BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DESARROLLO HUMANO MULTIDIMENSIONAL

Julian Sabogal Tamayo


 


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LOS PENSADORES DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

Con estos planteamientos y aportes de los intelectuales contemporáneos en Nariño y tratando de hilar los procesos históricos desde el presente para pensar y construir la propuesta de modelo alternativo de desarrollo, damos paso a la interpretación de los aportes realizados por los intelectuales de la primera mitad del siglo XX.

En este grupo de intelectuales se destacan los siguientes: Julián Bucheli, Fortunato Pereira Gamba, José Rafael Sañudo, José Rafael Zarama, Leopoldo López Álvarez, Sergio Elías Ortiz, Bernardo de la Espriella, Luciano Herrera, Benjamín Guerrero, Ángel María Guerrero, Nicolás Hurtado, Eliseo Gómez Jurado, Gonzalo Miranda, Daniel Zarama, Justo Guerra, Tomás Hidalgo, Manuel María Rodríguez, Samuel Jorge Delgado, Benjamín Belalcázar, Luis Felipe de la Rosa, Jorge Buendía.

Entre los aportes del grupo mencionado se destacan los siguientes aportes fundamentales: primero, la necesidad de aclarar la actitud de los pastusos frente a la independencia, segundo, la visión de región y, tercero, el ejercicio práctico para construir esta región.

La posición realista que asumieron los pastusos frente a los ideales libertarios que se promulgaron en la época independentista, fue una constante preocupación de una pléyade de intelectuales que, al estar en contacto directo con el centro del país, necesitaban no solo explicar al centro, sino explicarse a sí mismos las causas de tal proceder. A través de estos intelectuales se inició un reconocimiento de la región en el ámbito nacional que buscaba, en cierta medida, subsanar el problema que generó la resistencia a la independencia. Resultado de ello fue la publicación de artículos, libros y novelas que explicaban la posición del pastuso en contra de la independencia, veamos:

La causa que abracen no será difícil de prever si se atiende a que estaban atadas al tronco con la inflexible, con la inquebrantable ligadura del derecho divino de los reyes. Nada había que contrarrestara tamañas influencias, porque ni los ánimos se habían preparado, ni era para Pasto conocido el fin que se perseguía; por consiguiente, nada más natural que la conducta que observó aquella luctuosa época ¿Dónde, pues, su culpa, dónde el crimen que le ha merecido odio jurado y eterno?” (Zarama, Ricardo F. “Ensayo sociológico”. Citado por ALVAREZ, 2007: 136).

…En ese entonces, la situación del pastuso era mal mirada, era una región muy mal mirada por el resto del país, por haber sido un baluarte de la colonia, entonces, el hecho de que el pastuso fuera como menospreciado dentro del país, hizo también que esta generación quisiera reivindicar la posición del pastuso en la independencia y cómo explicarla, pero no solamente explicarla a los otros, sino también explicársela ellos mismos. Entonces ellos comienzan a escribir obras históricas en gran cantidad, hacia 1820 había por lo menos veinte obras escritas por gente de Nariño sobre la independencia, sobre determinados próceres, sobre los que fusilaron acá, sobre Nariño… bueno…sobre muchísimas temáticas relacionadas con la independencia, porque ellos como que querían exorcizar ese fantasma que les quedó después de la independencia”

Este grupo de intelectuales tuvo una marcada influencia de la corriente positivista e iluminista que promovía el proceso de modernización en América Latina, basados en los enfoques y teorías tanto de Europa como de Estados Unidos, “orden y progreso” como principio básico de la modernidad. Al respecto Benjamín Guerrero afirma:

Si los Estados Unidos del Norte han servido de modelo a nuestras instituciones, imitemos primero sus costumbres, sus prácticas y sus progresos mecánicos, para poder adaptar su estructura política, ajena de otro modo. Seamos yankes en el espíritu inquebrantable de empresa. Busquemos en primer término caminos que abran nuevos mercados a nuestros productos y den ensanche a nuestra industria” (Benjamín Guerrero, “Movámonos”. Citado por ALVAREZ, 2007: 42).

