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UNA CONTRIBUCIÓN A LA ECONOMÍA ECOLÓGICA: ACTIVIDADES NO-PROLETARIAS GENERADORAS DE INGRESOS

Mara Rosas Baños




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2.2.1 Organización campesina según Georgescu-Roegen

Para Georgescu, la realidad campesina es racional y cuenta con reglas económicas claras. El grado de satisfacción individual y el bienestar de la comunidad depende de “una coordenada social” (Carpintero, 2006:89) que incorpora diferentes criterios además del hedonismo. Él hace una clara separación entre economía agraria y economía campesina, señalando a la primera como gobernada por imperativos del capitalismo como persecución del máximo beneficio; en contraste, a la segunda la señala como un modo de producción regido por motivaciones y pautas institucionales diferentes a las capitalistas. Los dos rasgos básicos de una economía campesina son: “a) su heterogeneidad desde el punto de vista de la tipología, y b) el carácter “orgánico”, unitario, de aldea campesina” (Ibid., 91). Enfatiza el hecho de que no hay una comunidad campesina; más bien, hay comunidades campesinas que se diferencian entre sí por sus instituciones. Considera la aldea campesina como un todo social y económicamente indivisible. Las interrogantes que trata de contestar son ¿cuáles son las bases de la unidad de la aldea campesina tradicional y, cómo había logrado mantener esa cualidad a lo largo de la historia?

Siguiendo la teoría evolutiva y remontándose a las comunidades primitivas, plantea el instinto de cooperación, que no es innato sino consecuencia de las condiciones de riesgo de sobrevivencia en las que la aldea continuamente se encuentra. Cooperación para la defensa a la integridad física y para garantizar el sustento, pero según el autor, ese espíritu cooperativo funciona únicamente cuando el grupo es pequeño, el crecimiento de la población pone en peligro la unidad y la estabilidad de la aldea. La tierra la define como “lugar equilibrado de todos los elementos necesarios para la vida” (Ibid., 92) e incorpora tres condiciones adicionales para que subsista la condición de unidad y estabilidad, en una tierra concreta: a) que haya un equilibrio entre necesidades y recursos, b) que éstos últimos deben estar próximos a la aldea, y c) que el tamaño absoluto, sin poder determinarse de manera exacta, sea pequeño (unos pocos miles de personas)” (Ibid., 92). La cuestión de la estabilidad, tiene como base la tradición oral, al ser la población pequeña, esa tradición llega a todos.

La fisiología de las comunidades campesinas se gobierna por dos principios:

1) Sólo el trabajo crea valor y, por tanto, éste debe constituir el criterio primordial en la distribución de la renta de la comunidad.

2) Existe igualdad de oportunidades para que todos trabajen, pero no igualdad de ingresos para todos. Es decir, los miembros de la aldea campesina deben tener las mismas oportunidades para obtener su sustento, pero los frutos finales obtenidos dependerán del esfuerzo e ingenio que hayan aplicado a su trabajo (Ibid., 93).

Los dos principios son las bases de dos instituciones campesinas importantes: la primera, es el aprovechamiento comunal de recursos que no son consecuencia del trabajo humano y que por tanto, nadie puede apropiárselos individualmente. La segunda institución, es la que establece que sólo lo que se posee como fruto del trabajo es una propiedad inviolable. “La tierra es para ser utilizada no para ser poseída a través de la exclusión de uso por otros” (Ibid., 94). El segundo principio, el de igualdad, la comunidad trata de mantenerlo incluso, con una población creciente. “Se rotura más bosque y se reparte una fracción de la tierra roturada para cada hogar que viva en la Aldea. Y la operación se repite así para cada nueva trituración, lo que garantiza el mismo trato y evita la desigualdad cuando las tierras que se roturan en diferentes años son de distinta calidad” (Carpintero, 2006: 94)

El criterio de la comunidad campesina es coherente, con un criterio de elección no estrictamente hedonista, lo que significa que aparte de la cantidad de bienes poseída, la satisfacción depende también de la matriz cultural en que se inserta el individuo. La diferencia entre la racionalidad capitalista aplicada a la economía agraria y la campesina tiene una repercusión enorme en la diferencia entre el campo y la ciudad:

