Unidos, Reino Unido y España. Con respecto al análisis y proliferación del miedo, a diferencia de otros casos como Alemania o Japón los cuales reconstruyeron todos sus edificios dañados, los autores sugieren que el hecho de no haber reconstruido las Torres Gemelas constituye en el indicador más vivo del temor que experimentan los estadounidenses con respecto a un nuevo ataque terrorista. Por lo demás, el 11 de Septiembre ha causado un gran impacto en la sociedad estadounidense, generando no sólo temor sino un aumento de un 20% en las tarifas de transporte. En efecto, principalmente los aviones sufrieron una baja en la demanda por el miedo que genera ser presa de un “atentado” pero además debido a los motivos internos de seguridad, un alza en sus tarifas. Esto se vio agravado por el terror que trajo consigo el Ántrax y el reemplazo de las casillas postales por los famosos e-mails (Glaeser y Shapiro, 2001)

A saber, algo tiene en común la globalización que por medio de los diversos medios de locomoción une conceptual, ideológica y físicamente grandes centros urbanos y conecta a regiones antes inexploradas. Este hecho se ve agravado por la manipulación que tanto ciertos grupos islámicos como los gobiernos occidentales hacen de aquello que denominan “terrorismo”. Una suerte de contra-ofensiva contra población civil en donde los medios de locomoción juegan un rol principal. En un interesante trabajo titulado “Economía mundial y América Latina después del 11 de Septiembre”, Jaime Estay propone un esquema de análisis por demás particular. El autor sugiere la idea que el 11 de septiembre no sólo modificó y afectó sustancialmente a las actividades o industrias relacionadas con el turismo y la hospitalidad al incrementar el temor a utilizar medios de transporte públicos, sino que además ha modificado en gran parte la economía a nivel mundial.

En ese contexto de cambio, la situación América Latina, región que ya se encontraba atravesando su propia crisis financiera (1990-1999), requiere un minucioso trabajo de revisión. Según el autor, los atentados al World Trade Center tendrán un mayor impacto en las economías de los países sub-desarrollados debido a la fuga de los inversores internacionales que se repliegan ante escenarios con escasa previsibilidad, pero sobre todo por las barreras migratorias impuestas por los países desarrollados a los ciudadanos provenientes del tercer mundo. Por lo general, la industria de las remesas permite la subsistencia de miles de familias en África, América Latina y El Caribe; en consecuencia, el 11 de Septiembre no ha sido un hecho aislado sino toda una estrategia discursiva de corte hegemónico en donde Estados Unidos se juega la posibilidad de reactivar la industria bélica con miras a un objetivo geo-político más amplio por medio de la manipulación del miedo, la incertidumbre y la falta de señales económicas positivas (Estay, 2002).

La hipótesis que apunta al 11 de Septiembre como fortalecedor y oportuno al debilitamiento hegemónico al orden estadounidense está ampliamente difundida en la literatura especializada aun cuando no es compartida por todos los investigadores. El caso de R. Ornelas de la Universidad Nacional Autónoma de México sugiere una posibilidad situada a 180 grados. Según Ornelas, las empresas estadounidenses en recursos estratégicos como petróleo e hidrocarburos, tecnología y comercio antes y luego de 2001 se han posicionado en una posición de jerarquía con respecto a sus competidoras japonesas y europeas. Los trágicos eventos en Nueva York y el Pentágono como así también la guerra en Asia han sustituido las “reglas del libre mercado” características de la década del 90 por una intervención del Estado para afianzar su hegemonía y competencia con respecto a China. En este punto, el autor resalta que “entramos pues, a una nueva etapa de construcción y disputa por la hegemonía mundial, en la cual sólo el poder concentrado del capital pueden diseñar y ejecutar las acciones requeridas para sostener una lucha en los niveles que exige el capitalismo contemporáneo. La guerra en Asia central ha hecho ya miles de víctimas, pero ha regresado a la vida a uno de los fantasmas del pensamiento dominante: el estado” (Ornelas, 2002: 105). Pero ¿cómo podemos comprender realmente el 11 de Septiembre?. ¿Es que no hubo hechos de mayor dramatismo en la historia de la humanidad como Hiroshima y Nagasaki que no han tenido tal repercusión?.


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