Las dos citas anteriores es posible que muestren posiciones un tanto contradictorias, que ilustran la lucha que se daba en la mentalidad y en el imaginario de los personajes que integraban estas elites, que propugnaban por reivindicar la imagen del pastuso, de ese hombre del sur, a fuerza de ideas y de planteamientos originales con miras a romper esa imagen no bien valorada de estas gentes de la nación, pero, hay que advertir también que en la búsqueda de esa reivindicación no dudaban en proponer que se imitara patrones externos, de orden social y económico como aquellos propios de los Estados Unidos.

Cuando don Julián Bucheli es designado como gobernador del recién creado departamento de Nariño, plantea un programa de gobierno, acorde con las necesidades de progreso:

Administración pública eficaz y dinámica, infraestructura vial para el despegue de la economía y Universidad en plena producción en las áreas de ingeniería, derecho, filosofía y arte. Se requería preparar profesionales dentro de un corte moderno, que resolvieran los dos problemas vitales de la región: la apertura de vías y el despegue del comercio (Álvarez, 2007: 5)

Las iniciativas que Bucheli puso en práctica en su administración correspondían a los intereses de una clase dirigente que tenía claras las magníficas posibilidades que ofrecía una región como la de Nariño. Su familia era propietaria de tierras, había participado en los negocios de la extracción de oro, y él personalmente también había incursionado como negociante en varias compañías” (Álvarez, 2007: 334).

Es evidente que Bucheli Ayerbe, como vocero de esta nueva unidad administrativa, propone unas acciones que muestran a un hombre de ideas a la vez que pragmático en varios de sus puntos de vista, con sentido de proyección para la región, porque considera que la Universidad es una verdadera necesidad para que a futuro se pudiera contar con profesionales que supieran de obras civiles y de leyes, de filosofía y de artes. En última instancia lo que preconizaba el gobernador Bucheli era el resultado de su experiencia como hombre de empresa y de amplia formación intelectual que sabía que Nariño tenía que abrirse paso a través de las vías de comunicación para impulsar su comercio y así conseguir el progreso que anhelaban las gentes del Departamento en esos tiempos.

En esa época y en la actualidad, siempre hubo un empeño por parte de los dirigentes de la región, por vincular al departamento a la modernidad, argumentando que el aislamiento y la carencia de vías operan como variables fundamentales de freno al desarrollo que aún al presente está por conseguirse.

Esto bajo la clara evidencia, que una vez realizados en cierta medida los propósitos de modernización, especialmente con la apertura de la carretera “antigua vía al Norte”, solo materializada a raíz de la guerra contra el Perú, en 1936, al contrario de mejorar y ampliar la industria y el comercio exterior como se tenía previsto, hubo un declive total en estos sectores, incluso, hasta el punto que hoy casi no tenemos industria en Nariño. La pregunta entonces podría ser ¿Tiene sentido hoy continuar con la idea de querer llegar a ser como Europa o Estados Unidos y que nuestro desarrollo sea medible solo en comparación con este modelo impuesto? Esta preocupación se deriva de la insistencia que durante todo el siglo XX se ha mantenido del paradigma de desarrollo como sinónimo de modernización y fortalecimiento del sistema capitalista.

La modernización de este período significó fundamentalmente la mejora de la infraestructura en el campo de las comunicaciones marítimas y terrestres, instalaciones portuarias, líneas ferroviarias, telégrafos, caminos, la mejora de complejos agroindustriales que facilitaran los procesos de exportación y creación de bancos modernos (Álvarez, 2007: 334).

La versión presentada de los avances que se dan en diferentes frentes de la actividad económica de la región podría conducir a que nos preguntáramos, en los albores del siglo XXI, cómo es posible que hoy estemos viviendo una situación de precariedad que dista mucho de lo que se propuso y se obtuvo en la época que siguió a la creación del departamento de Nariño o es que los nariñenses estamos condenados a sufrir y a vivir en un eterno retorno al pasado. Quizás la historia y los episodios vividos no se toman como referentes para otear el futuro.

Aparece entonces, una nueva variable, que también llama la atención por la forma como fue concebida, y que al final no se pudo llevar a cabo. Esta variable tiene que ver con la intención de fortalecer las relaciones sociales y comerciales con el exterior a través del Pacífico, y no tanto con el centro del país, ya que pensaban:

La falta de vías de comunicación enerva el progreso de los pueblos, y si de esto estamos penetrados, de vital importancia es, movernos con voluntad enérgica, romper las barreras que se oponen a nuestra prosperidad, saludar en nuestra cercana costa al sublime océano e invitar al comercio norteamericano y europeo para que pase por esta cómoda línea a la cual os contraemos y que es la esperanza de los países meridionales de Colombia (Ibidem. Citado por ALVAREZ, 2007: 253).