…no reside sólo en las costumbres, sino que incluye cada acto concreto concerniente a la producción y a la distribución así como también a la justicia social. Indudablemente la base de esta diferencia es el hecho de que la naturaleza viva impone un tipo de restricción diferente al Homo agrícola que aquella que la materia inerte impone al Homo campesino. Para comenzar, no existe paralelismo entre la ley de escala de la producción en la agricultura y en la industria. Uno puede cultivar trigo en un tiesto o criar gallinas en un patio pequeño. Pero ningún aficionado puede construir un automóvil solamente con las herramientas de su taller. ¿Por qué entonces debe ser una gigantesca fábrica al aire libre la escala óptima para la agricultura? En segundo lugar, el papel del factor tiempo es enteramente diferente en las dos actividades. Con artefactos mecánicos podemos acortar el tiempo para tejer una pieza de tela, pero todavía no hemos podido acortar el período de gestación del ganado o (en grado significativo) el período de maduración en las plantas. Más aún, la actividad agrícola está sujeta a un ritmo invariable mientras que en la industria nosotros podemos hacer muy bien mañana lo que no hemos decidido hacer hoy. Finalmente, hay una diferencia entre los dos sectores que llega hasta las raíces de la muy discutida ley de rendimientos decrecientes (en sentido evolucionista). Para usos industriales, el hombre ha podido aprovechar una fuente de energía tras otra, desde el viento hasta el átomo, pero para la clase de energía necesaria para la vida misma, él todavía depende por completo de la fuente más ‘primitiva’, o sea de los animales y las plantas que lo rodean. Estas breves observaciones son suficientes para puntualizar no solamente por qué la filosofía del hombre ocupado en la agricultura difiere de la del hombre urbano, sino también por qué la agricultura y la industria no pueden regirse por las mismas leyes. (Georgescu-Roegen, 1967[1960], 596 citado en Carpintero, 2006: 99)

El tratamiento que Georgescu hace de la economía campesina definitivamente es novedoso en el plano estrictamente de la crítica a la teoría convencional. La necesidad de incluir criterios culturales al criterio exclusivo económico de la racionalidad para explicar la lógica campesina es una de sus principales contribuciones. Pero, Polanyi (1944) va mas allá cuando utiliza el concepto de arraigo, el cual, se aplica a cualquier sociedad y se refiere al hecho de que la economía no es autónoma, las decisiones de los individuos y las sociedades se rigen por aspectos: éticos, políticos, culturales, etc.

El problema en términos muy generales es que considera la aldea campesina de forma ahistórica, sin cambio en el tiempo y su análisis no permite analizar la relación que las comunidades han desarrollado con el sistema capitalista y los efectos que en el largo plazo se tienen de esa interacción, por ejemplo, los términos de intercambio, la explotación del trabajo campesino, las luchas sociales por la apropiación de los recursos naturales, etc. Justifica el rechazo de la tecnología debido a la sobrepoblación existente, pues la tecnología disminuye la necesidad de mano de obra, pero no menciona el conocimiento comunitario que las comunidades han adquirido a lo largo de su historia y el proceso de asimilación de la tecnología que se ha ido dando con el tiempo.

La cuestión de la igualdad es casi un supuesto: el reparto de la tierra dentro de una comunidad es el resultado de la forma de propiedad que domine en ella, y ésta tiene una influencia definitoria en la forma en que se manejan los recursos. La cuestión de la utilización sin importar la posesión de la tierra y mucho menos la propiedad tampoco responde a una realidad actual. Es un hecho que las comunidades que cuentan con más extensión de tierra con validez jurídica tienen mejores condiciones de vida en comparación con las que les fueron expropiadas la mayoría de sus hectáreas.

El resumen que hace la EE en relación a las aportaciones de Georgescu y sus propias conclusiones se traduce en la siguiente pregunta: ¿cuál es la diferencia fundamental entre la racionalidad campesina y la racionalidad capitalista hoy? La respuesta que plantea es que “Es la contradicción entre la economía del valor de uso y la economía de la ganancia, de la expansión, del crecimiento” (Martínez-Alier, 1991:6), contradicción que para Martínez-Alier es origen del ecologismo de los pobres caracterizado por la “defensa del acceso comunal de los recursos naturales, contra la amenaza del mercado o del Estado. Reacción contra la degradación ambiental causada por la pobreza, el exceso de población y el intercambio desigual” (Ibid., 10). Este análisis destaca cuatro aspectos relevantes en la argumentación de una racionalidad diferente a la capitalista: propiedad colectiva y manejo sustentable de recursos naturales.


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