BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

OCIO Y VIAJES EN LA HISTORIA: ANTIGÜEDAD Y MEDIOEVO

Mauro Beltrami




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LA HOSPITALIDAD EN EL MEDIOEVO

ASPECTOS GENERALES

La hospitalidad medieval tuvo como objetivo acoger al viajero o al peregrino con el fin de que pudiese reponerse de las penurias del viaje. El Medioevo no presenta uniformidad en cuanto a la situación del viaje a lo largo de su desarrollo histórico. Por lo tanto, es lógico afirmar que tampoco la posee respecto a la hospitalidad, como se verá a continuación.

La demanda de hospitalidad disminuyó durante los últimos tiempos del Bajo Imperio; y continuó en aquella situación en los primeros tiempos medievales. Los conflictos políticos y las nuevas condiciones sociales contribuyen a disminuir la importancia del viaje, y de este modo, a la necesidad de contar con lugares en donde poder encontrar alojamiento. Al emprender viaje, el individuo pretendía fundamentalmente encontrar cortesía y hospitalidad en las personas que pertenecían a su propio estrato social.

Los nuevos reinos romano-germánicos, pese a los conflictos permanentes en que se vieron inmersos, no condenaron al forastero ni pretendieron vivir aislados de los demás estados. Emprender viaje era, por aquellos tiempos, una tarea dificultosa y peligrosa, pero las nuevas unidades político-económicas europeas buscaron que la circulación no resultase aún más penosa por la negativa a la hospitalidad y el rechazo al extranjero de sus individuos. Es así que, en ciertos estados de la Europa occidental, la hospitalidad pasó a constituir un deber obligatorio explicitado dentro de la legislación de los nuevos reinos, además de ser considerada como un deber sagrado de esencia religiosa. La ley de los burgundios, por ejemplo, presenta referencias a la hospitalidad y a la protección del viajero, volviéndola un deber obligatorio. Según dicha ley, “quienquiera que rehúse al huésped recién llegado un techo o un hogar pagará tres sueldos de multa”. Pero no es esta la única ley que menciona a la hospitalidad como derecho y obligación, pues también aparece en la legislación de otros pueblos.

Cabe mencionar que la hospitalidad medieval no presenta únicamente un valor de tipo jurídico. Representa además un valor arraigado profundamente al cristianismo. Así, entre los deberes cristianos, San Pablo mencionaba: “No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”. Asimismo, debe decirse que también entre las comunidades judías existía la práctica de la hospitalidad; en este sentido, por ejemplo, hubo comunidades en donde los viajeros que arribaban hacia ellas recibían alojamiento por oficiales de la congregación en casas particulares.

Durante los primeros siglos medievales, los servicios de hospitalidad se encontraban disponibles para eventuales viajeros y transeúntes que se moviesen por las vías europeas. Así, transcurría el tiempo sin novedades en el campo de la hospitalidad, hasta que el paso de los siglos fue comenzando a marcar ciertos cambios. La necesidad produjo que aparezcan otros lugares para alojar a los viajeros más allá de la morada privada de los individuos de cada región. Las instituciones que comenzaron a encargarse de satisfacer dicha necesidad fueron los monasterios, por medio de dependencias internas estipuladas a los efectos de ofrecer alojamiento a los huéspedes. Así, eran albergados allí tanto los ricos -por pago fijo o voluntario-, como los pobres -por caridad-.

La demanda de hospitalidad se vio satisfecha tanto por lo ofrecido por los monasterios como por aquella que prestaban los particulares; pero, asimismo, la necesidad generó que la hospitalidad fuera organizándose en determinadas zonas según el público. Por ejemplo, en 789, Carlomagno insistió en la necesidad de organizar hospederías “para los viajeros, lugares de acogida para los pobres en los monasterios y las comunidades de clérigos, porque el Señor dirá, en el curso de la remuneración del gran día: “Yo era un huésped y me acogisteis””. Respecto a Carlomagno y a su administración central, se observa un hecho interesante. Entre los miembros del cuerpo de funcionarios aparece el puesto de los hostaleros (mansionarii), quiénes se encontraban encargados de disponer del alojamiento del emperador y su séquito durante sus desplazamientos.

Pero, a partir del renacimiento del comercio y de las ciudades, la burguesía tendrá su aparición como actor socio-económico, cobrando importancia paulatina y buscando un estado fuerte que protegiera sus intereses frente a los señores feudales y la nobleza. El aumento del flujo de viajeros, que encontraba sus causas en el aumento de los intercambios comerciales, produjo que dentro de las ciudades se edificaran albergues, posadas y fondas, que acabaron por ser el punto de reunión de los mercaderes. “En resumidas cuentas, la característica principal de los albergues u hostales no es la de ofrecer casa y comida a extranjeros mediante pago, sino la de ofrecer ese servicio de forma permanente a quienquiera que sea, con tal que pague, tratando de ofrecer al cliente los servicios añejos que puedan interesarle”.

Claro que también la peregrinación religiosa influenció el desarrollo de las nuevas formas de alojamiento. Existen numerosas referencias dentro de escritos y obras literarias de la Baja Edad Media a mesones, albergues, hosterías o fondas situadas en ciertas ciudades o pueblos. El avance de estos nuevos tipos de establecimientos fue lento, y se encontró concentrado -en un primer momento- en algunas ciudades específicas por su importancia política, económica o religiosa. Entre ellas, pueden mencionarse a Roma, Florencia o París. Respecto a las asociaciones de los comercios vinculados al hospedaje, hay que esperar hasta el siglo XIII para que se fundara el primer gremio de posaderos en Florencia. También se observa una evolución legal a lo que hace a la situación del huésped, llegándose en 1407 a la obligación para aquellos que explotaban comercialmente los alojamientos, de registrar los nombres de los huéspedes sobre un libro de policía. Precisamente, las autoridades públicas delegaban a los hospederos responsabilidades de policía. De este modo, en Dijon, por ejemplo, en el siglo XV la municipalidad exigía a los hospederos que pidiesen a sus clientes la entrega de las armas que llevasen consigo hasta que hicieran abandono de la hospedería, además de facilitar la identidad de los huéspedes.

Finalmente, respecto al desarrollo de las universidades, se ha marcado que muchos de los estudiantes que llegaban a una determinada ciudad universitaria –principalmente París-, llevaban una existencia mísera. El tema de la hospitalidad, entonces, se transformaría en un hecho importante. Algunos que se encontraban compadecidos de la situación de dichos estudiantes, fundaron los colegios, donde los estudiantes hallaban techo y cobijo, y que se convertirían, posteriormente, en centros de enseñanza.


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