Resulta de especial interés subrayar que ya en las postrimerías del siglo XIX fuera tan clara por estas tierras del sur la necesidad de una proyección, el sentido de futuro, la insistencia en ampliar los horizontes y cómo en la perspectiva de una visión muy amplia se pusiera de presente que el mar era una de las opciones importantes para lograr estos encomiables propósitos. Amerita abrir un espacio en este acápite para señalar que ideas surgidas en el mundo, en la última década del siglo XX, que aludían a la apertura que deberían hacer las naciones para mirar al Oriente por la vía del Océano Pacífico, ya habían sido planteadas en Nariño, como alternativas para buscar el avance de esta región de Colombia.

A esta propuesta se dedicaron todos los esfuerzos regionales, la gente “pudiente” de Pasto, entre ellos los miembros de la Escuela Literaria, se pusieron al servicio de la empresa que se encargaría de la apertura de la “bienhechora vía”, pues consideraban que “el sol de la civilización empezará a lucir radiante para estos pueblos, el día que vean realizada la idea que hoy calienta a muchos cerebros bien formados que en ella vean la salvación monetaria y la grandeza a donde llegarán aquellos (Álvarez, 2007: 253).

Es de anotar que aunque Pasto era una ciudad aislada del centro del país, tenía solucionado el problema de alimentación, e incluso, tenía desarrollada una importante industria. Al respecto, María Teresa afirma:

En cuanto a Artes, oficios e industria, el pueblo de Pasto se ocupaba en talleres de carpintería, ebanistería, sastrería, talabartería, zapatería, tenería, herrería, cerrajería, platería, fundición de metales, alpargatería, sombrererías de paja y lana, hojalatería, alfarería, peinería, albañilería, modistería, tintorería, escultura, pintura al óleo y de barniz, cigarrería, tornería de rosarios y cruces, tejidos de lana, algodón y fique o cabuya para tapices y sacos de transporte. La artesanía contaba entre sus renglones más destacados la pintura de barniz, así como la fabricación de órganos, armonios, pianos y organillos.

Es como si esta población, dada su situación de aislamiento geográfico y de “deuda histórica con la república”, se hubiera percatado de que debía autoabastecerse y además, sacar partido de aquellos renglones en que podía encontrar fortalezas: la provisión de alimentos, la elaboración artesanal y la riqueza aurífera con que la había dotado la naturaleza (Álvarez, 2007: 105).

Debemos manifestar de nuevo que las ideas se mueven en la región en esa época y que eso es bien importante, pero que de todas maneras surge la contradicción entre salir y proyectarse o permanecer y encerrarse. Si bien los esfuerzos hacia el interior de las regiones o las localidades, en muchos casos como lo demuestra la historia, han resultado positivos para el progreso de los pueblos.

Otro aspecto o elemento digno de tomarse en consideración en el contexto del registro y del análisis que se viene haciendo, es el relacionado con los valores propios de la época, la influencia de la educación, el papel de los intelectuales.

El papel que jugaron los personajes e instituciones en el autorreconocimiento de la región sobre sus valores y características, en la etapa de cimentación de la vida del Departamento de Nariño como entidad autónoma, la influencia que tuvo el poder religioso en el discurso y actuaciones de los intelectuales y en qué medida éstos representaban a la clerecía eran defensores de la tradición o, por el contrario, representaban una fuerza importante de disentimiento y de cambio; el papel que desempeñaron las instituciones de educación media y superior en la formación de la intelligentsia de la región; la influencia que ejercieron las sociedades intelectuales, los centros académicos e históricos y los intercambios personales y bibliográficos, en el desenvolvimiento y enfoques de los intelectuales y eruditos y, finalmente, el papel que tuvieron las elites intelectuales de Pasto en la implantación de las reformas educativas, que correspondía al ambiente de transformaciones substanciales de la sociedad y la economía, que vivía el país a comienzos del siglo XX (Álvarez, 2007: 7).


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